ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Atenea, estratégica

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TW NSFW: ESTE CAPÍTULO TIENE CONTENIDO ADULTO. Esa misma tarde Sergio recibió una visita inesperada. Al abrir la puerta no puedo evitar fruncir el ceño al observar a la persona frente a él. —Sergio, ¿Podemos hablar?— Carlos se miraba más tímido de lo habitual, era como si estuviera avergonzado de sus propias acciones. Pero su actuar habia lastimado demasiado a su amigo, quien no deseaba hablar con él en ese momento. —No tengo tiempo —Respondió el pelinegro —Ven en otro momento, no quiero visitas ahora. Sergio estaba a punto de cerrar, pero el castaño puso un pie adentro de la casa y con todas sus fuerzas evitó que cerrara. —Por favor, necesitamos hablar —Insistió Carlos agarrándose fuertemente al portón —Sé que fui un idiota al no visitarte, eres mi amigo y te dejé solo en un momento así. —No estaba solo —Respondio Sergio —Óscar, Charles, Lance, George, Max, pato e incluso Lewis estaba ahí. El castaño desvió la mirada sumamente avergonzado por ser el único que no atendió a su llamado. —Perdón, pensé que era un juego de Charles —Se excusó —Debía estar ahí para ti y ahora veo que tus heridas son graves, supongo que no participarás en la competencia Sergio suspiró pesadamente —El mayor problema que tienes es que priorizas cosas banales antes que tus propios amigos —El pelinegro intentando conservar la paciencia —Por eso nuestra amistad está arruinada y tu relación con Charles se fue a la basura. —Nuestra amistad está arruinada por culpa del estúpido de Max verstappen —Se defendió el castaño —Él se metió entre nosotros y te arrastro a su lado. El pelinegro era conocido por ser una persona tranquila, pero detestaba que se metieran con su novio. —No te atrevas a hablar así de él —Amenazó Sergio con una voz tan seria que hizo titubear castaño —Incluso con tu actitud déspota y tu odio hacia mi novio, Max intentó excusar tu ausencia en el hospital, ¿No te da vergüenza hablar mal de él cuando nunca, en ningún momento, ha hablado mal de ti conmigo? Carlos sabía bien que no podía defenderse ante eso. Sergio se miraba muy decidido y seguro de sus palabras. No le gustaban las mentiras, así que sería difícil creer que lo estuviera engañando sobre la actitud del rubio. Pero una idea se le cruzó por la mente. —Tú no sabes lo que él hizo —Comenzó el castaño —Era mi amigo, pero luego se metió con... —Él ya me contó todo, no hace falta explicarme —Sergio lo interrumpió inmediatamente —Él no se metió con Lando cuando ustedes eran novios. Si intentas persuadirme para terminar con él, te pido que por favor te retires de mi casa. Carlos se sorprendió ante esto. No creía que su vínculo con Max fuera tan fuerte. —No, Sergio, por favor —Suplicó el castaño sosteniéndose con más fuerza —Prometo no hablar mal de Max, solo quiero charlar contigo como en los viejos tiempos —Suspiró pesadamente antes de continuar —Quisiera saber cómo está Charles, lo extraño y mucho. Sergio, quién ya había escuchado la versión de Charles sobre ese tema, necesitaba aconsejar de la mejor manera a Carlos. Pero su molestia le impedía ser amable. —¿Extrañas a Charles? —Comenzó el pelinegro —¿Qué extrañas exactamente de él? —Al notar su silencio pudo continuar —¿Qué te gusta de él? ¿Cómo te adula? ¿La manera en que deja sus planes de lado para complacerte? ¿O la forma en cómo puedes usarlo para darle celos Lando? Este repentino ataque lo dejó sin palabras, pero no se iba a dejar de su amigo. —¿De qué estás hablando? —Dijo Carlos —Yo jamás he hecho eso, no reflejes tu relación en la