Ganimedes, deseoso
22 de diciembre de 2025, 18:51
Por otro lado, Carlos tocaba el timbre de la casa de su ex pareja. Estaba nervioso.
Charles se sorprendió cuando abrió la puerta y se encontró con su ex.
Su corazón se aceleró ante la idea de que pudiera haber una reconciliación.
—Hola —Comenzó Carlos —¿Podemos hablar un momento?
Charles salió de su casa cerrando tras de si, y ambos caminaron un poco para tener algo de privacidad.
Habían muy pocas personas en la calle debido a la lluvia que recién había terminado.
—¿Qué quieres decirme? —Si bien ansiaba regresar con Carlos, no sería tan fácil.
Primero debía disculparse por su actitud y sus acciones, después, prometeria alejarse completamente de Lando.
Si no se cumplía ninguna de esas peticiones, Charles no estaba dispuesto a volver con él.
—¿Estás en una relación con Sergio ?—La pregunta de Carlos lo tomó por sorpresa.
Pensó que recibiría una disculpa, una reflexión sobre sus malas acciones o al menos le preguntaría si se encontraba bien.
Por el contrario, lo primero que recibió fue un cuestionamiento sobre su vida privada.
—¿Es en serio? —Fue lo único que salió de los labios de Charles.
—Solo quiero saber eso —Se defendió —Sé que no tengo derecho a reclamar...
— Así es, no tienes ningún derecho a hacerlo —Interrumpió Charles sumamente molesto —No vuelvas a buscarme, tienes suerte de que siga en el equipo solo por nuestros amigos.
Charles comenzó a caminar alejándose de él, sosteniendo el llanto que amenazaba con salir.
¿Por qué Carlos era así de cruel?
¿Por qué seguía con sus pensamientos tan egoístas?
¿Acaso alguna vez pensaba en lo que él sentía?
¿O realmente jamás se disculparía por lo que hizo con Lando?
Esas preguntas parecían no tener respuestas, y llorar frente a él no le ayudarían en nada.
Regresó a su casa y se prometió nunca volver a abrirle la puerta a ese tipo.
En la cafetería, Óscar y Pato conversaban debido a lo aburrido que estaba la jornada.
Se suponía que ese sábado Óscar se quedaría solo en el local, pero Pato sintió que no estaba listo para todas esas responsabilidades.
—Últimamente te veo distraído —Comenzó Óscar intentando hablar respecto a la persona que robaba la atención del joven que le gustaba.
—Es que estoy saliendo con alguien —Pato quería dejar en claro las cosas antes de que todo se enredara aún más.
Si bien él y Logan no eran novios, no le parece correcto seguir coqueteando con su compañero de trabajo.
Esta noticia fue como un balde de agua fría para Óscar.
¿Había perdido su oportunidad con Pato?
No estaba seguro, pero ahora era más complicado lograr algo con él.
Quizás si hubiera sido un poco más valiente, ahora serían una pareja. Lamentablemente no fue así y ahora se arrepentía de su indecisión.
En la casa del pelinegro las cosas finalmente se habían calmado.
Se hicieron cargo de limpiar todo el desastre, y principalmente cambiar las sábanas de la cama de Sergio.
Algo cansados, decidieron recostarse un rato y platicar de aquello que hicieron en la ausencia del otro.
Max abrazaba a Sergio por la espalda y le daba pequeños besos en la nuca, el pelinegro jugaba cariñosamente con las manos de su novio, las cuales estaban rodeando su cintura.
—Siento que mi equipo se está cayendo pedazos —Confesó a Sergio — Todo el drama de los ex novios está afectando la dinámica grupal.
— Carlos y Charles terminaron, ¿No? — preguntó el rubio todavía no entendiendo lo que había pasado— Ese día de la competencia me di cuenta que había mucha tensión.
—Hay muchas cosas pasando al mismo tiempo, creo que todo fue demasiado y el equipo no sabe cómo manejarlo —Continúo el pelinegro evitando hablar de la vida privada de sus amigos —No lo sé, espero que todo mejore para cuando llegue el día importante.
Max se levantó un poco y le dio un cálido beso en la mejilla.
Sergio sonrió ante este acto y se giró lo suficiente para encontrarse de frente y besarlo en los labios.
