ID de la obra: 1512

𝕰𝖗𝖔𝖘 𝖊𝖓𝖆𝖒𝖔𝖗𝖆𝖉𝖔 |𝕷𝖆 𝖋𝖑𝖊𝖈𝖍𝖆 𝖉𝖊 𝖈𝖚𝖕𝖎𝖉𝖔 2

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
423 páginas, 135.158 palabras, 51 capítulos
Descripción:
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Un hogar para compartir contigo

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Las primeras semanas después de volver a casa fueron las más interesantes. Cuidar a un recién nacido no era igual a que estar a cargo de un nene de casi tres años, sumado a que eran dos bebés pequeños a quienes debían cuidar. Y el llanto era algo que siempre estaba presente. —Por favor, Alex, ya no llores —Suplicó el pecoso cargando a su bebé en brazos. A pesar de ser el mellizo más pequeño, Alex tenía unos fuertes pulmones y lo hacía saber gracias a los gritos que pegaba al llorar. —Thierry ya se durmió —Dijo el rubio llegando con una visibles ojeras. Yuki miraba con horror a su hermano pequeño, ¿Así de feo se veía él al llorar? Pues ya no lo haría más. —Déjame ayudarte —Sophie se acercó al pelinegro y tomó al bebé en su brazos. Comenzó a mecerlo y acariciar sus mejillas, tarareando una tonada que poco a poco fue calmando al pequeño. Esto claramente frustro a Sergio, ¿Por qué su bebé no se había calmado con él pero sí con su abuela? Sophie se marcha a la habitación de los mellizos para acomodar a su nieto en la cuna, siendo seguida por un curioso Yuki. Entonces el pecoso explota. —¿Qué estoy haciendo mal? —Preguntó casi en un susurro mientras se sentaba en el sofá. Max se percató de los pocos ánimos que mostraba su pareja, sabía bien lo frustrado que estaba porque él también se sentia asi. Pero sabía bien que eso sería así los primeros meses y que con el tiempo todo mejoraría. —Amor, no estas haciendo nada mal —Comenzó para después sentarse a su lado y tomar su mano con delicadeza —Alex es el más sensible de los dos, llora por todo y sabemos bien que lo heredó de mi. Esto hizo que el pelinegro suelte una pequeña risa que pronto desapareció cuando externo una duda que lo carcomía por dentro. —¿Y si no me quiere? —Su voz tiembla al decir esto y sus ojitos pronto se llenan de lágrimas. Al rubio no le gusta verlo llorar, le parte el corazón a la mínima lágrima que se delize por su mejilla. Se pega aún más a él y lo envuelve en un cálido abrazo. —Claro que te quiere, te ama mucho —Afirmó para después darle un beso en la frente —Eres su mami, te ama más que a nadie. El pecoso se abraza más a su cuerpo, refugiándose en sus brazos y hundiendo su rostro en el pecho de su pareja. —Tengo miedo de no gustarle —Confesó entre sollozos —Que no quiera estar en mis brazos. —Claro que quiere que lo abraces y lo llenes de besos, él te ama —Max no sabe qué más decir para poder tranquilizarlo, pues incluso él duda de sus propias capacidades parentales —Solo es una mala noche, no significa que él no te quiera. Sergio se reincorpora por un momento y lo mira fijamente a los ojos. —Llevamos un mes de malas noches —Señaló. El rubio sonrió y le dio un beso en la mejilla. —Prefiero un mes de malas noches donde yo no pegue el ojo en toda la noche, que las dos semanas infernales en la UCIN sin poder abrazar a nuestros niños —Afirmó para después volver a abrazarlo —Todo irá mejorando, ya lo veras. —¿Lo prometes? —Susurró el pelinegro no del todo convencido. —Te lo prometo. En ese momento escucharon unos pasos de alguien acercándose a ellos. Era Sophie con Yuki en brazos. —Ya están durmiendo, pero este muchachito se niega a ir a la cama —Dijo la mujer y el pequeño estiro sus bracitos en señal de querer el abrazo de su padre. Max tiene que separarse de su pecoso para agarrar al nene, quién rápidamente se abrazo de él. —Papi, cuento —Pide el pequeño, se ha vuelto