mía. Sergio se echó a reír ante esa respuesta. —Mi relación con Max es muy diferente a la tuya con Charles —Comenzó el pelinegro más que listo para atacar —Existe mucha complicidad, amor y confianza. Cuando estamos juntos no pensamos en nadie más. A diferencia de ti qué has engañado, usado y maltratado a Charles. Pasando tiempo con él mientras tu mente estaba ocupada en otra persona. —Solo dices tonterías —Dijo de castaño sumamente molesto— Tal vez son tus palabras, pero es el pensamiento mezquino de tu novio influenciando en ti. El pelinegro suspiro pesadamente. Estaba harto de que siempre buscará la forma de ensuciar a Max en su conversación. —Solo te estoy dejando en claro la diferencia entre amar a alguien y el estar obsesionado con otra persona —Sergio lo empujó para sacarlo de su casa —Nunca insultes a mi novio, mucho menos en mi presencia. No vuelvas hasta que lo entiendas. Y cuida lo que haces, porque solo tienes a Charles en el equipo. Sergio le cerró en la cara sin darle oportunidad de responder. Después de haber presenciado a su padre hablando con los dos mayores sospechosos del ataque a su novio, Max se sintió muy presionado, y no tuvo el valor para ir y hablar con Sergio. ¿Cómo podría abordar un tema así? Sabía que tenía que hablarlo en cualquier momento. Pues habían prometido ser sinceros el uno con el otro. Sin embargo, él también estaba siendo afectado por ese tema y necesitaba un respiro antes de siquiera intentar hablarlo con su novio. Además, ¿Qué pruebas tenía? No tenía nada con lo cual señalar a Jos. No había ni una sola prueba y el único testimonio era de un amigo de la víctima que, casualmente, era el rival a vencer de los acusados. Necesitaba encontrar la forma de probar que su padre había planeado todo, y que Lando y Daniel habían fungido como sus lacayos para cumplir con la tarea encomendada. Era un tema demasiado difícil y si ya le resultaba complicado hablar abiertamente de los maltratos de su padre hacia él, el ataque a Sergio era peor. Decidió que esa tarde no iría a ver a su novio, se daría cuenta de su cara larga y le cuestionaria su actitud. Asi que no volvió a casa hasta muy noche, ya encontraría una excusa que decirle al día siguiente. El pelinegro se percató de lo tarde que llegó Max, pues lo había estado esperando toda la tarde. No quiso mandarle un mensaje para no ser invasivo, sabía que no debía absorber su tiempo desconsideradamente. —¿Te pasa algo? —La voz de su papá lo hizo levantar la mirada —Apenas tocaste tu cena. Sergio no quería preocuparlo con el tema del ataque, pero tenía muchas dudas que solo un padre podría resolver. —¿Te gustaría verme triunfar? —La pregunta de su hijo tomo por sorpresa al hombre mayor. —Claro que sí, eres mi hijo y siempre querré lo mejor para ti —Explico Don Toño sin entender de dónde provenía esa duda. El pelinegro suspiro pesadamente antes de continuar. —¿Incluso si eso implica hacer algo moralmente incorrecto y reprobable? —Sergio desvío la mirada, tenía miedo a su respuesta. Don Toño se sintió aún más confundido ante esto. —No...—Respondió el hombre intentando descifrar lo que su hijo ocultaba —Quiero que seas exitoso, pero principalmente que seas una buena persona. —¿Y si no fueras mi papá?