—Pasemos al resto de la tarde juntos —Pidió el pelinegro —No quiero perder el tiempo lejos de ti.
Sergio y Max decidieron dar un paseo por el parque en compañía de su canino amigo.
El aire era fresco y las calles desprendían el aroma a tierra mojada. Poco a poco la actividad se reanudaba.
Max, el perro, guió su amo hacia una fuente que estaba en el gran parque donde se encontraban los jóvenes.
—A Max le encanta venir aquí —Dijo Sergio —Le gusta verse en el reflejo del agua de la fuente.
El canino se levanta en dos patas, se apoya en las orillas de la estructura y se observa a sí mismo en el agua.
—Es un lindo lugar —Respondió el rubio parándose a su lado — Hay muchas monedas en la fuente, deberíamos pedir un deseo.
El pelinegro rápidamente buscó en sus bolsillos y encontró una moneda.
— Deseo que nuestro amor dure toda la vida—Pidió Sergio para después arrojar la moneda a la fuente.
El rubio lo imitó y rápido sacó una moneda de su bolsillo.
— Deseo que los errores no vuelvan a separarnos— Max tira la moneda a la fuente y toma de la mano a su novio para darle un dulce beso en el dorso de esta.
Sergio lo observa y, cuando aleja su mano, atrapa los labios de su novio con los suyos.
El contacto fue corto, pero muy tierno y lleno de sentimientos.
El pelinegro se abraza al cuerpo de su novio y lo observa con devoción.
— Quiero estar contigo, de verdad— Hay muchas implicaciones detrás de estas palabras y Max lo sabe bien.
Acaricia con sus dedos el rostro de Sergio, y se detiene en la mandíbula para volver a acercarse a sus labios y darle un beso un poco más atrevido.
— Quiero que sea especial porque tú lo eres para mí — Explicó el rubio — Pero debo admitir que siento un deseo incontrolable por estar contigo.
— Entonces no me hagas esperar más —Respondió Sergio y esto hizo sonreír a Max — Lo digo en serio, hemos perdido bastante en estos días. Solo quiero hacerlo contigo.
Max lo besa de nuevo y abraza su cuerpo con mucho cuidado.
—Si realmente estamos listos, entonces no quiero hacerte esperar más — Susurró el rubio a su oído.
El pelinegro se mordió el labio cuando escucho esto.
— Este lunes no tendremos clases, ¿Te parecería bien que mañana nos fuéramos a la playa? —Propuso el pelinegro — Puedo pedirle prestada la furgoneta a mi papá.
Max se sorprendió al escuchar eso, no sabía que su novio conducía.
—¿Tú nos llevarías? ¿Te dejan manejar?—Preguntó rápidamente y Sergio sonrió.
—Si, mi papá me enseñó para cualquier situación que se presente —Explicó notando la emoción en el rostro de su novio —¿Tú no sabes?
El rubio se sintió algo avergonzado.
—No, mi padre piensa que es peligroso y me puedo lastimar —Respondió Max —Entonces, ¿Mañana?
Sergio asintió para después volver a juntar sus labios.
El resto de la tarde la pasaron con tranquilidad, paseando y jugando con Max, el perro.
Para cuando cayó la noche, el rubio dejo a su novio en su casa y se despidió sintiéndose la persona más feliz del mundo.
Camino hacia su hogar buscando idear un plan para desaparecer dos días sin que su padre se molestará.
Al entrar a casa lo vio sentado en el sofá.
Sergio comenzó a organizar todo para su salida con su novio, ya que el viaje lo empezarían desde temprano para estar todo el día en la playa.
Escucho el auto de su padre y bajo corriendo a recibirlo.
Don Toño se extraño por el comportamiento de su hijo, notando que algo ocultaba detrás de tanta atención dada.
—Ya dime lo que me vas a pedir —Interrumpió Don Toño cuando Sergio daba vueltas sobre el tema de su cumpleaños adelantado.
No sabía cómo pedirle algo así, por lo que opto por pedirle que lo hiciera como un obsequio adelantado.
—Quiero ir a la playa con un amigo —Comenzó el pelinegro con cierta vergüenza —Nunca ha ido, así que quiero hacerlo por él —Su mentira quizá tendría efecto —¿Podrías prestarme la furgoneta?
