ID de la obra: 1530

La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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La flecha de plomo

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Habían pasado días desde que Sergio había escogido darle tiempo a Max para hablar. Durante ese lapso de tiempo, en múltiples ocasiones le dio la oportunidad para sacar el tema y expresar la verdad. Todas esas veces cuando el pelinegro sacaba a colación la situación de su ataque, el rubio siempre buscaba la forma de desviar el tema y cerrarlo rápidamente. Durante esos días, cada vez que Sergio iba a la escuela, sentía como el auto de Jos pasaba a su lado. Max ni siquiera se daba cuenta de esto al estar tan sumergido en su propia burbuja de amor por su novio. Pero el pelinegro estaba a dos pasos de caer en la paranoia. Se sentía sumamente amenazado por aquel hombre que no parecía querer dejarlo en paz. Y es que Jos disfrutaba de torturarlo mentalmente. Ver el terror en los ojos de Sergio le daba una satisfacción que no se comparaba con nada en ese mundo. Y Sergio no sabía cuánto tiempo podría seguir soportando eso. Habían pasado tres semanas desde el incidente. Max, el perro, había mejorado bastante, estaba bien pero Sergio ya no lo quería sacar de casa. Tenía miedo por su amigo canino antes que por sí mismo. Y mientras no acabara la amenaza de Jos, él no se sentiría seguro con Max en las calles. Eso había sido lo peor para él, pues con las dudas hacia su novio y con su perrito de apoyo emocional lejos de él, apenas podía evitar los ataques de pánico. Sergio estaba sufriendo y no le decía a nadie. Y a dos días de la competencia, un escándalo azotó ambos equipos. —¿Qué mierda es eso? —Preguntó Carlos con molestia —¿Eso es lo que has estado haciendo todo este tiempo? Charles y Logan habían sido encontrados actuando muy cariñosamente el uno con el otro. Habían acordado verse para practicar juntos. Venían haciendo eso desde hacía ya dos semanas y tanto sus tiros como su relación habían mejorado demasiado. Se habían aventurado a ser pareja, aunque sabía que esto molestaría ambos equipos. Cuando Carlos llegó al lugar para practicar temprano, antes de que llegara su equipo, se llevó la terrible sorpresa de encontrarlos dándose un beso. —Esto no es de tu incumbencia —Respondió Charles molesto —Soy parte del equipo, pero no te sobrepases. No tienes control en mi vida privada. —Es un Lion — Resaltó Carlos como si eso pudiera cambiar las cosas. Su excusa para molestarse era débil y tonta. —Es mi novio —Lo defendió Charles —Y ninguno de los dos le debe explicaciones a nadie. —No queremos problemas —Hablo Logan tomando la mano de su novio para mostrarle apoyo —Sabíamos que se molestarían por esto, pero nuestra relación no está ligada a la rivalidad de los equipos. Esa indirecta había molestado aún más al líder de los Eagles. —Veamos qué dice Lando de esto —Amenazó Carlos mientras acaba su teléfono. —Me importa una mierda lo que piense Lando —Respondió Logan con una sonrisa. —Pueden quejarse y llorar lo que quieran —Comenzó Charles —No harán que terminemos nuestra relación, porque ustedes no tienen ningún poder sobre nosotros. —La competencia es en dos días —Le recordó un Carlos todavía molesto. —Así es, no deberías olvidarlo —El tono de voz amenazante de Charles los sorprendió a ambos —Y si todavía quieres tener un compañero, me dejarás en paz. Charles sostuvo la mano de su novio con fuerza y caminaron lejos de Carlos. Este último estaba más que furioso. Los Eagles estaban más que desmoronados. Óscar y Lance no atendían a las prácticas debido a sus trabajos. Sergio no podía participar debido a su fractura Y Charles no solamente había mostrado frialdad hacia él, sino que había demostrado que lo había superado en su corazón. El líder de los Eagles creyó que, al practicar solo con su ex pareja, podrían remediar su relación y reconciliarse. Volviendo a lo que eran antes. Pero la repentina revelación de Logan como la nueva pareja de Charles, solo lo había aturdido sino también lastimado. Carlos había perdido todo en tan poco tiempo. Y solo se aferraba a la única cosa que tenía a su alcance: La competencia. Cuando el resto de los Eagles y los Lions se enteraron de la relación de Charles con Logan, gran parte de ellos se mostraron sorprendidos y en parte felices. Excepto el líder de los Lions, quién creía que era una pérdida de tiempo para Logan, pero no reclamó demasiado al ser solo un suplente del equipo. Max se mostró