La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Novio o hater

Ajustes
Max comenzó a ponerse nervioso al notar lo mucho que tardaba su novio. Salió del baño para ver que estaba pasando y lo encontró viendo en la ventana. —¿Qué pasa? —Dijo el rubio. Sergio entonces pegó un brinco del susto, se giró y puso su mano en la boca de su novio. —Silencio, puede escucharte—Respondió Sergio todavía manteniendo su mano en sus labios. Max pronunció palabras que no se pudieron entender. —Tienes que irte—Continuo el pelinegro —Debemos buscar la manera de sacarte de aquí sin que te vea. Max pronto entendió a qué se refería cuando escuchó ruidos en la planta baja de la casa. Asintió rápidamente y Sergio le ayudo a levantar su ropa. Encontró sus boxers y comenzó a ponérselos. Todo iba bien hasta que escuchó como el padre de su novio tocaba la puerta de su habitación. —Hijo, ya llegué —Anunció el mayor del otro lado de la puerta—Te traje cena, baja conmigo. El rubio se asustó tanto con esto que terminó tropezando con sus propios pies y cayendo al suelo sobre sus rodillas. Max ahogo un grito de dolor al sentir las manos en su novio en su boca. —¡Ay!— dijo Sergio intentando disimular que fue él quien se cayó. —¿Hijo? ¿Estás bien? ¿Te pasó algo?— Don Toño lo bombardeo con muchas preguntas al mismo tiempo que ponía su mano sobre el pomo de esta, listo para abrir. Para su buena suerte, el pelinegro había puesto el seguro y, por más que su padre intentara abrir la puerta, no iba a ceder. —No pasa nada—Sergio se apresuró en responder —Me tropecé y me caí, pero estoy bien. En un momento bajo. —¿Viste lo que hizo Max? —Esta pregunta tenso a Sergio —Mira los rasguños debajo de tu puerta, ¿Qué le pasa? No es normal en su comportamiento. —Ahorita lo veo, deja que termine de cambiarme—El pelinegro necesitaba desesperadamente terminar con esa conversación. Max comenzó a levantarse del suelo sin hacer algún ruido. —¿Cambiarte?— Sergio se asustó un poco al sentir que se delató— Espero que no tengas las ventanas abiertas, el clima es muy fresco y no quiero que te enfermes. Ambos jóvenes se miraron aliviados. Después de esto Don Toño bajó las escaleras y se fue a la cocina, el pelinegro finalmente pudo respirar. —Termino de vestirme y me voy— Dijo Max cuando finalmente sintieron un poco de paz. —Tendrás que salir por la ventana —Respondió Sergio, algo que lo dejó anonadado. —¿Por la ventana? — Comenzó el rubio —Estás bromeando, ¿No?— Al ver que su novio hablaba en serio, titubeó al continuar— Amorcito, tú no me harías eso. —No tenemos más opciones, Max—Dijo Sergio todavía nervioso. —¿Max? ¿Ahora me vas a llamar por mi nombre? ¿Después de todo lo que hicimos?—Reclamó el rubio sumamente indignado. Sergio hizo una expresión cansada, no planeaba discutir más. —Mi león, tienes que irte antes de que mi padre haga más preguntas —Insistió el pelinegro mientras lo orillaba hacia la ventana que daba al patio y que enfrente tenia un gran árbol lo suficientemente fuerte para sostenerlo. —¿Por qué no simplemente bajo y salgo por la puerta?—Insistió el rubio, no quería confesar el miedo que tenía por caer —Amorcito, está muy alto. Me voy a lastimar. —¿Eres tonto? ¿Cómo le voy a decir que estuviste acá arriba conmigo todo este tiempo?— Sergio no escuchaba los lloriqueos de su novio. —Mira cómo me llamaste—Señaló Max de nuevo indignado. —¿Qué se supone que esperas que le diga?— Comenzó el pelinegro intentando no alzar la voz—¿Que estabas aquí arriba manoseándome? —Tú fuiste quien me invitó a venir para manosearte—Le recordó el rubio. —¿Sergio? ¿Esta todo bien?—La voz de Don Toño se escuchaba fuerte desde el piso de abajo, esto los tenso de nuevo. —Hablamos de esto mañana, por favor, mi león —Insistió Sergio —Debes irte ya. Max se dio cuenta de que ni siquiera le estaba dando espacio a vestirse. Se había quedado en ropa interior. —No me harás bajar medio desnudo ¿Verdad?