ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Luz de luna

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Todo era un caos. —¡Mamá! —Empezó a gritar en su desesperación —¡Mamá, ayuda! Tomó su teléfono y comenzó a llamar al doctor Marko. —¿Qué pasa? —Preguntó Sophie mientras llegaba corriendo a la habitación, pues esos gritos la vean alertado —Dios mío. La mujer se detuvo en seco al darse cuenta de lo que podía estar pasando. El rubio no supo cómo le hizo para mantener la cordura en ese momento. Ni siquiera dejó que el llanto de Yuki, que se despertó por todo el ruido, logró distraerlo de lo que realmente le importaba en ese instante. —Ya viene la ambulancia —Max estaba intentando mantener la calma. Quitó las sábanas que cubrían a su prometido y las arrojó al suelo. Luego busco en el armario aquella maleta que habían hecho por si se adelantaba el parto. No estaba seguro si era eso, pero tenía que tomar todas las medidas. —Iré por Yuki —Sophie salió de la habitación y fue corriendo hasta donde estaba el nene, abrazandolo para intentar tranquilizarlo. Al poco tiempo llegó la ambulancia y rápidamente lo subieron, siendo acompañado por Max, quien no dejaba de sostener su mano. Ellos sabían que el embarazo de un hombre gestante era por demás complicado. Así que cuando llegaron al hospital y no lo dejaron pasar junto a su pareja, el rubio sintió que estaba perdiendo la cordura. “No puede estar aquí joven” Le había dicho uno de los médicos, pero ¿No podían entender su posición? No sabía lo que estaba pasando con su pareja. Si estaría bien o no. Era mucha sangre, y eso lo tenía demasiado aterrado. Su madre venía en un taxi detrás de ellos, pero el tiempo que estuvo solo se sintió como una eternidad. Sus pensamientos lo atacaban, se culpaba por no estar más atento sabiendo que eran las semanas previas al parto. No quería perder a Sergio y tampoco a sus hijos, simplemente no podía. La incertidumbre resultaba torturadora. —Hijo —Dijo Sophie llegan con el pequeño Yuki en brazos —Le he hablado a Don Toño, viene en camino. Esto claramente no le gusto al joven. —¿Le dijiste? —Preguntó con molestia —¿Por qué lo hiciste? Él sufre del corazón, podría pasarle algo malo. Ella notó que su molestia iba más allá de solo haber dicho la verdad, estaba frustrado por la situación en la que se encontraban. —Es su padre —Le recordó —Merece saber la verdad, porque a mi no me gustaria que me ocultaran que algo malo te ha pasado. El joven no dice nada, solo se aleja para intentar divisar algo a través de la pequeña ventana de la puerta que lo separa de dónde está su amado. Pero no puede ver nada y esto lo estresa. Tiene recuerdos de la última vez que estuvo en un hospital y no era una sensación buena. Sus ojos se llenan de lágrimas al sentirse tan impotente, pero no quiere pensar lo peor. Aunque no puede evitarlo. —Papi —Yuki lo llama, sacándolo de sus oscuros pensamientos y haciendo que seque sus lágrimas —¡Papi! Max no quiere que lo vea llorar. Se acerca al pequeño y lo toma en brazos, le da un beso en la mejilla y comienza a mecerlo. De cierta forma se está distrayendo. —Bebé, deberías estar durmiendo —Susurra con la voz algo temblorosa, no es del todo capaz de controlarse. Pero lo intenta por su familia, sabe que la prioridad es que su pareja y sus bebés estén bien, y no quiere ser motivo de preocupación en un momento tan delicado. Yuki lo necesita bien, y luego confirma cuando este pregunta. —¿Mami? —Suelta el pequeño, eso lo aflige más. Recuerda la conversación que tuvo con Jenson hace unas semanas, le había preguntado sobre los nombres de los bebés y la plática terminó yéndose a un entorno más sentimental. A Jenson le gustaba recordar a su amigo Koba, sentía que hablando de él mantenía su memoria viva, y