sorprendido ante esto, creía que Logan estaba intentando algo con Pato. Mientras que Sergio estaba más que feliz por su amigo, pues le alegraba que finalmente dejara atrás a Carlos, quién no merecía su cariño. El pelinegro había hecho un esfuerzo enorme por mantener su relación con Max lo más normal posible. Pero entre sus pláticas con Charles salió un tema interesante. El castaño le confesó sus sospechas sobre Lando y Daniel, temiendo que estos fueran los responsables de su ataque. Sergio lo dudo mucho, pero se alertó al saber que estás mismas sospechas se las había confiado a Max y este no se lo compartió. Incluso sabiendo lo afectado que había estado gracias al ataque, el rubio decidió no hablar y eso había sido más que suficiente para poner en marcha su plan. Una cosa era cubrir los actos de su padre, pues es su sangre, pero otra muy distinta es dejar pasar por alto el actuar violento de sus compañeros. Casi matan a Max, su perro, y eso era imperdonable. Es así como el día anterior a la competencia insistió en que le quitaran el yeso del brazo. El tiempo mínimo de recuperación era de seis semanas y, si bien había mejorado demasiado, sabía que podría quitársela antes para poder estar en la competencia. La fractura no había sido severa así que su brazo, en primera instancia, se mostraba bien. Don Toño no estaba nada contento con la idea de quitarle el yeso antes de tiempo, temía que pudiera hacerse más daño. Pero podía ver la determinación en los ojos de su hijo y que nada lo haría cambiar de idea. Además, ese yeso era el recuerdo constante de lo que le habían hecho y de que todavía no habían atrapado a los culpables. Y si bien estaba en contra de retirarlo, las súplicas de su hijo solo ablandaron su corazón y decidió complacerlo. Eso sí, llegaron a un acuerdo que si presentaba algún dolor o molestia debía decirlo claramente para regresar con el doctor. Por otro lado, Max no la estaba pasando muy bien. Le había costado mucho hacerse a la idea de hablar bien con su novio y contarle la verdad. Pero esos días previo a la competencia su padre se había vuelto más exigente y molesto. Así que pensó que lo mejor sería dejar pasar la competencia y finalmente poder hablar con tranquilidad con Sergio. Pues su mente estaba muy ocupada con tantas cosas al mismo tiempo. Y al menos así tendría una cosa menos en qué pensar. Con la competencia fuera de su vista, él estaría más relajado y podría abordar el problema con su novio. Pero temía que esté le terminará a causa de su padre y ese pensamiento lo había estado abrumando y frenando durante tanto tiempo. Ojalá fuera tan fácil como seguir mintiendo. Pero lo hecho por Jos era demasiado grave para dejarlo pasar, y Max sabía que tenía que hablar antes de que el pelinegro diera con la verdad. Sergio lo había invitado a ir a su casa por la tarde, le dijo que le tenía una sorpresa. Cuando el pelinegro abrió la puerta, el rubio se quedó sin palabras. —¿Y? ¿Qué te parece? —Sergio mostraba con orgullo su recuperación. Apenas esa mañana había sido retirado el yeso, así sentía algo extraño su brazo. —¿Qué pasó? —Fue lo primero que salió de los labios de Max mientras entraba a la casa —¿No es demasiado pronto? El pelinegro sonrió algo nervioso. —Quería estás listo para la competencia —Explico Sergio observando con atención la reacción de su novio. —¿Vas a competir? —Max claramente se tensó ante esa idea. El pelinegro sintió una punzada en su corazón al percibir eso de su novio. ¿La idea de ser su competencia le había desagradado? ¿Acaso le molestaba? Su mente estaba jugando en su contra, víctima de la paranoia provocada por Jos durante los últimos días. Contrario a los pensamientos pesimistas de Sergio, Max temía por su seguridad. ¿Y si ganaba? ¿Qué le haría Jos? Su rabia y violencia sería incontrolable. Sabía bien que a su padre le había fastidiado verlo perder en aquella ocasión cuando compitieron entre equipos. Ese día lo humilló, y al poco tiempo Sergio fue lastimado brutalmente. Ahora le asustaba que Jos fuera por más. —Quiero competir —Insistió el pelinegro —Será divertido, ¿No? Somos la mayor competencia del otro, así que sin importar quién gane, estaremos felices ¿No? Max seguía sumergido en sus pensamientos que solo lo abrumaban. —No quiero que te lastimes solo por participar —Comenzó el rubio un poco dudoso de lo que diría a continuación — Sería mejor si no lo hicieras, sino te presentarás a la competencia. La idea de que Jos le hiciera algo malo a su pareja lo tenía más que ahogado y desesperado. La respuesta de Max solo avivaron las dudas en el corazón de Sergio. —¿Por qué? —Su voz fue un poco más dura de lo que esperaba, pero rápidamente recupero la compostura — Quiero decir, te he dicho que estoy bien. No hay nada que temer. Para Max si había mucho que temer. Sergio le estaba dando la oportunidad de hablar, pero eso implicaba una discusión que no quería tener. —Sergio, no lo hagas —Su súplica y la falta de un apodo amoroso alertó al pelinegro. Max no buscaba eso, pero estaba fuera de sus manos. —¿Crees que quién me atacó me quería fuera de la competencia?