La flecha dorada
22 de diciembre de 2025, 18:51
Charles regreso a la habitación de Sergio, había decidido no decirle lo que pasó para no alterarlo.
El pelinegro se lo había dicho, hablar de los ex novios hacía más difícil superarlos.
Ese día lo pasaron con tranquilidad, el entrenamiento se canceló por la lluvia así que pudieron estar bien sin ese dilema.
Sin embargo, Charles todavía se debatía si debía decirle o no.
Al día siguiente, Max no tenía ganas de nada.
La idea de que Sergio y Charles estuvieran en una relación no dejaba de dar vueltas por su cabeza una y otra vez.
Tenía que buscar la forma de averiguar si eso era verdad o si solo estaba siendo víctima de su propia imaginación.
No podía forzar a Sergio a escogerlo a él, pero sí podía recordarle todo lo que vivieron juntos y que aún valía la pena luchar por su amor.
La pequeña figurita de un minino anaranjado era el objeto que le recordaba cómo había iniciado todo.
No, él no era un cobarde y tampoco un perdedor. Sí, ver a Charles con esa sudadera la había lastimado, pero eso todavía no acababa.
Si tenía que tragarse su orgullo y relacionarse con alguien que detestaba, lo haría con tal de regresar con su ex novio.
Esa tarde salió de su casa y se dirigió a un lugar que no creería pisar otra vez.
Solo una vez había estado ahí, cuando Carlos, Lando y él todavía eran amigos.
Tocó el timbre y comenzó a mover su pie con impaciencia. Eso podía salir muy bien o terriblemente mal.
—Yo voy mamá —Escuchó al joven decir al otro lado de la puerta.
Carlos hizo una expresión de sorpresa al verlo, pero rápidamente se mostró errático ante la presencia del Rubio.
—Necesitamos hablar —Dijo el rubio sin dar rodeos a las cosas.
El castaño estuvo a punto de cerrar la puerta, pero Max lo detuvo con sus manos.
—¿A qué vienes a molestar? Y justo en mi casa —Se quejó Carlos al darse cuenta de que no era lo suficientemente fuerte para ganarle —No quiero verte, largo.
—Es sobre Charles y Sergio —El rubio se apresuró a hablar, esto relajo un poco al castaño —Creo que son novios.
Carlos se asombro por la sugerencia, pero no entendía por qué razón estaba tan interesado en ese tema.
Sí, Max tal vez era amigo de Sergio. Pero comenzó a sospechar que se traía algo más con el pelinegro.
—¿Y eso a ti que te importa? —Respondió el castaño fingiendo indiferencia —¿Qué pretendes con esto? Mejor corre con tu grupito y deja a mi equipo en paz.
Carlos aprovecho un descuido de Max y le cerró en la cara.
El rubio no insistió más, él había sido claro sobre lo que había pensado y, si tenía que hacerlo solo, entonces comenzaría a trabajar para recuperar a Sergio.
Por otro lado, el castaño se vio perturbado por la idea de que su ex novio y su mejor amigo tuviera algo.
Ya no era una duda personal, Max también lo había notado.
Quizá debería ser más observador e intentar averiguar si eso era verdad.
Al día siguiente, Carlos observaba como Charles y Sergio platicaban en el almuerzo.
Sonriendo y bobeando sobre cualquier tontería que pasará por sus mentes. Incluso parecían una pareja.
Durante las prácticas vio como Sergio acomodaba a Charles para mejorar su técnica.
Lo tocaba con tanta familiaridad que alteró los nervio del líder de los Eagles, pero se mantuvo sereno para evitar un escándalo.
A la salida, vio como ambos comenzaban a marcharse juntos y la espina de la duda volvió a doler, notando como él comenzó a seguirlos.
Carlos se había sentido sediento por saber la verdad. Ansioso por comprobar que era una mentira y no se trataba de una traición.
No por parte de Charles, sino por Sergio.
Por otro lado, Max se apresuró en tomar el autobús que sabía que Sergio usaría.
