Apolo, protector
22 de diciembre de 2025, 18:51
Cuando Sergio iba saliendo de la casa de Max, sintió que alguien lo jaló del brazo y lo empujó con fuerza contra la pared.
Al levantar la mirada su cuerpo se tenso por completo e inconscientemente comenzó a temblar.
—¿Qué haces aquí? —Jos lo tomaba del brazo con fuerza y se podía observar cierto odio en su mirada.
—Yo... —Sergio no podía hablar, le tenía demasiado miedo a ese hombre.
—No te acerques más a mi hijo —Advirtió el mayor sin siquiera relajar el agarre —No te quiero ver de nuevo aquí.
Al ver que el joven no respondía, Jos apretó con fuerza su agarre en el brazo sano del muchacho.
—¿Eres sordo? —Cuestionó el hombre aprovechándose de su fuerza y lastimando al joven —¿O hace falta que te quiebre una pierna para que lo entiendas?
Sergio se jaló de su agarre y si bien el hombre puso resistencia, al final lo dejó ir al ver lo asustado que estaba.
Estaba seguro de que el pelinegro no regresaría sabiendo que él estaría atento.
Y de cierta forma tenía razón.
Max ingresó de nuevo a la casa y subió a su habitación.
Se paró en seco cuando se dio cuenta de que su novio se había marchado.
Así que bajó rápidamente las escaleras para intentar alcanzarlo o verlo en su casa.
Pero se quedó estático al ver a su padre cerrar la puerta de la entrada.
—¿Qué pasa, campeón? —Pregunto Jos intentando actuar con normalidad —¿Por qué esa cara?
Max calmó un poco antes de hablar.
—Pensé que era mamá —Mintió.
—Tu madre nos está esperando, solo vine por ti —Explicó el mayor y sin decir más palabra, Max se cambió para salir con su familia.
Tenían una comida con uno de los socios de su padre, pero el rubio apenas prestaba atención a lo que estaba pasando.
No dejaba de pensar en Sergio y las razones por las cuales se habría ido sin despedirse.
Temía a la idea de que se haya encontrado con su padre.
Pero rápidamente la descartó, pues sentía que Jos ya le hubiera reclamado la presencia del joven.
Sergio estaba acostado en su cama, no había podido evitar llorar ante la revelación el responsable de su ataque y la casi muerte de Max.
Además de la amenaza que había sufrido por parte de este hombre sin escrúpulos.
No sabía si Max sabía la verdad, dudaba mucho que fuera así.
Pero pronto temió por la seguridad de este.
¿Qué iba a pasar si, incluso sin Sergio en la competencia, Max aún así perdía?
¿Jos sería capaz de lastimar a su propio hijo?
Viendo su naturaleza violenta y su actuar desmedido, Sergio no dudaba de que esto era verdad.
Definitivamente Jos sería capaz de hacerle mucho daño a Max.
Y conociendo el rubio, si Sergio le decía lo que había descubierto, quizás enfrentaría a su padre y eso solo ocasionaría más problemas.
Para cuando Max regreso a casa, no dudo en pedirle permiso a su madre para salir un momento a comprar algo.
Sophie aceptó y Jos no puso oposición, porque ya sabía de qué se trataba.
Sabía que no podía presionar demasiado a Max y debía dejarlo creer que tenía control de su propia vida.
El rubio tocó la puerta y para su sorpresa abrió Don Toño.
—Hijo, pasa—Dijo el mayor apenas lo vio y se movió a un lado para darle espacio para entrar.
—Disculpe la hora —Respondió Max entrando a la casa y se detuvo cuando observó a quien estaba ahí —¿Max?
Max, el perro, estaba acostado en su cama todavía terminando de recuperarse.
—Silencio, no hables fuerte —Don Toño se acercó a ambos —Sergio todavía no lo sabe, está arriba durmiendo ¿Podrías subir y pedirle que baje?
El rubio asintió y Don Toño se dirigió a la cocina para terminar con sus deberes.
Max, el humano, se acercó a Max, el perro, y acarició su cabeza, bajando su mano hasta su nariz y este termino lamiendolo con amabilidad.
El rubio sonrió ante el actuar del canino, siendo más amable con él.
—Vuelvo en un minuto —Susurró el joven para después alejarse del canino y caminar hacia las escaleras.