—Sergio continuo con su acertijo —¿Te molestaría mi éxito si amenaza el tuyo? El hombre negó con la cabeza. —¿Esto es por el ataque? —Don Toño temió hacer esa pregunta, pero él también se había cuestionado eso —¿Crees que la persona que te atacó no quería verte competir? —No lo sé, papá —Confeso Sergio con lágrimas en los ojos. Ciertamente temía que ese fuera el caso. —¿Pero que clase de monstruo ataca a un chico solo por una competencia? —La rabia se hizo presente en la voz del mayor —¿Por qué llegar a ese extremo? —Por éxito —Respondió el pelinegro casi en un susurro—Para asegurarse la victoria. —¿Y tienes idea de quien pudiera ser esa persona? —Don Toño tomo de la mano a su hijo y lo hizo mirarlo directamente a los ojos. “Sí” pensó el joven. —No —Respondió Sergio. Don Toño sentía que estaba mintiendole, pero no quería presionarlo. Lo que pasó había sido demasiado intenso, y Sergio necesitaba recuperarse. Decidió priorizar la salud de su hijo y no cuestionar más. Sergio, por su parte, se aliviaba de que su padre no conociera del todo a Max y el hecho de que esté fuera parte del grupo rival contra los que competiría. Sería muy fácil darse cuenta quien se beneficiaba. A la mañana siguiente todo transcurrió como de costumbre. El pelinegro observó al hombre mientras se marchaba y, una vez más, se giro para ver a su casa. Esto lo ponía nervioso. Si Jos no fuera el culpable, ¿Cuál era la fijación que tenía con su casa? ¿Acaso ansiaba ver el resultado de su malévolo plan? ¿Le emocionaba la idea de verlo herido? Sergio no lo sabía, pero temía la respuesta. Vio a Max marcharse, pero este no lo saludo al irse. Eso lo puso aún más nervioso. El rubio caminaba como si lo estuvieran persiguiendo. Sentía su corazón al mil por hora y no podía controlar sus nervios. Las horas pasaron tan lentamente, ¿Por qué tenía que compartir todas sus clases con el estúpido líder de los Lions? Le costó mucho actuar con normalidad, cuando en realidad quería hacerlo pagar. Estaban sentados en unas mesas en el patio de la escuela, ya faltaban unos minutos para que terminaría el horario escolar. —Hoy tendremos una hora más de entrenamiento —Dijo Lando, su voz resultaba más molesta que de costumbre. —No iré —Respondió Max con firmeza mientras se levantaba de su asiento listo para irse. Todos sus compañeros de equipo lo voltearon a ver. —¿Disculpa? —Pregunto Lando desconcertado —Creo que escuche mal. —Max, no puedes faltar —Susurró Logan intentando no alterar los ánimos. —Si, si puedo —Respondió Max levantando la voz —Y no escuchaste mal, no iré. —Si ese idiota no va, yo tampoco —Amenazó Lewis —Pedí permiso en mi trabajo como para que el equipo no esté comprometido. —Max, siéntate —Lando le hablo con una voz autoritaria que lo hizo enfadar aún más —No puedes tratar al equipo así, no seas desconsiderado. —¿Desconsiderado? —Pregunto el rubio con cierta burla —Si quieres que lo sea, entonces lo seré. Lando se levantó de su asiento, mostrando desafío y mirando con desden al joven. —Soy el líder, debes obedecer —Eso fue lo último que Lando dijo antes de que Max le diera un puñetazo en la cara. —¡Max! —Grito Logan levantándose de su asiento listo para intervenir. —¿Qué carajos fue eso? —Dijo Lewis siguiéndolo. El rubio se acercó a Lando y susurró en su oído. —Sabes bien que te mereces algo peor. Max termino alejándose de su grupo y escapando de cualquiera que pudiera o pretendiera retenerlo. Rápido tomo el autobús y llegó a casa de Sergio. Ansiaba verlo, y necesitaba hablar con él. —Hola, mi león —Dijo el pelinegro aliviado de verlo, temía que estuviera evitandolo. —Vine en cuanto pude —Comenzó el rubio, pero se percató de la ropa del joven —¿A dónde vas? —A dar un paseo, ¿Me acompañas?