Cuando los vio subir, se tapó un poco con un libro y los observó sentándose el uno al lado del otro.
Sintió como alguien se sentaba a su lado, pero no le dio mucha importancia.
No hasta que se percató que esté individuo estaba igual de interesado por aquella presunta parejita enamorada.
—¿Carlos?—Pregunto Max en un tono bajo, evitando llamar la atención.
El castaño dio un pequeño brinco del susto que le provocó.
— Cállate, idiota—Susurró con molestia.
El rubio sonrió al darse cuenta de que estaban ahí por la misma razón.
—Entonces también lo crees, ¿No? —Respondió Max en el mismo tono.
Carlos lo miró con una cara de pocos amigos y se negó a responder su pregunta.
Sergio y Charles bajaron en la parada cerca de la cafetería de Don Toño. No se habían dado cuenta de nada.
Los dos ex novios celosos continuaban siguiéndolos, notando como Charles tomaba de la mano a Sergio y caminaban alegremente.
—Ese idiota —Max maldijo por lo bajo, el castaño se giro a mirarlo.
—No hables así de él, imbécil —Respondió Carlos empujándolo —Solo yo tengo derecho a enojarme, ni siquiera sé por qué sigues aquí.
El castaño estaba tanteando el terreno, necesitaba aclarar esa parte.
—Solo me preocupo por Sergio —El rubio mintió, su ex relación no debía quedar al descubierto.
—En eso tengo derecho de antigüedad —Aclaró Carlos, para este punto ya los habían perdido de vista.
“¿Derecho de antigüedad?” Pensó el rubio, recordando que eran las mismas palabras que Óscar había usado al reclamar a Sergio.
—¿Cuál derecho de antigüedad, imbécil?—Respondió Max, más guiado por la rabia que por la razón —Yo tengo más derecho que todos ustedes juntos.
La naturaleza territorial de Max se hizo notar.
El castaño creía que el rubio estaba interesado en Sergio, y quizá tenía razón.
—No tienes derecho de nada —Carlos continuó provocandolo— Soy su mejor amigo, no puedes ganarme en eso.
—Yo soy su novio, idiota —Confesó Max sin siquiera pensarlo dos veces.
Esta declaración dejo sin palabras al castaño, quien había conseguido más información de la que esperaba.
—¿Novio?— Pregunto un Carlos incrédulo —¿Cómo te atreves a meterte con Sergio? Con razón estaba tan extraño. Te aprovechas de él, ¿No?
Max empujó violentamente a Carlos, su acusación no le había hecho ninguna gracia.
—Jamás le haría eso —Afirmo, no se molestó en corregirse a si mismo sobre el verdadero estado de su relación con el pelinegro —Te conté esto porque pensé que te importaría Charles, pero pareces más interesado en Sergio ¿Acaso te gusta? Porque si es así, aclaremos las cosas de una vez.
— Estúpido, tú no me vas a decir por quién debo preocuparme —Comenzó Carlos reponiendose del ataque —Pero no me molestaría darte una lección para que aprendas.
Carlos se acercó al rubio y le dio una bofetada para después patearlo en una de sus piernas.
Max gimió de dolor, pero rápidamente se recuperó y le dio un puñetazo al rostro, subiendo la intensidad de la pelea.
Entre patadas, bofetadas y puñetazos, ambos jóvenes se hicieron daño el uno al otro.
Cansados, se detuvieron.
Principalmente porque uno de los vecinos del lugar se percató de la situación y grito que había llamado a la policía.
Ambos se separaron y corrieron lejos de ahí. Perdiendo la pista el uno del otro.
Sergio se despidió de Charles.
Habían pasado por Max, el perro, a la cafetería de su padre y el castaño los acompaño hasta su casa.
Una vez ahí, se marcho porque su madre lo llamo para verse en otro lado.
El pelinegro estaba entrando a su casa cuando vio a lo lejos una figura conocida.
