ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Más que palabras

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TW NSFW: ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Sergio había pasado su tarde informándose. Si bien para él también era importante el tema de la intimidad física con su pareja, se preocupaba más por la comodidad de esta. Max parecía ser muy complaciente, pero temía que esa actitud lo llevará a hacer cosas que no quería. Entendió que habían cosas que debía tener en claro con su novio, así que se preparó mentalmente para eso. Se había sentido avergonzado por haber investigado sobre el tema, pero necesitaba mentalizarse. Tomo una ducha para relajarse. No quería admitirlo, pero se sentía muy nervioso. Cuando recibió el mensaje, Sergio se miró una vez más al espejo y notó que sus pecas resaltaban más de lo normal, debido a lo sonrojado que estaba. Intento tranquilizarse y respiro profundo para después salir de su habitación y bajar las escaleras. Sentía sus manos temblar debido a los nervios, y suspiro pesadamente antes de abrir. Por su parte, Max admitía que se sintió culpable después de todo el contenido adulto que consumió para esa noche. Pero sabía que era normal tener curiosidad, así que rapidamente se le pasó. Cuando Sergio abrió abierta, Max sintió los nervios apareciendo de nuevo. —Hola, ¿Tuviste algún problema para salir de casa?—Dijo el pelinegro apenas lo vio—Pasa, el clima es muy frío aquí afuera. Max siguió a su novio a través de la casa, llegando hasta la habitación de este. El pelinegro se aseguró de que Max, el perro, no los siguiera hasta arriba. —¿Quieres que hablemos primero?—Pregunto Max cuando vio a su novio cerrar la puerta de la habitación. —Me gustaría aclarar algunas cosas antes —Comenzó el pelinegro —Cuando me besaste esta tarde, sentí cosas que nunca había experimentado. Y se que es normal para la clase de relación que tenemos—Escogía sus palabras con sumo cuidado—Pero quiero saber si tú deseas esto, tanto como yo lo hago. El rubio sintió sus mejillas arder de lo sonrojadas que se pusieron. Sabía bien de que se trataba esa cita nocturna, así que no flaqueo. —¿Quieres saber si te deseo?—Pregunto Max acortando la distancia entre ambos, sintiendo su respiración rozando su piel. —Si, quiero saberlo...—Respondió Sergio, temblando un poco al sentir como su novio lo tomaba de la cintura para atraerlo aún más. —¿Me deseas?—Dijo el rubio casi en un susurro, Sergio asintió —Yo te deseo aún más. El pelinegro sintió como se le acortaba la reparación cuando sus labios se encontraron con los de su novio. Max pego sus cuerpos tanto como pudo, invadiendo su boca con su lengua e invitándolo a más. Pero está sensación no duro mucho. —Espera, hay algo más —Sergio se separó un poco para poder hablar—Leí que debemos tener una palabra de seguridad, en caso de que algo no nos guste y queramos parar. —¿Cuál debería ser?—Pregunto el rubio mientras que con su pulgar acariciaba la mejilla de su novio. —¿Arco?—Propuso el más bajo—No se me ocurrió una mejor. El rubio dudaba. —¿Qué te parece diana?—Propuso después de pensar tanto. —¿Cómo la diosa de la caza?—Pregunto Sergio con una sonrisa. ¿Era tan difícil escoger una palabra de seguridad? —Usa arco y flechas, como nosotros —Max se justificó. —Cupido también las usa—Señaló su novio. —Entonces que sea cupido—Max ansiaba terminar con esa conversación. Quería volver a besar los labios de su novio y mostrarle todo lo que había aprendido. —Bien, pero quiero que siempre seas honesto sobre lo que te gusta o te incómoda—Continuó el pelinegro casi como una advertencia —Y que tengas la confianza de decirme lo que sientes, incluso si esto te pone triste o feliz. Lo último ya no era tanto en el ámbito sexual, sino en su relación romántica y amistosa. A Sergio todavía la generaba intriga y preocupación la relación entre Max y su padre. Deseaba que su novio viera en él a alguien en quien confiar y pedir ayuda cuando sea necesario. —Lo prometo si tú lo prometes—Señaló el rubio. —Lo prometo—Respondió Sergio inmediatamente. — También lo prometo—Dijo Max para después volver a juntar sus labios. El rubio de nuevo llevo sus manos a la cintura de su novio, acariciándolo lentamente y sintiendo como su respiración se tensaba al mismo tiempo que sus besos se intensificaban. Caminando lentamente hasta la cama, Max recostó a Sergio sobre está y se colocó encima de él, siendo atrapado por sus piernas. El rubio se acercó de nuevo a su rostro, pero se detuvo a mirarlo con cierta devoción que derretía el corazón del pelinegro. —¿Puedo tocarte?