—¿Es un viaje de ida y vuelta?—Pregunto con preocupación —Sabes que no me gustaría que manejes cansado.
—No, no, nos quedaríamos a dormir y regresaríamos al día siguiente —Explicó pero su padre no se veía muy convencido.
—Mejor yo los llevo—Propuso y Sergio rápidamente negó con la cabeza.
—No, es una sorpresa y sería raro —Era una excusa pobre— Por favor, solo está vez.
Don Toño suspiro rendido, no podía decirle que no a su niño amado.
—Tienes suerte de que seas mi hijo y que tenga plena confianza en ti —Empezó el mayor— Bien, pero se prudente y no hagan tonterías.
Sergio asintió y agradeció a su padre por la confianza, abrazandolo cálidamente.
En la casa de los Verstappen, un ambiente tenso los rodeaba a todos.
—¿Puedo salir mañana?— Max tomo el riesgo de hablar —Un amigo me llevará a un curso de práctica de tiro, quiero mejorar mis habilidades.
Sophie observó a su esposo, que no se miraba molesto ante la idea.
—¿Cuánto tiempo?—Soltó el mayor, manteniendo la seriedad.
—Será fuera de la ciudad, tendría que quedarme a dormir —Explicó algo nervioso.
Jos suspiro pesadamente.
—Solo ten cuidado y no te lastimes, me contarás todo cuando regreses —Sophie sonrió ante la respuesta de su esposo.
Una salida con un amigo podría cambiar los ánimos en su hijos.
Aunque ciertamente Max se miraba mejor que los últimos días.
Por otro lado, el rubio se sorprendió con la facilidad con la que su padre acepto.
Pero se sintió muy feliz ante la idea de poder estar todo el día con su amado Sergio.
A la mañana siguiente el pelinegro subió a la furgoneta todas las cosas que llevaría para el viaje.
Su padre lo llevo a la cafetería porque debía abrir para el turno más corto de la semana y ese día atendía Kelly.
La joven los vio llegar y los saludo con amabilidad, excepto que Sergio apenas la miro.
Estaban en la bodega acomodando las últimas cosas que habían sacado de la furgoneta y que le daría el espacio necesario para el viaje.
Max entro a la cafetería y saludo a la chica, y pronto busco la forma de escabullirse hasta la cocina para encontrarse con Sergio.
—Mi amor, ¿Todo listo?—Dijo el rubio llegando y atrapando sus labios en un corto beso.
—Si, mi papá está en su oficina —Comenzó el pelinegro — Iré a despedirme de él y nos vamos.
Sergio camino hasta la oficina de su padre y le aviso que ya se iría, Don Toño le dio un abrazo y lo dejo ir.
Max estaba viendo a su alrededor, observando el lugar con impaciencia.
Sonrió cuando vio a su novio regresar y lo arrinconó contra la pared para darle un beso más atrevido, invadiendo su boca con su lengua.
Sergio lo rodeo con sus brazos e intensificó el contacto, sintiendo como las manos de su novio acariciaban su cintura.
Las galletas de chocolate se habían terminado y Kelly fue por una bandeja nueva a la cocina.
Cuando vio a los dos jóvenes enamorados, retrocedió torpemente en sus pasos y tiro una bandeja vacía al suelo.
El ruido ensordecedor hizo que ambos se separaran.
Sergio, asustado ante la idea de que ella dijera algo, empujó un poco a su novio y le dio una pequeña bofetada.
— Ouch —Se quejó Max con molestia.
Pero este actuar no quitó la expresión de sorpresa en el rostro de la chica, quien ahora entendía todo lo que había pasado.
—No le digas a nadie —Pidió Sergio presa del pánico.
—No me corresponde hacerlo —Dijo Kelly tomándo la bandeja de galletas de chocolate y saliendo rápidamente de ahí.
—Será mejor irnos —Dijo Max y su novio asintió.
Ambos jóvenes salieron de la cafetería sumamente avergonzados, principalmente Max, quien estaba colorado hasta las orejas.
El pelinegro abrió las puertas traseras del vehículo para que su novio subiera sus cosas.
Y mientras Max acomodaba todo, una voz familiar lo paralizó.
—Hijo, ¿No te llevarás a Max contigo? —Pregunto Don Toño saliendo de la cafetería.
—No es necesario, papá —Sergio quería terminar esa conversación.
