El león
22 de diciembre de 2025, 18:51
A la mañana siguiente Max se apuro a llegar a la casa de Sergio, necesitaba verlo.
Quería explicarle porque no le dijo la verdad a su padre, hacerle saber que no sería tan fácil con alguien como Jos cuidando todo lo que hacía.
Cuando Sergio se preparaba para entrar a la furgoneta de su papá, se sorprendió al ver al rubio afuera de su casa.
—¿Qué haces aquí tan temprano?—Pregunto el pelinegro mientras se giraba para ver si su padre ya venía.
—¿Podemos hablar?—Max se miraba nervioso, pero Sergio no cedería tan fácilmente.
—No puedo, voy a la escuela —Explicó mientras lo miraba de arriba a abajo con su uniforme —Y tú también.
Max comenzó a desesperarse por la actitud del pelinegro.
—Te acompaño—Ofreció rápidamente, aunque no era muy buena idea por la distancia entre ambas escuelas —Pero, por favor, hablemos.
—Bien—Respondió un Sergio rendido—¡Papá, hoy iré caminando! ¡Un AMIGO me acompañará!
El pelinegro había hecho énfasis en la palabra “Amigo”, para luego observar la reacción del rubio.
Max había sentido lo que Sergio sintió la noche anterior. Esa palabra no le gustaba.
—¿Amigo?—Pregunto Max con cierto tinte de reclamo.
—Eso somos, ¿No?—Sergio se burló al ver qué sus palabras habían obtenido el efecto deseado.
—¿Amigo? ¿Quién?—Pregunto el señor Pérez llegando junto a Max, el perro—Oh, pero si es el muchacho de ayer.
—Buenos días, señor—Max se apresuró en saludar al padre de Sergio.
—Perdón, pero ayer no pregunté tu nombre —Comenzó el señor Pérez —¿Cómo te llamas?
El rubio se quedó pensando un momento, observando a aquel canino que se burlaba por haber tomado su nombre y ahora le daba vergüenza decir que lo compartía con el perro.
—E-emilian—Respondió Max con una sonrisa nerviosa.
Sergio lo miró confundido por su respuesta.
—Yo me llamo Antonio, pero todos me dicen Don Toño —Dijo el mayor —Cualquier cosa que necesites, puedes pedírmelo. Aprecio mucho a los amigos de mi hijo.
—Gracias—Max balbuceo un poco, era extraño para él recibir tal calidez, como si de un padre se tratara.
Pero no como el suyo, sino de esos que se miraban en las películas familiares.
—Ya debemos irnos, adiós Max —Dijo Sergio acariciando al canino—Adiós papá, nos vemos en la noche.
Sergio tomo del brazo a Max y comenzaron a alejarse un poco.
—Adiós Don toño—Grito Max mientras hacia un ademán con la mano para despedirse.
— Adiós hijos, cuídense —Respondio Don Toño, algo que llamo la atención del rubio.
—¿Hijos? —Pregunto casi en un susurro.
—Mi papá llama así a todos mis amigos—Dijo Sergio mientras ambos caminaban tranquilamente.
—Sobre anoche...—El rubio no pudo terminar de hablar.
—¿Por qué mentiste sobre tu nombre?—El pelinegro no había podía sacarse esa duda de la cabeza.
Max sonrió algo avergonzado.
—Emilian es mi segundo nombre—Explicó—No mentí. Solo no quería que supiera que me llamo igual al perro.
—Tu rivalidad con Max es preocupante —Dijo Sergio en un tono serio pero burlón.
—Él robó mi nombre—Se quejó el rubio, haciendo reír al pelinegro —Lo digo en serio, no es justo.
—Emilian es lindo—Susurro Sergio sin siquiera voltearlo a ver.
Entonces Max intento tomarlo de la mano, pero el pelinegro se apartó.
—Perdón—Dijo Max al ser rechazado.
—Tú dijiste que solo somos amigos—Sergio todavía se sentía herido por esa respuesta.
—Mi padre no es un hombre fácil —Comenzó el rubio—Él no lo sabe, nadie más sabe que...
—¿Que te gustan los hombres?—Pregunto el pelinegro y Max asintió —¿Por eso mentiste? ¿Te da miedo su reacción?
Max desvío la mirada, solo él sabía cuan cruel podría ser su padre.
— Ojalá mi padre fuera como el tuyo—Susurro el rubio.
Sergio decidió soltar ese tema. Se dio cuenta de lo mal que lo ponía, y que su reacción fue una decisión apresurada en su desesperación.
Entonces el pelinegro tomó la mano de Max y entrelazó sus dedos, levantándola hasta la altura de sus labios y plantando un dulce beso.
—¿Quieres ser mi novio?—La repentina pregunta de Sergio lo dejo sin habla—Anoche no terminamos nuestra conversación, eso era lo que quería decirte.
