Hímero apostador
22 de diciembre de 2025, 18:51
Habían pasado un par de días desde lo ocurrido en aquella triste tarde.
Durante este tiempo el rubio sintió como un espacio crecía entre él y su ahora ex novio.
Su madre no hizo más preguntas respecto a su ex pareja, pero buscaba, de todas las maneras posibles, hacerle saber a su hijo que no tenía algún problema por su atracción a los hombres.
Esto le había quitado un gran peso de encima a Max. Y si bien su relación con su padre no había mejorado, y por más preguntas que le hacía su madre respecto a sus golpes, el joven decidió no decir nada sobre lo que le había hecho.
Lo último que quería era preocupar a su madre, prefería soportar los golpes que verla llorar.
Así que optó por esa decisión, creyendo que de esta manera la protegería de la crueldad de su padre.
Por otro lado, Sergio se había vuelto muy cercano a Charles. Este siempre lo iba a traer a su casa y lo dejaba en la cafetería de Don Toño.
Esta cercanía comenzó a incomodar a Carlos, quien veía como su mejor amigo y su ahora expareja pasaban casi todo el día juntos.
Todo lo hacía el uno con el otro. llegar al colegio, hacer los deberes, desayunar y practicar. Para al final verlos marcharse, una vez más, juntos.
Carlos era demasiado orgulloso para admitir que extrañaba a Charles. Pero había una parte de él que se negaba a soltar a Lando.
Era como si creyera que en el fondo podrían regresar y retomar su relación. Pero ni siquiera estaba seguro si el Lando que ahora existía era el mismo que él había conocido.
Pero para otros, el dilema del amor apenas comenzaba. Logan intentaba acercarse a Pato, pero siempre había un inconveniente y rápido se dio cuenta de quién se trataba.
Todas las veces que había ido a esa cafetería en los últimos días se dio cuenta de que el compañero de este, Óscar, quien también formaba parte de los Eagles, no lo dejaba ni a sol ni a sombra.
Así que había sido muy difícil para él poder generar una conversación con el atractivo chico de la cafetería.
Pero ese día era sábado y sabía que los Eagles a veces practicaban los fines de semana.
Así que estaba casi seguro de que ese día Óscar no estorbaría en sus planes de conquista.
Cuando entro a la cafetería, tuvo la buena suerte de encontrarse a Pato completamente solo en el mostrador.
—Es tu oportunidad —Lewis, quien lo había estado acompañando esos días, le dio ánimos —Dile antes de que llegue el otro chico.
Logan se acercó hasta donde estaba Pato y vio como sacaba un bandeja de galletas vacía.
—George, ayúdame con esto, por favor —Pidió Pato, y con una sonrisa amable volteo a verlo —Buenos días, ¿En qué te puedo ayudar?
El joven rubio sonrió nervioso, pero respiro profundo antes de contestar.
—Un capuchino, y tu número, si es posible —Logan sentía que sus mejillas ardieron al decir esto.
Se había avergonzado de sus propias palabras.
Pato, quien estaba interesado en Óscar, había visto estancada cualquier oportunidad con este, todo gracias a su indecisión y relación extraña con Kelly.
Él le había dado todas las señales de que le gustaba, pero el joven parecía pasarlas por algo.
Esto lo llevo a pensar que realmente no estaba interesado en él.
—Solo si me gusta tu nombre —Pato decidió seguirle el juego, el joven era lindo y decidido.
—L-logan —Balbuceo algo nervioso.
Pato termino de servir su pedido y apunto su número en el envase.
—Nos vemos luego, Logan —Respondió haciéndolo sonreír de lo nervioso que estaba.
Logan se giro y señaló su gran logro, Lewis levantó el pulgar con aprobación y sonriendo por su amigo.
—Aquí traigo otra bandeja —Dijo George saliendo de la cocina con una bandeja de galletas recién hechas.
El delicioso aroma impregnó el lugar, pero aquel lindo chico llamo la atención del moreno.
Su cabello alborotado, la sonrisa amable y unos impresionantes ojos azules.
—¿Acaso en este lugar es requisito ser guapo para que te contraten?— Soltó Lewis sin despegar la vista de aquel joven.
Logan sonrió ante el comentario de su amigo y se dio cuenta de que más de uno se había enganchado por los empleados de aquella cafetería.
Para Sergio las cosas habían vuelto a ser como antes de que conociera a Max.
Llevaba su vida normal, estudiaba y se centraba en la competencia estatal. Sabía que su ex novio tal vez no la estaba pasando bien, pero había tomado la decisión de darle su espacio
Ellos ya no eran nada.