una costumbre que le relate una historia cada noche. —Si, pero dale un beso a mami antes de dormir —El rubio acerca al nene hasta el pelinegro y Yuki le da un beso en la mejilla. —Descansa, mi niño —Dijo Sergio después de acariciar el oscuro cabello de su hijo. Max se llevó al pequeño a su habitación que quedaba muy cerca de ambos padres y de sus hermanos. Sabía que al terminar de relatar el cuento al nene, cuando volviera a su habitación se encontraría a su pareja listo para dormir. Y así fue. Llegó y lo vio recostado en la cama pero todavía no estaba durmiendo. “Gracias a Dios, la maldita almohada ya no se interponía entre ambos” pensó. Eso era parte de las pequeñas cosas que le había gustado que terminaran después de que nacieran sus hijos. —Descansa amor, te amo —Susurró el rubio para después darle un corto beso en los labios. —También te amo —Respondió su adorable pecoso mientras se abrazaba a su cuerpo y así dormir recargado en su pecho. Amaba mucho cuidar a sus hijos pero, si algo era cierto, es que desde el nacimiento de los mellizos las noches se habían vuelto cada vez más cortas. O al menos eso sentía. Apenas cerraba los ojos y al poco tiempo comenzaba a escuchar el llanto de los mellizos en su habitación. Era natural que los bebés se levantaran ya sea por hambre o por un panal sucio. Sus hijos ya tenían un mes y medio, así que estaban acostumbrándose a eso. No quería levantar a su pareja, así que dejó dormir a Sergio para ser él quien se encargara de los bebés. Al llegar a la habitación se llevó la sorpresa de que había alguien más con ellos. —¿Yuki? —Apenas preguntó y vio Cómo el niño brincó de susto —¿Qué haces aquí, nene? El pequeño estaba sosteniéndose del barandal de la cuna de los mellizos, apoyando un pie en la base de esta y buscando impulsarse hacia arriba. Fue en ese momento que el rubio entendió lo que estaba intentando hacer. —Hijo, ya hablamos de esto, no puedes dormir con ellos —Le explicó el joven tomándolo en brazos para liberarlo de esa incómoda posición —Ya no te salgas de tu habitación en la noche, por favor. Desde que Yuki había aprendido a bajarse de su cuna, comenzó a hacer expediciones nocturnas a la habitación de sus hermanitos, ya sea para observarlos dormir o querer estar junto a ellos. —Abrazo manito —Yo que intentaba expresar lo que quería hacer. Al parecer se había percatado de que sus hermanitos estaban llorando y buscaba abrazarlos para consolarlos. —Nene, no tienes que hacerlo, para eso estoy yo —Insistió Max para después darle un beso en la mejilla —Eres un gran hermano mayor, pero tienes que dormir o mamá se va a enojar si se entera que te sigues levantando por las noches. Entonces Yuki negó con la cabeza rápidamente. Nunca le ha gustado molestar a mamá El joven se lleva al pequeño a su habitación y lo deja acostado en su cuna, pronto buscarían una cama apropiada para él pero sentían que estaba todavía muy chico para ello. Cuando Max regresó a la habitación de los mellizos, se topó con su pareja cargando a Thierry. —Tenía hambre —Señaló Sergio con el bebé en brazos tomando leche de su pecho —¿Puedes encargarte del pañal de Alex? Por favor. —Claro amor, no tienes que pedirlo como un favor —Respondió mientras caminaba hacia la cuna de su hijo y lo tomaba en brazos —Por algo soy su papá. Al rubio le daba asco cambiar pañales, la simple idea de que el producto dentro de este manchara sus dedos le provocaba arcadas. Y el aroma era asqueroso. Sin embargo, sabía que era su responsabilidad y no por vanidad le dejaría todo el trabajo a su pareja. —Yuki sigue viniendo por las noches, ¿Verdad? —La pregunta de su pecoso lo toma por sorpresa, pero asiente a sabiendas de que no debe mentirle —Lo