Fobétor, torturador
22 de diciembre de 2025, 18:51
Sus pisadas resonaban fuertemente en los pasillos del hospital.
Don Toño corría buscando información sobre su hijo mientras que era perseguido por Pato, quién se ofreció a llevarlo para evitar que tuviera algún percance en el camino.
—¿Qué le pasó a mi niño? ¿Qué le hicieron? —Preguntó cuando llegó a la recepción del hospital.
Estaba tan nervioso que Pato tuvo que dar los datos sobre Sergio.
Rápidamente dieron con el joven y lo llevaron hasta su habitación.
En la cafetería todo era tensión.
Óscar estaba nervioso y estresado.
Había escuchado que Sergio fue atacado y quería salir corriendo para saber cómo estaba su amigo.
Pero Don Toño lo dejó a cargo de la cafetería, y no tuvo más opción que intentar controlarse.
Miraba a Lance atender a los clientes, totalmente ajeno a las malas noticias.
Caminó a la cocina y vio a George con Lewis decorando unos cupcakes.
No sabía si decirles o no lo que había ocurrido. Era una carga muy pesada y era su responsabilidad tener que mantener la calma en una situación así.
—¿Pasa algo? —La voz de George interrumpió sus pensamientos —¿Tienes una cara de espanto horrible?
Óscar se quedó inmóvil ante esa pregunta, sentía que era demasiada carga la angustia de no saber si su amigo estaba bien o no.
—¿Óscar? —Lewis se preocupo cuando notó como los ojos del joven se ponían rojos y unas lágrimas escaparon hasta recorrer sus mejillas.
—Yo...—Comenzó el joven sintiendo que no podía más.
—¡Fiesta en la cocina! —Dijo Lance entrando con una alegría que se vio apagada cuando notó a todos tan tensos.
— Óscar, ¿Qué pasó? —Insistió George ignorando a Lance y acercándose a su compañero —¿Te sientes mal? ¿Quieres que llame al jefe para que te deje salir temprano?
—Es Sergio —Comenzó Óscar, captando la atención de todos —Esta en el hospital y no se si está bien, yo debí ir con Don Toño, es mi amigo.
Óscar rompió en llanto al sentirse un mal amigo por no estar con Sergio en ese momento.
Habían tenido sus roces, pero nada significativo como para afectar su amistad.
Sergio eres amable y comprensivos, siempre buscaba la forma de dejarlo a solas con Pato porque sabía que le gustaba y deseaba estar con él.
Era alguien considerado, y no entienda por qué desearían hacerle daño.
Sergio abrió los ojos y las fuertes luces blancas lo aturdieron.
Su cabeza ardía y una sensación incómoda se hizo presente cuando intento moverse.
Pronto se percató del yeso en su brazo y parte de su muñeca.
Uso su mano derecha, la única sana, para tocar aquello que rodeaba su cabeza: una venda.
Sentía algo de dolor en la boca y el ojo derecho. Creía que si se movía se lastimaría aún más.
—Por aquí señor —Una voz femenina lo hizo desviar la mirada para encontrarse con la de su padre.
Don Toño estaba llorando al verlo en esa situación, sintiéndose culpable por dejar ir solo a su hijo.
—Mi Sergio —Susurró el hombre mientras se acercaba a la cama.
—Max, ¿Dónde está? —Sergio no pudo olvidar a su fiel amigo, a quien los atacantes habían apuñalado —¿Esta bien? Papá, ¿Esta vivo?
Don Toño se giro para mirar a Pato, suplicando su ayuda.
—Pediré información sobre él —Se ofreció Pato para después salir de la habitación.
El hombre observó a su lastimado niño, viendo que su brazo había sido la principal víctima del ataque.
—¿Por qué? —Dijo Don Toño acercándose lo suficiente para estar a su lado —¿Quién querría lastimar a mi niño? ¿Y de esta manera tan cruel?
—Papá...—Sergio comenzó a llorar recordando lo que había pasado antes de perder el conocimiento en aquel frío lugar.
Don Toño intento abrazar a su hijo, pero no pudo hacerlo porque no quería causarle más dolor.
El cuerpo de Sergio estaba amoratado.
—¿Y sabe dónde está? —Preguntó Pato mientras apuntaba todo en su teléfono.
—Esta es la dirección —La joven enfermera le dio una nota y el chico la tomo más tranquilo.
Camino de regreso a la habitación y notó como Sergio había llorado demasiado.
—Max está vivo —Dijo Pato llegando, y si bien era una buena noticia, Sergio rompió en llanto una vez más.
