La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Entre amores y postres

Ajustes
—¿En la cocina? —Preguntó Óscar cuando escuchó Lo que le había dicho Don Toño. —Creo que sería una excelente idea que desarrollaras tus habilidades tanto en el mostrador como en la cocina —Explicó su ahora jefe—Pato no siempre tendrá pedidos que llevar. El joven fue llevado a la cocina, donde le pidieron que ordenará todo antes de la hora de cierre. Sus planes de estar siempre con Pato se vieron frustrados. Había pasado una media hora cuando ya había terminado de ordenar todo. La cocina nunca se vio mejor. —¿Vives muy lejos?—La voz de Pato lo saco de sus pensamientos —Para que te acompañe a casa. Oscar se sonrojo ante tal acto de amabilidad, sonriendo involuntariamente. Pato se percató de esto, confirmando sus sospechas sobre un posible interés amoroso. —No vivo muy lejos—Comenzó el más alto, pero recordó que no podría hacerse de esa manera —Pero mi padre vendrá a recogerme. El entusiasmo de Pato pronto desapareció, encogiéndose de hombros ante la respuesta del chico nuevo. —Esta bien —Dijo Pato mientras cerraba la puerta trasera del local con llave —Hay que darnos prisa, Don Toño está esperándonos para cerrar. Oscar lo siguió hasta la salida del local, viendo como Don Toño cerraba con llave todo. A unos metros vio el auto de su padre, quien lo saludo con la mano y pronto se le ocurrió una idea. Señaló discretamente a Pato, y su padre asintió en respuesta. —¿Quieres que te llevemos?—Ofrecio Oscar y Pato se giro a verlo algo emocionado. —No me gustaría incomodarlos—Respondió el más bajo cruzado de brazos, sintiéndose un poco avergonzado. —Ven, vamos—Dijo Oscar tomándolo de la mano, un acto involuntario que sonrojo sus mejillas. Se despidieron de Don Toño y llegaron hasta el auto del padre de Oscar. Cuando subieron al vehículo, ambos jóvenes saludaron al hombre con expresión dura ante el volante. Mark fue amable con Pato, pero no pudo evitar darse cuenta de lo atento que era su hijo con él. Sonrió al percatarse de que quizá su niño ya no era tan pequeño, y ahora estaba experimentando el mundo de la citas y el amor. —Muchas gracias por traerme —Dijo Pato bajando del auto para al final despedirse con un saludo en su mano. El mayor le hizo una señal a su hijo para que se sentará de copiloto, ya que todo el viaje se la paso en la parte de atrás con Pato. —¿Es tu compañero?—Pregunto Mark mientras veía como su hijo se ponía el cinturón de seguridad. —Si, es muy agradable ¿No?—Oscar ansiaba saber la opinión de su padre, ya que veía en Pato algo más que un amigo. “Creo que para ti es más que agradable” Pensó el mayor, pero creyó que era mejor no revelar esto. —Parece un buen muchacho —Fue lo único que dijo antes de llegar a casa. Cuando finalmente entraron para poder descansar, Oscar corrió hacia los brazos de su otro padre para saludarlo. —¿Cómo te fue en tu primer día de trabajo?— Preguntó Fernando apenas vio a su hijo. —Muy bien, iré a cambiarme para cenar—Oscar corrió hacia su habitación. —Le fue muy bien —Dijo Mark con una sonrisa que no pudo terminar de descifrar su esposo. Fernando y Mark estuvieron en una relación de larga duración antes de decidir casarse y adoptar a un pequeño Oscar, a quien le dieron todo el amor y cuidado que un niño merece. Ahora se enfrentaban a una nueva etapa en la vida de su hijo: la ilusión del amor y los corazones rotos. Por otro lado, a pesar de ser tan tarde, Sergio y Max todavía seguían en su mundo. Habían comprado algo de comida para pasar el rato y ver televisión. Max abrazaba con sumo cuidado a Sergio mientras estaban sentados en el sofá. No se habían percatado de la hora y de que pronto Jos estaría en casa y se haría muchas preguntas. Estaban viendo una película romántica, así que inevitablemente comenzaron a acercarse el uno al otro; hasta que de abrazos y besos no paraban, siendo que estos últimos aumentaban de nivel. Todo se estaba poniendo un poco más serio hasta que Max, el perro, tomó la mochila de Max, el humano, y comenzó a arrastrarla por toda la casa. —¡Hey, eso es mío!