Cortesana
22 de diciembre de 2025, 18:52
Alerta de contenido adulto/nsfw
Su unión era cada vez más desesperada. Ninguno se detuvo a pensar en las implicaciones que eso traería para su relación. Se deseaban mutuamente.
Lo que inicio con un beso, termino escalando a una serie de caricias donde la ropa estorbaba. Sus manos ansiaban tocar la piel del otro.
El rubio bajo su mano hasta el vientre del pelinegro, colándose entre sus pantalones y acariciando el objeto de su deseo.
Checo gimió al sentir su tacto. Separándose un poco para tomar aire, Max aprovecho para atacar su cuello. Le encantaba el aroma de su piel, de su cabello. Quería dejar una marca en él que lo reclamara como suyo.
El pelinegro cedió ante el placer que estaba recibiendo de la mano de su compañero. Deseoso de más, decidió que era momento de deshacerse de aquello que limitaba su toque.
Checo se separo por un momento, y ante la mirada expectante de su pareja, se deshizo de sus estorbosos pantalones, dejando su virilidad expuesta.
Entonces Max tomo eso como una señal de que era momento de materializar su idea.
Se levanto y obligo a su pareja a recostarse en su cama, para después darle un suave beso en los labios y luego acercarse a su oído.
—Intenta no llamar la atención—Susurro.
El pelinegro asintió nervioso, y vio como su pareja se arrodillaba frente a él.
La idea de Max era darle placer a su pareja, aunque nunca había hecho una felación a otro hombre. Pero estaba dispuesto a todo para complacer a su novio. Y la simple idea también lo excitaba.
El rubio estaba nervioso, de eso no había dudas. Temía hacerlo mal o lastimarlo. Pero había llegado muy lejos como para desistir al primer intento.
Así que lo tomo en sus manos, haciendo pequeños movimientos para estimularlo. Era un escenario demasiado perverso para la vista de Checo, quien intentaba contener su propia excitación.
Pero nada lo preparo para cuando sintió la húmeda lengua de su novio probándolo por primera vez. Y dejo escapar un gemido de placer tan fuerte que Max termino pegándole en su pierna para regañarlo.
Con cuidado, Max se posiciono para continuar con la tarea que él se propuso llevar a cabo.
Acerco su rostro a la virilidad del joven, abrió su boca con cuidado e intento no lastimarlo en el proceso. Al principio era incomodo, pero poco a poco dejo que su boca probara por completo el sabor de su piel húmeda y caliente.
El pelinegro estaba en la dura batalla de no hacer ruidos que captaran la atención de cualquier persona en el pasillo. La sensación era tan buena que temía terminar ahí mismo.
Por su parte, el rubio sabia que tenia que hacer algo con su propia excitación. Así que se libero de sus pantalones y comenzó a estimularse al mismo tiempo que satisfacía a su pareja.
Pero pronto se dio cuenta de que se estaba cansando, y se percató del efecto que estaba teniendo en su novio. Y quería ayudarlo a terminar.
Max se levanto del suelo, se sentó a su lado y utilizo su mano para seguir estimulándolo. Ayudándolo a liberar su excitación, aunque el resultado de esta terminara embarrando su mano.
Checo lo atrapo en una abrazo, para después juntar sus labios. No le importaba donde habían estado hace un momento.
Estaba complacido con lo que su novio le había hecho, y solo quería agradecerle con su afecto.
—Deberíamos limpiar—Dijo Max y su pareja sonrió.
—Será mejor hacerlo antes de que alguien venga—Respondió Checo intentando recuperar el aliento.
—¿Estas bien?
Checo volvió a sonreír.
—Más que bien.
Los jóvenes sonrieron al haber compartido ese momento juntos.
El pelinegro consiguió un trapo para que Max limpiara su mano, pero este prefería algún pañuelo o papel desechable.
—Tiene que ser algo que podamos tirar.
—Estoy seguro de que muchos chicos se masturban en esta escuela—Checo intento convencerlo.
—Pero no quiero poner un trapo con semen en la ropa sucia. ¿Y si se pega a una de mis camisas?
Checo, rendido, salió a buscar papel higiénico.
Una vez resuelto el problema, los jóvenes se dispusieron a cambiarse para salir a comer algo con sus amigos.
Llegaron al comedor y encontraron una mesa vacía para poder sentarse en lo que llegaba su compañía.
—Mira este rico postre, ¿quieres un poco? —Dijo Checo mientras tomaba un poco con su cuchara y se la acercaba al rostro de su novio.
Max acepto, pero volteo para revisar que nadie se hubiera fijado en tal acción.
—Debemos ser más cuidadosos. No es común alimentar así a alguien, a menos que sea tu pareja—Susurro—Lo cual soy, quiero aclarar, pero no es algo de conocimiento público.
Checo, algo molesto por la idea de ocultar su afecto, asintió.