Max, el humano, iba tocándose el labio lastimado que le había dejado Carlos.
Estaba sucio, sudado y algo amoratado.
Sergio se asustó al verlo, quedándose estático en la entrada de su casa.
—¿Max?—Lo llamó dulcemente.
El rubio, avergonzado, se acercó a él.
—H-hola...—Balbuceo al hablar, en parte por los nervios y parte por el dolor.
El pelinegro se acercó más a él, dejando una corta distancia entre ambos.
Observó su rostro lastimado, y algunos raspones en sus brazos.
—Vamos a dentro, déjame curarte —Pidió casi en un ruego, estaba muy preocupado.
Max no dijo nada, solo siguió su novio hasta la sala y se dejó mimar.
Sergio lo tocaba con delicadeza, evitando hacerle daño al querer limpiar sus heridas.
Mientras el pelinegro se concentraba en atender su maltratado cuerpo, el rubio no dejaba de observarlo buscando esa dulce mirada amorosa.
Había extrañado tanto esa cómoda cercanía que sentía cuando estaba con él.
Lo quería tanto.
Sergio pronto se enfocó en su rostro, limpiando sus heridas y observando el daño.
Max se puso nervioso. Esa cercanía tan familiar y deseada, unos centímetros más y sus labios estarían rozandose.
La respiración del pelinegro chocaba con su piel lastimaba, su mirada encontrándose con la suya y el impulso se estar cerca del otro.
El rubio quería cortar más la distancia, sus labios estaban tan cerca, pero pronto Sergio se apartó.
—Un poco de hielo ayudara —Dijo Sentándose frente a él —Date una ducha e intenta relajarte. No te metas más en problemas.
El pelinegro no sabía las razón detrás del estado de su ex pareja, pero sabía que se había tratado de una pelea.
Max se levantó de su asiento y tomo su mochila, de esta saco la pequeña libreta y se la extendió.
Sergio lo miraba confundido.
—Sé que todo termino —Comenzó el rubio —Solo quiero que sepas lo mucho que lo siento. Por favor, léelo cuando estés listo.
El pelinegro tomó la libreta y lo vio marcharse, se miraba muy triste.
Acarició con un pulgar la portada de la libreta, no podía esperar para leer su contenido.
Sin embargo, también se dio el tiempo para analizarlo.
No podía negar que aún lo quería.
Pasaron un par de días, los suficientes para que el fin de semana llegará.
Cuando Sergio vio el rostro de Carlos, le fue fácil unir los puntos.
Durante el transcurso de la semana, fue dándose cuenta de que tanto Carlos como Max mostraban mucho interés en las actividades que hacía con Charles.
Su amigo no se daba cuenta de nada, pero el pelinegro una vez los vio caerse por pelear por quién pasaba primero por una puerta.
Con el paso de los días fueron perdiendo la discreción.
Ese sábado estaba en la cafetería de su padre, no habían tenido entrenamiento alguno porque la lluvia no los dejaba en paz.
Charles y él habían hecho una apuesta sobre cuánto tiempo le tomaría a Óscar invitar a salir a Pato.
Pero notaron algo diferente esos días, este último se miraba más enfocado en su teléfono y a la persona que le respondía.
Óscar simplemente no decía nada.
Cada vez que quería hablar de sus sentimientos hacia Pato, lamentablemente sus nervios ganaban y no terminaba de hilar una frase coherente.
—No hay nadie más aquí —Susurró Charles— Quizá deberíamos dejarlos solos, que hablen sobre ellos.
—Es un ambiente romántico, ¿No?—Complemento el pelinegro —No sería mala idea.
El teléfono del local comenzó a sonar, llamando la atención de todos.
Pato atendió y apunto algo en una libreta, al colgar la llamada suspiro.
—¿Qué pasó?—Pregunto un Oscar preocupado.
—Un pedido, debo llevarlo en 15 minutos —Respondió poco feliz por la idea.
Temía que la lluvia lo alcanzará en el camino.
