ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Dulce lluvia

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—Sí—Respondió Sergio sin titubear—Mi relación con él inicio antes de saber que era de los Lions, así que no debe haber problema alguno. Carlos se asombro por la firmeza de sus palabras. Sin embargo, no flaqueo en su rol de líder. —No podemos ser amigos de ellos—Respondió el castaño. Sergio sonrió molesto. —No soy una extensión tuya—Se defendió el pelinegro —Si crees que puedes hacerme escoger, te llevarás una sorpresa con mi respuesta ¿Quieres intentarlo? A pesar de que Carlos era el líder de los Eagles, Sergio sabía bien que él era un elemento igual de importante en el equipo y no se dejaría intimidar. Durante el entrenamiento, Sergio no pudo evitar sentir que había cierta tensión con su amigo y líder Carlos. Sin embargo, decidió ignorar lo molesto que este estaba. Si realmente eran amigos, lo superaría. Ansiaba que las horas pasaran para finalmente regresar a su casa y pasar el rato con su novio antes de que llegara su padre. Lamentablemente, Carlos no parecía tener intención de dejarlo solo. Lo había acompañado hasta la cafetería de su padre y estuvieron platicando un largo rato. A pesar de que estuvieran actuando con normalidad, el pelinegro no pudo evitar estar molesto con Óscar; quien atendía el mostrador alegremente e ignoraba los problemas en los que le había metido. Carlos se levantó para ir al baño y Sergio aprovechó este momento para acercarse hacia su otro compañero, quien platicaba felizmente con Pato. —Oye, Óscar —Comenzó el pelinegro llamando la atención de ambos —Entonces, ¿Kelly ya es tu novia? Óscar lo miró con una cara de espanto y vergüenza ante la idea de que lo juntaran con su compañera. Principalmente porque dañaba el poco trabajo que había logrado con Pato. Este último hizo una mueca de tristeza e incomodidad. —¿Son novios?—Preguntó Pato en un tono más bajo de lo normal —¿Por qué no lo habían dicho? —No... Yo y ella... No...— Óscar no sabía que decir, pues todavía se sentía aturdido por las declaraciones de su amigo. —Pero si aquel día dijiste que era tu compañera favorita y que te gustaba pasar tiempo con ella— Sergio no quitaría el dedo del renglón. Estaba muy molesto por su intromisión en su relación con Max y quería que supiera lo que sentía. Óscar comenzó a negar con la cabeza, pero el constante ataque lo hacía permanecer en shock. —Las galletas de mantequilla ya se terminaron, iré a la cocina por más— Pato busco una excusa para escapar de ahí. Realmente creía que podía tener algo con Óscar, pero las declaraciones de Sergio habían apagado sus ánimos. —¿Qué fue todo eso?— Reclamó Oscar —¿Por qué dices tantas mentiras? —¿Por qué le contaste a Carlos sobre Max? —Sergio no se iba a dejar, meterse en su relación era algo que no perdonaba—Te advertí que no te metieras conmigo. —Solo le dije que los vi juntos ese día—Se defendió —Además, yo no mentí. A diferencia de ti estás haciendo todo para arruinar lo que tengo con Pato. —Retráctate sobre lo que dijiste de Max y yo lo haré sobre lo de Kelly —Ofreció el pelinegro manteniéndose firme sobre su decisión. —Esto es tan injusto —Se quejó el más alto —Entonces debiste pensarlo antes de hablar sobre Max y yo— Le recordó Sergio —Estoy siendo amable porque fuiste tú quien se metió en esto en primer lugar. Si quieres que continuemos peleando, entonces le diré a Pato que te vi besarla. —No es justo que digas tantas mentiras y te salgas con la tuya —Volvió a quejarse el más joven. —¿Qué se siente que alguien se meta constantemente en tu vida sin haberla invitado? —Sergio estaba sumamente molesto y Óscar se dio cuenta que no podía ganar esa discusión. Había causado un límite y ahora debía arreglar las cosas. —Solo hice lo que creí que era correcto para el equipo— Comenzó Óscar finalmente cansado —Pero me retractaré. Le diré a Carlos que vi mal, que lo confundí, lo que sea. No sé si me crea, pero, por favor, dile la verdad a Pato. A Sergio no le gustaba ser el malo de la película, pero su relación con Max estaba sobre todas las cosas en ese momento. Si sus amigos eran realmente sus amigos, no lo harían escoger. Carlos regreso del baño sin percatarse de todo el drama que había ocurrido en su ausencia. —Carlos, ¿Podemos hablar un momento?