El rubio observaba sus manos entrelazadas, queriendo capturar esa imagen para siempre en su memoria.
Después miro a Sergio a los ojos, sus bonitas pecas y su sonrisa, sabía que realmente lo quería.
—Sí, si quiero—Respondió el rubio con una enorme sonrisa.
Entonces soltó a Sergio y acarició su rostro con sus manos, para luego besarlo en los labios.
—Llegaremos tarde a clases—Dijo Sergio una vez que se separaron.
Max bufo molesto por la interrupción, pero sabía que su ahora novio tenía razón.
Así que continuaron su camino, está vez tomados de las manos.
Oscar estaba nervioso, se había aventurado a hacer una parada antes de ir a la escuela.
Para su buena suerte, la cafetería ya estaba abierta y pudo entrar a esta, pero se decepcionó al ver a un chica en el mostrador.
Sin dar marcha atrás, el joven camino hacia donde estaba ella y vio el nombre en su tarjeta de empleada.
“Kelly🩷”
Con un corazón dibujado al lado de su nombre, la chica era la empleada de el horario matutino.
—Hola, muy buenos días ¿En que le puedo ayudar?—Pregunto la chica con una sonrisa amable.
—Hola, quisiera saber si hay estan buscando a alguien para trabajar aquí —Oscar estaba muy nervioso y eso lo noto la joven.
—Tienes suerte de que el dueño llegó temprano, iré a preguntarle —Respondió Kelly en un tono calmado, intentando transmitirle confianza.
La joven se fue a la parte trasera del local, donde se encontraba la cocina.
Oscar movía sus pies con impaciencia y miraba el reloj de su muñeca, no tenía tanto tiempo.
—Bueno, realmente lo estaba considerando por la afluencia de clientes por la tarde—Comenzó Don Toño —Dile que pase.
Kelly se retiró y le pidió a Óscar que la acompañará, una vez llegaron, ella los dejo solos.
—Te conozco, eres amigo de mi hijo—Dijo Don Toño apenas lo vio—¿Estás buscando trabajo?
—Sí, he pensado en generar mis propios ingresos —Respondió Óscar mientras veía en la pared las fotografías de los tres empleados que tenía Don Toño, principalmente la de pato.
“Chocolate Love, cafetería”
“Patricio O'ward: Mostrador y reparto”
“Kelly Piquet: Mostrador”
“George Russell: Cocina”
—¿Y en qué tienes experiencia?—Es pregunta lo dejo en blanco, jamás había trabajado.
—En nada, señor—Respondió algo tímido —Pero estoy dispuesto a aprender.
El señor Pérez lo pensó un momento. Sabía bien que necesitaba más ayuda, tanto en la cocina como en mostrador.
Siguen Óscar no tenía experiencia alguna, le daría la oportunidad para que empezar a tenerla.
Óscar salió de la cafetería más contento que nunca. Don Toño le había dado la oportunidad de trabajar en el mostrador.
Sin embargo, Don Toño seguiría buscando a alguien que pudiera encargarse de la cocina por las mañanas. Ya que George le había pedido cambiar su horario para trabajar en las tardes.
Antes de despedirse, Sergio y Max finalmente intercambiaron números de teléfono para poder contactarse con facilidad.
El rubio esperó a que su novio entrara a la escuela, quería asegurarse de que llegara con bien.
Para finalmente irse a la suya tomando el autobús.
Max guardó el número de Sergio bajo el nombre “Pecoso💘”.
Mientras que el pelinegro lo registró como “Mi león 🦁”.
Saliendo de la escuela les tocaba entrenamiento a ambos equipos.
Así que esa tarde ni siquiera podrían verse. Al menos no como ellos esperaban.
Habían llegado al acuerdo de mantener su relación en secreto para protegerla de los malos deseos y rivalidades.
Sin embargo, sus equipos volverían a encontrarse. Esta vez por un acuerdo entre Carlos y Lando, quienes competían por demostrar quién era el mejor.
Durante el turno de Sergio, Max no pudo evitar mirarlo con una cara de bobo que llamaría la atención de cualquiera si no estuvieran tan ocupados odiándose los unos a los otros.
—Es realmente talentoso, ¿No lo crees?—dijo el Lewis sentándose a su lado.
Parecía más una provocación que un halago. Sabía lo competitivo que era Max y buscaba molestarlo ante la idea de un rival como Sergio.
Poco sabía que ellos no se atacaban con palabras, sino con besos.
—Lo es—Respondió Max sin darle más cuerda.
—Pero igual es lindo, ¿No?—Las palabras de Lewis lo desconcertaron.
¿Acaso moreno se estaba fijando en su novio?
—Que Lando no te escuche, se va a molestar que sientas atracción por el enemigo—Max no supo qué excusa poner para evitar que Lewis se fijara más en Sergio.
—No me importa lo que Lando quiera, no es mi dueño—Se defendió Lewis — Además, no debe tener idea de por qué se odian tanto ambos bandos. Así que puede que tenga una oportunidad.