—Sergio salió de su casa y cerro tras de si. —¿Haz enloquecido? —Max lo tomo de la mano para evitar que siguiera caminando —No puedes estar solo después de lo que te paso. El pelinegro sonrió intentando contener sus nervios. —Fue un asalto común, no volverán por mi —Esa frase era una trampa. Max casi vomita todo en ese instante. —Entonces vamos juntos —El rubio decidió evitar esa conversación. Sergio se dio cuenta de lo tenso que se puso. —¿Y si visitamos a tu mamá? —Sugirió el pelinegro, está propuesta no fue del todo el agrado de Max. En casa podría estar su padre. Pero cuando Sergio avanzo unos pasos a su lado, se dio cuenta de que no estaba el auto de este. —Bien —Aceptó el rubio mientras entrelazaban sus dedos. Llegaron a su casa pero al tocar el timbre nadie los atendió. Saco sus llaves y abrió la puerta, dándose cuenta de que no había nadie en casa. Sus gatitos se pasearon entre sus piernas y esto lo hizo relajarse un poco. —Nunca me has mostrado tu habitación —Dijo Sergio mientras volteaba a verlo con una mirada coqueta. Para cuando se dieron cuenta, ya había subido las escaleras y entrado a su habitación. Max devoraba los labios de su novio, mientras que con sus manos se deshacían de su pantalón y acariciaban su miembro erecto. Si bien el rubio quería hablar con su novio, ciertamente deseaba más complacerlo. Sergio dejaba escapar pequeños jadeos al sentir su mano trabajando sobre él, pero no pudo controlarse cuando Max lo sentó en la cama y uso su boca para aumentar su placer. Tenía la mitad del cuerpo desnudo, mientras que el rubio seguía vestido, pero muy ocupado saboreando su miembro con su lengua. Max lo miraba, esperando que su esfuerzo fuera bien visto por su novio, quien se mordía el labio para intentar no ser tan ruidoso. Quería tomarlo de los cabellos y sentir el movimiento de su cabeza al dejarlo follar su boca, pero no podía recargar su peso sobre el brazo lastimado, así que solo se acostó en la cama y dejo que el placer se apoderada de su cuerpo. —Oh Max...—Susurró el pelinegro cuando esté lo hizo abrir las piernas y elevarlas un poco para comenzar a estimular su entrada con su lengua. El calor comenzaba a subir, no pudiendo controlar sus gemidos y siendo muy ruidoso. Tenían suerte de que no hubiera nadie más en la casa. Gracias a la posición en la que se encontraba, pudo llevar su mano sana hacia la cabellera del rubio y enredar sus dedos en sus rubios cabellos. Sintió su lengua húmeda y caliente adentrándose en él, haciéndolo retorcerse sobre las sábanas y dejando escapar un gemido ahogado. Instintivamente abrió un poco más las piernas, si es que eso era posible, dejandose tan expuesto y accesible, como necesitado. —Max, te necesito —Suplicó el pelinegro. El rubio fue consciente del incesante movimiento de caderas de su novio, una muestra de su necesidad de ser tomado cuanto antes. Sin embargo, Max quería seguir disfrutando de hacerlo gemir con solo usar su lengua. Así que regreso su atención a su miembro, pero está vez a la parte inferior de este, lamiendo los testículos del joven y jugando con su paciencia. —¡Max! —La súplica pronto se convirtió en un berrinche, molesto por la falta de atención que buscaba. El rubio sonrió ante esto, tomando entre sus labios la carne de su novio y lamiendo el líquido preseminal que se había hecho presente. —¿Qué pasa? —Pregunto Max con una sonrisa traviesa, casi riéndose al ver la indignación en el rostro de su novio —No te enojes, mi amorcito. Es solo que me gusta como ruegas por ser follado. Sergio no estaba de buen humor, su plan se veía frustrado por un juguetón Max. —Eres un tonto —Se quejó el pelinegro, pero pronto soltó un gemido ronco al sentir el dedo de su novio entrando en él. —¿Qué dijiste? No te escuche bien —Se burló el rubio. Sergio mostró intenciones de levantarse y terminar con su travesura, pero Max puso su mano libre en su pecho y fácilmente lo retuvo. —Ya deja de jugar —El pelinegro uso la voz más seria que tenía, pero la posición en la que se encontraba jugaba en su contra. —¿Qué? ¿Esto?