sabía. Puede notar cierta molestia en su voz, y no quiere que su prometido esté enojado con él. —Perdón, amorcito —Comenzó cuidando bien sus palabras al momento de hablar —no quería castigarlo por querer mucho a sus hermanitos, sabes que los ama. —Claro que sé que los ama y que tiene mucha curiosidad por ellos —Respondió Sergio acomodándose la ropa después de que el bebé terminará de comer —Pero sabes que no me gusta que se desvele, altera mucho su rutina diaria. Mañana hablaré con él. El rubio solo se limitó a asentir, sabía bien que eso era lo conveniente para que Yuki hiciera caso a lo que le decía. Miró el reloj en la pared y se dio cuenta de lo tarde que era. —Amor, mañana debemos salir temprano y ya es bastante tarde, ve a dormir —Comenzó Max después de ver como Thierry se quedó dormido y su pareja lo ponía de nuevo en la cuna —Tengo un biberón listo para Alex, así que no te preocupes y descansa. Pero al pecoso no le gustaba la idea de descansar sin su pareja. —Mi león, claro que no, lo alimento rápido —El pelinegro le quitó al bebé de los brazos y lo acomodó en los suyos para comenzar a alimentarlo —Además, es un alivio el deshacerme de esta leche. La lactancia también había sido algo no solo impresionante sino también extraño, ya que nunca esperó vivir algo así. Entonces se vio a sí mismo teniendo que usar aparatos para sacar la leche que tenía en sus senos y que le provocaban cierto dolor. Alex rápidamente se quedó dormido mientras comía, así que Sergio se apuro en acomodar todo para que sus mellizos durmieran tranquilos. Tomo de la mano a su futuro esposo y salieron rumbo a su habitación. Si tenían suerte, todavía les quedaban unas horas de sueño.  A la mañana siguiente toda la familia se había alistado temprano para ir con el pediatra de los niños. Sophie vistió a los pequeños para darle espacio y tiempo a los novios para alistarse. Dejándolos en la sala para que estuvieran junto a su hermano mayor.  Yuki estaba sentado en el sofá comiendo fruta picada que le había dado su abuelita. Miraba dibujos animados mientras esperaba a que sus padres estuvieran listos. —Bien, ya está todo bien —Comenzó Sergio llegando hasta la sala —Ve con papá a la cochera, en un momento vamos. Yuki se levantó del sofá y dejó el plato de fruta en la mesita de café. Luego corrió hacia la puerta que daba al garaje y entró. —¡Papi!—Llego hasta donde estaba su padre y este le abrió la puerta del auto para que se sentar en su lugar, abrochando bien el cinturón de seguridad. Sergio y Sophie llegaron con los mellizos y los pusieron en sus asientos especiales. Una vez todo listo, comenzaron el recorrido de menos de una hora para llegar a la oficina del pediatra Vasseur. Max había aprovechado el embarazo de su pareja para aprender a manejar y así sacar su licencia. Por lo tanto, mientras él conducía su pareja iba atento a todo lo relacionado con los niños. El trayecto se hizo aún más corto gracias a las ocurrencias del pequeño Yuki, que quiso cantarles durante todo el camino. Era día de vacunación. —Solo es un pequeño pinchazo, será rápido, lo prometo —Dijo el pediatra mientras se acercaba con aquella jeringa cuya punta le parecía demasiado larga el rubio. —¿Les va a doler? —Pregunta casi en un susurro. —Es natural que lloren, no se preocupe por eso —Intenta que se relaje porque la nota demasiado tenso. Pero sabe que no logrará mucho cuando divisa un atisbo de miedo en su rostro. No es la primera vez que ve algo así, entonces prosigue. —Si te muestras asustado, el bebé se pondrá igual —Sophie regaña a su hijo cuando ve que cierra los ojos apenas acercan la jeringa. —Ay... —Se queja Sergio mientras carga a su pequeño Alex en sus brazos. Yuki mira con atención toda