Helios, testigo
22 de diciembre de 2025, 18:51
Esa noche Max ayudó a calmar los nervios de su novio y gracias a esto no tuvo pesadillas.
Y aunque Max temía la reacción de su padre, jamás se perdonaría dejar solo a Sergio en un momento tan difícil.
Así que la mañana siguiente ayudó a cambiarse de ropa para poder salir del hospital.
—¿Cómo te sientes? —Pregunto el rubio mientras lo ayudaba amarrando las agujetas de sus tenis.
— Un poco mejor —Respondió el pelinegro observando detenidamente a su novio.
— Si necesitas algo sabes que puedes pedirlo —Le recordó el rubio sin siquiera levantar la vista.
Sergio se mordió el labio antes de hablar.
—Quizás un par de tus besos me ayudarían a sentirme mejor —Propuso con una voz tan dulce e inocente que hizo reír a Max.
El rubio se levantó de la posición en la que se encontraba, se acercó al rostro del pelinegro y con su pulgar acarició el labio inferior de su novio.
—¿El doctor te recetó mis besos? —El rubio se inclinó sobre su novio, quien se encontraba sentado en la cama —¿Cuántos decía la receta?
—No lo recuerdo —Sergio fingió estar triste ante esto, aunque intentaba disimular una sonrisa.
Para ese punto las aspiraciones se mezclaban debido a la cercanía y el pelinegro no pudo evitar relamerse los labios.
—¿Uno? —Susurró Max para después juntar sus labios en un corto y tierno beso —¿Dos? —Esta vez el beso fue más intenso, haciendo que aumentará el deseo del pelinegro —¿Tres?
El rubio volvió a juntar sus labios, pero en esa ocasión se pego al cuerpo de su novio y acarició su cintura.
Con su lengua invadió su boca, arrancándole un suspiro de sus labios y casi acostándolo en la cama.
Sin embargo, dicha posición no era conveniente para el cuerpo lastimado de Sergio y soltó un gemido de dolor.
—Buenos días... —La voz de Charles los hizo separarse casi al instante —Iba a invitar el desayuno, pero veo que ya están comiendo.
—No nos estábamos besando, revisaba una basura en su ojo —Se excuso Max.
—Debió doler demasiado para gemir de esa manera—Se burló el castaño, haciendo que el rubio se pusiera colorado.
—Él sabe de nosotros —Confeso el pelinegro.
Esto no hizo que Max se tranquilizara.
—No te preocupes, no le diré a nadie —Respondió Charles con una cálida sonrisa —Nunca hemos convivido lo suficiente, Carlos me ha hablado muy mal de ti.
—No esperaba menos —Respondió Max en un tono burlón y ambos sonrieron.
—Su opinión sesgada no es importante —Comenzó Sergio pidiéndole ayuda a Max para levantarse de la cama —Su ausencia dice más que palabras.
El rostro desanimado del pelinegro captó la atención de ambos jóvenes.
Carlos sabía que Sergio estaba hospitalizado y aún así no lo visito en ningún momento.
Si el líder de los Eagles no era capaz de dejar de lado su orgullo, entonces no merecía ser llamado su amigo.
—Quizá surgió un inconveniente — Sugirió Max tomando su mano con delicadeza.
Charles se acercó a ambos, intentado animar las cosas.
—Te comprare tu helado favorito, lo haré todos los días hasta que te quiten ese yeso —Propuso el castaño haciendo sonreír a su amigo y desviando el tema que lo incomodaba.
Pero no a todos les cayó en gracia.
—¿Por qué le estarías comprando helado a mi novio? —Reclamó un Max celoso —Nada tienes que comprarle, para eso estoy yo.
Charles no pudo evitar soltar una pequeña risa ante esto.
—Me estás avergonzando —Dijo Sergio mientras negaba con la cabeza.
El rubio bufo molesto.
—Entonces, ¿Qué te parecería si él y yo vamos por un helado todos los días saliendo de la escuela? — Max sabía lo que provocaría.
—¿Y por qué tendría que salir contigo a comer helado? —Reclamó el pelinegro igual de celoso —¿Para que quieres verte con él? ¿Acaso te gusta?
—Es mismo me preguntó yo, ¿Acaso te gusta? —El rubio respondió en el mismo tono.
—Mejor lo espero afuera —Dijo Charles alejándose de aquella pelea de novios.
—Claro que no, tonto —Contesto Sergio cansado del tema con Charles.
Max sentía como sus mejillas se ponían coloradas al escuchar esto último.
—¿Me llamaste tonto? —Pregunto en un tono más calmado —Suficiente, esto lo tiene que saber mi suegrito.
El rubio comenzó a caminar hacia la puerta pero Sergio lo detuvo tomándolo de la mano.
