Alguien especial
22 de diciembre de 2025, 18:52
La velocidad a la que iban pasando los meses fue tan rápida que en un parpadeo estaban en junio.
Habían llegado al pueblo hacía ya unas semanas y gracias a Don Toño y sus amigos tenían casi todo listo para la boda.
El señor no dejo nada al azar, siempre mandaba fotos y consultaba todo con sus hijos, sabiendo bien que su apoyo era apreciado al estar tan ocupados en la nueva etapa de su vida.
Y pobre Max perro, lo traían de aquí para allá con las invitaciones, el salon, la iglesia, etc.
—No me gusta cómo se me mira —Se quejó el pelinegro mientras bajaba de la pequeña plataforma en la que estaba parado —Siento que no encontraré el traje a tiempo.
—Tranquilo, vas a ver que encontraremos algo a tu gusto —Doriane, su dama de honor, intentaba que el joven mantuviera la calma —Buscaré más trajes, no te preocupes.
El pecoso vio como su amiga se marchó de la sala del vestidor, dejándolo solo con sus pensamientos.
Se sentía muy estresado.
Habían pasado casi todo el día buscando el traje para su boda y ninguno había logrado convencerlo.
Sabía que tenía que ser blanco, pero siempre encontraba la menor falla para decir que este no le gustaba.
Y es que sabía bien que el traje no era el problema.
Toda la situación no le gustaba, y no porque no quería casarse o no sintiera emoción por su boda, sino por ese video.
Sophie había insistido con el vídeo con fotos de la infancia de los jóvenes que se utilizaría esa noche en la cena de compromiso previo a la boda.
El ver su álbum de fotos lleno de imágenes donde compartía todo con Carlos.
¿Cómo podría borrarlo de su vida si era su mejor amigo?
¿Lo peor? Se sentía culpable por haber tirado su carta sin antes leerla.
Por eso no estaba disfrutando ese proceso de la manera en que debería, ya que sentía que algo hacía falta.
Y ese algo tenía nombre y apellido.
Sabía que estaba en todo su derecho de seguir enojado y no querer verlo, pues este había estado enamorado de su actual pareja y futuro esposo.
Pero con el paso del tiempo comprendió como este "amor" se convirtió en un odio por la felicidad del rubio.
Y es que, en medio de su amargura, Carlos deseaba que Max fueran tan o más miserable que él.
Un berrinche que llegó demasiado lejos en su afán de arrastrarlo para hacerlo miserable.
Sin embargo, aunque su lado paterno seguía resentido con su amigo, sabía bien que este no tenía el mínimo conocimiento del estado gestante en el que se encontraba.
Así que una parte de sí mismo le rogaba que le diera una oportunidad, aunque sea mínima.
O al menos limar las asperezas y quedar en buenos términos.
No quería recordar su infancia con amargura por una amistad rota.
—¿Qué te parece este? —La voz de su amiga lo saco de sus pensamientos y se giró para verla —Es muy bonito.
Sergio se acercó y tomo el traje blanco que ella llevaba, se sorprendió que haya encontrado otro más para probárselo, ya que le dijeron que no había mucha variedad y se había puesto siete que no le gustaron.
—Me lo probaré y luego iremos a comer, estoy muriendo de hambre —Mentira, solo quería irse de ahí.
—Bien, te esperaré aquí —Dijo la rubia tomando asiento en el sofá.
El pelinegro se terminó de vestir con la ayuda de una de las vendedoras, sin embargo, el resultado no varió respecto a los trajes anteriores.
Y así fue como salieron de otra tienda con las manos vacías.
Pronto caminaron hacia la cafetería de Don Toño, donde se toparon con el cartel de cerrado.
—¿Qué pasó? —Preguntó Sergio para después golpear la puerta al percatarse de que adentro había actividad.
Entonces Óscar llegó corriendo a abrirle apenas lo vio en la entrada.