—¿Y si te da un ataque de pánico? Max es el único que puede calmarte —Insistió.
El rubio escuchaba con atención.
—Estaré bien, te prometo que si me siento mal regresaré al instante —El pelinegro le dio un abrazo a su padre para tranquilizarlo —No te preocupes por mi, prometo volver con bien.
Sergio subió a la furgoneta y avanzo unas cuadras antes de detenerse para que su novio subiera a su lado.
El viaje fue tranquilo, reían y escuchaban musica.
En dos horas llegaron a la playa y estacionaron la furgoneta.
El clima era frío, no apropiado para meterse al agua.
Max abrazo a su novio por la espalda y le dio unos cuantos besos en el cuello.
—Nadie podrá molestarnos aquí —Dijo Sergio para después girarse y besar sus labios.
—¿Quieres contarme más sobre Max?— El rubio no podía con la curiosidad, pero se arrepintió de su pregunta cuando notó la expresión de dolor en el rostro de su novio.
Sergio sabía que habían prometido ser sinceros el uno con el otro, y ciertamente necesitaba hablar de ese tema.
—Me siento seguro cuando estoy con él —Comenzo el pelinegro —Hace unos años, cuando era niño, mi madre fue víctima de un asalto que salió mal —El rubio tomo su mano en ese instante —Yo estaba a su lado, por eso no me gusta estar rodeado de extraños. Las calles solitarias, la oscuridad, todo eso me abruma.
Las lágrimas amenazaron con salir de sus ojos, Max lo abrazo para intentar tranquilizarlo.
—Perdón...—Susurro el rubio al ver lo que había provocado.
—No te disculpes —Dijo Sergio separándose un poco de él —Tú me has traído otra clase de tranquilidad, de confianza, y te lo agradezco. Siento que estoy volviendo a ser yo.
El pelinegro le dio un corto beso en los labios y se refugio en sus brazos.
El resto del día lo pasaron intentando encender una fogata. Les llevo dos horas y se apagó en diez minutos.
Comieron chucherías y caminaron a la orilla del mar, donde el agua no podía mojar sus pies.
Con forme avanzaban las horas, la playa iba quedando vacía y la idea de lo que iba a ocurrir se volvía cada vez mas real.
Sergio comenzó a acomodar todo para dormir en la furgoneta, mientras que Max intentaba mentalizarse.
Era bastante tarde, no había nadie más que ellos dos.
Se habían encerrado en la furgoneta y por suerte tenían la suficiente privacidad para que nadie pudiera ver lo que iban a hacer.
Estaban sentados el uno frente al otro, como si estuvieran esperando la aprobación de su respectiva pareja.
Sergio tomó la iniciativa y se acercó a su rostro para darle un dulce beso.
El rubio le correspondió al instante, y rápidamente tomo el control de la situación haciendo que su novio se recostara para poder subirse encima suyo.
Los besos comenzaron a ser más atrevidos, y las caricias no se hicieron esperar.
El pelinegro se separó un poco y lo miró a los ojos.
—¿Me vas a hacer el amor?—Pregunto con una mirada tierna de esos ojos cafés que tanto le gustaban al rubio.
Max asintió y volvió a besarlo.
Sus manos pronto se posaron en la orilla de los pantalones deportivos de su pareja y comenzó a bajarlos.
Con ellos también se llevó su ropa interior, exponiendo su cuerpo desnudo.
Sergio no dudo en levantar la playera de su pareja, destapando su torso marcado y muy atractivo para su vista.
El pelinegro se apuro en quitarse su sudadera y playera, dejándose a merced del más alto.
Max bajo sus propios pantalones, desnudándose para acompañar a su amado.
La ropa se hizo a un lado y continuaron besándose, sintiendo el calor de la piel del otro.
El rubio se deslizó hasta encontrar el cuello de su amado y comenzar a atacarlo, marcandolo con sus besos intensos y desesperados.
Sus manos comenzaron a estimular el miembro de Sergio hasta dejarlo erecto, y el líquido preseminal mancho sus manos haciendo más práctica la tarea.
El pelinegro comenzó a gemir en su oído, sintiendo como Max lo tenía a merced del placer que le provocaba con sus caricias y besos.
—Dejame hacerlo —Pidió Sergio con dificultad —Quiero volver a meterlo en mi boca.
