ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Recuerdos

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—¿Max?—La voz de Sergio hizo que el rubio abriera los ojos lentamente —¿Qué te pasa? Inconscientemente había puesto sus labios listos para ser besados, pero dicha expresión solo confundió al pelinegro. —Yo...—Susurró el más alto. Se dio cuenta de que había malinterpretado la situación y se maldijo en su interior. —¿Por qué tu rostro está tan rojo?—Sergio acercó su mano a la mejilla del rubio, no sabía si tocarlo era demasiado invasivo, pero igualmente lo hizo. Con su dedo acarició con delicadeza la mejilla colorada del rubio. Y este último solo sentía como su corazón latía con velocidad. Y, sin querer, soltó un suspiró. Este acto no paso desapercibido por el pelinegro. —¡Es el sol!—Se apresuró en responder antes de que cuestionara aquel quejido nervioso que había escapado de sus labios. Entonces la mano de Sergio se apartó, algo que no le gustó, pero sabía que era lo mejor. El pelinegro se acercó a una de sus ventanas y miró al cielo. —Esta nublado —Respondió antes de volver a donde Max —Que extraño. De igual forma te pondré bloqueador solar. —¿Puedo lavarme la cara? Quizá eso ayude —Sugirió el rubio todavía nervioso. Sergio asintió y le indico donde estaba el baño de su habitación. El pelinegro aprovecho la distracción de Max y se vistió rápidamente con la primera playera que encontro. El rubio tomo un poco de agua con sus manos y la paso por el rostro. Estaba muy sonrojado y su excusa de "el sol" le pareció ridícula. Para su suerte, cuando regreso vio a Sergio apropiadamente vestido. Suspiro tranquilo al verlo así. —No te librarás de mi —Dijo el pelinegro, algo que lo tenso. Pero pronto vio de que se trataba. Sergio tenía un bote de bloqueador solar en la mano. —No es necesario —Comenzó el rubio, pero ya era tarde. Sergio había tomado un poco con sus dedos y los poso en la mejilla del rubio. Pasando sobre su piel con delicadeza y amabilidad. Max no pudo evitar buscar su mirada, quería saber si encontraba alguna señal de que aquello que sentía era recíproco. Pero el pelinegro estaba muy enfocado en terminar de poner la crema sobre el rostro de su amigo. Sin embargo, no pudo evitar verlo directo a los ojos y eso hizo flaquear al más alto. —Que bonitos ojos, azules y curiosos—Soltó Sergio, quien luego sonrió incómodamente al notar como el joven volvía a ponerse rojo como un tomate. Pronto entendió que no se trataba del sol, al menos que el sol fuera él. —Ah...—Susurró Max y, sabiendo que lo besaría si continuaba en esa situación, busco alejarse un poco. Pero termino tropezando con una de las cajas y tirándola al suelo. Haciendo que el contenido de esta se saliera. Sergio se apresuró a recogerlo todo, y el rubio, apenado, hizo lo mismo. Entonces tomó algo que llamo su atención. Era una fotografía familiar en donde se miraba a un pequeño Sergio en el regazo de su madre y su padre sonriendo a su lado. Max sonrió al ver al pequeño Sergio de la foto, con una sonrisa de felicidad pura. Pero esa magia desapareció al instante en que el joven se la arrebató de las manos. —No lo mires, es privado —Dijo el pelinegro mientras abrazaba la foto contra su pecho. El rubio sintió que lo había arruinado. —Perdón, solo quería ayudarte a recoger—Respondió Max con una voz baja, muestra de su vergüenza. Sergio suspiro pesadamente antes de hablar. Quizá había sido muy brusco con su nuevo amigo. —Es nuestra última foto como familia —Comenzó el pelinegro —Pero no me gusta verla porque me hace sentir muy triste. No hiciste algo malo, yo fui grosero. Lo siento. Max puso atención a cada una de las palabras que pronunció Sergio.   “Última foto como familia” recordó. Eso llamo su atención, pero no quería preguntar. Ya se había entrometido demasiado. —Si te hace sentir triste, entonces no hablemos más de eso—Sugirió y el pelinegro asintió—¿Qué haremos esta tarde? Sergio suspiro antes de hablar. —No podré salir, tengo que acomodar todo esto antes de que papá vuelva —Explicó mientras se sentaba en la cama y Max, el perro, no le dejaba espacio a su enemigo humano. —Te puedo ayudar—Ofreció y Sergio sonrió agradecido. Sabía que sería difícil hacerlo solo. Y, si fuera por él, nunca desempacaria esas cajas. Las dejaría en el ático tomando polvo. Sin embargo, con unas manos extra, estaba más que dispuesto a terminar con ese enredo. Ambos jóvenes comenzaron a sacar las cosas de las cajas. Había discos de una banda juvenil llamada “Moon Lovers”, algo que avergonzó un poco al pelinegro. También habían unos álbumes de todos y una pequeña colección de figuras de cerámicas en forma de iguanas y gatos. Al fondo había una pañoleta verde y un anillo de oro. En otra caja encontraron varios libros: Anne de green gables y la casa de la pradera. Además de un recetario con los mejores postres, todo escrito a mano. —No es mío —Comenzó Sergio mientras acomoban las cosas en una encimera —Eran sus cosas favoritas. Max pronto entendió lo que eso significaba. Todas esas cosas pertenecían a la madre de Sergio. La tristeza por “La última foto”, el cuidado con el que estaban envueltos aquellos objetos y la variedad de estos, nada más que recuerdos de alguien que ya no estaba. Era algo muy personal que Sergio había decidido compartir con él. Agradecía ser el Max que si tenía pulgares y no una cola. —Mantienes el recuerdo vivo cuidando de aquello que más amaba—Las cálidas palabras del rubio reconfortaron el corazón del pelinegro. —Por alguna razón, cuando estoy contigo me siento tranquilo—Respondió Sergio mientras terminaba de acomodar los libros en un pequeño librero que tenía cerca de su escritorio. Esas palabras ocultaban más de lo que revelaban. —¿Te sientes inseguro con frecuencia?