La posesión más preciada
22 de diciembre de 2025, 18:52
En el comedor volvieron a sentarse con Carlos y Lance. Los chicos conversaban con naturalidad sobre el evento de esa tarde. Max no dejaba de observar a Checo, quien no paraba de reír con los relatos de Lance.
—Max—La voz de Carlos hacia eco en los oídos del rubio—¡Max!
Checo le dio un ligero golpe con su brazo y Max finalmente reacciono.
—Hombre, ¿Qué te pasa? Siento que llevo gritándote una media hora—Se quejo Carlos.
—Esta nervioso por…—Checo intento pensar rápido una excusa—Por el examen sorpresa.
—¿Cuál examen sorpresa? —Pregunto Carlos más confundido que antes.
—Es un rumor que escuchamos—Siguió mintiendo.
—No puede ser, no estudie—Respondió Lance levantándose de su asiento para después irse.
—¡Es solo un rumor! —Grito Checo para evitar que se fuera, pero ya era tarde.
—Como sea—Continuo Carlos—Max, no puedo atenderte mañana en la tarde, tengo una agenda ocupada.
Max lo miro sorprendido. Realmente necesitaba hablar con Carlos a solas.
—¿Cómo es eso de agenda ocupada? Ni siquiera podemos salir a la escuela sin un permiso—Le reclamo Checo.
—Charles me invito a pasar el rato con Pierre, y no se le puede decir que no a un príncipe—Se excuso.
—Bueno, ¿Y por qué no aprovechan este momento para hablar? —Dijo Checo, pero Max se veía nervioso—Miren, iré por un muffin y ustedes charlan en mi ausencia.
Checo sentía que Max no quería que estuviera presente, y eso le causaba mucha más curiosidad que antes, porque significaba que él era el tema de conversación.
—Bien, dime—Carlos le dio paso a Max para hablar, pero este ultimo tardo un poco al responder.
Necesitaba decirlo sin que sospechara algo.
—Quiero hacerle un regalo a Checo para navidad—Mintió—Me gustaría saber que podría regalarle, y tú eres uno de sus mejores amigos.
—¿Así que necesitas mi ayuda? —Max asintió—Pero faltan un par de meses.
—Me gusta planear con anticipación—Se excuso, y trago en seco antes de continuar—Por favor, ayúdame.
El rubio estaba nervioso ante el temor de una negativa. En verdad quería que todo fuera perfecto en su cita, así que necesitaba la ayuda de Carlos. Pues le resultaba difícil obsequiar algo a alguien que fácilmente puede tenerlo todo.
—Veamos, lo más simple que podrías regalarle serian unos chocolates—Comenzó Carlos—También le gusta el color amarillo, cualquier cosa en ese color le gustara. Le gusta el aroma de las flores, eso también es una opción.
—Creo que tengo una idea más clara de lo que puedo obsequiarle, gracias—Respondió Max.
—Bien, yo también esperare mi regalo—Bromeo Carlos—Ahora que eres tan considerado con tus amigos.
“Amigos” esa palabra se repitió en la mente de Max.
Checo regreso a la mesa cuando los vio más relajados.
—¿De qué hablaban? Espero que no haya sido de mí, porque me enojaría mucho—Dijo mientras se sentaba—Es broma.
Max soltó una risa algo exagerada para una persona que se encontraba cerca, y que lo conocía desde hacía tiempo. Un risa sospechosa. Pero ninguno de los chicos en esa mesa se daría cuenta de que estaban siendo observados.
Esa noche durmieron como el día anterior, uno junto al otro. Quizá se estaban mal acostumbrando, pero eso no les importaba ahora.
El jueves transcurrió con normalidad. Excepto por la tarde, ya que Max insistió en hacer su “proyecto” solo. Checo no puso excusa alguna, sabia que se trataba de él.
Le parecía muy tierno que Max se empeñara mucho en algo para él. Se había dado cuenta de lo difícil que le era expresar sus sentimientos, así que ese “proyecto” era otra forma de expresión.
Así que tampoco se opuso cuando el escenario se repitió el día viernes. Las tardes perdidas no significaban nada mientras pudiera sentir su abrazo por la noche. Eso era lo único que importaba.
