Amigos y rivales
22 de diciembre de 2025, 18:51
Al día siguiente Sergio se preparaba para su primer día de clases en su nueva escuela.
Se puso su uniforme y se miró al espejo.
Suspiró profundamente, estaba muy nervioso.
—Vamos o se te hará tarde —Escucho la voz de su papá y rápidamente tomo su mochila para salir de su habitación.
—Ya voy—Dijo mientras bajaba las escaleras.
Cuando llego al auto de su padre, vio a Max, el perro, sentado en su asiento.
—Sé que te entristeció que se fuera negado el permiso para que te acompañará a clases, pero al menos podrá dejar y recogerte de la escuela —Su padre le dio un pequeño abrazo intentando hacerlo sentir mejor.
Para la escuela, Max había sido considerado más una distracción que una ayuda. Y a pesar de ser un perro de servicio, se le fue negada la entrada.
El canino sonreía a su lado mientras Sergio observaba el camino por la ventana del copiloto.
Su padre iba contándole como estaba emocionado por abrir su local esa mañana y lamentaba que no pudiera acompañarlo.
Cuando llegaron a la escuela, Sergio se despidió de ambos y camino hacia la entrada. Su padre no se marcho hasta que lo vio pasar la puerta de acceso.
El pelinegro se sentía muy observado, y eso lo ponía nervioso.
—Bien, puedo con esto—Susurró para sí mismo.
—Te queda bien el uniforme— Una voz conocida lo saco de sus pensamientos.
Sergio se giro para encontrarse con su amigo de la infancia, Carlos.
—Me alegra encontrarte —El pelinegro suspiro aliviado al estar con su amigo.
—Tienes una cara de espanto, relájate —Se burló el castaño—Vamos, te presentaré a unos amigos.
Sergio fue arrastrado hasta el grupo de amigos de Carlos, del cual solo había conocido a uno con anterioridad: Charles.
Los otros dos eran Óscar y Lance.
Los cinco congeniaron con facilidad y pronto se generó una nueva confianza en el grupo.
Todos eran parte del equipo de tiro con arco de la escuela, pero solo Carlos y Charles eran titulares.
Oscar y Lance eran los remplazos, pero no se tomaban su trabajo en serio. Principalmente este último, quien se definía a si mismo como el porrista del equipo.
El tercer puesto había sido apartado para Sergio, quien conocía a Carlos de casi toda su vida y cuyo talento no paso desapercibido desde que era un niño.
Pero entrar en el equipo implicaba un compromiso que Sergio nunca había hecho con dicho deporte, y, sin embargo, por primera vez estaba dispuesto a intentarlo.
Cuando terminaron las clases, el grupo de amigos se dirigió a entrenar pero el espacio que ocupaban en la escuela estaba siendo remodelado y no terminarían hasta dentro de una semana.
Así que decidieron ir a uno de los campos de tiro con arco donde pagan por el tiempo que tardaban.
—¿Qué hiciste este fin de semana? ¿Te preparaste para la prueba?—Comenzó Carlos mientras acomodaban las cosas.
—No, de hecho conocí a alguien especial —Comenzó Sergio con una sonrisa alegre —Y creo que pronto tendremos una cita.
—¿En serio? Realmente eres rápido —Se burló su amigo—Bien, está será tu prueba para decidir si entras o no en el equipo. Veremos si todavía tienes el toque.
Carlos lo reto, algo que hizo sonreír al pelinegro.
—Ay no...—Susurró Charles y todo el grupo se giro para ver aquello que había llamado su atención.
Vieron llegar a Lando junto a su equipo: Logan, Lewis y Max.
Lando era el líder del equipo, mientras que Lewis y Max se peleaban por quién quiera la estrella de este. Y Logan fungía como remplazo.
Max había entrado como remplazo de Nico, quien había pasado las pruebas olímpicas y abandonado al grupo.
Cuando Sergio vio entrar al rubio, rápidamente hizo un ademán con su mano como saludo.
Sin embargo, se sorprendió al recibir una respuesta fría de su parte. Max lo había ignorado.
—No los saludes—Dijo Carlos tomándolo del brazo para detenerlo.
—¿Y este idiota a quien saluda? —Se burló Lando llegando hasta ellos.
Sergio buscaba la mirada de Max, pero este siempre la desviaba.
El rubio no esperaba encontrarlo ahí.
Cuando el pelinegro le dijo que iría a la escuela rival a la suya, nunca pensó que también estaría en el equipo de tiro con arco.
—Dios mío, no...—Susurró el rubio cuando lo vió. Pero fue inaudible para el resto del equipo.