Había estado muy asustado ante la idea de perder a su canino amigo. Para él, Max era más que solo un perro y su vida era sumamente importante.
Saber que estaba vivo le hizo soltar un peso que llevaba encima desde el momento en que no pudo defenderlo del ataque.
—Estará bien, ya lo verás —Dijo Don Toño mientras acariciaba el cabello de su hijo — Enfócate en ti, debes salir adelante por él.
—Don Toño, el doctor quiere hablar con usted —Pato se sintió mal al interrumpir ese momento, pero no mentía sobre el doctor.
El hombre se despidió de su hijo y salió de su habitación acompañado de su trabajador.
—Max está en cirugía —Comenzó Pato una vez que salieron de la habitación —Esta es la dirección de la veterinaria en donde está, solo esperemos que todo salga bien.
—Eso espero hijo, gracias por estar aquí con nosotros —Don Toño le dio un pequeño abrazo a Pato, quien sonrió con amabilidad.
El hombre llamo a la veterinaria y le aseguraron que estarían totalmente enfocados en salvar la vida de Max, pues sabían que al ser un perro de asistencia era alguien muy importante para su humano.
—Don Toño, es George —Dijo Pato llegando hasta él —Preguntan si pueden cerrar la cafetería, Óscar se puso muy mal y quiere ver a Sergio. Quieren saber si está bien.
Don Toño asintió, dando su aprobación para que la cafetería cerrara por ese día.
—Podemos cerrar —Dijo George más aliviado al ver que Óscar se relajo ante esa noticia — Demonos prisa para llegar al hospital. Óscar, no te desmayes, por favor.
—Sergio estará bien, es fuerte —Dijo Lance para luego abrazar a su amigo.
Lewis observó esa escena, sintiéndose un poco extrañado por esa cercanía.
Los Eagles eran muy distintos a los Lions.
En su grupo no había tal familiaridad y preocupación.
Se notaba un vínculo intenso entre los tres Eagles, lo suficiente para casi parecer hermanos.
Se apuraron en guardar todo, los últimos clientes se fueron y finalmente pudieron poner llave al local.
Tomaron un taxi y fueron al hospital, donde Sergio recibiría malas noticias.
—No podrás usarla en al menos seis semanas hasta que sane por completo —Comenzó el doctor Horner— Tuviste mucha suerte de que no te destrozaran la mano.
—¿Y que pasa del golpe en la cabeza y en el ojo? —Pregunto Don Toño mientras observaba a su hijo con un aura de derrota.
Sabía bien lo que significaba.
—El ojo no es un problema, pero la lesión en su cabeza necesitará observación —Continuó el doctor — Deberá quedarse este fin de semana, si todo sale bien, el lunes estará en casa.
Don Toño asintió y el doctor se retiró, no sin antes advertirle que la policía querían hablar con él sobre lo ocurrido.
—¿Estás seguro de que puedes con esto, hijo? —Preguntó cuando vio que no levantaba la vista de su mano lastimada — Es por la competencia, ¿No? Estás preocupado por eso.
—Ya no importa —Comenzó Sergio mientras unas lágrimas escapaban de sus ojos — Lo importante es que Max este bien.
El mayor asintió poco convencido.
—Buenas tardes, señor Pérez —Dijo un policía interrumpiendo —Soy el oficial Wolff. Lamento mucho lo que te paso, pero necesito saber cómo ocurrió todo para poder encontrar a los culpables.
Sergio suspiro pesadamente y su padre tomo su mano para tranquilizarlo.
Ambos sabían que no sería fácil.
—Iba caminando cuando alguien me golpeó en la cabeza —Comenzó el pelinegro — Estaban golpeándome cuando atacaron a Max, mi perro de asistencia, mi mejor amigo —Su voz se volvió temblorosa, pero rápidamente recupero la compostura —Solo recuerdo que me golpearon hasta que se cansaron, y después se fueron. Cómo si nada hubiera pasado. Llame a la ambulancia y luego todo se vuelve borroso.
—¿Viste sus rostros?
Comenzó a negar con la cabeza.
—No, llevaban pasamontañas —Dijo Sergio mientras intentaba recordar esa horrible escena —Uno era muy alto y fuerte, el otro tenía una navaja.
—¿Pudiste reconocer sus voces?
Otra negativa.
—Ninguno dijo nada —Continuó el pelinegro —Pero parecía que se estaban divirtiendo.
