ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Territorial

Ajustes de texto
Max los observaba a través de la ventana del local. Saco su teléfono y tomo una foto. Sergio estaba sentado en una de las mesas que había dentro de la tienda, ni siquiera prestaba mucha atención a lo que Lewis estaba diciéndole. Pero su teléfono comenzó a sonar y sin pensarlo vio de que se trataba. Anonadado movió su mano que sostenía su helado y, al inclinarlo demasiado, este se derramó. Se había sorprendido por la fotografía que su novio le había mandado, junto con unos emojis de una mano señalándolo. El helado había caído sobre una de sus piernas, marchando sus pantalones. Tiró el postre en un bote cercano, pero nada lo preparó para el momento donde Lewis intentó limpiar la mancha. Colocando una mano sobre la pierna donde había ocurrido el accidente, el moreno intentaba de todo para limpiar aquel líquido. Sin embargo, el rubio solamente se molestaba cada vez más al ver este actuar. Daba algunos manoteos al aire, sin importar el ridículo que hacía fuera de la tienda. —No te preocupes, yo lo limpio— Dijo Sergio sintiendo la mirada de su novio sobre él. El pelinegro estaba nervioso, no quería que se malentendiera la situación. —Iré por más servilletas—Respondió Lewis levantándose de su asiento. Pronto Sergio recibió otro mensaje. “Más vale que no te vuelva a tocar” Era un mensaje muy claro sobre los celos del rubio. —Ay, no...—Susurró el pelinegro mientras leía el mensaje. Pero una mano se poso en su hombro, haciéndolo casi brincar del susto. Al girar vio que se trataba de Lewis, pero pronto su mirada se encontró con la de Max, quien había entrado a la tienda en ese instante. —Aquí están —Dijo el moreno dándole las servilletas, pero sin dejar de tocar su hombro hasta que bajo a su brazo —Vaya que eres fuerte. Max se había puesto muy colorado, intentaba de todo para tranquilizarse. Pero le daba miedo que Sergio se sintiera atraído por Lewis y lo dejara por este. El pelinegro, todavía nervioso, observó como su novio negaba con la cabeza una y otra vez. Sin embargo, el rubio se ocultó detrás de un mueble. Y aún así tenía una vista perfecta y escuchaba todo lo que decían. —Creo que ya debo irme—Respondió Sergio mientras movía su brazo para librarse del agarre de Lewis. —Te acompaño a tu casa—Ofreció el moreno, pero Sergio negó repetidamente. —No hace falta, Max vámonos—Sergio tomó a su perro y se fue. Aunque el mensaje era tanto para el canino como para el humano. —Es un poco extraño, pero sigue siendo lindo —Susurró Lewis, aunque Max pudo escucharlo claramente. El rubio hizo todo lo que pudo para salir de aquella tienda sin ser visto y rápidamente se dispuso a alcanzar a su novio. No sabía lo que le pasaba. Se sentía sumamente molesto ante la idea de que Sergio le prestara atención a otra persona. Se controló lo suficiente para no a delatar su relación, pero esa inseguridad era simplemente molesta. Cuando finalmente le dio alcance, estaba bastante cerca de la casa del pelinegro. —Hablemos adentro—Dijo Sergio mientras abría la puerta y dejaba entrar a los dos Max. Una vez adentro, Max, el humano, no pudo detener su lengua. —¿Qué hacías con Lewis en aquella tienda?—Reclamó el rubio. —Vaya que eres celoso —Respondió Sergio algo divertido ante la situación —Me invitó un helado, quería disculparse por lo que hizo Lando. —¿Disculparse por lo que hizo Lando?—Dijo Max algo incrédulo —¿No te das cuenta? Le gustas. Sergio sonrío confuso, no entendía cómo podía gustarle a Lewis cuando apenas le había hablado. El moreno no le daba esa misma familiaridad que el rubio tenía. Esa seguridad y libertad que sentía con su novio no se repetía en otras personas. —¿Estás molesto por eso? —Pregunto Sergio viendo lo colorado que estaba— Sabes bien que me gustas tú,  ¿Por qué le prestas atención a alguien que no me interesa? Max se dio cuenta de que sus tontos celos lo habían llevado a molestarse por nada Sin embargo, no podía evitar sentirse así. Quería mucho a Sergio y le daba miedo perderlo. — Bien, pero que no vuelva a pasar—Exigió— Tú eres mi novio y no está bien que vayas por ahí paseándote con otros chicos— Sergio sonrío al ver lo territorial que podía ser— ¿O acaso a ti te gustaría que yo me fuera con otro hombre? La sonrisa del pelinegro pronto desapareció de su rostro. Jamás se había planteado la idea de ser tan celoso, pero no le gustaba pensar que Max se iría con alguien más. Entonces entendió lo que sentía, y se molestó un poco consigo mismo por haberse reído. Pero una duda empezó a asomarse en su mente: ¿De qué otro hombre habla? ¿Había alguien más que él no conocía? Porque si Max estaba celoso de Lewis por estar interesado en él, entonces debía haber alguien más. —¿Acaso hay otro hombre?