ID de la obra: 1516

Blue Velvet [Chestappen]

Slash
R
Finalizada
3
Fandom:
Tamaño:
101 páginas, 30.894 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
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Adrenalina y deseo

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Checo no escucho lo que Max había dicho, así que el rubio aprovecho esto para cambiar el tema. Durante el almuerzo solo hablaron de lo que había pasado en clases, de esa forma Max podía relajarse un poco. Ya que esa tarde tenia que demostrar quien mandaba, o eso creía. Regreso a clases, pero de nuevo se sintió ansioso ante la idea de que Lewis fuera al entrenamiento esa tarde. No lo odiaba, pero tampoco le agradaba. Y todo por solo una razón: Su repentino interés por Checo. ¿Qué quería? ¿Por qué fue a verlo a su habitación esa mañana? ¿De qué hablaron? Y lo peor seria cuando Checo fuera su modelo. ¿Y si a Lewis le interesa Checo? ¿Qué tal si intenta algo más durante esas sesiones? La simple idea lo molestaba. Así que esa tarde era importante, porque no solo mostraría sus talentos a Lewis, sino también trataría de convencerlo de que lo tome como su modelo y así alejarlo de checo, y de cualquier posibilidad de que intente algo con este. Max camino hacia los vestidores, estaba intentando mentalizarse para lo que se venía. Se cambio de ropa y salió a esperar a que llegara Lewis. No tardo mucho, era realmente puntual. Este ultimo lo saludo desde lejos y el rubio solo le dedico una sonrisa forzada. Comenzó la competencia y Max lo dio todo para demostrar porque era el mejor del equipo. Los demás no supieron ni lo que los golpeo. Simplemente fue superior a todos. Así que sus compañeros lo felicitaron cuando salieron de la piscina. —Eso fue increíble—Dijo Lewis acercándose a él—Checo tiene razón, eres el mejor de todos los del equipo.Max sonrió triunfante. —Gracias, para mi es solo un ejercicio más—Necesitaba que Lewis se enfocara en su físico. —Me doy cuenta, se nota que le dedicas mucho tiempo—Respondió y el rubio estaba contento de que todo iba como él esperaba. —Seria un buen modelo, ¿no crees? —Si, si no tuviera a Checo te consideraría—A Max se le borro la sonrisa con esto último. —Puedo hablar con él, no creo que tenga algún problema con cederme su lugar—Intento convencerlo. Lewis negó con la cabeza. —Realmente me gusta Checo como modelo. Max se mordió el labio inferior en un intento de controlar sus emociones. —Quizá deberías reconsiderarlo—La voz de Max sonó más intimidante de lo que él esperaba, y puso en alerta los sentidos de Lewis. —¿Cuál es tu problema? —Respondió en el mismo tono. —Solo digo que seria una buena idea si lo pensaras un poco más—Dijo un poco más tranquilo. —No necesito pensarlo, gracias—Respondió Lewis con cierta molestia, y se giró listo para irse. —Siguen aquí—Dijo Checo llegando—Les traje agua. El pelinegro ofreció unas botellas de agua y Lewis tomo una. —Te agradezco, pero ya debo irme—Dijo para después irse sin siquiera a detenerse a saludarlo. —¿Qué paso? —Pregunto confundido. —Nada—Respondió tomando la botella restante—¿Me esperas? Termino la clase y nos vamos a estudiar como ayer, ¿esta bien? —Checo asintió. Media hora después Max salió de los vestidores y con maletín en mano. Llegaron a la biblioteca, donde Checo no dejo de lanzarle miradas desde que se sentaron a estudiar. A Max esto le fastidiaba, pero al mismo tiempo le gustaba. Le encantaba recibir atención total de Checo. —¿Qué tanto piensas? —La voz de Checo lo saco de sus pensamientos. —En los próximos exámenes—Mintió. —¿No me vas a decir lo que paso con Lewis? —Max negó con la cabeza—No deberíamos ocultarnos cosas. —¿Entonces nunca me has ocultado nada? —Checo sonrió. —Quizá solo una cosa—Dijo con cierto tono juguetón. —¿En serio? —El pelinegro asintió—¿Me vas a decir? —Pero después negó con la cabeza. —Dime lo de Lewis, y