— Óscar lo llamó y el líder de los Eagles no se negó —Quiero disculparme por una mala broma que hice. En realidad, fue una apuesta. Le dije a Sergio que no podría enfrentarse contra ti cuando se trataba de los Lions. —Queríamos ver cómo reaccionabas—Sergio le siguió la corriente para hacerlo más creíble —Pero nada de lo que dijo ocurrió. No tengo ninguna amistad con alguien de los Lions. Carlos se quedó inmóvil, como si todavía estuviera procesando lo que acababan de decirle. No les creía, a ninguno de los dos. Sergio había demostrado una fiereza al defender su amistad con un Lion. Y no reconocía en su amigo a un buen actor. Así que esta repentina “Broma” no la compró. Sin embargo, aunque nunca mencionó el nombre de la persona involucrada, sabía bien que se trataba de Max. La idea de que el rubio estuviera merodeando alrededor de su amigo lo molestaba. No le bastaba con haberle robado a su novio, ahora quería robarle a su mejor amigo y arquero. Lo suyo con Max era más allá de lo personal, y le dolía ver que Sergio estaba muy aferrado a su amistad con este. Aunque reconocía que era su error por no haberle advertido sobre Max, y su naturaleza desafiante y manipuladora. Pero si había alguien que conocía a Max, ese era Sergio. Y el rubio arquero de los Lions que siempre se mostraba inalcanzable, no era más que un joven enamorado que se derretía por cualquier cosa que le dijera a su novio. La verdadera naturaleza de Max solo la conocía Sergio. —Está bien, pero no vuelvan a hacer eso— Les advirtió Carlos fingiendo creerles —Todo saben que no me gustan esas bromas. Me tomo muy en serio mi rol de líder y espero que ustedes entiendan la responsabilidad de ser parte de este equipo. Ambos jóvenes asintieron y Sergio le hizo una señal a Óscar para que se fuera a la cocina —Iré por Max —Comenzó el pelinegro, tensando al castaño que rápidamente recordó al canino—El cielo está comenzando a nublarse y quiero llegar a mi casa antes de que empiece a llover. No pienso quedarme atrapado en esta cafetería toda la tarde. —Yo también debería irme—Dijo Carlos— Necesito descansar un poco, ha sido un día difícil. Al castaño le sentaba mal tener que ver hacia otro lado cuando se trataba de sus sentimientos. Las acciones de Max lo habían lastimado en el pasado y no quería lo mismo para Sergio. El pelinegro caminó hacia la parte de la cocina de la cafetería, no sin antes despedirse de su amigo quién se marchó. Como no había clientes, era muy probable que no hubiera tanto movimiento esa tarde debido al clima. Óscar se detuvo en el marco de la puerta cuando observó como Pato colocaba lentamente las galletas sobre una charola. Se miraba sumamente desanimado. Las palabras de Sergio habían ido demasiado lejos. Cuidadosamente se acercó a él, intentando no sobresaltarlo. —¿De verdad le creíste? —Comenzó Óscar cuando se puso a su lado y Pato ni siquiera volteó a verlo— Es mentira. Todo lo que estaba diciendo era un juego. —¿Entonces están jugando con Kelly?—Preguntó Pato todavía confundido ante esa explicación. —Nadie está jugando con ella —Dijo Sergio interrumpiendo —Solo estaba molestando a Óscar. Era un tonto juego. No era verdad Pato se tensó un poco y se puso algo nervioso. Por un momento quería sonreír de lo feliz que estaba al saber que era mentira, pero, por el otro, temía delatarse. —No entiendo por qué me dan estas explicaciones —Pato titubeó un poco al hablar —No es como si yo fuera importante o algo así. Estaba tentando el terreno. Quería ver cómo reaccionaba Óscar ante sus palabras. —,Pero sí lo eres —Dijo el más alto y pronto se puso rojo al haber soltado eso sin siquiera pensarlo. —Eres un elemento importante para esta cafetería, así como Kelly, Óscar y George —Intervino Sergio salvando su pellejo —Se necesita un buen ambiente laboral y bromas como esas no son buenas, generan confusión y molestia. Lo lamento mucho, no volverá a pasar. —Gracias —Dijo Óscar un poco más tranquilo. —Pasaré por Max y me iré —Continuó Sergio— Parece que esta tarde no habrá mucho movimiento, así que se quedarán solos. Cualquier cosa, pueden llamar a mi papá o a mí. El pelinegro pasó hacia la parte del patio y le puso su correa a su amigo canino. Se despidió con un saludo a los jóvenes y salió de la cafetería rumbo a su casa. Por otro lado, Max se había sentido solamente decepcionado de no poder ver a su novio después del entrenamiento. Sergio le había mandado un mensaje avisándole que Carlos no lo había dejado solo todo ese tiempo. La intromisión de Carlos le llamó la atención y lo molesto. ¿Por qué Carlos de pronto se interesaría en pasar todo el día con Sergio? ¿Acaso su estúpida idea del engaño lo había llevado a plantearse la posibilidad de regresarselo con Sergio? ¿Quizá querría meterse en su relación para vengarse por lo de Lando? Por algo que ni siquiera había hecho. Intentó distraer su mente yendo al centro comercial. Al mismo donde Sergio y él habían ido en su primera salida juntos. Iba caminando cuando pasó cerca de una tienda de decoraciones para el hogar. Le había llamado la atención porque tenía una zona donde habían figuras de cerámica. Recordó las pequeñas figuras que tenía la madre de Sergio, principalmente aquella que su novio le había regalado por haberlo