—La pregunta de Sergio lo hizo sonrojar aún más, no esperaba que dijera algo y mucho menos eso—Yo quiero que me toques, pero deseo saber si quieres lo mismo. Max asintió todavía colorado y acercó su rostro a sus labios, besándolo tiernamente. Podía sentir la respiración agitada de su novio cuando una de sus manos comenzó a tocar su abdomen. Sergio coloco una de sus manos en la cintura del rubio y acarició parte de su espalda. Y la otra la llevo a su pecho, tocándolo sobre la tela de su playera. Max se recostó a su lado, la posición en la que se encontraba pronto había resultado incómoda y necesitaba espacio para hacer lo que quería. Una vez al lado de su novio, el rubio volvió a buscar sus labios, invadiendo su boca con su lengua traviesa y juguetona. Con su mano tomaba el rostro de su novio, dándole pequeñas caricias. Y con la otra mano libre, comenzó a ser más atrevido. Tocando su abdomen y acercándose lentamente a aquella zona tan deseada. Sergio gimió en sus labios al sentir la mano de su novio tocando su miembro hasta ponerlo erecto. El rubio pasaba sus dedos sobre la tela, tocándolo con deseo pero al mismo tiempo con cuidado. Sabía que no debía desesperarse. Sin embargo, no pudo evitar bajar más su mano y recorrer su miembro desde los testículos hasta la punta, notando como se humedecía bajo su toque y manchaba su ropa interior. Deseaba quitarle esos pantalones cortos que apretaban la erección de su novio. Sergio apenas podía corresponder a sus besos. La mano de Max lo desconcentraba completamente. Y de pronto soltó un gemido de placer al sentir como su mano apretaba su miembro sobre la tela. Sus piernas comenzaron a temblarle un poco, deseaba más, mucho más. Tomo de la playera al rubio y junto sus labios en un beso más desesperado, para después separarlo un poco de su cuerpo. Fue entonces que Max observó como comenzó a bajar aquella pantalones cortos, mostrándose en sus boxers azules notablemente manchados por su líquido preseminal. El rubio a bajar por completo sus pantaloncillos, mientras que Sergio terminaba de quitarse su playera. Cuando lo vio medio desnudo, Max no en hacer lo mismo. Quedando solo en ropa interior. Lo que no se esperaba, era que su novio llevará su mano hasta su miembro y comenzará a acariciarlo. Max gimió al sentir su toque. Ese actuar tan tímido de su novio iba a desapareciendo mientras aumentaba el calor entre ambos. Sergio comenzó a dejar pequeños besos en su cuello hasta llegar a su pecho, casi subiéndose sobre él. El rubio pronto busco sus labios, sintiendo como sus encuentros se volvían cada vez más provocativos. Gustaba de saborear cada parte de su novio, como si de su dulce favorito se tratase. Le encantaba escucharlo agitarse por él, gemir bajo su tacto. Su mano deseaba sentir la carne desnuda de Sergio, pero sus caderas también buscaban atención. Max se colocó entre las piernas de su novio y tomo su cintura con fuerza. Sergio lo observaba con atención, podía notar el bulto en la ropa interior de su novio, cada vez más mojado dentro de aquella tela blanca. El rubio se inclino un poco hacia delante, sosteniéndose con fuerza para comenzar a mover sus caderas contra las de su novio. Sergio comenzó a retorcerse debajo de él, sentía como sus miembros se rozaban sobre aquellas delgadas telas y se aprisionaban entre ellos para aumentar el placer. No pudo evitar llevar sus manos hacia el trasero de su novio, intentando pegarlo más a su cuerpo, si es que eso era posible. De pronto Max estaba casi por completo encima de él, con su respiración chocando en su rostro y gimiendo casi en su oído. El movimiento de caderas, su respiración y sus gemidos alaridos solo excitaban más al pelinegro. Sergio no podía más con esa tortura. Rozar sus cuerpos de esa manera le daba un placer poco conocido, pero no lo suficiente para