—Su pregunta podía ser invasiva, pero Sergio le había dado la suficiente confianza para que se aventurara a preguntar. —No todo el tiempo—Sergio le seguía dando la espalda y cuando volteaba ni siquiera lo miraba—Solo cuando desconocidos se acercan a mí. Por eso no pude evitar mirarte en el parque. Pero pareces inofensivo. —Creo que es perfectamente normal asustarse por extraños. Entonces Sergio se giro para verle. —No es lo mismo para mí—El pelinegro camino hasta él y tomo el último libro que el rubio sostenía —Suelo sufrir ataques de pánico cuando me siento amenazado, incluso si no hay una intención real. Por eso Max está siempre conmigo. Cuando Sergio sostuvo el libro, sus dedos rozaron los de Max, algo que le gustó mucho. —Te por seguro que cuidare de ti —Afirmó el rubio y el pelinegro solo sonrió. Continuaron la tarde charlando de diversas cosas. Pero pronto sintieron algo de hambre. Entonces Sergio recordó el postre que su padre le había llevado y pidió que lo esperaba mientras traía un poco. Max no pudo contener su curiosidad y observó aquella habitación detenidamente. Habían listones de primer lugar adornando una repisa y una foto de Sergio con un niño que le parecía familiar. Vio un balón de básquet tirado en un esquina. El arnés de su enemigo Max, con la leyenda “Perro de servicio” y pronto entendió la seguridad que esté le daba a Sergio. Max, el humano, observó como el perro no había seguido a su dueño. Quizá era el mejor momento para hacer las pases. Así que el rubio se acercó e intento acariciarlo, pero el perro casi lo muerde y se asusto tanto que retrocedió rápidamente. Terminando por chocar contra la repisa que aguardaba las figuras de cerámica y haciendo caer una. Los buenos reflejos del rubio hicieron efecto, logrando detenerlo antes de que tocará el suelo. Era de un pequeño gato anaranjado. —¿Te gustó?—Pregunto Sergio entrando a la habitación mientras sostenía dos platos de postre. Max se apresuró a ayudarle, dejando al mínimo en el escritorio del pelinegro. —Max intento morderme — Rápidamente delató al canino por haberlo atacado. En respuesta, Max perro solo saco la lengua y el humano lo tomo como una burla. —¿En serio? Que extraño, Max no es agresivo —Dijo Sergio mientras se acercaba a observarlo, buscando alguna herida. De pronto coloco su mano en el pecho del rubio, algo que casi le corta la respiración —Aquí está. Pelo de gato. —Si, tengo dos gatos —Confesó. —A Max no le gustan los gatos, cuando era pequeño uno lo rasguño en la nariz y no lo ha superado —Explicó el pelinegro para después tomar una porción de postre con la cuchara y llevarlo a la boca—Te atacó porque apestas a gato. —Pues yo, el Max original, amo a los gatos —Sergio casi se atraganta cuando lo vio pelear con su perro— Y me parece que alguien, la copia, deberá superarlo pronto. Max, el perro, se levantó de la cama y salió por la puerta de la habitación. —Lo ofendiste —Respondió Sergio —Mejor termina tu tiramisú antes de que yo lo haga por ti. El rubio tomo un poco de postre y comenzó a comerlo. Sergio no pudo evitar fijarse en aquel peculiar lunar que se encontraba en el labio del joven. ¿Cuántas veces ha estado observando a Max desde que llegó? No lo sabía. Pero cuando lo miraba molesto, le parecía aún más atractivo. —¿Te gusta?—Preguntó Sergio intentando sacar conversación, olvidando un poco el drama con el canino. —Me gusta el tiramisú —Comenzó el rubio —Pero amo el cheescake, algun día te llevaré a comer uno muy bueno. —¿Es una cita?—Sergio se decidió por arriesgarlo todo. Max casi se atraganta con el postre. No esperaba que fuera tan directo. —Si...—Susurró el rubio algo sonrojado. Pero en ese momento su celular comenzó a sonar en señal de un mensaje. “Tu padre llega en 5 minutos, quiere hablar contigo” —Mamá. Ahora sí se atragantó. El rubio rápidamente se disculpo y le explicó que tenía que irse por una emergencia en casa. —Espera, toma—Sergio se acercó a Max y le entrego el pequeño gato anaranjado de cerámica —Por ayudarme, y escucharme. Max pensó si sería demasiado aventurero o no robarle un beso a Sergio. Pero era demasiado cobarde para hacer eso. Así que se limitó a sonreír y se marchó. Cuando paso cerca de Max, el perro, sintió que esté lo miró con indignación. El rubio corrió hasta su casa, siendo observado por Sergio desde su ventana. El pelinegro estaba más que feliz. Tal vez era el inicio de algo muy bueno en su vida.
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