Max abrió la puerta de la habitación de Sergio y lo vio acostado en la cama, pudo notar en su ojos que había llorado.
Se acercó hacia su cama y aprovechó el espacio que había dejado para acostarse a su lado.
—Max... —Susurró Sergio algo somnoliento.
Sin embargo, el rubio solo se limitó a abrazarlo haciéndolo recostarse en su pecho.
El pelinegro se dejó cautivar por la fragancia de su novio y escuchó con atención su corazón acelerado.
—¿Te he dicho que te amo — ¿Preguntó Max mientras acariciaba su cabello.
—Sí, me lo has dicho —Respondió Sergio con una sonrisa en los labios pero sin siquiera abrir los ojos— Yo también te amo.
El rubio lo abrazó con más fuerza.
—No más que yo —Max lo hizo recostarse a un lado, tomó su rostro con sus manos y comenzó a dejar besos por toda su cara.
El pelinegro sonreía ante eso, le gustaba lo cariñoso que solía hacer de manera espontánea.
Su repentina ausencia había preocupado mucho el rubio, y ahora solo quería hacerle saber lo mucho que le amaba.
—Max, yo siempre voy a amarte —Aseguro Sergio —No necesitas repetirme cuánto me quieres, porque tengo suficiente amor para los dos.
—¿Entonces por qué has llorado, amor mío?— La pregunta de Max tensó al pelinegro —No quiero que dudes de mis sentimientos por ti, y deseo que tengamos la confianza para expresarnos abiertamente el uno con el otro.
Sergio sintió esto como una oportunidad para hablar sobre lo ocurrido con Jos. Así que suspiró pesadamente antes de continuar.
—Me he sentido muy abrumado —Comenzó el pelinegro —Desde lo ocurrido con mi ataque no me siento del todo en paz.
Entonces notó como Max se incomodaba ante ese tema.
Eso lo hizo dudar.
—¿Todavía tienes pesadillas? — el rubio intentó desviar un poco el tema, también le resultaba difícil aceptar la idea de que su padre era responsable.
Y ese había sido su primer error.
—No, ya no — Respondió Sergio notando como Max evadía el tema del ataque — Porque me siento seguro estando contigo.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, pues no pude evitar pensar que Max sabía más de lo que decía.
En respuesta, Max por todo el espacio entre ambos y sus labios se encontraron en un corto beso.
—Me he olvidado de traerte tus deberes —El rubio siguió desviando el tema, una vez más —Me las ha dado Charles, pero los dejé en mi casa.
El pelinegro lo observaba cómo se intentara descifrar algo que no podía ver con claridad.
Su novio había cerrado el tema repentinamente, y ahora de pronto quería hablar de los deberes.
Esto solo llenaba de más dudas su cabeza y lastimaba su corazón.
—Estamos a mitad de semana —Respondió Sergio —Lo correcto sería que me lo dieras cuánto antes.
Max asintió sin darse cuenta que se refería a otra cosa.
—Hay algo que tengo que mostrarte —Dijo el rubio levantándose de la cama y extendiendo la mano para ayudarlo a levantarse.
Sergio titubeó un poco antes de tomarla.
Bajaron las escaleras y los ojos del pelinegro se iluminaron cuando vio su camino amigo.
—¿Max? —Preguntó con los ojos llenos de lágrimas y corrió a abrazarlo, siendo muy cuidadoso al tocarlo.
—Max ha mejorado muchísimo —Comenzó Don Toño cuando vio tan emotiva escena —El veterinario dijo que era como si quisiera volver lo más rápido a casa.
— Gracias papá, no me había sentido tan feliz en mucho tiempo—Dijo Sergio levantándose del suelo para abrazar a su padre.
El rubio estuvo un rato más en la casa de la familia Pérez.
No quería tocar el tema del incidente y la relación que su padre Tenía con eso.
Era difícil para él aceptar que su padre era peor de lo que imaginaba.
E intentaba proteger a Sergio ocultándole la verdad.
Al menos quería hacer eso por un tiempo. La herida todavía estaba fresca y no sabía cómo reaccionaría.
Amaba demasiado a Sergio, pero sus intentos de protegerlo solo lo estaban lastimando.
A la mañana siguiente, Sergio volvió a observar a través de su ventana como ese hombre se volvía cada vez más cínico cuando volteaba a ver a su casa.
