ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
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¿El final?

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Habían pasado dos meses y medio desde que se fueron a la ciudad. Tiempo en donde el comportamiento de Yuki se había vuelto volátil. Se mostraba molesto e irritado por todo, portándose mal de un momento a otro. Esta situación hubiera sido demasiado difícil para la pareja de no ser por la presencia de Sophie, quien decidió vivir con ellos durante los últimos meses de embarazo del pecoso. Y ese domingo el pequeño se mostraba más irritado de lo normal. El rubio estaba armando las cunas de los bebés, mientras que Sergio doblaba toda la ropita que les habían regalado en el baby shower. Pero de la nada Yuki llego y comenzo a tirar las cosas, como si de un berrinche se tratase. —Yuki, no hagas eso —Regañó el pelinegro —Eso esta mal, no lo vuelvas a hacer. Sophie llegó a su rescate y cargó al pequeño, pero se había dado cuenta de algo en todo este tiempo y ese dia lo confirmo. Sin embargo, necesitaba hablar con Yuki antes de informar sobre esto. —Lo llevaré al parque, debe estar aburrido —Afirmó la mujer antes de marcharse con el niño, quien no dejaba de llorar. Tomó la pañalera y las llaves, saliendo de casa para poder estar a solas con el nene. Cerca de ahi habia un parque, y el día era soleado, asi que se la pasarían un rato en los juegos para que el pequeño se relajará un poco. Sophie estaba sentada en una de las bancas observándolo jugar en la pequeña resbaladilla, viendo como otro niño se acercaba corriendo hacia él y le daba un abrazo. —Sin correr, Pierre —La voz de un hombre cerca de ellos la hizo voltear. Jenson había decidido llevar a su pequeño a pasar el rato en el parque, y no esperaba encontrar a Yuki. Así que comenzó a buscar con la mirada a la pareja, pero no los vio por ningún lado, lo cual lo alertó. Se acercó a donde estaban los niños y pronto se topó con una mujer que le resultaba familiar. —Hola, no esperaba verlo aquí —Dijo Sophie y rápidamente se percató de la confusión en el rostro del hombre —Soy la mamá de Max, nos conocimos en el funeral de Kamui. Jenson se sintió mal al no darse cuenta de esto. —Oh, lo siento, ese dia mi mente estaba en otro lado —Afirmó y los dos decidieron irse a la banca donde ella estaba sentada hace unos minutos —¿Como va Yuki? —Es un poco complicado, parece estar pasando una etapa de rebeldía —Respondió y Jenson sonrió. —Si, Kamui también se quejaba de lo difícil que podía llegar a ser —Recordó con nostalgia —Pero parece ser que hay algo más, ¿no? Sophie asintió algo frustrada, sabia que debia confiar en su instinto. —Creo que es por los bebés —Comenzó la mujer —Se comporta mal cada vez que hacemos algo relacionado con ellos —Miró al pequeño por un momento, le daba mucha pena pensar en eso —Cuando pintamos la habitación de los mellizos, él hizo todo un desastre con la pintura, y hoy lo hizo otra vez. Pero no quiero sacar conclusiones precipitadas. El hombre asintió y puso su mano en el hombro de ella, intentando mostrarle su apoyo. Conocía el tema del embarazo de Sergio ya que se había vuelto algo cercano a Max, principalmente por la amistad de sus hijos y porque el joven le pedía consejos cuando se sentía dudoso sobre el cuidado de bebés. —¿Y si hablamos con él? —Propuso y ella asintió —¡Pierre, Yuki, vengan! El pequeño Pierre tomo de la mano a su amigo y juntos caminaron hacia donde estaba el padre de este. —Mande —Dijo Pierre sin soltar  a Yuki. —¿Quieren ir a comer helado? —Pregunto y los dos niños asintieron rápidamente —Pero solo iremos con una condición, tienen que responder una pregunta. Ambos pequeños se miraron entre ellos. Entonces Jenson le hizo una señal a sophie para que hablara. —Eh... ¿Están emocionados por los bebés de sergio? —No sabía si su pregunta era lo suficientemente buena para la ocasión, pero, por fortuna, tuvo el efecto deseado. —¡Sí! —Gritó Pierre, que solo pensaba en lo divertido que sería jugar con ellos. Por su parte, Yuki se cruzó de brazos y desvió la mirada, siendo el silencio su única