entonces te diré. Ansioso por la curiosidad, Max se rindió. —Le propuse que yo fuera su modelo en tu lugar—Checo sonrió entendiendo las razones por las que hizo eso—Incluso podría decirse que casi lo amenace. —Lewis es mi amigo—Le recordó—Y también es el tuyo, siempre y cuando así lo quieras. —No necesito amigos, te tengo a ti—Insistió—Ahora dime lo que ocultas. —Me gusto lo que hiciste ayer—Confeso—El cómo te acercaste a mí. Me puso nervioso, pero de una manera extrañamente agradable. Max sonrió ante esto. Entonces acerco a su mano a la de Checo, la poso sobre la suya y comenzó a acariciar sus nudillos. —¿No te asusto que alguien nos viera? —Pregunto mientras observaba sus manos jugando entre ellas. —Sinceramente, no me importo. Max se fue acercando poco a poco al rostro de Checo, este, nervioso, incluso cerro los ojos ante la idea que se iba formulando en su cabeza. Pero el rubio se debióhacia un lado y susurro a su oído. —Vamos a dejar estos libros en su lugar. Checo abrió los ojos, sintiendo como todo su cuerpo vibraba ante la cercanía de Max. Se levanto de su asiento como pudo y siguió a Max entre los estrechos pasillos de la biblioteca. Había muy pocas personas, y ya era bastante tarde. —Este va haya arriba—Dijo Checo, pasándole el libro a Max, quien evidentemente era más alto que él. Checo nunca había sentido que el espacio fuera tan reducido, no como en ese momento. Max tomo otro de los libro y lo coloco en un hueco que se encontraba en el libro detrás de Checo, justo al lado de su cabeza. Puso su mano en el rostro del pelinegro, acariciando su mejilla con suavidad, hasta que el recorrido lo llevo hacia su barbilla y su dedo pulgar acaricio lentamente el labio inferior del joven. Checo se animo y coloco su mano en la mejilla del rubio, tal y como este había hecho con él. Entonces el espacio entre ambos se redujo aún más entre ambos. El joven rubio se inclino un poco hacia delante, sintiendo cerca la respiración de Checo en su rostro, una que se hacia cada vez más pesada. Entonces sintió el borde de sus labios chocar con los suyos, ansiando encontrarse desde hace tiempo. —¡La biblioteca ya va a cerrar! —Se escucho al encargado de la biblioteca gritar. Ambos jóvenes se separaron casi de un salto. Se habían asustado mucho, principalmente porque no solo serían castigados si los encontraban en una situación como esa, sino por las implicaciones sociales que esto tenía. —Supongo que debemos irnos—Dijo un Checo sumamente nervioso, al punto de que le costaba hablar. El pelinegro se giro para regresar a su mesa por el maletín del rubio, pero Max lo tomo del brazo y lo hizo volver en sus pasos. Había esperado mucho, no estaba dispuesto a esperar más. Lo tomo de la cintura y en un movimiento rápido lo arrincono contra el estante de libros, para después en envolverlo en sus brazos, acercarse a su rostro y reclamar aquello que tanto había estado anhelando. En ese momento sus labios se encontraron. Un baile lento, en dónde solo podían sentir la respiración del otro, en un embriagante aroma a adrenalina y deseo. El pelinegro, aunque sorprendido, no tardo en corresponderle. Pronto sintió que se haría adicto al néctar de sus labios. Incluso con su fuerza, Max era capaz de tomarlo con delicadeza. Adentrando poco a poco su lengua en su boca. Max incluso iba descubriendo cualidades de si mismo que no conocía. Deseaba ir más allá con Checo, y él también. —¡La biblioteca va a cerrar! —Otra vez se volvió a escuchar. Pero esta vez ninguno se asustó. Los jóvenes se separaron lentamente, como intentando alargar lo máximo posible el contacto. Una vez ya calmados, amos se miraron y sonrieron como una pareja enamorada. Regresaron a la mesa por sus cosas y se marcharon del lugar, en donde solo las paredes fueron testigos del verdadero inicio de su amor.
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