—¿Por qué tu mano izquierda?— La pregunta del oficial Wolff lo tomo por sorpresa y este lo noto —Quiero decir, si solo iban a robar tu teléfono ¿Por qué hacer eso? Apuñalar a tu perro y fracturar tu mano, es... Demasiado personal.
Sergio no había pensado en eso. Ni siquiera había tenido tiempo para analizar las cosas.
—¿Usted cree que fue un ataque personal? —Don Toño se preocupó aún más al pensar en la idea de alguien atacando a su niño por malicia.
—No hay que descartarlo —Sugirió el oficial mientras observaba la reacción del joven ante esa idea —¿Sucedió algo fuera de lo común?
“Sí, el mensaje” pensó el pelinegro, pero rápidamente negó con la cabeza.
—No —Dijo Sergio poco seguro de su decisión.
— Piénsalo bien—Insistió el oficial —¿Quién querría lastimarte? ¿Por qué tu brazo izquierdo? ¿Que ganan con eso?
—N-no lo sé —Sergio balbuceó un poco.
Lo estaba poniendo muy nervioso.
— Creo que es suficiente por hoy —Interrumpió Don Toño —Mi hijo necesita descansar, fue un día difícil.
Don Toño acompaño al oficial Wolff afuera de la habitación de su hijo.
La idea de que hubiera sido atacado a propósito lo puso muy mal y no quería que su hijo lo viera.
Pato observó la figura de Don Toño salir de la habitación y caminar por el pasillo.
Se miraba cansado, agotado y tembloroso.
—¿Jefe? —Dijo Pato acercándose a él —¿Está bien?
El oficial se giró para ver lo que estaba sucediendo.
De pronto vio como Don Toño caía de rodillas hacia el suelo, mientras que con una de sus manos se agarraba el pecho con fuerza.
Intento sostenerse para evitar algún golpe, pero el peso de su cuerpo lo llevo a estar completamente en el suelo.
Soltaba un gemido ahogado, lleno de dolor y sufrimiento.
Los nervios, la angustia y el dolor de ver a su hijo en aquella cama de hospital habían hecho estragos en él.
Los doctores rápidamente se acercaron para auxiliarlo.
Aquel señor tan alegre, bondadoso y amable, que siempre trataba a los compañeros de su niño como sus hijos, estaba sufriendo un infarto.
Por suerte, al estar en un hospital pudieron intervenir a su favor y evitar que tuviera un resultado fatal.
Pato estaba muy nervioso y alterado, a veces se olvidaba de su propia edad. Era muy joven para cargar con tanto estrés.
Sin embargo, decidió ser fuerte por todos, y también le ocultó a Sergio aquello que había sucedido.
Don Toño no estaría bien si su hijo no estaba bien. Pato lo entendía y pretendía que Sergio se recuperara lo más rápido posible.
A diferencia de Sergio, Pato sí tenía a sus dos padres junto a él. Pero no quería verlo convertirse en huérfano.
Sus amigos llegaron, se enteraron de lo ocurrido y uno a uno entraron a ver a Sergio para darle ánimos.
Consiguieron unos lapiceros para poder firmar encima del yeso de su brazo y distraerlo de su dolor.
Y, si bien Lewis no era parte de los Eagles, no quisieron hacerlo a un lado en ese momento tan difícil.
Cuando salieron de la habitación, Pato les contó lo que había ocurrido con Don Toño y les pidió discreción.
Los jóvenes pronto entendieron que pasarían unos días antes de que todo volviera a la normalidad.
Esa noche Sergio no podría dormir pensando en todo lo que había dicho el oficial y la ausencia de su padre no ayudaba.
Pato lo convenció de que estaba muy ocupado con el papeleo y también por la salud de Max.
Sergio no cuestiono más, pero se sentía muy solo.
Las preguntas del oficial despertaron la duda en él.
Recordaba que había recibido un mensaje de Max pidiéndole verse esa tarde.
Sin embargo, en la mente del pelinegro no podía caber la idea de que su novio le hiciera daño.
No, él conocía bien a Max y sabía que nunca lo lastimaría de esa manera.
Sin embargo, para cuando cayó presa del sueño y el cansancio, poco sabía que su tortura apenas empezaría.
Despertaba gritando al soñar que estaba en aquel callejón en dónde fue atacado, con los hombres golpeándolo y viendo cómo atacaban a su amigo.
Ese mismo recuerdo lo atormentaba en sus sueños, y no lo dejaba vivir.
Lloro toda la noche. Ahogando su dolor en silencio, siendo consumido por la tristeza, los amargos recuerdos y la soledad.