respuesta. —¿Yuki? —Preguntó Jenson al notar su actitud —¿No estas emocionado? Entonces el pequeño comenzó a llorar, algo que los desconcertó. —¿Qué pasa? —Pregunta Sophie sumamente preocupada —¿Por qué lloras, bebé? Yuki quería decirlo: Le molestaba la idea de tener hermanitos. No los quería porque no deseaba compartir a su mami. Además, ¿Qué tal si Sergio no lo quería más? ¿Y si papá Max prefería jugar con ellos que con él? ¿O si el abuelo Toño ya no lo consentía porque ahora tenía nietos de su propia sangre? Al menos la abuela Sophie todavía le prestaba atención, pero temía que eso pronto se acabara. Eran demasiadas preocupaciones para un nene de su edad, pero la vida lo había hecho un niño tan despierto y consciente de su entorno. —Me caí —Se excuso. —Falso —Sin embargo, Pierre lo delató. Entonces, en pleno berrinche, Yuki lo empujó y casi lo hace caer. Jenson rápidamente abraza a su hijo y lo consuela por haberse asustado tanto. —¡Yuki! —La voz autoritaria de su abuela se hizo presente —No vuelvas a hacer eso. Fue en ese momento que el pequeño sintió perdido el afecto de su amada abuela, llevándolo a llorar más fuerte. —¡Mami! ¡Quiero a mi mami! —Yuki llora desconsoladamente, haciendo que Sophie lo cargara en sus brazos dispuesta a irse a casa —Lo lamento mucho. Jenson asiente, sabe que no es su culpa. Pero al menos ahora tenían en claro los sentimientos del pequeño hacia sus hermanos. Así que volvieron a casa y lo primero que hizo Yuki fue correr a los brazos de Sergio. —¿Qué pasó? —Preguntó el pelinegro cuando sintió sus bracitos rodear sus piernas, escuchando los sollozos del pequeño —¿Por qué lloras, mi bebé? Max se acercó a ambos y después miró con preocupación a su mamá. Sophie suspiró ante todo esto y pronto comenzó a explicarles toda la situación, el cómo reaccionó a su pregunta y la manera en que empujo a Pierre. —Me di cuenta cuando su comportamiento comenzó a ser más errático cada vez que hacíamos algo por los bebés —Continuó la mujer —Creo que es necesario hablar de esto antes de que nazcan los pequeños. Principalmente porque no quiero que su comportamiento se torne violento. —Yuki, ¿Eso es verdad? —Preguntó el rubio y el pequeño solo se abrazó más al cuerpo de su mami —¿Estás celoso de los bebés? Toda esta conversación llevó a que Sergio diera en el clavo con el problema. El niño había estado muy empeñado en llamarlo mami casi desde que lo conoció, así que esto lo llevó a pensar que tener hermanitos lo iba a relegar en cuanto al cariño que él sintiera por Yuki. —Mi niño grande, sabes bien que te amamos mucho, ¿No? —Comenzó el pecoso y el nene levantó la vista, mostrando sus ojos llorosos, y asintió levemente con la cabeza —Eso no va a cambiar, porque también eres nuestro bebé. Y tus hermanitos te van a querer mucho, pero mucho más. Max rápidamente entendió todo y se agachó para sostener al pequeño en sus brazos. —Así es Yuki, y nosotros amaremos por igual a los tres —El rubio le dio un beso en la mejilla —¿O ya no quieres ser mi bebé? En ese momento Yuki abrazó al joven, no le gustaba la idea de que papá pensará que él no lo quería. —Papi... —Susurró con su frágil voz —Lo siento. —Todos te amamos bebé, ya no llores, por favor —Sophie se acercó y acarició su espalda, dándole pequeñas palmadas. Entonces Yuki entendió que tenía una familia que lo amaría siempre, incluso cuando se portaba mal.  Pasaron un par de días en donde todo volvió a la normalidad. Ese día Sergio y Yuki se habían quedado solos, puesto que Max había ido al instituto para el entrenamiento del día. El pelinegro llevaba ya una semana sin asistir, pues había tomado un permiso médico por salud. La doctora Susie y su entrenador Jo, A quién tuvo que explicarle toda la situación, lo ayudaron para que el comité no hiciera tantas preguntas ni le quitaran su puesto en el equipo nacional. Solo tenían que esperar a que diera luz en el próximo mes. Y Sophie, quién las estaba ayudando con las tareas del hogar, había salido al súper para hacer las compras de todos los artículos necesarios para la casa. “Uno, dos, tres, estiren...” La televisión sonaba mientras el pecoso imitaba