la escena, no entiende por qué está tan asustado. —Solo relájate —Insistió Vasseur. Estaba a punto de dar la primera vacuna, cuando nota que el joven está llorando. —Max, ni siquiera lo ha tocado —Suelta Sophie al ver a su hijo llorar por algo que todavía no ha pasado. —Es que lo va a pinchar —Solloza e intenta recomponerse un poco, pues sabe que de continuar así tardarán mucho más. —Es normal que esto pase, incluso yo he estado en tu posición —Dice el pediatra captando la atención del rubio, distrayéndolo así de la vacuna que acaba de poner sin que se diera cuenta —Y mira que fácil es. Sin embargo, Thierry comienza a llorar y Max se apura en consolarlo. Comienza a arrullarlo mientras camina en círculos por la habitación. —Ahora el pequeño Alex —Vasseur da la indicación para que el pelinegro se siente con su bebé en brazos —No pasa nada, relájese. Aunque Sergio fue más valiente y no cierra los ojos al momento de ver cómo vacunaban a su bebé, no puede evitar llorar al sentirse un poco culpable por llevarlo a esa situación donde su hijo terminaba llorando. Pero sabía bien que era por su salud. —Gracias por la paciencia —Dijo Sophie, aunque no le gustaba la idea de verlos llorar, ella también había estado en su posición y entendía con justa razón. Yuki, quien había estado presenciando toda esa situación, comenzó a sentir un poco de miedo al ser el siguiente. Sin embargo, y para sorpresa de todos, no lloró y hasta se puso muy contento cuando recibió una paleta como premio. —El más valiente de todos —Dijo Sophie abrazando a su nieto. Finalmente pudieron calmar a los dos bebés y se marcharon a una cafetería cercana para pasar el rato.  Los bebés estaban dormidos mientras ellos almorzaban en la tranquilidad del lugar. Sergio tomó una foto de sus dos bebés y se la mandó a su padre para que viera a sus nietos. Extrañaba mucho a su papá y deseaba pasar un tiempo en casa. Así que habían decidido hacer un viaje corto a finales de junio para poder organizar su boda y pasar tiempo en familia. Pero ahora tenía otro tema que tratar. —Yuki, ya me di cuenta que te has estado levantando por las noches —Obviamente el pelinegro no iba a echar de cabeza a su pareja —Me dijiste que ya no lo ibas a hacer. El pequeño bajó la mirada, sabía que había decepcionado a mamá. —Perdón... —Susurró con esa voz tan linda que conmovía el corazón de cualquiera que lo escuchara. —Ya no lo hagas bebé, sé que quieres pasar tiempo con tus hermanitos pero eso lo puedes hacer durante el día, no en la noche —Señaló sin dejarse vencer por su corazón sensible. Yuki aceptó el regaño y pronto terminaron de desayunar. —Debo pasar a la floristería por mi último pago —Les recordó Sophie. Ella había tenido que renunciar a su trabajo para poder apoyar a su yerno con el cuidado de sus nietos. No le molestaba, por el contrario, amaba mucho a sus pequeños y le encantaba pasar tiempo con ellos. Así que al terminar con su comida, volvieron al auto y en menos de quince minutos llegaron a la floristería donde había trabajado la ahora abuelita. Aprovecharon el tiempo y decidieron pasear en un parque cercano al lugar. Veían a Yuki jugar en la resbaladilla y pronto el pelinegro se dio cuenta en dónde estaba sentado. Era aquella banca donde se había sentado a comer duraznos hace unos meses cuando se sentía muy solo y confundido. Pero ahora esos sentimientos se habían marchado. Tenía una hermosa familia con el hombre que amaba, y eran muy felices en su nueva etapa de vida. Aunque sabían que todavía no estaba completa hasta que caminaran hacia el altar para unirse en matrimonio para toda la vida.  Nota: Perdón por la tardanza, estuve muy ocupada 😔
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