satisfacerlo. Por otro lado, Max deseaba ir más allá con su novio. Pero sabía que eso era solo el comienzo y tenía que aprender más antes de dar el gran salto. Sin embargo, el pelinegro no estaba dispuesto a soportar más tiempo en aquella posición. Así que comenzó a bajar su ropa interior hasta liberar su miembro de aquella aprisionada tela. Una vez logrado su cometido, gimió al sentir el miembro de Max sobre el suyo. Era una experiencia diferente al estar tan expuesto. Max desvío la mirada páramo observar aquella que le había dado tal descarga de placer a su novio. Titubeó un poco cuando vio su miembro desnudo y necesitado siendo aplastado por el suyo. Aumentando sus deseos de tocarlo. El rubio se reincorporó, quedando de rodillas entre las piernas de su novio y con el boxer de este a medio bajar. Sin despegar la vista del rostro de Sergio, Max tomo la ropa interior del pelinegro y la deslizó entre sus piernas hasta quitarlo por completo. Sergio se apoyo en sus codos y acercó una de sus manos a las caderas de Max, tocando el elástico de su ropa interior e intentando bajarlo. El rubio sonrió ante esto. Podía ver el deseo de su novio tan sonrojado y ardiente sobre esa cama. Sin ánimos de hacerlo entrar en desesperación, Max comenzó a bajar su propia ropa interior y libero su miembro entre las piernas de su novio. Sergio se mordio el labio al observar la figura desnuda de su novio. Siendo cautivado por aquella piel pálida y sonrojada. Sin dudarlo llevo su mano hasta el miembro de Max y comenzó a tocarlo de arriba a abajo, notando como su respiración se agitaban y el líquido preseminal manchaba sus manos. De pronto Max tomo su mano y lo detuvo. —Pusiste tus reglas, ahora van las mías —Sergio lo miró expectante —No tengas miedo a mostrarme lo mucho que me deseas—Comenzó el rubio y su novio asintió —Y experimentemos por el momento, hasta saber que nos gusta o no. Entonces podremos hacerlo cuando estemos listos. Sergio acepto sin dudarlo. Ambos debían tener claro hasta donde llegarían esa noche. Max volvió a acostarse a su lado, y busco esos labios que tanto le gustaban. Pero sus manos eras más traviesas que antes, estimulandose el uno al otro, gimiendo contra sus labios. El pelinegro no dejaba de retorcerse bajo el toque de esa mano que había estado deseando tanto poseerlo. Y el rubio se excitaba con la imagen de su tímido novio subiendo y bajando sobre su gran erección. Los dos estaban tan excitados que sus manos se resbalaba sobre la piel del otro. Entonces Max incremento el ritmo, algo que imitó su novio. Apretándolo, cuidandolo de no lastimarlo, la mano del rubio se llenó de la excitación del pelinegro. Pero esto solo motivo a Sergio a terminar de complacer a su novio, moviendo su mano con mayor rapidez y devorando su boca hasta darle un pequeño mordisco en su labio inferior. Max llegó al éxtasis en ese instante, manchando de la misma forma la mano de su novio. Ambos sonrieron torpemente al haber sido satifacidos el uno por el otro, y pronto sus labios se volvieron a encontrar. Esta vez menos desperados, pero el sabor de la sangre de Max impregnó la boca de Sergio. Sabiendo que lo había lastimado. —Lo siento, no fue mi intención —Susuró el pelinegro, pero, en respuesta, Max volvió a juntar sus labios tiernamente. Y cuando se separaron, no hacían más que admirarse el uno al otro. —Deberíamos limpiarnos —Propuso Max mientras miraba el desastre que habían hecho. Ambos jóvenes caminaron hacia el baño. Planeaban solo lavarse las manos, pero el calor se avivó de un momento a otro. Entraron a la ducha y comenzaron a besarse mientras el agua caía sobre ellos. Max acariciaba las piernas de Sergio, y este último se aferraba a su cuello. De pronto escucharon algo que los alertó. Max, el perro, comenzó a ladrar por toda la casa y rasgar la puerta del pelinegro. Sergio, confundido, decido salir para ver qué pasaba. Cuando salió del baño, escucho un ruido familiar que provenía desde la calle. Al asomarse por su ventana, vio la furgoneta de su padre estacionada frente a la casa. Asustado, escucho como el portón se cerraba. No había mucho que pudiera hacer, y el tiempo se le acababa.
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