—Al notar la expresión de su novio, el rubio sabía cuál era la respuesta. Tiempo era lo que no tenían, y Sergio se aseguró de ver que Max bajara cuidadosamente por aquel árbol. Después de esto, y ante los llamados de su padre, el pelinegro dejo caer la ropa de Max hacia el patio. El rubio se apresuró en recogerla, pero pronto se encontró con su mayor enemigo. Cuando Max levantó la mirada, su canino enemigo lo observaba como si lo estuviera retando. El rubio comenzó a ponerse sus pantalones intentando no alertar al perro, era como si Max, el canino, supiera que su enemigo humano estaba haciendo algo malo. El perro se movió como si estuviera a punto de ingresar a la casa por la puerta del patio. Fue entonces que Max terminó de ponerse el pantalón y sus tenis, solo faltaba la playera que estaba muy cerca de las patas de aquel camino con sonrisa tan traviesa. El rubio caminó lentamente para poder alcanzar la prenda, sin embargo, Max, el perro, la tomó con su hocico y salió corriendo alejándose de él. Max, el humano, rápidamente comenzó a perseguirlo y, cuando finalmente se lo pudo arrebatar al animal, los roles se habían invertido. A Max, el perro, no le había gustado que le quitaran su juguete. Así que comenzó a perseguir al rubio por todo el patio mientras ladraba. Sergio terminó de vestirse y, mientras bajaba las escaleras, escuchó todo el escándalo que provenía del patio —¿Qué pasa con Max?—Pregunto Don Toño al percatarse de tal escándalo. —Saldré a ver qué está pasando—Respondió el pelinegro mientras abría la puerta del patio y salía a observar tal escenario. Max, el humano, había optado por escaparse saltando la barda que separaba el patio trasero de la casa de su novio a la calle. Tenía medio cuerpo arriba cuando Sergio lo vio peleando con su perro. —¡Controla a tu animal!— Gritó el rubio antes de finalmente salir de la casa de su pareja. Max terminó de vestirse y salió casi corriendo hacia su casa. Por suerte no había nadie en la calle que tuviera presenciado tal momento vergonzoso. El pelinegro estaba confundido por lo que acababa de ver, pero solo se limitó a llevar a Max, el perro, adentro de casa y cerrar bien la puerta. Pero su corazón casi se detuvo cuando se dio cuenta de que no estaba solo. —Tienes suerte de que tu padre no se haya levantado —Dijo Sophie mientras se levantaba del sofa —¿Sabes lo mucho que me asusté cuando no te encontré en tu habitación? ¿En donde estabas? —Mamá, yo...—Max no pudo terminar de hablar porque su madre paso su mano sobre su cabello todavía húmedo. —Tu cabello está mojado, pero tu ropa seca—Continuó la mujer—Y hueles diferente. Te bañaste pero no aquí—Entonces notó la expresión preocupada de su hijo y suspiró profundamente —Max, si tienes una novia debes decirme y tendremos la charla. Aunque supongo que ya estás aventurandote. —Mamá, no es lo que crees...—Comenzó Max, pero sintió como su madre lo escaneo con la mirada. — Súbete el cierre—Dijo su madre, algo que lo hizo cerrar los ojos avergonzado —Hablaremos de esto mañana. Ve a dormir, y no escapes más. El rubio obedeció, subiendo las escaleras sin poder mirar a su madre a los ojos. A la mañana siguiente, Sergio estaba fuera de su casa esperando que su novio pasara por él. Sonrío al ver como el rubio salía de su casa cerrando la puerta tras de sí y comenzando a caminar bajando la calle. Estuvo a punto de saludarlo alegremente cuando notó su expresión dura en su rostro. Además, Max comenzó a caminar al lado contrario de la calle donde estaba Sergio y este último no tuvo más opción que correr tras él. —Oye, ¿Por qué te vas así?—Pregunto Sergio mientras lo tomaba de la mano. —¿Vas a volver a tirarme por tu ventana?—Reclamó el rubio mientras se libraba del agarre de su novio —Mejor ve y abraza a tu perro. Sergio sonrió divertido al ver cómo seguía molesto con su mascota. —Mi amor, deja de pelear con Max—Comenzó Sergio mientras lo arriconaba contra la pared de una casa cercana —Mejor dame un beso y hablemos de lo que hicimos anoche. El rubio se puso rojo como un tomate al recordar su travesura. —No—Max hizo uso de toda su fuerza de voluntad para escapar de su novio —Se me astillaron cuando baje del árbol, tu perro casi me muerte y no he dejado de estornudar por salir casi desnudo de tu casa. El pelinegro se sintió muy mal al escuchar esto. Habían sido decisiones desesperadas y apresuradas en un momento inesperado. — Perdóname, por favor—Comenzó Sergio mientras tomaba su mano con delicadeza —Lamento haberte hecho bajar medio desnudo por la ventana. Sus dedos apenas se rozaban, y Max lo miraba con atención. Esos ojos cafés,con un poco de verde, tan bonitos, lo miraban con una expresión de arrepentimiento genuino que hacía revolotear su corazón. —Esta bien...