—Gracias a Dios —Soltó el castaño y los dejo pasar.
Fue en ese momento que el pecoso escuchó el llanto de sus bebés.
Sin decir palabra, el joven camino hacia la parte trasera del local y vio a sus dos amigos llorando junto a sus bebés de tres meses de edad.
—¿Qué les pasó? —Preguntó Doriane tomando a Thierry de los brazos de Charles —Tranquilo bebé, la tía Doriane ya está aquí.
La rubia arrulla al nene pero este parece no estar del todo contento con su atención.
—Tienen hambre y nos quedamos sin leche —Señaló Lewis cuando el pecoso le quitó a su bebé Alex de los brazos.
—¿Se tomaron todos los biberones? —Pregunta sorprendido, últimamente sus bebés habían estado buscando beber de su pecho más seguido.
—Son muy tragones —Se quejó Charles para después sentarse en un banquito.
—Tuvimos que cerrar el local temprano, Don Toño quiere que todo salga perfecto esta noche —Afirmó Pato mientras terminaba de cortar la fruta que después George ponían en un recipiente.
—Aun nos faltan tres bandejas de postres, esto es agotador —George había tomado la responsabilidad de encargarse de la mesa de chucherías de esa noche, pero fue una labor más pesada de la que esperaba.
—¿Y dónde está papá? —Preguntó el pecoso mientras acomodaba a Alex en su pecho para alimentarlo.
—Nada más para ser claros, ¿El papá de tus hijos o tu papá? —Pregunto Charles para después robarle una fresa a Pato.
—Mi papá —Sergio respondió como si fuera lo más obvio del mundo.
La verdad es que no le gustaba que Charles bromeara con el título de padre de su prometido.
"¿Y dónde está su papi?" recordó que una vez dijo solo para molestar al rubio.
Pero lo ponía muy celoso.
—Llevo a Yuki a probarse el traje que encargó para él, se fueron con Max —Respondió Oscar dándole un manotazo a Charles por estar robándose la fruta.
—¿Mi prometido o el perro? —Ahora fue el pecoso quien hizo una pregunta que provocó la risa de varios.
—El perro —Dijo Pato llevando los trastos sucios al fregadero.
—Los dos son perros —Susurró Charles pero el pelinegro no fue capaz de escucharlo al estar tan enfocado en su bebé.
—¿Alex ya terminó? Porque Thierry está muy hambriento —Dijo la rubia cuando vio como el bebé estaba dormido en los brazos de su amigo.
—Si, Lewis, ¿Puedes poner a Alex en su sillita? Ya nos iremos apenas Thierry se duerma, por favor —Pidió el pelinegro y su amigo asintió tomando con cuidado al pequeño.
El moreno acomodo al bebé en la silla de su carriola y lo tapo con su mantita.
Sergio tomó a Thierry en brazos y lo acomodó en su pecho para darle de comer, haciendo que esté se calmara.
—Lo bueno es que solo tenemos que decorar estás últimas y ya podremos irnos a casa —Continuó George mientras sacaba unas bandejas y las ponía en la mesa.
Entonces los demás comenzaron a ayudarlo para que terminaran más rápido.
Una vez completada la tarea, y con los dos bebés dormidos, los jóvenes salieron del local y cada uno se dirigió a sus respectivos hogares.
Doriane acompaño a Sergio en todo el camino mientras platicaban del ramo que usaría al caminar hacia el altar.
En el camino se encontraron con Don Toño, quién hizo una parada para comer helado con su nieto y este se quedó dormido en sus brazos.
Estaba a punto de irse cuando divisó a su hijo con la joven rubia caminando cerca del lugar.
Estos habían detenido porque Alex ensució su pañal y debían cambiarlo, así que tuvieron suerte de encontrarse.
—Listo, solo déjenme arrullarlo para que vuelva a dormirse —Dijo Sergio quien se sentó en una banca del parque.
En ese momento Yuki se despertó haciendo un berrinche por querer estar en los brazos de su mami.
