Nuestra primavera
22 de diciembre de 2025, 18:52
Habían pasado un par de semanas desde su primer encuentro. Checo y Max se habían vuelto inseparables. Ante la vista del menos observador podrían pasar como unos simples mejores amigos.
Pero durante estas semanas habían estado compartiendo tanto su tiempo, como su amor. Paseando por el pueblo intentando pasar desapercibidos. Yendo al cine o comiendo un helado en una tienda local. Actuaban como una pareja lo haría, pero todos dirían que solo eran buenos amigos.
Sin embargo, Max había estado siendo víctima de chantaje por parte de Lando. Lo que lo había llevado a esforzarse el doble para poder terminar tanto sus proyectos como los de su acosador.
Toda esta situación la mantuvo escondida de su novio. No quería preocuparlo, principalmente después de que vio lo culpable que se sentía por las fotos que tomo la revista.
Por su parte, Checo no se percató de esa situación durante semanas. Max había aprendido a engañarlo bien. En cambio, se dedicó pasar tiempo con su novio y ayudar a Lewis como su modelo. Además de practicar su uso del piano, pues quería aprender rápido para una ocasión especial.
Después de sus sesiones con Lewis, Checo le contaría todo a Max para que este no se sintiera celoso o dudoso sobre su relación. Pero el pelinegro no pudo evitar darse cuenta que el rubio lo abrazaba con más fuerza cada noche después de las sesiones.
Para Checo, nada podía ser más perfecto. Para Max, era como estar dividido entre el cielo y el infierno.
Pero si había alguien molesto, ese era Carlos. Este último se había sentido desplazado por Max. Ya no compartía tanto tiempo con su amigo, apenas y convivían en el almuerzo y la cena.
Sentía que Max le había robado a su mejor amigo, y eso lo lastimaba.
Sin embargo, Lance se encargaba de consolarlo. Le repetía que simplemente Checo tenía otros intereses, pero que eso no significaba que no fueran amigos.
Lance lo sabía bien.
Él era parte del consejo escolar y por lo tanto tenía acceso a cierta información al estar tan al pendiente de sus compañeros.
Sabía bien que si Checo no regreso a su antigua habitación se debía a que habían arruinado todo el trabajo que se hizo para desaparecer el aroma. Los había visto entrar a la habitación esa mañana, pero no dijo nada.
No era su posición decir u opinar algo de la vida privada de su amigo. Esperaría hasta que este le dijera algo al respecto, pero cada día le costaba más guardar el secreto.
Pronto terminaría octubre, Checo y Max tenían planeado salir el día de Halloween a pasear mientras veían los disfraces de las demás personas. Incluso querían disfrazarse para que, en su anonimato, pudieran actuar con más libertad.
Checo estaba junto a sus amigos en el comedor, esperaba a Max que aun debía seguir en la biblioteca. Aunque el pelinegro no era consciente de que su tardanza se debía a que no solo hacia su tarea, sino también la de alguien más.
—Entonces lo tendría listo mañana—Explico Lewis sobre su proyecto—Extrañare nuestras reuniones.
—Yo también, ha sido muy divertido—Respondió Checo, pero el sonido de una bandeja cayendo con cierta fuerza lo distrajo.
—¿Todo bien? —Pregunto Lewis al ver a Carlos sentarse a su lado.
—Casi tiraste toda tu comida—Señalo Lance.
Sin embargo, Carlos solo miraba a Checo.
—¿Pasa algo? —Pregunto este último un poco intimidado por la mirada de su amigo.
—No lo sé, la respuesta la tienes tú—Dijo Carlos con cierta molestia.
—No pasa un día sin un drama—Comento Lance.
—¿De qué estás hablando? —Checo no entendía la molestia de su amigo.
—Seamos claros en lo que está pasando, no estamos jugando a las adivinanzas—Señalo Lewis.
—No lo sé, quizá siento que ya no somos amigos—Expreso Carlos y Checo lo miro estupefacto.
—¿Qué te hace pensar eso? —Checo intento mantener la calma, pero Carlos se miraba muy molesto.
—Si te preguntara sobre lo que te conté ayer, ¿Podrías responder sin titubear? —Checo se quedó callado—¿Ves? Ya ni si quiera te importa.
—Calma, esto está llegando demasiado lejos—Intervino Lance—Necesitamos calmarnos, tomar un respiro y pensar con claridad.
—Estoy totalmente a favor de eso—Comento Lewis.
—Lamento que te sientas así—Respondió Checo—Perdón por no ser considerado con tus sentimientos.
Entonces Carlos se relajó un poco.
—Acepto las disculpas si vienes con nosotros este fin de semana—Condiciono Carlos—No solo salir como todos los sábados donde ibas con nosotros, pero luego te alejabas con él. Sino de estar con nosotros.
Checo parpadeo un par de veces antes de responder.
Era el fin de semana de Halloween.
—Ya tenemos planes para este fin de semana—Explico casi susurrando, pero lo suficientemente alto como para que Carlos reaccionara con una mueca de insatisfacción—Cualquier otro fin de semana estaría bien. Pero no este.
—Yo sé que te agrada, pero no puedo comprender como es que te resulta más importante que nuestra amistad—Dijo Carlos antes de levantarse de la mesa e irse.
—Hablare con él—Dijo Lance levantándose de su asiento y corriendo detrás de su amigo.
—No te preocupes, esto se resolverá—Checo mostro una ligera sonrisa ante las palabras de Lewis.
Pero no estaba seguro de que fuera tan fácil.
Conocía a Carlos de toda la vida, y podía entender que se sintiera así.