Estaba ordenando su habitación porque sabía que su amigo estaba en camino, iban a irse juntos para el entrenamiento de ese sábado.
Charles y él se habían hecho demasiado cercanos y les encantaba conversar todo el tiempo.
El timbre de su puerta sonó y bajó corriendo para abrirla.
Se asombró al darse cuenta de que la lluvia comenzó a caer y se apresuró a abrir la puerta del portón para dejar entrar a Charles.
El castaño estaba completamente empapado. Así que entró rápidamente a la casa de su amigo.
—Perdón por tardar tanto —Dijo Charles apenas se libró de la lluvia.
—No, soy yo el que te debe una disculpa —Sergio negó rápidamente —Te hice venir bajo la lluvia. Vamos arriba, te daré algo para que te seques y ropa para que te cambies.
Ambos jóvenes subieron las escaleras. Y mientras Charles se quitaba la ropa, Max, el perro, comenzó a lamer sus piernas como si quisiera quitar el agua de estas.
Esto provocó cosquillas en el castaño, que comenzó a reírse por el comportamiento del canino.
Las pocas veces que había convivido con el animal este se había mostrado muy amable y cariñoso con él.
Sergio lo había dejado solo para que se cambiara, pero Charles hubiera preferido lo contrario.
Era incómodo para él quedarse solo en la habitación de Sergio, sentía como si estuviera invadiendo su espacio personal.
Pero al mismo tiempo la observación lo ayudaba a conocer un poco más del joven.
Miraba todo lo que había a su alrededor, le pareció muy tierna la colección de las figuritas de cerámica.
Pero se entristeció un poco cuándo reconoció a su ex novio en una de las fotografías infantiles de Sergio.
El ligero toque de la puerta hizo sobresaltar al castaño.
—¿Terminaste? —Preguntó Sergio del otro lado de la habitación —Voy a pedir una pizza para que pasemos el rato.
Charles abrió la puerta y se mostró solo usando unos pantalones cortos que Sergio le había prestado.
—Me queda bien, ¿No? —Dijo el castaño viendo el confuso rostro de su amigo.
—¿Estás seguro de que no te vas a enfermar? —Preguntó Sergio dudoso por el clima frío.
—No te preocupes, estoy bien -Aseguró Charles —Entonces, ¿Pizza?
Y mientras los jóvenes pasaban el rato distraídos y conversando. Max estaba en su habitación escribiendo en su pequeña libreta.
Su madre le había dicho que cuando sintiera algo, ya sea alegre o triste, y quisiera expresarlo, conociéndolo mucho que se le dificultaba hablarlo, debía escribirlo y mostrarlo cuándo se sintiera listo.
Todo lo que llevaba escribiendo era sobre Sergio.
Lo mucho que lo quería, cuánto lo extrañaba.
Lo arrepentido que estaba, cuánto quería compensarlo.
Entonces se asomo por su ventana y observó la de Sergio. Había pasado tiempo desde la última vez que lo vio a través de esta.
Sorprendentemente, está vez el pelinegro lo hizo. Se asomo como si estuviera buscando algo, y vio como la oportunidad perfecta para ir a hablarle.
Solo le daría la libreta, le diría que la leyera cuando se sintiera listo y que él estaría esperando su respuesta, en caso de haber una.
Solo debía esperar a que la lluvia parara un poco.
—¿Podemos hacer el proyecto juntos? —Pregunto Charles mientras se sentaba en la cama al lado del pelinegro— Antes solía hacer todos mis trabajos con Carlos, ahora ni siquiera hablamos.
—Nunca lo olvidarás si continuas hablando de él —Comenzó Sergio girando para verlo —Hay algo que te tiene mal por él, ¿No?
Charles suspiro pesadamente.
—No he dejado de preguntarme ¿Por qué? —Dijo el castaño encogiéndose de hombros —No entiendo el por qué seguía pensando en él. Me ha hecho pensar que quizá no soy suficiente para nadie.
—Eso no es cierto —Sergio tomo su mano llamando su atención —Que Carlos no supere a Lando no tiene nada que ver contigo— Charles lucía poco convencido —Eres atractivo, amable, gracioso y sincero. Tienes que ver más allá de lo que crees que Carlos mira en ti. Tú no eres el problema.
Sin esperarlo, Sergio sintió como sus labios se encontraban con los de Charles.
Al principio se sintió abrumado y confundido, pero después tuvo un deja vu recordando a su ex pareja.
La forma en que Charles se adueñaba de su boca era tan familiar, como si él y su ex novio lo hicieran de la misma manera.
Esto llevo a que su cuerpo, instintivamente, le correspondiera.