—Max comenzó a mover su dedo dentro de su novio y pronto metió otro —Puedes pedirme que me detenga, o que te folle de una vez por todas, pero debe ser claro y fuerte. Sergio suspiro pesadamente y se rindió ante él. —Follame —Dijo en un tono que no dejo satisfecho a su pareja y desvío la mirada con molestia —Por favor, follame. Llename con tu miembro. Te quiero tan dentro de mi ahora mismo. El rubio sonrió sumamente extasiado, esas palabras eran musica para sus oídos. Dejo salir sus dedos de su interior, rápidamente se desvistió y comenzó a masturbarse mientras observaba el cuerpo desnudo de su novio. Se acomodo entre sus piernas, restregando su miembro entre sus pliegues y entrando a ese apretado agujero que tanto deseaba. Sergio jadeo al sentirlo tan dentro de él, gimiendo su nombre con cada movimiento de caderas. Al rubio le fascinaba ver cómo su miembro desaparecia entré las piernas de su novio y el efecto placentero que tenía sobre él. Se apoyaba en su cintura, dejando que sus piernas lo rodearan y disfrutando de la sensación caliente que sentía con cada embestida. —Sergio, eres mío —No era una pregunta, sino una afirmación. Max sentía una profunda necesidad de marcar territorio cuando se trataba de su pareja. —Sí, lo soy. Completamente tuyo—Y a Sergio le encantaba eso de él. Cuando sentían que estaban a punto de llegar al clímax, Max optó que la mejor opción era que ambos se masturbaran y así evitar dejar evidencia sobre sus sábanas. Se ayudaron mutuamente, aunque les hubiera gustado otro final para su travesura. Cuando sus respiraciones dejaron de ser agitadas, Max se vistió temiendo que en cualquier momento aparecieran sus padre y ayudo a Sergio con sus pantalones. Esto debido a que escucho un fuerte ruido en el patio, y temió que se tratarán de ellos. Así que el rubio bajo las escaleras para ver de qué se trataba, ya que fue algo muy rápido y repentino. Temiendo la presencia de un intruso, le pidió a su novio que se quedará arriba. Max busco por todos lados, pero no veía a nadie. Entonces observó a sus gatos jugando cerca de las maceteras, y pronto se percató que habían tirado una. Sergio aprovechó el momento. Su corazón latía rápidamente. Observó la habitación de Max, pero él no era el objetivo. Aunque le sorprendió que sus premios y reconocimientos no estuvieran en su habitación, sino en la sala. De igual forma, salió de ahí porque sabía que esto no se trataba de Max. Tomo su teléfono y marco un número conocido. No era mucho de usar su móvil anterior, así que podía durar bastante tiempo con la batería que tenía. Camino por los pasillos de la casa, buscando algún sonido. Creyó haber perdido el tiempo y que fue su imaginación la que jugó en su contra con el padre de Max. Sin embargo, al llamar por tercera vez, pasando cerca de una de las habitaciones del primer piso, pudo escuchar claramente su tono de llamada. Aturdido y temeroso, abrió la puerta y vio que era una pequeña oficina. El silencio de la casa siendo interrumpido por el sonido de su teléfono robado hacia que su corazón estuviera acelerado. Se acercó al escritorio y abrió una de las gavetas, ahí estaba su teléfono. Sergio cerro rápidamente el mueble, salió de la habitación y cerro la puerta tras de si. Muchas preguntas se amontonaron en su cabeza, siendo aturdido por la idea de estar en la mente de un hombre tan enfermo y violento. Salió corriendo de la casa de su novio, sin decirle una sola palabra y con el miedo a flor de piel.
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