Fue así como el pecoso tuvo que hacer malabares para poder acomodarse ambos niños.
—Dejame tomar una foto, se ven adorables —Doriane no perdía la oportunidad de fotografiar a su amigo cada que podía, principalmente si esto implicaba a los bebés.

La imagen de los dos niños en los brazos de Sergio nunca antes le había parecido tan bella.
Envió la foto a Max para hacerle saber que ya estaban con Don Toño y los niños.
Pronto subieron a la furgoneta del hombre y con mucho cuidado manejo a casa, donde acomodaron a los bebés en sus respectivas cunas.
Al poco tiempo llegó Max con el traje para su ceremonia, había ido a recogerlo con Logan y Sophie.
El rubio saluda a su prometido y luego subió a su habitación para guardar el traje. Dándose cuenta de que su pareja todavía no había adquirido el suyo.
De hecho, se había percatado de su actitud extraña desde hacía días. Y no pudo evitar relacionarlo con la pregunta que le había hecho hace poco.
"¿Sabes dónde quedó la carta de Carlos?"
Ojalá hubiera guardado esa carta, pero solo siguió las instrucciones de su pecoso al no querer saber nada de su ex mejor amigo.
Desde entonces había anotado que el pelinegro no estaba del todo enfocado en el tema de su boda, y por supuesto que lo entendía.
Así que no se sorprendió cuando al cabo de unas horas lo vio todavía en cama, en pijama y sin señales de levantarse pronto.
—Amorcito, la cena —Le recordó, quizá lo había olvidado.
—Si, lo sé, estoy sacando un poco de leche para los niños —Respondió mostrando sus biberones junto a él —Termino esto y me alisto.

Sin embargo, todavía lo miraba distraído.
Entonces se sentó a su lado y tomo su mano con delicadeza, para después darle un beso en el dorso de esta.
—Si quieres llamarlo, hazlo —Dijo el rubio sabiendo bien a qué se refería —No quiero que te detengas pensando en mí, sé lo importante que es para ti.
Sergio sonrió, siempre le asombró la capacidad de empatía que tenía su pareja, incluso con aquellas personas que le habían hecho mucho daño.
Pero todavía tenía muchas dudas.
—¿Y si no quiere hablar conmigo? —Esa era una.
—¿Como por qué no querría hablar contigo? Te escribio una carta, es claro que quiere hablar contigo —Max no iba a desistir.
—Pero soy yo quien se esta casando contigo, no él —Y el pecoso tampoco —¿Y si se enteró de nuestro compromiso y ahora me odia? ¿Qué tal si la carta era para decirme que ya no quería verme más?
—Te mando flores al hospital —Le recordó —Eso no lo hace alguien que no quiere verte más.
—¿Y si ya nada vuelve a ser como antes? —La otra duda se hizo presente.
—Amor, nuestras vidas han cambiado mucho y es muy diferente a como estábamos hace un año —Comenzó el rubio —Solo tienes que dejar que las cosas se den de manera natural. Y si termina, al menos lo intentaste.
En ese momento Sergio dejó de lado los biberones y se acomodo la ropa mientras intentaba no llorar, pero fue inevitable cuando sintió el cálido abrazo de su pareja.
—Soy tan patético, ¿Verdad? —Balbuceó un poco mientras limpiaba las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas.
—Claro que no, él es tu mejor amigo y lo quieres mucho —Dijo Max dejando que se recostara en su pecho —Escribele algo, dile lo que sientes y espera su respuesta, todavia tenemos tiempo.
El pecoso suspiro al escuchar esto.
—Gracias, mi león, no sé lo que haría sin ti —Respondió para después darle un corto beso en los labios.
—No tienes que agradecerme, es mi deber cuidar de ti.
Estas cálidas palabras fueron el combustible para que Sergio se animara a escribir una carta que esperaba poder hacérsela llegar a su ex mejor amigo.