—Mira, ahí están Carlos y Lance—Dijo Checo mientras levantaba su mano para llamar a sus amigos.
Los jóvenes se acercaron a su mesa y pusieron sus alimentos sobre ella.
—Hola Chicos—Dijo Lance mientras se sentaba.
—Los extrañamos ayer—Respondió Carlos mientras se acomodaba en su asiento.
—¿Quieres probar de mi postre? —Ofreció Checo y Max se volteo a verlo con cierta molestia.
—A ver—Respondió Carlos mientras abría la boca y Checo le daba una cucharada de su pastel.
—No es justo, ¿Por qué solo a él? —Se quejo Lance.
Entonces Max miro con más dureza a su novio, quien solo sonrió ante su jugada perfecta.
—También para ti—Dijo Checo dándole una probada a su otro amigo.
—¿Y eso? —Susurro Max.
—Ahora nadie sospechara nada—Checo respondió triunfante.
Max, celoso, se levantó de su asiento.
—Voy al baño, ahora vuelvo—Intento sonar lo más natural posible, pero se notaba su molestia.
Camino hacia el baño intentando despejar su mente.
¿Por qué a Checo le gustaba molestarlo de esa manera? Se preguntaba mientras mojaba su rostro con un poco de agua.
Hacía poco le había dado placer con su propia boca ¿Y le correspondía dándole comida en la boca a otras personas?
Eso era demasiado para él. Checo debía respetarlo como novio, porque de lo contrario no podría controlar sus celos.
—La discreción no es lo suyo—Dijo Lando apareciendo detrás de él.
—¿Acaso vives en los baños? ¿O por que siempre te encuentro en uno? Es como una maldición—Respondió Max claramente molesto.
—Lo siento, pero es la única forma de encontrarte solo—Lando insistía en molestarlo—¿Cómo estuvo el pastel? Él parece muy cariñoso.
Max no quiso prestarle más atención, así que comenzó a caminar hacia la salida, pero Lando lo tomo del brazo.
—¿Sigues molesto por lo de hace rato? —Lando no dejaba ese tonito burlón—No te enojes conmigo, no fui yo quien decidió comportarse como una cortesana.
Soltó una pequeña risa, le dio unas palmadas en la espalda y luego se fue igual de triunfante que la última vez.
Max se quedó perplejo por cómo se refirió a él.
“Cortesana” vaya palabra.
Dada su posición económica, tanto la suya como la de su novio, entendía porque la había usado.
“Lando era un idiota, no debería prestarle atención” se dijo a si mismo.
Debía recordar que la única opinión que importaba era la de su novio.
Sonrió al darse cuenta de cómo Lando se sentía tan poderoso al amenazar a dos enamorados. Y sintió lastima.
Regreso a su mesa, y se prometió que no iba a dejar que las amenazas de Lando arruinaran su felicidad. Cuidaría a Checo de todos los que quisieran lastimarlo, esa era su única misión.
—¿Viste las fotos? —Pregunto Lance cuando Max se sentó—Son de ambos, los llamaron mejores amigos.
—Lo cual me parece una ofensa—Exclamo Carlos.
—Ni siquiera me di cuenta de que nos seguían, es aterrador—Dijo Checo ignorando las quejas de su amigo.
—Será difícil salir los sábados—Se quejo Max.
—Lo solucionaremos—Dijo Checo con una sonrisa.
—Claro, los mejores amigos lo pueden todo—Respondió Carlos.
—Mejores amigos por siempre—Se burlo Lance y Carlos le dio un pequeño golpe en el brazo.
Pero Lance sonreía más por lo que sabia, que por lo que decía.
El día paso normal, y para la noche Checo ya había empacado sus cosas. Esperaban la visita del prefecto, pero necesitaban fingir que no sabían nada.
—¿Crees que funciono? —Pregunto Checo algo ansioso.
—Debió funcionar, estoy seguro—Respondió tomando su mano con delicadeza—Cuando venga debes pedir llevar tu baúl primero, de esa forma no moverán tu cama para cuando se den cuenta del olor.
El prefecto Horner no tardo en llegar, Checo siguió sus indicaciones y fue entonces cuando todo sucedió de acuerdo al plan.
No tardo mucho en regresar a su habitación con Max.
—Una vez más, lamento mucho esta situación—Dijo el prefecto cuando lo fue a dejar con sus cosas—Puedes seguir compartiendo habitación con el joven Verstappen, o buscaremos otra solución para tu comodidad.
—Estoy bien aquí, ya me he acostumbrado—Respondió Checo—Y no se preocupe por la habitación, son cosas que pasan.
El prefecto Horner asintió, y se fue después de desearles buenas noches.
Checo y Max se prepararon para ir a dormir, contentos con un día exitoso y compartiendo su amor en esa pequeña habitación.