Zeus, furioso
22 de diciembre de 2025, 18:51
Después de ver a su ex pareja alejarse, Max se volvió un manojo de emociones incontrolable.
Sí, había ocultado la verdad. Pero él no había lastimado a Sergio y le molestaba mucho estar pagando por algo que no hizo.
Guiado por la furia, la frustración y la tristeza, regresó al lugar para encontrar a la persona que inició todo ese desastre.
—Hijo, ¿Dónde estabas?— Comenzó Jos apenas lo veía acercarse —Todo tu equipo está celebrando y tú desapareces de la nada — Al ver que no respondía, continuó— ¿Es por ese chico estúpido? No deberías preocuparte por él. Tú eres un campeón y él es un perdedor.
—Yo no soy campeón de nada —Respondió Max en tono desconocido para el mayor —¿Qué gané? Él se dejó vencer. Tú eres el perdedor aquí, lastimando a otros para intentar forzar una victoria que nunca ha sido tuya.
La respuesta del rubio lo molestó mucho, pero intentó controlarse al estar en un evento tan público.
—¿Qué demonios dices? —Comenzó Jos tomandolo del brazo con fuerza —No seas idiota, Max. No te dejes lavar el cerebro por ese estúpido. Yo soy tu padre y siempre voy a querer lo mejor para ti.
—¿Lo mejor para mí? —Pregunto el rubio con cierta burla e indignación —¿Golpearlo en qué me beneficiaba? ¿Fracturar su brazo me haría tirar dieces? ¿Apuñalar a su perro mejoraría mi técnica?
Jos entendió de inmediato que su máscara había caído delante de su hijo. Si es que alguna vez tuvo una.
—Te estorbaba y te lo quité del camino —Se excusó el mayor —Deberías estar agradecido, eres un campeón por mí.
Max no pudo evitar soltar una pequeña risa llena de frustración y molestia.
Su padre sería capaz de dar vueltas en la misma conversación una y otra vez con tal de no aceptar su responsabilidad por haber lastimado a su ex pareja.
—Arruinaste lo único que amaba —Comenzó el rubio un poco más calmado pero con la voz firme —Incluso si me ofrecieran entrar al programa pre olímpico, no aceptaría.
Esto lleno de sorpresa e indignación el rostro del mayor.
—Arruinarás todo por lo que hemos trabajado toda tu vida —Le recordó Jos mientras lo tomaba con más fuerza del brazo, casi lastimándolo —Tu madre se decepcionará de ti, ¿Quieres verla triste? —Lo tomó de la nuca con brusquedad y lo hizo voltear a ver hacia donde él quería —Mira lo feliz que está porque hayas ganado —Sophie sonreía mientras platicaba con otras personas del público —¿Quieres hacerle eso a ella?
Max amaba demasiado a su madre y eso Jos lo sabía muy bien.
Pero también amaba a Sergio y él tenía derecho a escoger.
—No se lo estoy haciendo a ella —Comenzó el rubio jalándose para librarse de su agarre —Te lo estoy haciendo a ti. Busca a alguien más que cumpla tu estúpido sueño.
El joven estaba más que dispuesto a irse pero el mayor volvió a jalarlo del brazo, impidiendo su avance.
—Te vas a arrepentir si haces eso —Amenazo Jos apretando fuertemente la muñeca de joven —Te lo advierto, Max, no hagas estupideces.
—Ya me cansé de aguantar tus golpes y tus humillaciones —Max se jaló del brazo para librarse —Le dire todo a todos. Ya no quiero estar cerca de ti, y deberás pagar por lo que le hiciste a Sergio.
Max comenzó a caminar alejándose rápidamente de su padre, pero este comenzó a perseguirlo hasta salir del lugar.
Cuando estaba a punto de alcanzarlo, el rubio se giró y lo empujó con fuerza hasta tirarlo al suelo.
Jos se quejo de dolor al caer tan bruscamente, pero estaba más molesto cuando vio como Max se alejaba corriendo hasta desaparecer de su vista.
Y la lluvia sería su enemiga ese día.
Sergio llegó a la cafetería de su padre.
Ese día estaban trabajando Kelly y Pato, quienes conversaban alegremente en el mostrador.
Ambos jóvenes quedaron en silencio absoluto cuando lo vieron llegar.