Y aunque la cena de compromiso salió maravillosa, Max aun tenia algo pendiente por hacer.

Era la noche previa a la boda y Sergio se encontraba en su habitación alistándose para dormir.
No iba a negar que se sentía muy nervioso.
Daba vueltas en la cama intentando conciliar el sueño, pero estaba tan emocionado que no era capaz de quedarse quieto al menos cinco minutos.
Pronto escuchó un golpeteo en la puerta y vio cómo ésta se abrió para dejar ver a su amiga.
—¿Ya estás dormido? —Preguntó a Doriane acercándose a él y el pelinegro se sentó en la cama —Quería saber si tenías hambre, Sophie y yo iremos a comprar algo de cenar.
—No tengo hambre, muchas gracias —Comenzó el pecoso —Quiero intentar dormir porque no deseo despertar con unas enormes ojeras el día de mi boda.
La rubia asiente y le dice que le marque si necesita cualquier cosa. Ya que se quedará solo con los pequeños en casa.
Por fortuna esto estaban profundamente dormidos, principalmente Yuki que estaba tan cansado de haber jugado hasta tarde con sus tíos.
Don Toño había insistido en que la pareja de enamorados no se quedará en la misma casa el día antes a la boda.
Así que Sergio se quedó en casa de su padre, mientras que Max se fue a la casa de Lewis.
Esa noche don Toño había salido con Fernando y Mark, pues deseaban pasar el rato lejos de los jóvenes.
Es así como Sergio se queda mirando el techo de su habitación, perdiéndose en sus pensamientos y buscando una manera de cansarse para terminar durmiendo.
Sin embargo, algo chocando en el cristal de su ventana lo hace alarmarse.
Se levanta con cuidado de la cama y se acerca para ver de qué se trataba.
Entonces se lleva el susto al toparse con su prometido arriba del árbol, aquel que usó para escapar de su habitación cuando su papá casi los atrapa en una situación subida de tono.
—¿Max? —Suelta sumamente sorprendido, viendo como se apoya en la rama para intentar llegar a su ventana —¿Qué estás haciendo? Tonto, te vas a caer.
El rubio había arrojado una piedrita para hacerlo abrir la ventana. Así que no tardó en acercarse y entrar a través de esta.
—No soporto no poder verte —Confiesa para después tomarlo por la cintura y juntar sus labios en un atrevido encuentro.
El pecoso se sostiene de sus hombros, dejando que su pareja se abrace a más a su cuerpo mientras que su lengua invadió su boca y comienza un baile sensual con la suya.
Sabe lo que su pareja busca con ese beso, lo entiende bien desde el momento en que siente como su mano se posa en su trasero y lo aprieta levemente.
—Maxie, no —Dice separándose un poco —Ellas van a regresar en cualquier momento, y papá se enojara si se entera que estuviste aquí.
Max no insiste en besarlo si este no quiere, pero le ofrece su punto de vista.
—¿Qué tiene de malo que quiera hacerte el amor? —Pregunta casi en un susurro —Mañana serás mi esposo, hoy quiero disfrutarte como mi novio.
El pelinegro se muerde el labio al imaginar lo mucho que lo está deseando su pareja.
—¿Y como piensas convencerme? —Lo reta, sabe bien que le gusta eso cuando ve una sonrisa asomándose entre sus labios.
El rubio acerca su mano a su barbilla y lo acaricia hasta deslizarse por su cuello, deteniéndose en uno de sus pechos y amasándolo con cuidado, sintiendo cómo se moja con su leche.
—¿Sabes? El trayecto hasta aquí fue largo y cansado, estoy un poco sediento —Max presiona ligeramente sobre su pezón, manchando aún más la prenda con el tibio líquido.
Con su otra mano, que antes sostenía su cintura, comienza a desabotonar la pijama del pecoso.