Max se excitó ante la idea de volver a presenciar eso, dejándo que su novio se acomode entre sus piernas y comience a tomar su carne con su boca.
El rubio no puede evitar jadear con fuerza, no se retiene a si mismo en su placer al saber que nadie interrumpirá ese momento.
Lo toma de sus cabellos negros y mojados por el sudor, y lo ayuda para mover su cabeza, hasta que sienten su garganta y no puede eviate pensar que podría venirse en ese instante al ver a su novio de esa manera.
Sin embargo, logra alcanzar su mochila y comienza buscar torpemente en ella.
Sergio se agarra de sus caderas y continúa moviéndose para sentir su miembro más dentro de su boca. Jugando con su lengua hasta casi volver loco al más alto.
Max consigue lo que había estado buscando.
Esa mañana, con tanta vergüenza como valentía, había ido a una farmacia y compro un paquete de condones y un bote de lubricante.
Su madre le había dado dinero para el viaje y eso le había servido para conseguir esos objetos.
Así que rápidamente busco abrir un de los condones y se lo dio a su novio.
Sergio alejo su boca del miembro de Max y vio lo que este estaba haciendo.
—No podemos ensuciar la furgoneta de tu padre —Sugirio el rubio y Sergio asintió.
Pronto volvieron a besarse, pero está vez Max estaba más que listo para tomarlo.
Lo recostó otra vez, pero en esta ocasión se separó un poco para tomar el lubricante y poner un poco en su manos.
Comenzó a esparcirlo entre sus dedos, calentandolo y tocando el miembro de su novio, bajando hasta su entrada.
Está sensación extraña, invasiba y caliente hacían que Sergio temblará bajo su tacto.
Pequeños gemidos escapaban de sus labios, siendo incapaz de controlar sus caderas cuando sintió como uno de los dedos de Max se abría paso dentro de él.
El rubio se mordió el labio al ver lo que había provocado en su pareja, observando el placer en sus expresivos ojos y su boca entreabierta.
—Max...—Susurró el pelinegro con la voz entrecortada.
Max salió de él para acercarse a su rostro y plantarle un dulce beso en los labios. Sergio suspiro al poder librarse de esa sensación tan exquisita que estaba recibiendo.
El rubio pronto se centro en el cuello de su novio, llenandolo de besos y pequeños mordiscos.
Pronto sintió la mano de Sergio tomando la suya y guiándolo hasta su miembro, sollozando por volver a sentir su toque.
Max no dudo en satisfacerlo, tocando con su mano el miembro de su amado y comenzando a masturbarlo, sintiendo como su respiración se agitaba.
Bajo hasta su pecho sin dejar de tocarlo, tomando con su boca uno de sus pezones y chupandolo hasta hacerlo gemir.
—¿Q-que haces?—Sergio balbuceó un poco al hablar.
Asustado, el rubio se detuvo.
—¿Te molesta? ¿Acaso te lastime? —Pregunto un Max muy preocupado.
—No, es solo que nunca lo habías hecho —Explico el pelinegro —Me gusto, perdón por espantarte.
El rubio suspiro aliviado.
—¿Recuerdas nuestra palabra de seguridad? —Sergio asintió —No tengas miedo de usarla.
El pelinegro volvió a asentir y junto sus labios para darle la confianza de continuar.
Y Max así lo hizo, continuó disfrutando del cuerpo de su novio mientras le robaba suspiros de placer.
Bajo hasta sus caderas, donde se centro en aquello que le había gustado Sergio el día anterior.
Con su lengua lamía sus testículos, mientras que con sus dedos acariciaba su entrada y lo estimulaba para acostumbrarse a él.
Sergio no pudo evitar llevar sus manos a la cabellera del rubio, le gustaba la sensación de su lengua húmeda sobre su piel.
Soltó un gemido ronco cuando sintió uno de sus dedos entrar en él y jalo ligeramente del cabello de su novio.
—Max, sigue...—Suplicó el pelinegro, disfrutando de esa sensación tan placentera.
Max se aventuró a introducir otro dedo, haciendo que su novio lo agarrara con más fuerza.
Comenzó a mover su mano, penetrando con sus dedos y moviéndose dentro de él.
Levantó la mirada y vio el rostro de su novio sumergido en el placer que le estaba provocando.