pronto habló sobre cómo se conocieron. El grupo de ayuda al que asistían los alentaba a seguir adelante con sus vidas después de una terrible pérdida, les ofrecía un espacio seguro para hablar sobre sus seres queridos que habían partido y pronto él ya no solo hablaba de su esposa. Kamui había tocado la vida de muchos desde hacía un tiempo, pero Jenson estaba seguro de que el cáncer que padecía su amigo había sido producto de una vida poco saludable en donde se descuido para distraerse de la pérdida de su esposa. La madre de Yuki había fallecido en el parto. Ahora, en un momento así, a Max se le hizo un nudo en la garganta al recordar esto. Entonces sintió como el pequeño ponía una mano en su mejilla, limpiando una lágrima que se le había escapado y se deslizaba por su rostro. Después de esto le planto un beso en la zona, esto se lo había enseñado el pecoso al nene cada vez que se caía y lloraba. Esto lo puso peor, sintiendo una enorme necesidad de buscar aire fuera de ahí. —Mamá, ¿Puedes cargarlo por un momento? —Pidió el rubio acercándose a su madre —Por favor, necesito hacer una llamada. Sophie asintió y tomó al niño en brazos. De esta manera Max se alejó de ahí para poder tener un poco de privacidad, saliendo del hospital y sentándose en una fría banca que encontró cerca. Se detuvo un momento para tranquilizarse, aunque en realidad empezó a llorar en silencio. Pronto una ligera brisa revolvió su cabello y esto lo llevó a mirar el cielo estrellado. Inmediatamente pensó en Kamui, en todo lo que él pasó y como deseaba no tener el mismo destino. —Por favor, ayúdame —Susurró mirando la blanca luna que reinaba el cielo —No puedo perderlos. Sollozó un poco más, se sentía tan enojado, frustrado y temeroso. Tomó su teléfono y comenzó a marcar un número conocido. Sabía que era bastante tarde, pero necesitaba sacar lo que pensaba y lo estaba afligiendo. —¿Hola, Max? —Escucho su voz somnolienta al otro lado de la línea. Era muy obvio que estaba durmiendo. —Perdón, no era mi intención despertarte —La fragilidad de su voz alertó a Jenson. —¿Qué pasó? —Se apuro en preguntar —¿Está todo bien? —Estamos en el hospital, parece que los bebés ya vienen —Sentía que en cualquier momento se echaría a llorar, no era así como había imaginado ese dia tan especial. —¿Qué? Pero si todavía falta un mes ¿no? —Jenson sabe que eso no es bueno, así que rápidamente intenta recobrar la compostura —¿En que hospital están? Voy para allá en este instante. En ese momento Max se levantó de la banca. —No, no es necesario —Respondió intentando sonar más relajado —Pierre te necesita, es solo que quería hablar con alguien que ha pasado por esto. Jenson comprende bien la situación e intenta calmarlo dándole palabras de aliento, insistiendo en que todo va a salir bien, pero de pronto todo toma un tono más oscuro. —¿Qué pasará si Sergio no lo logra? —Suelta Max presa de sus inquietudes —El doctor Marko lo dijo, su embarazo es delicado y no quiero perderlo, pero no puedo hacer nada y me siento tan enojado porque no estuve más atento. Soy un idiota. —¡Hey, Max! ¡Basta! —Jenson alzó un poco la voz, esta situación le daba un deja vu con kamui —Ya no digas eso, ni siquiera lo pienses. —No deberían nacer hoy, lo sabes bien —Señaló —No sé porque razón se adelantó el parto, pero fui tan tonto para dormir sin percatarme de lo que estaba pasando. —Tú mismo lo estas diciendo, no es la fecha del parto y por lo tanto no podías saberlo —Insistió —Estas cosas pasan y nadie tiene la culpa de esto. En ese momento el rubio se giro y observo una figura familiar caminando cerca de la entrada. —Tengo que colgar, hablamos después —Respondió Max para después terminar la llamada sin esperar respuesta. Camino rápidamente para alcanzarlo y lo llamó —Papá, llegaste. Don