—Ya basta, no te vayas —El pelinegro uso un tono de voz más dulce de lo habitual.
No deseaba que su padre se entrometiera en ese tema.
—Me llamaste tonto —Susurró Max, no molesto, sino entristecido.
—Es que me hiciste enojar —Sergio se excuso mientras entrelazaban sus dedos —Por favor, perdóname.
Entonces el pelinegro se apoyo en el cuerpo de su novio, mirándolo con dulzura y observando sus mejillas sonrojadas.
—Solo por esta vez, amorcito —Respondió el rubio para después acortar la distancia entre ambos y juntar sus labios.
Max no pudo evitar soltar la mano de Sergio y tomar delicadamente su rostro en sus manos, haciéndolo profundizar el beso.
El pelinegro se apoyo en sus brazos, intentando agarrarse de él y seguirle el ritmo.
Entonces la puerta se abrió, y se separaron rápidamente.
—Hijo, ya vamos... —Esta vez era Don Toño, que se dio cuenta de quien había besado a quien —Max, hijo, respetame.
El rubio se puso muy nervioso y balbuceó una tonta disculpa por su comportamiento.
Sin embargo, Don Toño lo tranquilizó y le pidió ayuda para llevar a Sergio hasta la furgoneta.
Max se aseguró de que su novio fuera lo más cómodo posible y en todo el camino no dejaba de prestarle atención a su bienestar.
Cuando llegaron, el rubio se apresuró a bajar e ir en auxilio de Sergio, a quien tomo en brazos para hacerlo bajar del vehículo.
—No es necesario —Dijo el pelinegro mientras estaba en los brazos de su novio.
—Si, si lo es —Insistió Max, haciéndolo sonreír.
Se suponía que solo iba a ayudarlo a bajar, pero el rubio se animó a llevarlo hasta adentro de la casa y dejarlo recostado en el sofá.
—Asi se deben sentir los recién casados —Bromeo Sergio mientras se acomodaba y Max se agachó para acercarse a su oído.
—Ya estoy practicando —Susurró el rubio, dejándolo sin palabras.
—Iré a comprar algo de comer, ¿Los puedo dejar solos? —Pregunto Don Toño observando fijamente a Max —¿Se podrán comportar en mi ausencia?
—Si, señor —Respondió el rubio todavía nervioso —De hecho, lo ayudaré a limpiar.
Sergio se echó a reír ante esto.
—Bien, hijo, volveré en un rato —Dijo Don Toño caminando a la puerta y cerrando tras de si.
—¿Estás compitiendo por el cariño de mi papá? —Cuestionó Sergio apenas estuvieron solos.
—Él ya me quiere mucho, tú lo dijiste —Respondió el rubio triunfante.
—No te querría tanto si supiera lo que me haces cuando estamos solos —El tono de su voz ya no era burlesco, sino juguetón, más seductor.
Max sonrió ante esto.
Se acercó de nuevo y se arrodilló frente a él, coloco sus manos en las piernas de su novio y comenzó a acariciarlo.
—¿Lo que te hago? —Comenzó el rubio en el mismo tono y mostrando una sonrisa traviesa— ¿O lo que me pides que te haga?
Sergio se mordió al labio al imaginar lo que haría con aquella boca traviesa de su novio.
Pero pronto se recordó a si mismo que debía mantener la compostura.
—Mi papá no tardará en volver —El pelinegro detuvo una de sus manos con la suya —Y estoy mallugadito, no me provoques en esta condición.
De pronto el teléfono del rubio comenzó a sonar.
—Es mi mamá, quiere saber si ya estás en casa —Dijo el rubio mientras revisaba el dispositivo —Anoche le mandé un mensaje para que no se preocupara, sabe que estuviste en el hospital. No deja de preguntar por ti.
Sergio se conmovió ante esto, pero una duda lo inundó.
—¿Y tu papá? —El pelinegro pudo notar el cambio de expresión en el rostro de su novio.
—No se que tan molesto este conmigo —Confesó el rubio —Pero no te preocupes por eso.
La naturaleza de Jos llamaba mucho la atención de Sergio.
Lo recordaba molesto, dominante e intimidante, un hombre con mucho carácter.
Pero este comportamiento volátil podría resultar problemático ante un nulo autocontrol.
—Quiero cambiarme de ropa, necesito algo más cómodo—Dijo Sergio con intenciones de levantarse del sofa y Max se hizo a un lado.
Comenzó a caminar hacia la escaleras y se detuvo en el primer escalón.
Observó a Max y le hizo una señal con la cabeza.
—¿Qué? —Pregunto el rubio confundido —¿Quieres que te acompañe?
El pelinegro sonrió.