Sin embargo, el saludo de Sergio no podía pasar desapercibido para nadie.
Temeroso de ser cuestionado por su equipo, Max optó por ignorarlo.
Le dolía hacer eso, pero realmente no sabía cómo actuar.
Y cuando Lando camino hasta ellos, y se burló del chico que le gusta, sintió que todo se estaba saliendo de sus manos.
Podía sentir la mirada de Sergio sobre él, pero ya había tomado la decisión de ignorarlo.
Pronto Sergio comenzó a sentirse confundido y herido por su actitud.
—No le hables así—Carlos defendió a Sergio apenas escucho lo que Lando dijo.
—¿Es tu nuevo recluta? —Lando ignoró la advertencia del líder de los Eagles—¿Y tienes talento o solo eres bonito?
Sergio se sentía aturdido por la actitud de todos.
No tardó en entender que había una gran rivalidad entre ambos equipos. Y no le gustaba como el líder de los Lions lo trataba.
Sin decir palabra, Sergio tomó un arco y flecha, se preparó y dio un tiro casi perfecto.
—Dos cosas pueden ser verdad—Respondió el pelinegro en el mismo tono burlón.
Carlos lo miraba orgulloso, Lando se mostró molesto pero Max no dejaba su frialdad.
El entrenamiento estuvo lleno de tensión. Ambos equipos se retaban el uno al otro para demostrar quién era mejor.
Pero Sergio solo se interesaba por una persona: Max.
¿Acaso estaba actuando así por el equipo? ¿Era su actitud profesional del deporte? No lo entendía del todo.
El día anterior se había estado sonrojando más de una vez, pero esa tarde actuaba como si no se conocieran.
Max apretaba sus puños con fuerza. Solo Dios sabía lo mucho que estaba empeñandose en no salir corriendo a sus brazos.
A sus ojos, Sergio se miraba hermoso y perfecto.
Ahora sabía que ambos compartían la misma pasión por el deporte. Pero lamentablemente la vida los puso en grupos rivales.
Cuando todo termino, Max se marcho con sus amigos y se sentía un idiota, pero esperaba que Sergio lo entendiera y perdonara.
Sergio caminaba junto a sus amigos hacia la cafetería de su padre. Habían unas cuantas personas ahí, así que se alegro de que al menos a un Pérez le estuviera yendo bien ese día.
Vio a un chico atendiendo en el mostrador, no lo conocía.
—Hijo, mi niño, llegaste—Dijo su padre saliendo de la cocina—Mira, nuestros primeros clientes.
—Los primeros de muchos—Sergio ánimo a su padre, quien le dio un abrazo como respuesta.
—Vamos muchachos, siéntense, la casa invita —Ofreció el señor Antonio y todos negaron con la cabeza.
—Señor, de esa forma no tendrá ninguna ganancia —Explicó Carlos—Yo invitó por hoy, para celebrar a nuestro nuevo integrante.
Los muchachos sonrieron felices. De pronto Max perro apareció entrando del patio trasero de la propiedad.
—Te extrañe mucho —Dijo Sergio mientras acariciaba su cabeza.
—Oscar, acompañe a ordenar —Respondió Carlos y el más joven lo siguió junto al señor Pérez.
—Hijo, estás enorme a comparación de la última vez que te ví —Comenzaba una de las pláticas interminables del papá de Sergio, quien tenía mucho aprecio por Carlos.
Oscar estaba junto a ellos, pero el chico del mostrador había captado por completo su atención.
En su identificación como trabajador decía su nombre. Aunque dudaba que fuera real.
“Pato 🦆” con un pequeño dibujo del animal a su lado.
—Hola, bienvenido, ¿En que te puedo ayudar? ¿Estás listo para ordenar?—Pregunto el joven con una energía sin igual.
Oscar se puso nervioso y dijo lo primero que se le vino a la mente.
—¿Vendes café?
La pregunta de Oscar hizo reír al joven, quien se limitó a asentir.
Esto provocó un sonrojo en el más alto.
—Te avergonzaste, que lindo —Soltó Pato, pero rápidamente recupero la compostura —Entonces, ¿Va a ordenar?
Cuando finalmente regresaron con la orden, Carlo se sentó al lado de Sergio y acarició al amable Max.
—¿Y como se llama tu amigo?—Pregunto Charles mientras veía como Carlos le prestaba atención al canino.
—Max—Soltó Sergio sin darle importancia.
Pero Lance casi se ahoga con su café.
—¿Max? ¿Cómo Max Verstappen de los Lions?—Cuestiono el animador, no pudiendo contener la risa.