a la chica que enseñaba a hacer yoga. Le había agarrado cierto gusto debido a sus constantes dolores de espalda, y esto le había ayudado a relajar más su cuerpo. —Yuki, ven, inténtalo conmigo —Dijo el pelinegro llamando a su hijo —Usaremos la pelota. Esa gran pelota de yoga que nunca había tocado, la compró para intentar mejorar en sus ejercicios. Pero cuando llegaba un momento de usarla, estaba lo suficiente agotado o hambriento para distraerse. El pequeño Yuki corrió hacia donde estaba su madre y jaló su pequeña pelota que papá Max le había comprado. Se acomodaron bien y las usaron para hacer los ejercicios, y estos implicaban brincar. —Mami —Yuki le habló para mostrarle cómo brincaba sin manos, pero esto llevó a que se resbalara y cayera al suelo. No era la primera vez que le pasaba, así que no lloró y simplemente se levantó. —Bebé, con cuidado —Regañó intentando ocultar una sonrisa. Continuaron con el ejercicio y entre ellos se reían lo divertido que les parecía. Pero pronto Sergio comenzó a sentir cierta presión en sus caderas y decidió parar. —Bien, suficiente ejercicio por hoy —Dijo levantándose de la pelota para después estirar los brazos —¿Ordenamos pizza? Yuki asintió y pronto le trajo el teléfono a su mami. El pecoso pidió la pizza que les gustaba a ambos y está no tardo en llegar. Comieron mientras veían el final de su novela favorita, y el pequeño se quedó dormido a su lado en el sofá. Así que el joven lo acomodó bien para que durmiera con tranquilidad, pues en su condición no podía cargarlo hasta su habitación. Por alguna razón no se sentía cómodo, y se lo atribuyó al polvo inexistente que vio en la casa. Tomo la aspiradora y comenzó a pasarla, poniendo algo de música para que todo fuera más llevadero. Afortunadamente Yuki se había acostumbrado a dormir con ruido, ya que era muy común que Sergio pusiera música a cada rato. —Llegamos —Dijo Sophie entrando por la puerta principal —Nos encontramos en el camino, así que Maxie me ayudó con las compras. —Amor, ¿Estás limpiando? —Preguntó el rubio apareciendo detrás de su madre —Es bastante tarde, deberías estar en la cama. —Si, papá —Respondió el pelinegro con cierta mofa —De todos modos ya me cansé. Sergio apagó la aspiradora y la dejó apoyada a la pared. —¿Ya cenaron? Sino para que prepare algo —Ofreció Max mientras colocaba las bolsas de compras en la mesa. —Ya comimos, les dejamos pizza en el refri —Señaló el pecoso —Tomaré una ducha y me iré a acostar, estoy agotado. El joven les deseo buenas noches y se fue a su habitación. —Max, yo acomodaré toda en la cocina —Ofreció Sophie — Lleva a Yuki a su cuna, por favor. El rubio sintió y dejó las cosas en su lugar, caminando hasta donde estaba el pequeño para tomarlo en brazos y llevarlo a su habitación. Y mientras todo esto pasaba, Sergio estaba en la ducha sintiéndose todavía extraño. Pero asumió que todo eso era producto del cansancio. Terminó de ducharse y se vistió, acostándose en la cama y quedando profundamente dormido. Al poco tiempo llegó Max, quien ya había dejado a Yuki en su cuna y comió algo antes de bañarse para después irse a dormir. Vio a su amado pecoso abrazado aquella estúpida almohada, así que se limito a abrazarlo por la cintura. Parecía una noche normal como cualquier otra. Pero, por alguna razón, algo lo hizo despertarse en la madrugada. Se acomodó bien en su cama, intentando abrazar a su pareja una vez más, pero notando como uno de sus rizos caía sobre su frente. Le parece tan bonito que quiso acomodarlo bien y rozó ligeramente su piel, sintiendo la calidez de esta. Pero no era una calidez común. Pronto se percató de lo sudado que estaba, tocando una vez más su frente para comprobar la temperatura elevada en su cuerpo. Asustado, comenzó a llamarlo pero este no respondía. Prendió la luz de noche que estaba junto a la cabecera de su cama. —Sergio, amor —Volvió a llamarle, comprobando que estaba inconsciente. Cuando se levantó de la cama para pedir ayuda, se horrorizó cuando notó un charco de sangre que no sabía de dónde venía, pero que sin duda no era normal. 
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