—Dijiste que ibas a cuidarme ¿No? —Sergio lo miró como si estuviera señalando lo obvio —No puedo cambiarme solo, tengo un yeso ¿Lo recuerdas?
Max asintió y lo siguió hasta su habitación.
Comenzó a ayudarle a deshacerse de su playera, siendo muy cuidadoso con él.
Después comenzó a desabrochar sus pantalones, y rápido se dio cuenta del bulto que estos ocultaban.
La imagen mental de Max arrodillado había hecho efecto en Sergio, y fue algo que no pudo disimular cuando estaba desvistiendose.
El rubio, notando esto, no pudo evitar acariciarlo sobre la tela de su ropa interior.
—Basta —Dijo Sergio mientras se mordía el labio —Mi papá vendrá en cualquier momento.
—Y notará lo que pasa ahí abajo —Señaló Max, sabiendo que su novio lo había llevado ahí con un propósito —¿Quieres que te ayude con mi boca?
—Por más que lo deseará, tendríamos otro problema en tus pantalones —El rubio sonrió ante este comentario.
—Lo resuelvo en el baño.
—Eres un pervertido —Se burló el pelinegro —¿No puedes estar cinco minutos sin querer follarme? Además, tengo un yeso.
Max soltó una pequeña risa.
—Primero, tú me hiciste subir para desvestirte sabiendo que lo vería —Comenzó el rubio, listo para defenderse de las burlas de su novio — Segundo, no soy yo quien tiene una erección —Volvio a poner su mano sobre su miembro, haciéndolo gemir en el acto —Y tercero, tu yeso está en el brazo, no ahí.
El pelinegro lo pensó un poco, realmente había perdido la discusión.
—Bien, ayúdame —Pidió intentando parecer indiferente.
Max continuo acariciando su miembro, sintiendo como la respiración de Sergio se aceleraba y notando como la ropa interior de este se manchaba por el líquido preseminal.
El rubio lo hizo sentarse en la cama y se arrodilló para acomodarse entre sus piernas, deslizando su ropa interior hasta deshacerse de ella.
Max no tardó en llevárselo a la boca, comenzó a moverse tan rápido como pudiera.
Sabía que no tenía tiempo y no iba a desperdiciar ni un segundo.
Sergio no pudo callar sus llantos de placer al sentir como su humeda lengua recorría su falo.
Llevó su mano derecha a la cabeza de su novio y enredo sus dedos en su rubia cabellera, marcando el ritmo de su movimiento.
Lo obsesvaba devorar su carne, llenado su boca hasta tocar su garganta, atorandose con su brusquedad y desesperación.
Bañando su lengua con su semen hasta hacerlo toser.
Max se levantó del suelo al recibir el beneficio de su buen trabajo, intentando tranquilizarse a si mismo por lo ocurrido.
El pelinegro quedó bastante cansando al ser atacado por la boca de su novio.
El rubio lo dejo descansar mientras barría la casa y acomodaba las cosas.
Don Toño volvería pronto y se haría preguntas si los encontraba en su habitación.
Tan pronto como lo esperaban, el señor Pérez volvió con comida y agradeció a Max por limpiar la casa y cuidar a su hijo.
Sergio se puso su pijama, realmente se podía vestir solo.
Ese día lo pasaron en tranquilidad, por la noche Max acompaño a Sergio en su cama hasta que se quedó dormido y se pudo ir a la suya.
El rubio llegó y fue recibido fríamente por su padre, quien no le dirigió la palabra.
Jos comenzó a cuestionarse si había sido suficiente lo que hizo, o si necesitaba tomar medidas más extremas.
Sin embargo, optó por calmarse y esperar a que sus planes dieran sus frutos.
A la mañana siguiente Sergio no iría a la escuela, le habían dado permiso de faltar una semana completa para su recuperación.
Tiempo suficiente para observar la casa de su novio.
No podía quitarse aquella duda de la cabeza.
Vio a Jos salir de la casa de Max, abrió la puerta del auto pero se detuvo por un instante.
El hombre se giro para ver hacia su casa, algo que tenso al pelinegro y lo llevo a esconderse detrás de las cortinas.
Jos sostuvo la mirada por un momento, después subió a su auto y se marcho.
Ambos se habían sentido observados, pero solo uno estaba seguro de lo que había visto.
Sergio se asomo de nuevo, más relajado, y vio salir a Max.
Este había insistido mucho en quedarse a cuidarlo, pero Don Toño se negó rotundamente y le advirtió que no quería un vagabundo como yerno.
Así que no tuvo más opción que irse a la escuela.
El rubio se detuvo y lo miró de vuelta, sonriendo al notar a su novio en aquella ventana.
El pelinegro correspondió su sonrisa, y le hizo un ademán con la mano para despedirse.