—¿Te gusta?—Pregunto el rubio y el pelinegro asintió —¿No te estoy lastimando?
—No— Respondió Sergio —Pero me gustaría sentirte a ti. Te quiero dentro de mí.
Max sabía que no podía hacerlo esperar más, y él tampoco podía.
Deseaba tanto a Sergio, como nunca había deseado a otra persona.
El rubio se separó de él y saco sus dedos de su interior, se acercó para darle un beso rápido y se acomodo entre sus piernas.
Sabía que tenía que ser cuidadoso, pues la falta de estimulación podría lastimar y dificultar la tarea, además de que tampoco estaba seguro si lo había hecho bien.
—No dudes en decir si te estoy lastimando, me detendré inmediatamente —Dijo Max mientras tomaba su propio miembro para comenzar a estimularse en la entrada de su novio.
Sergio asintió dándole luz verde a continuar.
El rubio lo hizo abrirse un poco y comenzó a buscar la manera de ser cuidadoso durante el proceso.
Max soltó un gemido que jamás había escuchado, sintiéndose sumamente caliente y apretado.
Estaba entrando poco a poco en él, acomodándose para no hacerle daño.
El pelinegro soltó un gemido ahogado y arqueo un poco la espalda al sentir el miembro de su novio invadiendo su interior.
El rubio se detuvo un momento solo para que ambos se acostumbraran a esa sensación.
—¿Estás bien? —Pregunto Max al notar el extraño silencio de su novio.
—Si, es solo que...—Comenzó Sergio buscando las palabras adecuadas —No pensé que se sentiría así de bien.
Max querida reírse de este comentario, quizá por lo nervioso que todavía estaba.
Una vez que se sintió lo suficientemente cómodo, comenzó a mover sus caderas lentamente, viendo como Sergio tomaba su carne y le daba una imagen tan lujuriosa como sucia.
Se apoyaba con sus manos en las piernas de su novio, mientras que sus rodillas soportaban la dolorosa posición.
El único sonido que se escuchaba eran de sus cuerpos chocando y sus respiraciones y quejidos escapando de sus labios.
Sergio buscaba tomar sus manos, agarrarse a él en medio de su placer.
Esto llevo a que Max cambiará de posición, inclinándose más hacia el cuerpo de su novio, dejando que este lo rodeara con sus piernas.
Se acercó a su rostro y besos sus labios, pero sus quejidos interrumpían sus encuentros.
No supo en que momento el calor de la situación lo había llevado a moverse en un vaivén más rápido, agitado y ruidoso.
El pelinegro termino enterrando sus uñas en la espalda roja y sudada de su novio, sintiendo como el clímax lo alcanzaba.
Por otro lado, Max también estaba apuntó de correrse y los gemidos de su novio solo aumentaban su excitación.
—Hazlo en mi boca —Pidio Sergio todavía embriagado por su orgasmo — Por favor.
Max, sumergido en su excitación, no dejo pasar esa petición y dejo en paz el trasero de su novio para hacerlo sentarse frente a él, se sacó el condón y comenzó a embestir su boca.
Sergio no despegaba la vista del rostro de su novio, mientras que recibía su miembro gustosamente con la boca.
No llevo mucho tiempo hasta que finalmente Max llegó a su punto máximo de excitación, desechando todos su fluidos en la boca de su lindo novio.
Sergio trago todo aquello, sintiéndose observado por su pareja.
—Ya estamos a mano —Dijo Max para rompieron el silencio, algo que los hizo sonreír a ambos.
Un poco más calmados, decidieron descansar por el esfuerzo de esa noche. No sin antes limpiar su desastre.
Una vez terminado, se acostaron el uno junto al otro. Abrazándose en la oscuridad de aquella furgoneta.
Sergio podía escuchar el latido del corazón de su novio, pues estaba recostado en su pecho.
Max acariciaba sus cabellos con una mano, y con la otra le daba pequeñas palmadas en la cintura.
—Yo también te amo—Confesó Sergio casi en un susurro.
Estoy llevo a que Max lo abrazara con más fuerza, dejando escapar un suspiro de alivio.
—Entre los dos, yo te amo más —Declaró, haciéndolo sonreír.
Pero Max no mentía, lo amaba demasiado. Y nunca podría ocultarlo.