El castaño profundizó el beso, notando que el pelinegro todavía le seguía el juego y buscaba provocarlo más.
Al ver que Sergio se aferró a su cuerpo, no dudo en recostarlo en la cama y con sus manos juguetonas comenzó a recorrer el cuerpo del joven.
Pequeños quejidos comenzaron a escapar de los labios de ambos. Algo que motivo más a Charles.
Sin embargo, Sergio se apartó de golpe.
—No, no está bien—Dijo el pelinegro recuperando el aliento —Creo que ambos estamos confundidos.
Sergio pudo ver el dolor en el rostro de su amigo, eso lo hizo sentir horrible. Este se levantó de la cama y se alejo un poco.
—¿Qué hago mal? —Fue lo primero que escapó de los labios de Charles —¿Por qué nunca es suficiente?
El pelinegro suspiro pesadamente sintiendo un malestar al ver a su amigo de esa forma.
—No hay nada malo contigo, es solo que ninguno de los dos esta listo —Comenzo Sergio mientras se sentaba —¿Por qué me besaste? ¿Por qué creías que así podrías olvidarlo?
Charles desvío la mirada, estaba avergonzado por la verdad en esas palabras.
—Lo siento, no debí hacerte eso —Dijo el castaño mientras unas lágrimas rodaban por sus mejillas — Últimamente no sé lo que hago, siento que todo lo que viví con Carlos es una mentira.
Sergio se levantó de la cama y lo tomo de los hombros.
—Lo amas ¿No?—Charles asintió —No hay mentira en tu amor, lo que él hizo será su cargo de consciencia.
Entonces el pelinegro cerro el espacio entre ambos, abrazandolo cálidamente y haciéndolo sentir seguro.
Charles comenzó a llorar mientras lo abrazaba, sintiéndose aliviado porque la reacción de Sergio no fuera mala y lo comprendiera.
La lluvia comenzó a detenerse poco a poco, haciendo que Max se preparara para salir corriendo a la casa de su ex novio.
Tomo su pequeña libreta y salió de casa, algunas gotas de lluvia todavía estaban presentes pero no le importaba.
Tocó el timbre, ya no se desesperaría tanto por tener una respuesta inmediata.
Un poco nervioso, intento controlarse mientras esperaba.
—Debe ser la pizza, con la lluvia todo se retrasa —Dijo Sergio cuando los ánimos se habían calmado.
—Yo bajo por ella —Se ofreció Charles, ya más sereno.
El pelinegro observó la poca vestimenta que traía.
—Deberías ponerte mi sudadera, toma —Sergio le pasó la prenda y el joven la tomo animosamente.
Bajo las escaleras y cuando estaba a punto de abrir, comenzó a ponerse la sudadera de su amigo.
Max se sorprendió cuando vio a Charles abriendo la puerta y acomodándose la ropa.
Entonces reconoció la prenda, era la misma que estaba usando la noche que lo arrinconó en aquella cancha y le robo un beso.
Muchas preguntas se agolparon en su cabeza.
¿Acaso sus sospechas eran ciertas?
¿Sus celos no habían fallado?
¿Charles y Sergio tenían algo?
¿Lo estaban haciendo y los interrumpió?
Por otro lado, Charles no supo cómo reaccionar cuando vio al rubio estrella de los Lions.
Era el ex novio de Sergio, pero ¿Por qué estaba ahí?
No podía evitar sentir resentimiento hacia la persona que había lastimado a su amigo.
Y también tenerle algo de envidia porque Sergio lo quisiera tanto como para evitar empezar algo con él.
—Hola— Charles intento actuar con normalidad —¿Vienes a buscar a Sergio?
Max bajo la mirada y observó su pequeña libreta, para después suspirar con tristeza.
—No, regreso en otro momento —El rubio no espero una respuesta, rápidamente se marcho.
Charles trago en seco, sentía que había hecho algo malo y no sabía qué. Pero decidió ignorar esas sensaciones y regresar con su amigo.
Max caminaba a toda velocidad hacia su casa, sus ojos se llenaron de lágrimas al saltar de una idea a otra.
Imaginar a su ex novio con otra persona era un pensamiento doloroso.
—¿Maxie? —Su madre lo miró sumamente preocupada, notando como su hizo comenzaba a llorar sin motivo aparente —¿Qué pasó?
—Lo perdí —Soltó el rubio —Perdí a Sergio.
Sophie quería abrazarlo, pero Max huyó a su habitación. Él no quería rendirse, pero no podía forzar a Sergio a escogerlo.
No cuando parecía estar tan bien en su ausencia.