Era sábado por la mañana. Los pasos en los pasillos eran audibles. Todos los chicos del colegio Worsley corrían emocionados por otro fin de semana fuera de la escuela. Excepto dos de ellos.
Checo y Max acordaron en vestirse de la manera más cómoda posible para su trabajo en el huerto esa mañana. Pero en la tarde cada uno se cambiaria por su parte, para estar presentables para su primera cita.
Llegaron al huerto y se pusieron manos a la obra. No había mucho por hacer, solo era recolectar las uvas que habían nacido ese mes. Revisar que la demás cosecha no estuviera siendo afectada por ninguna otra planta, y sembrar unas patatas que deberían estar para antes de navidad.
Incluso se podría decir que disfrutaron mucho su tiempo en el huerto.
Caminaron tonteando uno junto al otro para después regresar a su habitación. Ambos tomaron sus atuendos y se separaron para ir a diferentes baños. Cada uno se baño y arreglo por su parte.
Habían acordado verse en la biblioteca. Si bien la escuela no estaba completamente vacía, era lo suficiente para que pudieran sentirse cómodos con su amor.
Ambos se habían vestido algo formales, incluso se esforzaron mucho en peinarse bien el uno para el otro. Y los nervios era evidentes.
—Quiero llevarte a un lugar—Dijo Max cuando finalmente tuvo el valor.
—Pero no podemos salir de la escuela.
—¿Quién dijo algo de salir? —Checo sonrió ante esto.
Lo siguió mientras caminaban por la escuela, Max estaba sumamente nervioso.
En esos dos días había estado buscando el lugar perfecto para la cita, así que recorrió la escuela por completo. Buscaba algo que fuera lo suficientemente privado para disfrutar sin temor a que los vieran.
Fue entonces cuando llegaron a un lugar algo alejado del ruido. Estaba cerca de un edificio que se usaba para almacenar cosas de la escuela, y cerca había unos arbustos que escondían un pequeño jardín que no se veía a simple vista.
Era un punto ciego del cual Max se dio cuenta y decidió no decirle a nadie. Excepto a Checo.
Había puesto una pequeña manta en el pasto, la cual había tomado prestada de un salón. Había algo de fruta y panecillos cubiertos por una amplia servilleta que había guardado del comedor. Además de unos jugos de uva para disfrutar esa tarde.
—¿Este lugar siempre estuvo aquí? —Pregunto un Checo asombrado, y luego vio todo el esfuerzo que más puso para su cita—¿Hiciste todo esto tu solo?
—Es nuestra primera cita—Explico.
Checo se acerco a él, puso su mano en su mejilla y junto sus labios en un tierno beso.
—Y lo aprecio mucho.
El rubio sonrió ante esto y lo tomo de la mano para invitarlo a sentarse en su pequeño picnic. Ambos se acomodaron uno junto al otro, entonces Max tomo uno de los jugos y se lo dio a su pareja.
—También tengo algo para ti—Checo sonrió emocionado.
Entonces Max saco el obsequio en el que tanto había trabajado esos últimos dos días. Lo había escondido entre los arbustos, así que lo tomo con cuidado.
—No pude conseguir una caja de chocolates, ni un ramo de flores, o algo amarillo—Comenzó—Así que te hice un ramo de flores amarillas.
Checo se conmovió ante tal acto de amor hacia él. Nunca nadie le había regalado algo hecho con sus propias manos.
Incluso sentía que iba a llorar con solo pensarlo.
—No sé qué decir—Dijo tomándolas.
—Sé que no son las más bonitas…—Comenzó Max.
—Para mí lo son—Lo interrumpió.
Max sonrió satisfecho.
Su corazón revoloteaba al sentirse tan apreciado por su pareja. Pero Checo estaba en otro nivel, pues era un mar de emociones al recibir tal atención de alguien a quien sentía amar. Incluso si era demasiado pronto para decir eso.
—Quiero saber más de ti—Pidió el rubio.
—¿Qué quieres saber? Dímelo y te lo dire.
—¿Qué te gusta hacer? ¿A dónde te gustaría ir? ¿Cómo es tu familia? ¿Cómo es tu vida fuera de aquí? —Checo sonrió ante tantas preguntas.