Sergio había llorado todo el camino rumbo a la cafetería.
Se sentía mal por haber terminado con Max, además de perder la competencia.
Sabía que el rubio no tenía la culpa. Pero no pudo evitarlo debido a la desconfianza que se creó entre ambos.
Se sentó en una de las sillas y se quedó estático sin decir palabra.
—¿Qué te pasó? ¿Estás bien? —Preguntó Kelly acercándose a él —Estás empapado, buscaré algo para secarte.
La joven se fue casi corriendo hacia la bodega del local. Pato rápidamente preparó un café caliente y se le acercó.
—Toma, caliéntate un poco —Dijo el castaño acercándole la bebida y el pelinegro la tomó, entonces Pato jalo una silla y se sentó a su lado—¿Por qué lloras? ¿Alguien te hizo algo?
—Terminé con Max —Confesó Sergio sollozando un poco —Pero no quería hacerlo.
Esa última frase lo sorprendió a sí mismo.
—¿Y por qué lo hiciste si no querías? —Pato sabía que Sergio necesitaba hablar antes de ser cuestionado sobre su relación secreta.
—Ocultó la verdad sobre alguien que me lastimó —Comenzó el pelinegro para después darle un sorbo a su bebida —Me mintió durante mucho tiempo y no supe qué hacer.
Pato se detuvo un momento para buscar las palabras correctas y suspiró antes de hablar.
—Si lo amas demasiado quizá puedan llegar a un acuerdo —Comenzó el castaño —Tal vez no quiso mentirte y, aunque desconozco exactamente de qué se trata, debo admitir que incluso para mí es complicado expresar lo que siento —Sergio lo miraba con atención —De las pocas veces que he convivido con Max, puedo darme cuenta que es alguien muy privado. Y si bien no somos iguales, quizá tenemos en común el guardar nuestros sentimientos para nosotros mismos
—Pero no eran sentimientos los que estaba ocultando —Señaló el pelinegro un poco más tranquilo.
—¿Tiene alguna relación cercana con la persona de la que ocultó información? —Sergio sintió ante su pregunta —Entonces era difícil para él hablar. No puedes hacer felices a ambas partes.
—Lo entiendo, pero ¿Cómo puedo volver a confiar en él? —La voz de Sergio se escuchaba apagada.
Ahora estaba más que arrepentido de haber terminado su relación.
Pero esa inseguridad de saber si está hablando o no con la verdad. Esa indecisión lo frenaba.
—Es algo que tienen que trabajar ambos —Continuo Pato mientras le ponía la mano en el hombro —Siempre sentí que pasaba algo entre ustedes. Puedes darte cuenta cuando dos personas se aman mucho.
En ese momento el teléfono del local comenzó a sonar y Pato se levantó para atender.
Esos minutos sirvieron de reflexión a Sergio
Quizá no todo estaba perdido para ellos. Tal vez podrían tener otra oportunidad.
Y mientras el pelinegro reflexionaba la cafetería, el joven rubio lo buscaba fuera de su casa.
Toca el timbre una y otra vez, hasta que finalmente se dio cuenta de que era en vano.
Quizás Sergio no estaba en casa y él se encontraba perdiendo el tiempo.
Y si Sergio estaba en casa, probablemente no le abriría.
Por un momento pensó que debía saltar la barda y buscarlo dentro de casa.
Pero recordó lo que pasó la última vez que lo hizo. Y quizá esta vez debía darle tiempo.
Pero el tiempo comenzaba a drenarse como el agua y una cacería apenas estaba iniciando.
—Esto es lo único que pude encontrar —Dijo Kelly regresando con una manta pequeña y cubriendo al pelinegro, quién casi terminaba su café —¿Quieres más?
—Te lo agradezco mucho, pero no —Respondió Sergio mirando hacia la ventana —Debo irme a casa.
—Todavía sigue lloviendo— Señaló la chica —Al menos se espera que pare la lluvia.
—Debo salir por un pedido —Interrumpió Pato después de colgar la llamada —¿Puedes quedarte sola un momento?
—¿Aceptaste el pedido? —Preguntó ella algo molesta —¿Por qué? Está lloviendo, es peligroso.
—Está a tres cuadras, no tardaré tanto —Insistió el joven —Sergio, si de verdad estás cansado y quieres irte a casa, tengo una sombrilla en mi mochila.