Toño se miraba cansado y preocupado, era una mezcla extraña en un hombre visiblemente agobiado. —Vine tan rápido como pude —El hombre se acerca a él y lo toma del brazo —Dime que mi hijo está bien, por favor. —Vamos adentro —Pide el rubio para después caminar al lado de su padre. No sé necesita decir más palabras para hacerle saber lo difícil de la situación. Llegan a la sala de espera donde esta Sophie con Yuki llorando a todo pulmón. —Tiene hambre y no hemos podido ir a la cafetería al estar esperando cualquier noticia —Explicó Sophie al ver sus rostros preocupados, quizá asumiendo algo que no era verdad. —Me quedaré aqui a esperar, ustedes vayan —Max ofreció y su madre asintió. —Yo tambien me quedo —Don Toño estaba más que desesperado por información sobre su hijo. —¡Tata! —Gritó Yuki cuando se percató de su presencia, exigiendo ir a sus brazos. El mayor no deseaba irse de ahi, pues quería ser el primero en recibir cualquier noticia. Pero Yuki lo llamaba una y otra vez. —Ven aquí, pequeño —El hombre no tuvo de otra más que ceder, pues el nene se había tranquilizado al solo verlo —Vamos por algo de comer. Lo toma en brazos y se marchan junto con Sophia hacia la cafetería del hospital. No habían pasado ni cinco minutos cuando la puerta se abre y rápidamente llaman a los familiares de Sergio Pérez. Con el corazón en la mano, Max se acerca y siente que puede morir en ese instante al escuchar aquellas palabras. "Están fuera de peligro, los tres se encuentran bien" Apenas puede agradecerle por las buenas noticias. Vuelve a quedarse solo y da una gran bocanada de aire, es como si cuerpo se sintiera liviano después de tan difícil momento. Entonces comienza a llorar. Ni siquiera se molesta por calmar su llanto, sollozo fuertemente en aquel pasillo. Don Toño, que venía de la cafetería con un sándwich para su yerno, se conmociona al verlo en ese estado. Había visto a un hombre junto a él, así que sabía que le habían informado algo. —¿Max? —Pregunta con una voz agitada después de correr para poder llegar hasta él lo antes posible —¿Qué pasó? —Entonces piensa lo peor —No me digas que... En ese momento Don Toño se echa a llorar, no puede imaginar una vida sin su hijo, simplemente le resulta imposible. El rubio lo voltea a ver, y por un momento su actuar le resulta confuso. —¿Por qué llora? Sergio está bien, ya nacieron —Suelta con una voz más calmada. Entonces a Don Toño se le pasa el susto y le gana el enojo, dándole un zape a su yerno. —Pues no llores así que me espantas —Lo regaño para después suspirar —Mi hijo tiene razón, estas bien tonto. Max acaricia la zona atacada y guarda silencio ante la respuesta de su suegro. Pero al menos estaba más tranquilo al saber que todo estaba bien, y que ese trago amargo finalmente había pasado.  Pasó otra hora antes de que el doctor Marko se acercara para hablarle personalmente. Había un tema que debían tratar. —Felicidades por convertirte en padre —Comenzó el doctor pero fue interrumpido. —Técnicamente ya lo era por Yuki... —Entonces se detuvo al ver su expresión seria —Continue. —Los bebés nacieron prematuros, es una situación complicada por eso estarán en el UCIN... —Hizo una pausa —Uno de los mellizos tenía el cordón alrededor del cuello, así que pedí que se le diera especial atención, por cualquier cosa. Esto tenso mucho a Max, pero decidió no hacer tantas preguntas al ver lo agotado que estaba el doctor. —¿Y mi Sergio? —Preguntó el rubio algo nervioso. —Perdió bastante sangre pero logramos estabilizarlo —Comenzó —La cesárea fue todo un éxito y lo podras ver dentro de unas horas, así que mejor descansen un poco. Max asintió. Después de esto regresó con sus padres y les contó todo. Se pusieron de acuerdo para poder descansar por turnos y encargarse de Yuki, ya que este se encontraba muy somnoliento. Y después de unas horas pudieron entrar a la habitación del pecoso. Sergio, quien apenas entendió todo lo que pasó, supo que se le había adelantado el parto y que tuvieron que someterlo a una cesárea de emergencia. Estaba agradecido porque todo había salido bien, aunque sentía algo adolorido.  —Estábamos muy asustados —Confesó el rubio mientras tomaba su mano y le plantaba un beso en el dorso de esta. —Pero todo salió bien y debemos agradecer por eso —Sophie acarició ligeramente su cabello, y Sergio sonrió. —Mis niños están bien y eso es lo único que importa —Completó Don Toño —Por cierto, ¿Ya escogieron los nombres? La pareja de enamorados se miraron entre ellos y ambos asistieron. —Yo escogí Alexis —Respondió el pecoso con cierta emoción. Don Toño y Sophie parecieron felices con ese nombre. Entonces Max se mostró nervioso, su elección había sido a base de un consejo de Jenson, quién le comentó diversos nombres hasta que encontró uno que le pareció único. —Yo elegí Thierry —Su respuesta no pareció agradarle a su suegro. Sin embargo, era su elección y debían respetarlo. —Esta bonito —Don Toño intentó disimular un poco pero fracaso rotundamente. Estaba seguro de que ese también era nombre de perro. —Bien, dejemos que descanse un poco más —Señalo Sophie y los demás asintieron, todos menos el pelinegro. —No, me aburro mucho aquí solito —Se quejó —No me dejen. —Yo me quedo un rato más contigo —Ofreció el rubio y su pareja sonrió. Don Toño y Sophie se fueron con Yuki, tenían que dejarlo en casa a dormir un rato por haber pasado la noche en vela. —Nuestra familia está completa —Comenzó Sergio con una emoción que era palpable —Ya quiero cargarlos en mis brazos. Max pronto se mostró serio, no le habían dicho nada sobre el UCIN. —No podremos —Empezó y rápidamente la expresión del pelinegro cambio a un estado de confusión —Al menos no por el momento. Son prematuros, estarán en cuidados intensivos. Sergio lo entendía bien, pero eso no hacía que la preocupación fuera menor. Deseaba abrazarlos, llenarlos de besos y decirles cuánto los amaba. Pero no podía. —Son nuestros bebés, deberíamos ser los primeros en cargarlos —Su voz era temblorosa, quería llorar. —Mi amor, tranquilo —El rubio se acercó a él y busco la manera de abrazarlo con cuidado —Ellos estarán bien, pero necesitan que su mami también esté bien. Sergio solloza y se deja mimar, había ansiado tanto abrazar a sus bebés y todo el parto se complicó demasiado. Sabía que sería difícil, pero su corazón pesaba de solo pensar en que quizá los ejercicios que había hecho esa tarde habían provocado el parto prematuro. —Es mi culpa —El llanto no cesaba y se abrazaba más al cuerpo de su futuro esposo. —No lo es, ninguno de los dos quería que pasara así —Insistió el rubio para después darle un beso en la frente —Todo estará bien, te lo prometo. El pecoso se refugio en sus brazos hasta que finalmente se calmó. Al poco tiempo se quedó dormido y Max se retiró, sabiendo que debía dejarlo descansar. Pero el día apenas estaba iniciando para él. Su teléfono no paraba de sonar ante la noticia de que su pareja había dado a luz. Cientos de flores fueron entregadas para su amado pecoso. Mensajes de felicitaciones y regalos se fueron amontonando en su habitación.  