—Veamos—Comenzó—Me gusta bailar y cantar, aunque no sea muy bueno con lo último—Checo sonreía al hablar y Max lo miraba embelesado—Me gusta salir con mis amigos a donde sea, incluso si solo es caminar. Mi familia es muy amorosa, se preocupan mucho por mí y por mi bienestar. Me gusta salir a correr, alimentar palomas en un parque mientras leo un libro y viajar en barco, porque me encanta el mar.
—Se escucha como un sueño—Dijo Max viéndolo con atención.
—Es tu turno, con las mismas preguntas.
—Me gusta el futbol y cabalgar cuando tengo tiempo. Me gusta estudiar, aunque eso sea extraño. Me encanta la comida italiana, y caminar bajo la lluvia. Por alguna razón me da un sentimiento nostálgico al cual le tengo algo de adicción—Respondió.
—¿Te encanta sentirte nostálgico? —Pregunto el pelinegro con curiosidad.
—Aunque no lo creas, es excelente para reflexionar.
Checo sonrió.
—Pero te falto algo—Max lo miro confundido—No mencionaste nada sobre tu familia.
Entonces la sonrisa del rubio se desvaneció.
—Es complicado—Comenzó—Digamos que mi familia no está pasando por un buen momento. Mi padre espera mucho de mí y no sé si voy a poder lograrlo.
Checo sostuvo su mano con delicadeza.
—No tienes que hablar de esto si no quieres—Le dijo casi en un susurro.
Max lo pensó por un momento, pero había tantas cosas que necesitaban salir y no sabia si podría seguir aguantando.
—Es agotador—Continuó—Estar constantemente bajo presión para lograr la perfección. “Trabaja duro y tendrás el mundo a tus pies” es algo que siempre me dice, pero no recuerdo la ultima vez que me dijo que me amaba.
Entonces Checo lo envolvió en un tierno abrazo.
—Él lo hace, todos los padres aman a sus hijos—Susurro junto a su oído.
Max se aferro a su cuerpo como si no quisiera separarse de él nunca más. Necesitaba ese brazo más de lo que pensaba. Pero, principalmente, lo necesitaba a él.
—Estoy mejor, ahora lo estoy—Dijo Max cuando se separó de su abrazo.
El resto de la tarde lo pasaron con tranquilidad. Max se recostó en el suelo posando una de sus manos detrás de la cabeza y con la otra en la cabellera de Checo, quien estaba acostado a su lado y recargando su cuerpo en el suyo.
Nunca se había sentido tan tranquilo, tan feliz.
Entonces comenzó a oscurecer, era la señal de que debían volver antes que todos los demás.
Checo llevaba con cuidado su ramo de flores, no quería que alguien lo viera y se lo quitaran. Ahora era su posesión más preciada.
Llegaron a su habitación y continuaron hablando de lo que harían al día siguiente. Quizá estar un rato en la piscina o encerrados en su habitación, no lo sabían.
Entonces alguien toco la puerta y ambos se quedaron en silencio un momento.
Fue cuando Max tomo la iniciativa de abrir, pensando que era algún amigo de Checo.
—Hola jóvenes—Dijo el prefecto Horner entrando a la habitación.
La pareja se dedicaron miradas entre sí. Estaban nerviosos. Eso no era normal. ¿Y si alguien los vio esa tarde? Imposible, es un punto ciego.
—¿En qué le podemos ayudar, prefecto? —Pregunto Max.
—Solo vengo a dejar buenas noticias—Comenzó—Sergio, tu habitación ya esta lista. Fue difícil eliminar el aroma, pero lo conseguimos. Regresas a tu habitación el lunes. Tienes el día de mañana para empacar tus cosas. Duerman bien.
El prefecto Horner los dejo solos. Pero ambos estaban anonadados. Checo no quería regresar a su habitación, ya era difícil mantener su relación con Max estando juntos en un cuarto y visitarse tan seguido podría levantar alguna sospecha.
Max estaba en las mismas. ¿Cómo iba a poder dormir si no abrazaba a Checo? Lo había mal acostumbrado y ahora debía ayudarle a arreglarlo.
Estaba enamorado, tenia un plan, 24 horas y dos manos extra. Eso no se iba a quedar así.