Sin embargo, no podía dejar botado a Max por su amigo. No podía porque ahora era su pareja, su novio, su prioridad.
Sabía que la única forma en que Carlos entendiera todo, era si le dijera la verdad.
Checo sabía que su amigo lo entendería y apoyaría. No le importaría sus gustos, solo que no se sintiera desplazado como su mejor amigo.
Pero no podía decir nada sin antes hablarlo con Max.
Por otro lado, el rubio se encontraba ocupado entregando a Lando su proyecto para la clase de este.
—Te llevaras una buena nota por esto—Respondió Max, algo acostumbrado a esa situación.
—Eso espero, te avisare si necesito algo más—Dijo Lando tomando sus cosas, listo para irse—Deséale buenas noches por mí.
Max no les prestaba atención a sus comentarios provocadores. No dejaría que obtuviera una reacción de su parte. Así que se sintió aliviado una vez que se fue.
Aunque estaba considerando no continuar en esa situación. Pues no quería perder la competencia de natación, y mucho menos si lo hacía a propósito.
—Max—Una voz poco amigable hizo que el rubio se detuviera y volteara a ver—Es sobre Lando.
El rubio se sorprendió al ver quien le estaba hablando.
—No quiero hablar de él, Esteban.
—Tú y yo no nos llevamos, eso lo tengo claro, pero tienes que escucharme—Insistió el joven francés.
—Voy tarde para la cena—Respondió Max para después continuar su camino.
—Trabaja para tu padre—Esas palabras lo hicieron detenerse—Algo así. Lo escuché hablando con él el primer día de clases, pensé que simplemente estaba preocupado por ti.
—¿De qué estaban hablando? —Interrumpió.
—Tu padre le pido que te vigilara, pero ahora veo que está chantajeándote—Explico el joven—Dime si puedo ayudarte a resolverlo, no me parece justo lo que él hace.
—No te preocupes por eso, esto es algo que debo resolver solo—Respondió Max—Pero agradezco tu interés.
Esteban asintió y Max continuo su camino.
Ahora las cosas eran más claras. Entendía porque Lando estuvo tan pendiente de él.
Pero eso solo significaba una cosa: Lando tenía el poder.
De esta manera entendía que de una u otra forma tendría que mantenerlo tranquilo, y así no causaría problemas.
Max llego al comedor y vio a su novio charlando tranquilamente con Lewis. Mentiría si dijera que no estaba celoso de la cercanía de ambos. Pero, una vez más, era algo que se guardaría para él mismo.
Checo levanto la mano cuando lo vio, pero no se miraba tan entusiasmado como el día anterior. Esto hizo que el rubio se pusiera nervioso.
—¿Todo bien? —Dijo Max sentándose junto a su pareja—¿Y los demás?
—Carlos se marchó junto a Lance—Respondió Lewis—También debería irme ya, para avanzar en mi proyecto.
Lewis se levantó de la mesa para dejarlos solos. Sentía que estaba estorbando en una situación de tres personas, y que Checo necesitaba espacio para hablar a solas con Max.
—¿Qué paso? —Insistió Max.
—Hablamos después de la cena, no quiero que te traspases—Checo le hablo tan amorosamente como siempre lo hacía.
Eso llevo a que Max se relajara un poco. Entendió que algo había sucedido, pero no era su culpa.
Cenaron con tranquilidad y luego se fueron a su habitación. Max estaba ansioso por saber aquello que parecía tensar a su pareja.
Por su parte, Checo estaba planeando como abordar el tema.
—¿Ya me vas a decir lo que sucedió? —Max rompió el silencio.
Checo suspiro antes de hablar.
—Carlos se molestó conmigo—Comenzó—Al parecer, está herido porque siente que lo deje de lado. Por ti, en realidad.
El rubio ya había previsto un escenario similar. Sabía que en cualquier momento alguien se haría preguntas o se interesaría por su relación.
—No podemos decirle nada—Le recordó—Nadie puede saber.
—Lo sé, pero es mi mejor amigo.
—No—La voz autoritaria de Max tomo por sorpresa al pelinegro.
—¿Podemos al menos discutirlo un poco?
—Ambos lo sabíamos desde que lo nuestro comenzó—Insistió Max—Tú mismo lo dijiste, es nuestro secreto.
Checo recordaba bien sus palabras.
—Él no hablara—Dijo casi rogando.
—Nada me lo asegura—Max estaba muy firme en su decisión.
—¿Ni siquiera mi palabra? —Checo lo había acorralado.
—Al menos dame tiempo—Ahora era Max quien rogaba.
Se había estado esforzando tanto para que el secreto no se revelara. Ya tenía suficiente con cuidar la lengua de Lando, sería peor tener que hacer lo mismo con Carlos.
—Actúas como si eso fuera a cambiar algo—Le reclamo el pelinegro.
—Lo hará—Respondió el rubio—Y no quiero que nada cambie entre nosotros. Pero por alguna razón siento que así será.
—No lo hará, te lo prometo—Checo intento tranquilizarlo.
—Un secreto esta a salvo entre dos personas—Continuo—Pero cuando entran más en juego, es probable que deje de ser solo un secreto. Las personas son descuidadas. Confió en ti, no en ellos.
Su amor era prohibido y lo tenían muy en claro. Pero ambos no podían luchar contra lo que sentían, y por eso habían llegado tan lejos en su relación.
Llevaban más de un mes juntos, se habían dedicado cartas, caricias y miradas. Habían dormido el uno junto al otro. Entregando todo lo que se puede entregar a otra persona.
No necesitaban palabras para decirse que se amaban.
Pero su situación era muy especial y eso los abrumaba.