—Dijo Max apunto de jalarlo hacia él para robarle un beso. Pero esto no pudo ser así debido al claxon de un auto que buscaba llamar la atención de ambos. Rápidamente separaron sus manos cuando vieron la furgoneta de Don Toño, y este no venía solo, Max, el perro, estaba a su lado. —Suban muchachos, los llevo—Ofreció Don Toño estacionandose cerca de ellos. Los jóvenes se apresuraron a subir a esta y pronto llegaron a la cafetería del padre de Sergio. —¿Qué hacemos aquí?—Pregunto el pelinegro viendo celosamente a la chica que estaba esperando la llegada del dueño. Kelly, si, ella. Sergio había escuchado su comentario sobre Max y no le agrado para nada. — Ayúdenme a bajar unas cosas y rápidamente los llevo a la escuela —Dijo Don Toño mientras bajaba del auto. —Sabia que no era un viaje gratis—Se quejó Sergio. —Claro suegrito—Susurró Max mientras sonreía y el pelinegro le pego en el brazo para que se callara. Ambos jóvenes ayudaron a Don Toño a bajar todo lo que necesitaba. Kelly los observaba con atención, pero sus ojos se posaban continuamente sobre Max. — Déjeme ayudarlo con esto—Max se ofreció a ayudar a Don Toño con una caja pesada que llevaba el mayor. —Gracias Emilian—Dijo Don Toño sonriendo. —¿Emilian? Creí que se llamaba...—Comenzo Kelly, pero rápidamente fue interrumpida. —Vienen clientes —Respondió Sergio intentando desviar su atención. —Hoy hay mucho que acomodar, vendré por la tarde para ayudar a los muchachos—Dijo George saliendo de la cocina. En ese momento el joven castaño se encontró por primera vez con el hijo del dueño, a quien no había tenido la oportunidad de conocer. Le pareció lindo pero un poco serio para en comparación a su jefe, quien solía ser muy sonriente y amable con ellos. —Ya debemos irnos—Sergio se impacientaba cuánto más veía como la chica del mostrador le prestaba atención a su novio. —En un momento hijo, dejaré a Max en el patio—Dijo Don Toño mientras caminaba con el perro. —No te preocupes, papá, hay un parada de autobús cerca—Insistió el pelinegro —Ma... Emilian y yo ya nos vamos o se hará tarde. Nos vemos. Sergio tomó a Max del brazo y lo saco casi arrastrándolo de la cafetería. Cuando ellos salieron, no se percataron de que la madre de Max iba entrando y los vio salir. Pero también se dio cuenta de que la chica del mostrador, Kelly, le había prestado especial atención a su hijo. —Amorcito, ¿Qué pasa? ¿Por qué corremos?—Pregunto Max mientras su novio continuaba con paso firme y veloz. —No quiero que ella te esté viendo —Confesó un celoso Sergio —Le pareces lindo, ¿Por qué te queda viendo tanto? Solo yo puedo verte así. Max iba a responder algo, pero el autobús llegó y ambos subieron. Se sentaron hasta atrás, el uno junto al otro. El vehículo iba casi vacío, teniendo unos cuantos pasajeros aparte de ellos. Sergio envolvió la mano de Max con la suya y la acercó a sus labios para darle un dulce beso. Por su parte, el rubio se giro a verlo y con su mano libre lo tomo de la barbilla para acercarlo a él y juntar sus labios. El contacto fue corto pero efectivo. Dicha acción hizo sonreír al pelinegro, quien se recargo en el hombro de su novio durante todo el viaje. Una vez que Max dejo a Sergio y se despido de él con otro beso, camino hasta la parada del autobús y se fue a la escuela. Cuando Sergio llegó a su salón, se llevó la sorpresa de que los Eagles estaban teniendo una pequeña reunión en lo que empezaban las clases. —¿Es cierto que te llevas con alguien de los Lions?—La pregunta de Carlos lo dejo atónito. Y ahí estaba el chismoso: Óscar. Sergio no sabía que responder, y esto no pareció gustarle a su amigo.
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