— Gritó el rubio persiguiendo al canino. Sergio no hizo nada para ayudar a su novio, de hecho se divertía viéndolo perseguir al perro. Entonces escucharon como la puerta se abría y vieron a Don Toño entrar. Ambos se quedaron congelados ante la presencia del mayor. Max no era un mal perro, solo los estaba cuidando. —Parece que Max te está haciendo una travesura —Dijo el padre de Sergio cuando lo vio peleando con el perro para quitarle el objeto—¿No es muy tarde, hijo? Son casi las 10 de la noche. Max se asombró al escuchar esto. No se había percatado de que era tan tarde. —¿En serio?— Dijo el rubio mientras recogía su mochila del suelo— Tengo que irme, nos vemos mañana. Sergio se despidió haciendo un ademán con su mano y el rubio simplemente salió corriendo de la casa de su novio. Tuvo mucha suerte de vivir a la vuelta, así que no tenía que recorrer un gran camino. Para su buena suerte Jos todavía no había llegado a su casa. Así que Max pudo irse a su habitación evitando las preguntas incómodas de su madre y los cuestionamientos invasores de su padre. Estaba muy feliz de haber avanzado y formalizado su relación con Sergio. No se había sentido tan bien desde hacía mucho tiempo. Además, contarle su historia con Lando le daba una tranquilidad enorme. Sabía que nadie podría hacerlo malinterpretar su relación, y que los malos chismes no le afectarían mientras fuera sincero con su novio A la mañana siguiente, llevo de nuevo a su novio a la escuela. La noche anterior se habían espantado demasiado con la presencia del padre de este, pero ahora solo se reían de lo ocurrido. Cuando estaban a una calle de llegar, decidieron que ahí sería el momento donde sus caminos se debían separar. No querían que los Eagles se percataran de la presencia de Max e hicieran preguntas. Habían caminado todo el trayecto tomados de las manos, pero cuando se iban a despedir Sergio intentó darle un beso, uno que el rubio esquivo ante la presencia de otras personas. — ¡Oye! ¿Qué fue eso?—Reclamó el pelinegro. —Pensé que eran unos conocidos—Se excuso el rubio. — Eso quiere decir que te avergüenzas de mí —Los celos sin sentido de Sergio se hicieron presentes, otra vez. —No es eso— Max hizo una pausa antes de continuar hablando. Lo que iba a decir lo avergonzaba un poco, pero al mismo tiempo sabía que era normal en una relación— Amorcito, no te enojes conmigo. Sabes que es difícil mantener nuestra relacion en secreto. Sergio sonrió al escucharlo llamarlo de esa forma. —Si de esa manera te vas a referir conmigo, entonces yo quiero llamarte mi León—Respondió el pelinegro. El rubio se puso colorado al escuchar esto. —E-está bien— balbuceo un poco— Es solo que no me acostumbro. Sergio tomó su mano y le dio un beso. —También es muy difícil para mí hacerme la idea de que ahora estoy en una relación contigo—Confesó— Eres el primer novio que tengo, así que estoy muy nervioso. Max se dio cuenta de a qué se refería. Él era el primer novio de Sergio, pero el pecoso no era su primera relación. Así que se aventuró acorralarlo contra la pared de un edificio cercano y juntó sus labios en un dulce beso. —Nos vemos en la tarde—Dijo el rubio cuando finalmente se separaron—Hoy no hay entrenamiento, así que podemos salir a pasear a donde tú quieras. El rostro de Sergio se iluminó ante esto. —Bien, pero que sea a donde yo quiera— Exigió el pelinegro. Cuando Sergio caminó unos pasos alejándose, Max pudo evitar asegurarle lo mucho que la quería. Así que lo alcanzó para tomarle de su mano y hacerlo girar hacia él. —Solo quiero que sepas que aunque Lando fue mi primer novio, tú eres mi primer amor de verdad. Sergio sonrió ante esto y le dio un beso rápido, evitando que alguien más los viera. Esa mañana pasó volando para ambos. Ansiaban verse tan pronto como fuera posible. Max iba saliendo de la escuela y camino un par de calles para tomar el autobús. Había perdido un poco de tiempo hablando con Lando sobre el entrenamiento de esa semana, pero finalmente se había librado de él. Mientras esperaba el transporte que lo llevaría a donde Sergio, sintió unos brazos rodeándole por la espalda. Asustado, se giró rápidamente para encontrarse con su novio abrazándolo cariñosamente. —¿Qué haces aquí?