—¿Queda muy lejos?— Pregunto Sergio levantándose de su asiento —Yo podría llevarlo.
—No, no, es mi trabajo —Respondió Pato mientras preparaba el pedido.
—No te preocupes, ustedes quédese aquí y yo no tardó en regresar —Propuso Sergio, y Óscar ánimo a Pato a aceptar.
—Yo debo irme, tengo que terminar una tarea —Dijo Charles, Óscar iba a protestar por su mentira pero su amigo es escabulló rápido.
—No tardó, debo volver por Max —Dijo Sergio tomándo el pedido y saliendo del local.
Se despidió de su amigo Charles y tomo la bici que estaba estacionada afuera.
Era la que usaba Pato para llevar los pedidos.
Max estaba caminando por esa misma calle cuando lo vio preparándose para irse.
—Sergio —Lo llamo con firmeza, había ganado cierta seguridad después del acercamiento el otro día —¿Podemos hablar?
El rubio sentía que le había dado el tiempo suficiente para obtener una respuesta.
El pelinegro asintió y caminaron un poco hacia donde debía dirigirse.
—¿Qué pasa?—Sergio pregunto mientras lo obsesva fijamente —¿Vienes a explicarme por qué Carlos y tú me andan siguiendo cada vez que estoy con Charles?
Max suspiro pesadamente, había sido atrapado.
—Lo siento —Comenzó el rubio rojo de la vergüenza —Estaba celoso, ambos. Porque ustedes parecen una pareja.
El pelinegro sonrió incómodo.
—¿Charles y yo? Para nada —Afirmó con tranquilidad —¿Es todo?
—Sobre mi libreta —Max se apresuró a hablar al notar lo rápido que planeaba huir —¿La leíste?— Sergio asintió —¿Qué piensas?
El joven se relamio los labios y comenzó a recordar lo que leyó de este objeto tan preciado.
Había reflexionado sobre su situación con Max y todo lo que vivieron en tan poco tiempo.
Habían prometido ser sinceros.
—Mi corazón también se acelera cuando pienso en ti —Confesó el pelinegro recordando una de las entradas de la pequeña libreta — Mis días más felices también han sido a tu lado —Sergio sonrió al pensar en eso —Y no puedo evitar extrañarte tanto como tú a mí.
Max sonrió ante la respuesta de su ex pareja. Una pequeña esperanza nació en su interior.
—¿Podemos...—El rubio no pudo terminar.
—Pero no volveremos, no es correcto —Sus esperanzas pronto murieron ante la respuesta del pelinegro—No lo sé, Max, me siento confuso sobre ti...
—¿Por qué sufrir así? —Ahora fue Max quien no lo dejo terminar — Lo arruiné todo, lo sé y reconozco. Pero haría lo que fuera para compensar el daño —Continuó mientras acortaba el espacio entre ambos —Sergio, yo te amo.
Estás palabras sonaron tan hermosas saliendo de sus labios.
Sergio no pudo evitarlo y termino de cerrar el espacio entre ambos, envolviendolo en sus brazos y robándole un dulce beso.
Max estaba algo aturdido por el mar de emociones que estaba viviendo, pero pronto le correspondió.
Se separaron cuando el aire se hizo escaso, pero eso no les impidió sonreír.
—Sergio...—Susurró Max al sentir que al fin podrían tener otra oportunidad.
— Dejaré este pedido y volveré, búscame en mi casa —Respondió el pelinegro todavía sonriente.
El rubio lo vio marcharse y no pudo evitar soltar un suspiro de alivio.
Así que rápidamente comenzó a caminar hacia la casa de su ex pareja para esperarlo.
Lamentablemente para los dos jóvenes enamorados, una figura familiar había observado toda esa escena.
Jos apretaba el volante de su auto con fuerza. Ahora entendía todo con claridad.
Sergio se había convertido en el mayor obstáculo y distracción para el futuro brillante que le esperaba a su hijo.
Y no iba a permitir que lo arruinara todo.