— Sergio pregunto buscando allanar el camino para su novio. Solo tenía que decir dos cosas: “Sí” y “Mi papá”. —Sí —Confesó el rubio —Eso creo. El corazón del pelinegro se aceleró ante tal avance. —¿Tienes alguna idea de quien pudiera ser? —Sergio solo esperaba la respuesta correcta. Max trago en seco y sintió como sus manos comenzaban a sudar. Estaba muy nervioso y temeroso. Sentía que las palabras no le llegaban. Y mientras su corazón gritaba “Sí”. Su boca dijo: —No. La sonrisa que estaba a punto de formarse en los labios del pelinegro rápidamente se esfumó. Sergio asintió incómodamente y desvío la mirada. No quería que notará las lágrimas que se asomaban y amenazaban con escapar. —Debo ir al baño, ponte cómodo —Sergio se excuso para ocultarse en el baño y llorar en silencio. ¿En serio Max nunca diría la verdad? Y mientras el pelinegro se desahogaba en silencio, el rubio era un mar de emociones en su interior. Algo en su interior le decía que había hecho mal en callar. Un sentimiento de arrepentimiento se apoderó de él, pero las palabras seguían faltando. Esa tarde fue extraña para ambos. Max pudo sentir cierta distancia entre él y su novio. Era como si algo más estuviera pasando y no pudiera hacer nada para remediarlo. Esa noche Sergio hizo ejercicios para el cuidado de su brazo y práctico un poco, haciendo uso de su memoria muscular e imaginación. A la mañana siguiente, ambos equipos se prepararon para dar lo mejor de si. Cuando Max llegó, se le notaba visiblemente preocupado. Busco con la mirada a su novio, pero este no aparecía. Eso lo aliviaba, pues creyó que quizá se había retractado en su idea de participar. Por su parte, Lance no dejaba de peinarse mientras se veía al pequeño espejo que siempre cargaba con él. —Hijo, ponte a practicar o algo —Dijo el entrenador Fernando al verlo —Si Sergio no viene, tú participaras. —Pero yo no quiero participar —Insistió Lance mientras guardaba su espejo —Óscar debería estar aquí y no yo. Que coraje. —¿Qué dijiste? —El profesor Alonso se giro a verlo con cierta molestia. Para su buena suerte, una figura familiar se hizo presente. —Mire, ahí viene su esposo —Respondió Lance dándole un pequeño empujoncito para que se acercara a él — Atrapelo, porque todos lo quedan viendo. Lance aprovecho está oportunidad para escapar de la vista de su entrenador. Pero gracias a que Mark había traído a Óscar, pensó que se había librado. Sin embargo, Sergio finalmente hizo presencia en el lugar. —¿Estás seguro de esto, hijo? —Pregunto Don Toño todavía nervioso. —Sí, lo estoy —Afirmo el pelinegro. Realmente no había cumplido con su promesa, había sentido ciertas punzadas de dolor en su brazo, pero prefirió callarlo. —¿Que carajo? —Susurró Jos cuando lo reconoció. —¿Qué pasa? —Preguntó Sophie buscando aquello que llamo la atención de su esposo, hasta que sus ojos se posaron sobre aquel joven —Oh. Sophie no dijo nada más, pues se supone que no conocía a Sergio y no quería alertar a su esposo. Lando observó a Sergio con cierto desdén. Si, se sorprendió de verlo ahí pero fue muy bueno disimulandolo. La competencia dio inicio, empezando por la ronda por equipos. Charles con sus ochos y sietes, se sentía confiado. Carlos con algunos tropiezos como siete,   y seis, sus errores personales le estaban pasando factura. Cuando fue el turno de Sergio, todos lo miraron expectantes. Nueves y dieces, Sergio no perdió el toque. Pero sentía cierto dolor en cada ronda. Lando era bueno disimulando, pero estaba muy nervioso por la presencia y buen tiro de Sergio. Fallando en repetidas ocasiones y dejando en desventaja a su equipo. Lewis aportó ochos. Mientras que Max daba ochos y nueves. Estaba decidido a ganar. Para cuando terminaron las rondas por equipos, los Eagles habían vencido a los Lions. Empezaría las rondas individuales, y Max se acercó a hablar con Sergio. —¿Estás bien? Te note incómodo —Pregunto Max