— Cuestionó el rubio. —¿No puedo venir a verte? —Preguntó Sergio fingiendo molestia—Quise sorprender a mi novio, no todo el tiempo tienes que ir por mí. Yo también puedo venir por ti. Max lo abrazo de vuelta y con una de sus manos lo despeinó. —Bueno, ahora cuando alguien me abrace por la espalda sabré que eres tú—Dijo el rubio haciendo sonreír a su novio —¿A dónde quieres, amorcito? El pelinegro se quedó pensando por un momento, hasta que finalmente se le ocurrió algo. —Podemos ir a comer a un lugar cerca de aquí —Comenzó—Papá me dio dinero por mi cumpleaños, así que yo invito. El rubio se separó un poco de él. La idea de no festejar el cumpleaños a su novio lo molesto. —¿Cuándo fue? ¿Es hoy?— Cuestionó rápidamente. —Fue antes de que nos conociéramos, pero no había podido gastarlo en nada—Explico el pelinegro y vio como Max se tranquilizó —Sin embargo, ahora que estamos juntos me gustaría gastarlo contigo. Escuché que en el centro comercial hay un carrusel muy bonito, ¿Por qué no vamos, comemos algo y luego nos subimos a la atracción? Max aceptó inmediatamente. No creía que alguien conocido estuviera en el centro comercial a esa hora. Principalmente porque cuando no hay entrenamiento sus amigos prefieren pasar el día jugando videojuegos o haciendo tonterías en el parque cercano donde se conoció con Sergio. Él no podía jugar videojuegos. Su padre lo tomaba como una distracción. Cuando era niño tampoco podía salir a jugar al parque, por la misma razón. Habían muchas cosas de las que su padre le había privado para volverlo el mejor del equipo. Sin embargo, no dejo que esos pensamientos tristes lo invadieran. Sergio se sentía muy bien al lado de Max. Su novio le brindaba una seguridad y tranquilidad que nunca había sentido con otra persona, solo con su perro. Ese efecto era tan agradable como adictivo. Comieron chucherías y bromearon como cualquier chico de su edad, algo que el rubio agradecía. Subieron al carrusel, se sentaron uno junto al otro en asientos separados. Este era tan brillante, llamativo y bonito. Sergio nunca había visto un carrusel tan grande y eso lo emocionaba. Max pronto alcanzo su mano, tomándola con suavidad mientras la atracción comenzaba andar. Sus miradas se encontraron, viéndose con afecto y admiración, en un momento donde solo importaban ellos dos. Cuando salieron del centro comercial, se dispusieron a tomar el autobús que los dejaría a una cuadra de la cafetería de Don Toño. Una vez más, se sentaron el uno junto al otro mientras sostenían sus manos. Max acariciaba su mano sin separarlas, tocando delicadamente con sus dedos. Al bajar del autobús, el cielo hizo de las suyas y comenzó a llover, haciendo que los jóvenes corrieran hasta la cafetería del padre de Sergio. Una vez entraron, no se percataron de la presencia de Oscar y comenzaron a reír por haber sido alcanzados por la lluvia. Esa tarde Pato había cambiado su turno con su compañera, ya que ella necesitaba atender unos asuntos personales por la mañana. Cuando Kelly y Óscar observaron a los dos jóvenes, tuvieron reacciones distintas. El joven lo reconoció de inmediato. —¡Max Verstappen nos está invadiendo! —Grito el joven como si de la guerra misma se tratará. Sergio y Max se giraron a verlo sumamente asustados. Pero Kelly se sintió cautivada por aquel joven rubio que nunca había visto. Observándolo con sus cabellos mojados, despeinado y sus mejillas sonrojadas. Definitivamente le había gustado.
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)