Mueve en poco la prenda y deja a la vista sus redondos senos, los cuales comienza a acariciar y rápidamente nota la tensa respiración de su pareja.
Sergio no pensaba que Max tuviera esa clase de fetiche. Y no lo malentiendan, no le molestaba, solo lo había tomado por sorpresa.
Y más grande fue el shock cuando el rubio se inclina hacia su cuello, dejándole un suave beso cerca de su hombro, para después descender hasta su pecho y llevar uno de los pezones a su boca, succionando levemente.
—Max... —Se queja el pecoso tomándolo de sus rubios cabellos para evitar caerse.
Pero esto no ayuda y pierde el equilibrio, tropezando hasta casi caer cerca de la cama, siendo detenido por su prometido.
—¿A dónde vas, bonito? —Pregunta juguetonamente mientras lo tomaba por la cintura y lo hace reincorporarse.
Logra hacerlo retroceder entre sus pasos para llegar hasta la cama y recostarlo sobre esta.
—Estas loco —Soltó el pelinegro con una sonrisa.
Max se coloca encima suyo, haciéndolo abrir sus piernas para acomodarse entre ellas y después juntar sus labios en un encuentro algo candente.
—¿Quieres que me detenga? —Dice separándose un poco de él, observando la expresión en su rostro.
Quiere saber si se siente cómodo con la idea de lo que desea, principalmente si está seguro de que quiere hacerlo.
—No quiero que te detengas —Confesó el pecoso mientras que con sus manos terminaba de quitarse la parte superior del pijama.
Con luz verde, Max se acerca a sus pechos y hunde su rostro entre ellos, haciendo uso de sus manos para juntarlos a su cara.
Inevitablemente la leche brota y él comienza a limpiarlo con su lengua, dejando un desastre húmedo en su pecho .
Le gustaba saborear su piel, principalmente cuando la dulzura de la leche se mezclaba sabor salado de su piel canela.
Chupaba y lamía, probando cada gota sin desperdiciar ni una sola. Usando una de sus manos para colarse en los pantalones de su prometido y acariciar su miembro.
Lo estaba volviendo loco.
Sí, Max lo estaba arrastrando a los límites de la locura gracias a su habilidosa boca.
Sentir el rozar de sus dientes en su delicada piel hacía que más de un escalofríos recorrió su espalda.
Pero tembló cuando sintió sus dedos envolver su falo y jugar sobre este para provocarle uno que otro gemido.
—Mierda... —Susurró el pecoso sintiendo lo húmedo que estaba, señal de que deseaba ser llenado por su amado.
Max sonríe con malicia, sabe que su juego lo provoca y lo tiene a su merced.
Ansía mucho escucharlo rogar, así que usa sus dedos para estimular su entrada y siente como se remueve con su tacto.
—¿Qué pasa, guapo? —Comienza con cierta burla —¿Por qué no me dices lo que quieres? No seas tímido.
Sergio se agarra con fuerza al brazo de su prometido, apenas puede pensar con sus dedos dentro de él.
Intenta articular palabra, pero solo salen gemidos que intenta ahogar para evitar hacer tanto ruido.
El rubio no le da tregua, continúa tocando donde sabe que le gusta y lo vuelve loco.
Incluso él no sabía como podía controlar su propio deseo, pues en sus pantalones se asfixiaba su miembro erecto que rogaba por atención.
Pero sabía que estaba tan cerca de conseguir su objetivo, que siguió ignorando su propio placer.
Y sus esfuerzos darían frutos.
—Hazlo —Dice el pelinegro casi en una súplica —Hazme el amor.
Una sonrisa se dibuja en los labios del rubio apenas escucha esto.
No tarda demasiado en desvestirse y hacer lo mismo con su pareja, posicionándose encima suyo para continuar besándolo mientras acariciaban sus cuerpos desnudos.
Sus besos se vuelven cada vez más intensos, mientras que Max se acomoda entre sus piernas y se adentra en su interior, robándole un gemido que ahoga en sus labios.