por lo bajo. Sergio suspiro pesadamente. —Estoy bien, ya no tienes que preocuparte por mi —Respondió Sergio algo cortante. Esto lo desconcertó un poco y lo vio alejarse. Sin embargo, Max alejaría esos malos pensamientos y se concentraria en ganar. Si Sergio quería arriesgarse, él no permitiría que volviera a ser víctima de Jos. Así fueron pasando de uno en uno, hasta que al final todo se decidía entre Sergio y Max. El rubio era muy bueno, pero Sergio había demostrado mucho talento. Y aún así, Max se las arreglo para terminar empatados. Solo falta a un tiro, cada uno debía dar lo mejor de si. Max tiró, un ocho. Se había puesto nervioso. Jo estaba hecho una furia. Dos para ganar, eso necesitaba Sergio. Un diez era lo ideal, lo necesario. Cuando Sergio tiró, fue como si les hubieran arrancado un suspiro a toda la audiencia. Dando en la zona blanca de la diana, fuera de los puntos importantes. Consiguiendo solo uno. Max lo miró anonadado. Ese no era Sergio. Y lo vio en su mirada, lo noto cuando dejo ir la flecha. Sergio lo había hecho a propósito. Había perdido con la intención de hacerlo. Y Max ganó, pero no era una victoria real. Su equipo lo felicito, pero él no dejaba de observar a Sergio y la tristeza en su rostro. —Felicidades campeón —Dijo Jos abrazandolo y dándole un beso en la mejilla. Sergio se giro y comenzó a caminar lejos de ahí. Max se soltó del agarre de su padre y corrió para darle alcance a su novio. —¿Sergio? —Pregunto Don Toño mientras caminaba entre las personas buscando a su hijo. Sin embargo, solo vio al rubio alejándose. El pelinegro caminaba hacia la salida del local, una vez afuera miró al cielo nublado y soltó un suspiro. Le había probado a todos lo talentoso que era, y le había dado a Max lo que tanto quería. —Sergio —La voz de Max lo saco de sus pensamientos —¿Qué fue todo eso? —Felicidades por ganar —Respondió Sergio ignorando su pregunta —Tu padre debe estar muy orgulloso. El rubio se puso nervioso ante esto. La voz de su novio denotaba molestia, rabia. Y pronto se dio cuenta de que lo había subestimado demasiado. —Te lo iba a decir —Confesó Max, sabiendo muy bien que Sergio ya estaba por enterado. —¿Cuando? —Reclamó el pelinegro —¿Hoy? ¿O dentro de otras tres semanas? Max se puso colorado ante esto, y sintió que la situación lo estaba sobrepasando. —Yo no tuve nada que ver —Aseguro mientras intentaba tomar su mano, pero Sergio la alejo de él —Por favor, sabes que te amo. —Y yo también te amo —Dijo Sergio con un nudo en la garganta —Pero me mentiste. —No, yo... —Me ocultaste la verdad, sabías que él me hizo daño y lo cubrirste —Acusó cegado por el enojo. —No sabía cómo decírtelo —Insistió el rubio —No quería que te alejaras. Max lo tomo de ambos brazos, suplicando por su perdón. —Tenías que tomar una decisión —Continuó Sergio ignorando sus palabras — Y si bien se que me amas, no es nada comparado a tu sueño. Lo cual no tendría nada de malo, sino me hubieran lastimado. El rubio comenzó a negar con la cabeza rápidamente. —Mi amor por ti es más grande que esto —Afirmó, pero sus palabras parecían llevárselas el viento frío que comenzaba a envolverlos. —Si mi padre hubiera hecho... —Tu padre es un santo comparado al mío —Max se apresuró en interrumpirlo —Sergio, no dejes que esto nos separe. El pelinegro trago en seco. —Yo te amo, pero nos hemos mentido el uno al otro —Continuó —Ocultaste lo de tu padre, y yo te oculte que lo sabía —Max se negaba a aceptar esto —Hemos faltado a nuestra promesa. Tú en más de un ocasión. ¿El tema de Kelly lo perseguirá para siempre? —He sido un idiota, lo sé... —¿Y cuántas veces más lo serás si seguimos juntos? —La pregunta de Sergio lo abrumo demasiado — No te haré escoger entre tu sueño y nuestro amor, ya tomé la decisión por los dos. —Sergio...—Susurró Max entendiendo esas palabras. Un silencio abrumador y tenso se apoderó de la situación. Ambos se miraban el uno al otro, como si estuvieran esperando a que alguno pronunciara palabra que pudiera devolver todo a como era antes. Pero no lo hicieron. Ninguno cedió y en sus ojos solo se podía vislumbrar las lágrimas que amenazaban con salir. Max sabía que no podía hacer mucho más de lo que ya había hecho. Lo había arruinado al quedarse callado sobre el actuar de su padre. Creyendo hacer un bien, hizo muy mal. Viendo como la persona que más amaba se alejaba de él y la lluvia comenzaba a caer, cubriendo su cuerpo y disfrazándose entre sus lágrimas.
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