El rubio apretó sus puños con rabia. Le molestaba la idea de que alguien más se fijara en su novio.
Principalmente Hamilton, quien siempre andaba compitiendo con él por todo.
¿Cómo se atrevía a fijarse en Sergio?
Lo entendía, pero le molestaba demasiado ¿Qué le costaba fijarse en alguien más?
Al menos estaba tranquilo al saber que Sergio solo lo quería él.
—Lo invitaré a salir esta tarde saliendo del entrenamiento—El moreno volvió a hablar, haciendo que Max perdiera la poca paciencia que quedaba en él.
—No creo que acepte—Respondió Max intentando controlarse— De seguro no eres su tipo.
—No lo sabré hasta que lo intente— Fue lo último que Lewis le respondió antes de levantarse a tomar su turno.
Max solo se limitó a observar a su novio, quién le dirigió la mirada y le sonrió discretamente.
Cuando salieron Logan lo detuvo para preguntarle algunas dudas que tenía sobre la competencia.
El rubio ni siquiera pudo prestarle atención. Solo quería llegar a casa para luego visitar al pelinegro.
Sergio y Carlos se marcharon juntos y el castaño lo dejó en la cafetería de su padre, donde se sorprendieron al ver a Óscar llegar.
—Nos hubieras dicho que también venías —Dijo Carlos cuando lo vio— Te hubiéramos esperado.
—Es que no planeaba verlos a ustedes—Confeso.
—Pero esta es la cafetería de mi papá—Sergio señaló su falta de congruencia.
—Eres Óscar, ¿no?— Pato interrumpió la conversación.
El rostro de Óscar se iluminó con solo escucharlo decir su nombre.
Y esa vacilación no pasó desapercibida por sus dos amigos. Quiénes se sonrieron el uno al otro al verlo tan nervioso.
—S-si, soy yo—Balbuceo un poco.
Sus dos amigos intentaron no reírse de él, se había puesto tan rojo como un tomate.
Esto hizo que Sergio se acordara de su novio, así que le mandó un mensaje preguntándole si se verían esa tarde en su casa.
—Acompáñame, te enseñaré lo que necesitas saber para estar en mostrador—Dijo Pato caminando con él hacia el lugar— una vez que aprendas lo necesario, yo me encargaré de las entregas a domicilio. Y cuando no tenga ninguna, te apoyaré a atender.
Oscar estaba más que dispuesto a pasar sus tardes junto a ese joven que tanto le gustaba.
—Ya debo irme—Dijo Carlos mientras caminaba hacia la puerta—Saluda a Max de mi parte.
Sergio se asustó por un momento, pero luego recordó que su perro se llama igual.
Fue la parte trasera del local y le puso su arnés a Max, estaba dispuesto a irse a casa.
Comenzó a caminar lejos de la cafetería y pronto se encontró con una figura conocida.
No sabía su nombre, pero lo reconocía como parte de los Lions.
Lewis había logrado saber dónde encontrará Sergio, todo gracias a que Lando contó con lujo de detalles cómo lo molestó aquel día.
Sergio se tensó al verlo. No le daba de buena espina a nadie de los Lions, solo su novio.
—No te asustes, no te haría nada—El moreno se dio cuenta de lo tenso que estaba—No soy como Lando.
Él no apoyaba esas “tácticas de intimidación” que tanto le gustaba al líder de su equipo.
—Lo que sea que quieras, no estoy interesado —El pelinegro fue claro —Debo irme a casa.
—Quisiera disculparme en nombre de mi equipo— Mintió—Los Lions no somos tan malos, Lando necesita mejorar como líder.
—Quisiera que la disculpa viniera de él, no de uno de sus pupilos —Sergio continuo su camino.
—¿En verdad vas a juzgar a todo un equipo por el actuar de su líder?—El pelinegro se detuvo al escuchar está pregunta.
—Ustedes escogieron a su líder, ¿No?—Señaló.
Lewis entendió que habla elegido las palabras equivocadas.
—Por favor...—Dijo casi en una súplica.
A Sergio le dio lástima que se viera tan desesperado por limpiar la imagen del grupo. Así que, rendido, acepto.
El moreno le quiso invitar un helado para compensarlo. Así que lo llevó a una tienda cercana.
Poco sabía que unas calles Max estaba acercando. Y cuando lo vio a través del cristal, sus celos se hicieron presentes.
Mientras que Sergio intentaba llevar la fiesta tranquilo, Lewis no dejaba pasar la oportunidad para coquetearle.
El rubio sabía reconocer lo coqueteos del moreno, pues lo había visto cuando Lewis era novio de Nico.
Además, ¿Helado? ¿Cómo en su casi primera cita?
Era imposible que el moreno supiera sobre esto, pero para Max era cruzar un límite.
Y solo Dios sabía si podría detenerse o no.