—Los celos sin sentido de Sergio aparecieron— ¿Estás diciendo que vas a dejarme? Max se quedó anonadado ante esa pregunta. Él solo estaba dando un ejemplo. —Anoche te dije que me gustabas tanto y ahora me sales con esa tontería—Reclamó un poco molesto — ¿De qué hombre estaría hablando? Tú eres el único que me gusta. —Pues que quede claro que tú también eres el único que me gusta—Dijo Sergio imitando el mismo tono—Ahora dame un beso para que me calme. —Bien—Respondió Max todavía molesto, pero acercándose a él para juntar su labios. Por otro lado, en la cafetería Oscar estaba aprendiendo a atender el mostrador. —Debes de ser paciente, ya que algunos clientes pueden carecer de esto—Hablaba Pato mientras Óscar lo observaba con atención —Entonces tú debes ser quien los tranquilice. —Hablas como si los clientes fueran malos—Señalo el más alto. —No son malos, solo son personas con días buenos y otros no tanto—Explicó— Solo debes evitar que esa energía no se pegue a ti. Y creo que eso es todo por hoy, si gustas puedes ver la cocina para saber dónde están ciertas cosas que a veces te pueden pedir. Óscar no desperdiciaría ni una oportunidad, pues quería pasar todo el tiempo posible junto a Pato. Cómo a esa hora se había puesto muy tranquilo, tuvieron la facilidad de irse a la cocina sin tener que estar tan pendiente del mostrador. Pato le explicaba algunos lugares donde estaban guardando recipientes que contenían frutas y varias otros ingredientes. El lugar se había vuelto popular por sus frappés y más variedad, pero poco a poco estaban añadiendo postres a la carta. Sin embargo era muy pesado para George cubrir un turno completo, pues el verano había terminado y ahora tenía clases por la mañana. Así que dejaba todo listo para que estos estuvieran en unos refrigeradores esperando a que los ordenarán. —Mira, toma una fresa —Dijo Pato tomando una y acercándola a los labios de Oscar. Este, un poco nervioso, abrió la boca para dejar entrar la fruta. Luego Pato tomo otra y la comió. —¿Podemos hacer esto?—Pregunto el más joven y Pato negó con la cabeza mientras intentaba no reírse. En ese momento Óscar supo que buscar un trabajo que no necesitaba para estar cerca del chico que le gusta, había sido su mejor decisión. Después de una innecesaria pelea de celos por dos personas donde la primera no le gustaba a Sergio, y la segunda no existía. Ambos jóvenes estaban recostados en la cama del pelinegro. Estaba platicando sobre la práctica de esta tarde, pero pronto un tema interesante surgió de eso. — ¿No es un poco interesante que ambos equipos entrenen los mismos días a la misma hora?— Señaló Sergio, pues le parecía que no era casualidad. —Es por costumbre —Comenzó el rubio — Carlos y Lando solían ser del mismo equipo. Esto tomó por sorpresa al pelinegro. —Carlos jamás me ha contado sobre eso, creí que solo se odiaba con Lando. —Hay mucha historia entre ellos dos —Continuó Max mientras acariciaba el cabello de su novio —Solían ir a la misma secundaria y compartían su pasión por el deporte, hasta que un día se volvieron novios Definitivamente Carlos le ocultaba demasiadas cosas a su amigo. Sergio se acomodó bien sobre el pecho de su novio, sintiendo su respiración sube y bajar. —¿Y qué pasó? —Sergio no podía con su curiosidad —¿Por qué ahora se odian? —Eran muy competitivos entre ellos, sin embargo, la gente no paraba de decir que Carlos era mejor que Lando—En ese momento Sergio se abrazo más al cuerpo de Max—Para cuando entraron a preparatoria, este último decidió tomar un camino separado. Quería brillar solo. La idea de que una competencia pudiera generar una ruptura entre una pareja le generó un miedo a Sergio Los Eagles y los Lions peleaban constantemente por quiénes eran los mejores, y temía que esta rivalidad pudiera destrozar su relación. —No nos pasará eso, ¿O si?—Susurró el pelinegro mientras sentía como Max comeplataba su abrazo. —Ambos tenemos que poner de nuestra parte para evitarlo—Explicó el rubio—Lamentablemente Carlos y Lando también tuvieron muchos malentendidos. —¿Como el que tuvimos nosotros?—Sergio sintió como Max se levantaba para sentarse en la cama, algo que él imitó. —¿Puedo decirte algo?—Esta pregunta no le gusto—Pero no te molestes, ¿Está bien? Algo nervioso, Sergio sabía que era mejor escuchar lo de Max que de alguien más. —Dime, no voy a enojarme—Respondió el pelinegro. —Lando y yo fuimos novios—Confesó el rubio, algo que lo dejo sin palabras —No duro mucho, fue pasajero. Pero Carlos pensó que lo había engañado conmigo. —¿Y fue así?—Sergio pregunto casi automáticamente. —No, no, claro que no—Se apresuró en negar dichas acusaciones —Pero fue muy rápido como paso todo, no tenían demasiado tiempo de haber terminado y por eso Carlos lo tomo así. Desde entonces me detesta. En ese momento Sergio reflexionó sobre lo ocurrido en la cafetería. “¿Max? ¿Cómo Max Verstappen de los Lions?” “Si, yo lo convencí” Eso no solo le pareció tonto, sino desconsiderado. —Entiendo, ¿Y también es por eso qué me ignoraste? —Preguntó el pelinegro levantándose de la cama —¿No querías que Lando se diera cuenta? ¿Es eso? —No, si, bueno si pero no en ese sentido—Max se había puesto muy nervioso. —¿Entonces en cuál sentido?—Los celos tontos atacaban de nuevo. —Serías un blanco fácil para él, yo no quiero que te moleste más —Explicó—Ya te detesta por ser tan buen tirador, será peor si se entera que no solo eres amigo de su ex, Carlos, sino también pareja de su otro ex, yo. Sergio suspiro pesadamente. —¿Por qué es tan malo? —Solo quiere ser un ganador, pero es muy extremista en ese sentido —Dijo Max levantándose de la cama y tomando la mano de Sergio —Solo quería que lo supieras por mí, no te molestes, por favor. Sergio logró tranquilizarse y soltó la mano de Max, para después abrazarlo y hacerle saber que todo estaba bien. Al menos agradecía su sinceridad. Solo de esa forma su relación podría seguir a flote.
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)