ayudado a desempacar sus recuerdos más preciados. No dudó en entrar en aquella tienda y buscar algo que pudiera regalarle a su pareja. Se emocionó mucho cuando encontró una figura de gato muy parecida a la que le había regalado. Solo que este en lugar de ser naranja, era negro. El pequeño minino color negro era perfecto para complementar la pareja de su gatito naranja. Tan bonito y pequeño, le recordaba a su novio. Así que lo compró inmediatamente. Guardó la pequeña bolsa de compras en su mochila y decidió irse a casa. Mientras caminaba notó como pequeñas gotas de lluvia comenzaron a caer. Pero para su buena suerte, pudo alcanzar un autobús que lo dejaría cerca del parque. Cuando llegó la lluvia se hizo presente, y recordó que esa mañana su mamá le había guardado una pequeña sombrilla plegable en su mochila. La sacó rápidamente y la extendió, cubriendo su cuerpo para evitar que la lluvia cayera sobre él. Es así como continuó su camino a casa. Sergio y Max, el perro, iban a paso apresurado cuando la lluvia los alcanzó. Comenzaron casi a correr para llegar más rápido a casa. De pronto, en una esquina su camino se cruzó con el de su novio, quien iba distraído viendo la lluvia caer. Sus cuerpos casi chocan y, cuando Max lo reconoció, lo jaló de la cintura pegándolo a él y cubriéndolo con la sombrilla. Sergio se abrazó instintivamente al cuerpo de su novio, y sonrío al verlo cerca que estaban el uno del otro. —Amorcito, ¿Qué haces aquí? —Dijo Max cuando observó su cabello mojado —Debes de tener cuidado, la lluvia puede enfermarte. El pelinegro hizo caso omiso a sus palabras, en su lugar cortó el poco espacio que quedaba entre ellos y junto sus labios. Max no dudo en corresponderle, y mucho menos en profundizar el beso. No fue hasta que Max, el perro, lo empujó ligeramente con sus patas. Ambos jóvenes se habían quedado tan absortos el uno en el otro, que no se percataron cuando la lluvia se intensificó. —Vamos a mi casa—Dijo Sergio cuando se separaron. El rubio sonrió inmediatamente y envolvió su mano con la de su novio, para después comenzar a caminar hacia la casa de este. Llegaron rápido debido a que la lluvia los hizo apresurarse. Una vez dentro, Sergio le dio de comer a su amigo canino y ambos jóvenes subieron a la habitación del pelinegro. —Antes de que lo olvide —Comenzo el rubio mientras tomaba su mochila y la abría para sacar la bolsa de compras—Es para ti. Sergio, quien estaba secando su cabello con una toalla, lo miró muy emocionado. Arrojó la tela aun lado y tomo su obsequio para ver qué era. —Es un gatito—Dijo el pelinegro observando la figura —Es como el que te di. —Pero este se parece a ti—Comenzo Max mientras se acercaba a él —Con tu cabello negro y tus ojos bonitos. Sergio sonrió ante esto y rubio corto el espacio entra ambos para juntar sus labios en un dulce beso. —Gracias—Dijo el pelinegro todavía sonriente —Lo pondré en medio de todos, ahora él será el líder. Sergio se levantó de puntitas para alcanzar aquel estante y colocar la figura gatuna. —El líder del ejército de gatos e iguanas —Completo el rubio mientras lo abrazaba por la cintura. De pronto sintió como Sergio volvía a su posición original y comenzaba a desabotonar su camisa. Max no pudo evitar darme un pequeño beso en su cuello, provocando un escalofrío en su novio. —Estoy cambiándome porque mi ropa está mojada—Aseguro el pelinegro mientras sentía como las manos de su novio recorrían su abdomen —Max, mi padre podría venir en cualquier momento. —Te ayudo a desvestirte—Susurro el rubio en su oído, para después comenzar a besar su cuello. Sergio comenzó a dejarse llevar por aquella agradable sensación que provocaban los besos y caricias de su novio. Sintiendo un calor que necesitaba ser atendido. Max movía instintivamente sus caderas sobre el trasero de su novio, sintiendo como su excitación iba subiendo hasta ponerse duro. El rubio gimió sobre el cuello del pelinegro, y sus manos comenzaron a buscar el cierre de su pantalón. Mientras que Sergio ponía sus manos en las piernas de Max, acariciándolo mientras se movía contra su cuerpo. —Tócame, por favor —Rogó el pelinegro. El rubio lo hizo girarse hacia él, y atacó sus labios con un atrevido y obsceno beso, sintiendo como su lengua invadía su boca y lo invitaba a más. Fue tan invasivo e intenso, que casi los dejo sin aire. —Hoy quiero hacer algo distinto —Dijo Max mientras ponía su mano sobre el duro miembro de su novio— Ten paciencia, yo también soy nuevo en esto. El rubio le dio un corto beso en los labios, y después comenzó a bajar hasta quedar de rodillas en el suelo. Sergio lo miraba con atención, su mente se hizo a la idea de lo que estaba a punto de ocurrir y no sabía si eso llegaría más lejos.
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