Todos preguntaban cuando podrían ir a visitarlos, pero Max les pido tiempo. Comió un poco y fue a visitar a su pareja cuando se despertó y pregunto por él. —¿No es una maravilla? —Comenzó el pelinegro apenas lo vio —Mira todas esas flores tan hermosas. —No más hermosas que tú —Afirmó el rubio para después darle un corto beso en los labios —¿Pudiste descansar? —Un poco, tú deberías hacer lo mismo —Toma su mano con delicadeza y entrelaza sus dedos —Te ves agotado. —Estaré bien, no te preocupes por mi —Max continúa besando su mejilla y frente, siente que lo adorma más que nunca. Entonces la puerta se abre y deja ver al doctor Marko. —Disculpen, pensé que estabas solo —Comenzó el mayor —Pero me alegra encontrarlos juntos porque ninguno de los dos ha decidido visitar a sus mellizos. —No quería verlos sin mi pareja —Explicó el rubio. El doctor Marko intenta ocultar una sonrisa ante su respuesta, no es la primera vez que se niegan a hacer algo sin el otro. —¿Podemos verlos? —El pecoso se mostraba emocionado ante la idea de estar cerca de ellos. Recibe una afirmación como respuesta y esto llena su corazón de alegría. Al poco tiempo llega una enfermera con una silla de ruedas y Max lo ayuda a acomodarse, pero se detienen muchas veces por los sollozos del joven. —Me duele mucho —Se queja con los ojos llorosos. Una vez en la silla, intenta relajarse un poco. Pero se llena de miedo al pensar que al volver tendrá que levantarse otra vez. Sin embargo, intenta superarlo y avanzan por los pasillos hasta llegar al UCIN, donde hacen todo el proceso con sumo cuidado. Entran y son llevados hasta donde están sus pequeños. Sergio no da crédito para lo que está viendo, pensar que ellos estuvieron creciendo dentro de él lo pone muy emocional por más que se intenta controlar. Pero suelta una pequeña risa al ver lo colorado que está su pareja al sollozar por ver a sus bebés. El deseo de Max se había cumplido. Sus hijos, aún pequeños, se parecían mucho a su amado pecoso. Les permiten tocar sus diminutas manos, y los bebés reaccionan apretando unos de sus dedos. Es fácil notar que uno de los mellizos es ligeramente más grande que el otro. Thierry, quién nació primero, es fácilmente el mayor de los dos. Alexis era el más pequeño, quién había tenido el cordón en su cuello. Ambos crecerían grandes y fuertes, eso lo tenían seguro. Después de ver a sus amados retoños, hicieron la limpieza adecuada y regresaron a la habitación. Sergio comenzó a llorar apenas lo hicieron levantarse una vez más. Y por las mejillas coloradas de Max a deslizaban lágrimas silenciosas al ser testigo del dolor de su amado. Logran acomodarlo en la cama y finalmente se calma. Entonces el teléfono de Max vibra en llegada de un mensaje. “Ya estoy aquí, hijo” Don Toño le ha avisado que ya llegó, que debería irse a casa a descansar. —Me tengo que ir, mi amor —Dice para después darle un dulce beso en lo labios —Te amo, eres tan fuerte. Sergio se abraza a él, no quiere dejarlo ir pero sabe que tiene que hacerlo. —¿Vendrás a verme en la mañana? —Pregunta casi en un susurró. —Me verás apenas despiertes —Premetió. Se despiden y Max sale de su habitación con mayor tranquilidad. Don Toño se lo encuentra en el pasillo y lo saluda, se pone al día y luego cada uno continúa su camino. El rubio sale del hospital y mira una vez más el cielo estrellado. —Gracias —Dice en un susurro para después tomar un taxi y marcharse a casa. Por su parte, Sergio estaba apunto de dormirse cuando se percató de un ramo de rosas blanco que no había estado ahí antes. Se estira con cuidado y lo toma.  Reconoce la letra, es de Carlos. A diferencia de las demás notas, la suya solo pedía su pronta recuperación. Era muy probable que Carlos no supiera las verdaderas razones por lo cual estaba hospitalizado. Este ramo lo llenó de sentimientos encontrados. Era un buen gesto pero al mismo tiempo se sentía agobiado. Había analizado mucho si darle una oportunidad o no, porque al final del día era alguien importante en su vida. Pero estaba tan confundido que no sabía si esa era la decisión correcta. Así que decidió pensar con la cabeza fría, y mejor concentrarse en su nueva familia. Ellos lo necesitaban. 
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