—Hijo, ¿Puedo pasar? —Don Toño tocó la puerta, haciendo que su hijo brincara del susto.
—C-claro —Respondió Sergio alejándose de la ventana.
El señor entro a la habitación y saco de su bolsillo un teléfono.
—Lo compré ayer, para que me llames si necesitas algo —Don Toño se lo dio a su hijo, quien sonrió agradecido —Hoy iré a ver a Max, me dijeron que ha mostrado mejoría y buen apetito.
Los ojos de Sergio se iluminaron ante tal noticia.
—¿Crees que pronto vuelva a casa?—El pelinegro deseaba abrazarlo pronto, y su padre asintió —Gracias papá, por todo.
—Soy yo quien debe agradecer por todavía tenerte a mi lado, a ambos —Don Toño se acercó a su hijo y le dio un beso en la frente —Me voy, te veo en la noche.
Sergio asintió y lo vio marcharse.
Pasaron las horas y el pelinegro se paso gran parte de la mañana viendo televisión y configurando su nuevo teléfono.
Entonces el timbre sonó y se levantó a atender.
Al abrir el portón, se llevó una sorpresa inesperada.
—Buenos días —Sophie sonría con amabilidad —Te prepare el desayuno, debe ser difícil para ti después de lo que te paso.
—Señora, no tenía porque molestarse —Respondió Sergio todavía sorprendido —Pase, adelante.
Sophie ayudo a Sergio a comer, alimentandolo como si fuera un niño pequeño.
El pelinegro no pudo decirle que no, aunque podía comer perfectamente por su propia cuenta.
Al final del día, la madre de Max solo quería verlo bien y feliz.
Sergio se había vuelto muy importante para su hijo, y sentía que debía cuidarlo como si ella fuera su madre.
Cuando se fue, le dio su número para cualquier emergencia y le hizo saber que siempre contaba con ella.
Por la tarde, Max salió de la escuela y se apresuró a ir a una papelería.
Había notado las firmas en el yeso de su novio y pensó que se verían mejor si le ponía decoraciones.
Caminando hacia la parada de autobús, se topo con alguien en el camino.
—Max —El rubio levantó la vista para ver de quién se trataba —¿Podemos hablar un momento?
—¿Qué pasa, Charles? —Respondió guardando su compra en la mochila.
—Veo que eres muy celoso con Sergio, así que te entrego las tareas de hoy —El castaño le extendió una libreta —Pero también hay algo que debo decirte.
Max suspiró pesadamente.
—No me gustas, Charles —Aclaró el joven —Solo tengo ojos para mí Sergio.
—No, idiota —Respondió Charles cansado de su pelea de celos —Es sobre el ataque.
Esto tenso al rubio, no le gustaba ese tema porque odiaba no haber estado para defender a su novio.
Pero deseaba encontrar a los culpables y hacerlos pagar.
—¿Qué sabes? Dime—Insistió Max casi desesperado por obtener información.
Charles observó a su alrededor, como si estuviera asegurándose de que nadie más los escuchará.
—Puede que haya visto actividad sospechosa esa tarde, muy cerca de la cafetería de Don Toño —El castaño hablaba en un tono apenas audible —Pero no estoy seguro.
—Vamos, Charles, solo dilo —El rubio no tenía paciencia para esas cosas.
El castaño suspiró pesadamente antes de hablar. No estaba seguro de como se lo iba a tomar.
—Eran tus amigos, Max —Continuó Charles ante la mirada estupefacta del rubio —Daniel y Lando, ellos estaban ahí —Se asusto un poco al ver su nula reacción —No estoy afirmando nada, pero esa herida en el brazo. Lo sabes, entiendes a quien beneficia.
Max comenzó a negar con la cabeza, no quería creer que pudieran llegar tan lejos por una competencia.
— Déjamelo a mi, yo averiguaré si ellos lo hicieron —Propusó el rubio —Debo irme a casa. Y gracias.
El joven subió al autobús ante la mirada atenta del castaño.
No tardó mucho en llegar a su destino, pero una nueva jugada lo pondría de los nervios.
A una calles de la cafetería de Don Toño, a escasas cuadras de su casa, diviso el auto se su padre.
Se acercó con cautela, intentando identificar a los pasajeros de este.
Por un momento pensó en un amante, pero fue mucho peor.
Lando le estaba entregando algo a Jos, mientras que esté les dio unos sobres.
Uno para Lando, otro para Daniel.
Max unió los puntos, Charles tenía razón.
Pero, ¿Cómo aceptar algo así?
¿Cómo podría decirle a Sergio quien es el culpable de lo que le ocurrió?
Y lo peor, ¿Cómo podría volver a ver a su padre a los ojos?