—Si, yo lo convencí —Confeso Carlos y Sergio rápidamente volteo a verlo.
—¿Es eso cierto? —Reclamó con cierta molestia —¿Por esos me lo recomendaste e insististe en que se lo pusiera? Y me convenciste de que era nombre de perro.
—Lo es —Respondió Oscar mientras se mantenía atento a lo que hacía Pato— Oye, Sergio, ¿Sabes si tu papá está contratando?
Pato se percató de la mirada de Oscar, y este último rápidamente la apartó. Pero era tarde, el joven solo sonrió ante la atención que recibía de ese cliente.
Cuando la noche cayó, los jóvenes se despidieron y Sergio ayudo a su padre a cerrar el local.
Se presentó con pato y se llevaron muy bien, y lo llevaron hasta su casa.
Max habia llegado a casa esa tarde y se percató de que Sergio no estaba en la suya.
Cada cierto tiempo se asomaba para poder ver si ya había llegado, pero la noche cayó y él también, durmiendo plácidamente para cuando el joven regreso a su hogar.
El rubio no sabía que hacer.
Lamentaba haberlo ignorado, pero sabía que, siendo de equipos rivales y con muchas tensiones, su relación no podía continuar.
Es así como pasaron unos días, donde Max regresaba a casa tarde debido a que su padre le pidió entrenar más.
Inconscientemente cambio su ruta de camino a casa, ahora pasando siempre frente a la de Sergio.
A veces se detenía a observarlo en la ventana donde estaba su escritorio. Leyendo o haciendo tareas, al menos podía conformarse con verlo.
Sergio no era tonto y se dio cuenta de que el rubio lo observaba.
Sin embargo, después de aquella primera amarga experiencia, prefirió mantener la distancia que Max le había impuesto esa tarde en aquel campo de tiro.
Pero una tarde de sábado Max vio a Sergio paseando con su perro, el canino Max.
Comenzó a seguirlo, buscando el contacto debido a su afligido corazón.
—Hey Max, ¿A dónde vas?—La voz de Lando lo distrajo—¿Quieres ir al cine con nosotros?
Junto a él se encontraba Daniel, un amigo de la escuela y de unos grados mayores.
Pero el rubio había sido lo suficientemente insistente con seguir a Sergio, que lo vio entrar a una cafetería y desaparecer de su rango visual.
—Primero iré por un frappé, sabes que me encantan con este calor —Dijo Max para después salir casi corriendo hasta la cafetería.
Este local estaba prácticamente frente al parque donde se había conocido con Sergio, lo cual le resultó curioso porque nunca lo había visto.
Cuando el rubio entro, no vio a Sergio por ningún lado. Ni siquiera al saco de pulgas que lo miraba con recelo.
—Ay, me lo antojo—Susurró Lando mientras miraba al cielo —Ni siquiera hace calor.
—Igual podemos ir por uno—Ofreció Daniel y el más bajo asintió.
Max estaba impaciente.
“Quizá fue al baño” pensó.
Pero la campanilla de la puerta volvió a sonar, y está vez eran Lando y Daniel.
El rubio se puso más nervioso por la intromisión. No podría acercarse a Sergio con Lando presente.
—Hola, buenas tardes ¿En que lo puedo ayudar?—Habló Pato.
Sergio había llevado a Max, el perro, por un poco de agua al local.
Cuando escucho la voz de Max, el humano, se puso nervioso.
Se asomo por la puerta que daba hacia el mostrador y lo observó junto a Landó y un tipo desconocido.
—En seguida le traigo su orden—Dijo Pato mientras caminaba hacia la puerta.
Sergio se apartó y lo dejo entrar.
Cuando Pato servía el pedido de Max, Sergio aprovechó para agregarle algo extra.
—Entregale esto, como cortesía —Pidió Sergio, y como era hijo del dueño, Pato no cuestiono e hizo lo que le pidió.
—Aquí tiene su orden—Respondió Pato mientras le entregaba su frappé y una rebanada de cheesecake al joven—El postre es cortesía, es usted el cliente del día.
Pato mintió para no recibir cuestionamientos de un Lando Norris que parecía esperar el mismo trato.
Max estaba confuso, pero sabía de quién podría venir dicho detalle y una cosa en especial llamo su atención, un pequeño papel asegurado entre la envoltura del postre.
Cuando se sentó en una de las sillas para ver de qué se trataba, no tardó ni dos segundos en leer el mensaje:
“Esta bien si no quieres hablarme, pero no tenías que ser tan cruel”
Max se sintió muy mal después de leer esto. Lo había arruinado y era totalmente consciente de eso.