No había duda de que él ya sabía que Sergio sabía.
Y no cabía en la satisfacción de haber lastimado a ese muchacho.
En realidad le fascinaba ver su expresión de terror cuando lo atrapaba mirándolo.
Jos se sentía intocable.
Jamás había experimentado el tener tanto poder sobre otra persona que no fuera su hijo.
El pelinegro también vio a su novio marcharse y esta vez sí se despidió de él.
Esa tarde Max intentaría compensar cualquier atisbo de dolor que pudiera haber en su pareja.
Al salir de la escuela se dirigió rápidamente a la cafetería de Don Toño para comprar uno de los postes favoritos de su novio.
—Ya deja de verte en el espejo y ponte a trabajar — Óscar regañaba a Lance, quien estaba muy entretenido observandose a si mismo.
—Habló el que se la pasa coqueteando con su compañero —Respondió Lance sin siquiera voltear a verlos.
Este comentario hizo que Óscar se pusiera muy rojo al ser exhibido de esa manera.
Pato solo se limitó a sonreír, le fascinaba la dinámica entre los dos compañeros.
En la cocina, George ayudaba a Lewis a preparar una mezcla de galletas de chocolate.
Un juego coqueto había empezado entre ellos desde que comenzaron a compartir la cocina.
Kelly, quien se alistaba para irse, se detuvo a observarlos un momento.
Lewis le aventó la mirada para verla y ella le asintió.
La joven se había dado cuenta del interés del moreno hacia el castaño.
En el tiempo que llevaba trabajando junto a George, ella se dio cuenta de que no sería capaz de dar el primer paso si no era motivado por un empujoncito.
La chica salió de la cocina, dejándolos solos, y Lewis sabía que esta era su oportunidad.
Había derramado un poco de mezcla en la mesa Así que la tomo con un dedo y se la puso en la nariz al castaño.
—Te ensuciaste —Dijo el moreno de manera juguetona y el joven sonrió — Déjame ayudar a limpiarte.
En ese momento Lewis tomó una servilleta y se acercó al castaño, cortando mucho el espacio entre ellos.
George lo observaba con atención, como si el aire se le escapara de los pulmones y su mirada rápidamente se concentró en los labios de su compañero.
Lewis sonrío sabiendo que había funcionado.
Un juego tonto pero muy arriesgado.
Terminó de cortar el espacio entre ambos, juntando sus labios delicadamente.
El castaño no dudó en poner sus manos en el cuello del moreno y profundizar el contacto.
El ruido de la puerta abriéndose los hizo separarse rápidamente.
Pato había entrado en busca del pedido de Max. Pues habían quedado así de estos en el mostrador.
Aunque fingió que no había visto, nada no puedo evitar saltar una pequeña risa cuando salió de la cocina.
Óscar observó con atención, quería saber que era aquello que le había provocado tal reacción.
Sin embargo, Pato no dijo nada y empaquetó el pedido del Rubio.
Aunque luego se sintió un poco mal al sentir que no avanzaba nada con Óscar y mucho menos con Logan.
Max tomó su pedido y salió de la cafetería rumbo a la casa de su novio.
Cuando llegó, Sergio lo recibió con amabilidad.
Pasaron una tarde tranquila, comiendo tiramisú y decorando el yeso de Sergio con los stickers que Max había comprado.
—Cuando salí de viaje vi esto y no pude evitar comprarlo para nosotros —Explicó Max sacando unas pulseras gemelas —El vendedor me dijo que eran de pareja, y si no lo son, ahora lo serán.
El pelinegro sonrió y dejó que Max le pusiera la pulsera en su mano derecha.
El rubio luego se puso la suya y ambos se sonrieron del uno al otro.
Sin embargo, el corazón de Sergio todavía seguía dudoso.
Una parte de él quería creer que Max no sabía absolutamente nada sobre su padre siendo el responsable de su ataque.
Pero la otra parte de él sentía que le estaba mintiendo.
Que quizás sus sentimientos lo estaban cegando de ver un engaño claro.
Y es que amaba a Max lo suficiente para excusarlo en su corazón, pero su cabeza no se lo permitía.
Entonces se prometió una cosa.
Si Max no le decía las cosas por su propia cuenta, él le haría saber que siempre supo todo.
Y el rubio tenía un tiempo limitado para hablar con la verdad.