A Max le encantaría volver a embarazarlo, hacerle saber al mundo que solo él puede tomarlo y llenarlo al punto de darle dos hijos muy sanos.
Pero el doctor Marko les había dado la noticia de que su embarazo se complicó tanto que quedó imposibilitado para volver a estar en cinta.
Así que el rubio comienza a embestirlo con el afán de llevarle la contraria al pronóstico, aunque eso era imposible.
Sergio no es capaz de controlar sus gemidos, así que su pareja coloca su mano en su boca para callarlo un poco.
Incluso Max se mordía el labio mientras movía sus caderas, no quería ser el responsable de despertar a su familia y tener que dar explicaciones.
Tampoco quería delatar su presencia.
Pero no pudo evitar dejar en paz la boca de su amado para comenzar a tocar aquellos pechos que rebotaban con el vaivén de sus caderas.
Los gemidos del pelinegro eran demasiado sonoros, y todo empeoro cuando se colocó detrás suyo para tomarlo con mayor velocidad.
Intenta callarlo a besos pero es en vano.
Entonces escuchan algo que los deja helados por un momento.
Es el sonido de la puerta principal cerrándose.
Se quedan estáticos por un segundo, pero Sergio rápidamente busca separarse de su futuro esposo pues ha dejado la puerta sin seguro.
Corre y logra detenerla antes de que Doriane la abra por completo.
—Oh, estás despierto —Dice la rubia sin hacer el esfuerzo de abrir —¿No quieres cenar?
Entonces Max se acerca a su pareja y le susurra al oído.
—Dile que ya estás cenando —Suelta una pequeña risa al decir esto y el pecoso le da un codazo para que se aleje.
—Bajaré en un momento —Responde antes de cerrarla por completo sin esperar una respuesta.
—¿Qué dices? —Pregunta el rubio en voz baja —¿Por qué respondiste eso sí ahorita lo estamos haciendo, amorcito?
—Ya hubiéramos terminado si no anduvieras con tus juegos calientes —Señala mientras camina hacia la cama —Y será mejor que te apures si no quieres que me vaya ahorita.
Max acorta la distancia entre ambos y lo toma de la cintura para después darle un beso en la mejilla.
—Me gusta cuando me hablas así —Susurra a su oído, provocándole un escalofríos.
Entonces lo hace girarse y lo empuja hacia la cama, tomándolo de las caderas y entrando en él sin previo aviso.
El pelinegro se tapa la boca con sus manos, no está dispuesto a dejar que los descubran.
Pero Max es otra historia.
—Si me vas a apurar, al menos lo haré a mi manera —Afirma el rubio mientras continúa embistiendolo.
El obsceno ruido de sus cuerpos chocando y los gemidos de Max llenaban la habitación, no quería ni deseaba ser silencioso.
—Maxie... —Soltó Sergio con dificultad.
Realmente disfrutaba cuando lo tomaba de esa forma, pero era muy obvio que estaba haciéndolo a propósito para llamar la atención.
Entonces le da una nalgada que logra arrancarle un gemido que no puede silenciar.
Una tras otra hasta dejar su piel colorada.
El pecoso no tarda en correrse sobre las sábanas y el rubio está tan cerca que decide que lo tome con la boca.
Y el pelinegro está muy dispuesto a esto, moviendo su cabeza hasta sentir como bañaba su lengua con su líquido caliente.
Estaban agitados, sudados y cansados.
Entonces pegaron un brinco cuando escucharon un golpeteo en la puerta.
—Si ya terminaron, al menos bajen a comer algo —Escucharon la voz de Doriane al otro lado de la puerta.
Era lógico que se diera cuenta con tremendo escándalo.
Y quizá les llamaría la atención por haber faltado su palabra hacia Don Toño, pero sabían bien que no los iba a delatar.
Además, estaban a unas horas de contraer matrimonio. Eso ya no importaría dentro de un rato.