El pelinegro asintió y se levantó para seguirlo a la parte de atrás del local.
Kelly no estaba de acuerdo con todo eso, pero ambos estaban más que decididos a irse.
Max llegó al parque dejando que la lluvia siguiera cubriendo su cuerpo.
Ya nada le importaba.
Y, mientras deambulaba, se encontró con aquella fuente donde habían pedido aquellos tontos deseos que nunca se harían realidad por sus propias decisiones.
Se sentó en la orilla de esta y comenzó a llorar recordando los momentos felices que había pasado junto a su expareja.
Pato y Sergio salieron del local el uno junto al otro, dando la espalda a cualquier observador.
Se despidieron rápidamente de Kelly, antes de que ella buscara alguna excusa para no dejarlos ir.
—No tienes que tomar una decisión tan rápido —Dijo Pato mientras caminaba a su lado y llegaron a su bici —Mis palabras son solo eso, palabras. Solo tú sabes la decisión correcta.
—Te lo agradezco mucho, Pato —Respondió un Sergio más relajado mientras miraba como quitaba el candado a la bicicleta —Eres un gran amigo. No olvidaré lo que hiciste hoy al escucharme.
Pato sonrío con amabilidad y le dio una palmada en el hombro.
—Ve a casa y descansa —Dijo Pato mientras se subía a la bici y acomodaba bien el pedido para que no se mojara —Verás que con el tiempo todo será mejor.
Sergio sintió y se despidió de él.
Se lamento mucho al haberse llevado su sombrilla, ya que Pato solo llevaba una gorra para cubrirse la vista de la lluvia.
El pelinegro comenzó a caminar hacia casa, pero una silueta familiar lo hizo detenerse de golpe.
Se acercó a observarlo, siendo cuidadoso de no llamar su atención.
Max tapaba su rostro entre sus manos, estaba sumamente frustrado.
Suspiro pesadamente y soltó un sollozo.
—En verdad desearía que jamás me hubiera conocido —Susurró el rubio lo suficientemente audible para que el pelinegro lo escuchara —Desearía que jamás se hubiera enamorado de mí —Estas palabras le dolieron a ambos —Desearía que fuera feliz lejos de mí y así nunca lo hubieran lastimado —Sergio comenzó a cortar la distancia entre ambos —Desearía volver en el tiempo y que nada de esto hubiera pasado.
Entonces Max sintió como la lluvia dejó de caer sobre él.
¿Se había detenido de golpe? No.
Levantó la vista y se encontró con la de Sergio.
El pelinegro lo estaba cubriendo con la sombrilla y sus ojos se miraban colorados
La idea de que Max prefiriera no haberlo conocido por su bienestar, lo hizo darse cuenta de lo equivocado que había estado todo ese tiempo.
Max jamás haría algo para lastimarlo, al menos no con la intención de hacerlo.
Y quizás se había equivocado, pero ambos eran jóvenes y cometían muchos errores de los cuales solo tenían que aprender.
El hijo no debe pagar por los pecados del padre.
—Yo no desearía nada de eso —Comenzó el pelinegro —Amarte fue lo mejor que me pudo haber pasado —Max no podía decir palabra ante tal situación —Por favor, no vuelvas a desear algo así.
Entonces Sergio extendió su mano invitándolo a levantarse.
—No lo entiendo —Soltó el rubio todavía confundido, poniendo su mano temblorosa sobre la de su expareja —Creí que me odiabas
—Jamás voy a odiarte, solo detesto que me mintieras —espondió Sergio sosteniendo su mano con fuerza, haciéndolo ponerse pie y no soltándolo en ningún momento —¿Por qué me mentiste?
—Porque me daba vergüenza —Susurro Max sin siquiera mirarlo.
—Pero tú no hiciste nada malo —Le recordó Sergio —Se honesto conmigo, Max ¿Él ha hecho eso antes? ¿A alguien más? ¿Te ha lastimado a ti?
El rubio suspiró pesadamente.
— Sí, suele golpearme y humillarme cuando no hago lo que él quiere— confesó Max todavía avergonzado y sintió como Sergio entrelazaba sus dedos con los suyos —Pero él no me importa. Solo quiero que sepas que yo no sabía nada hasta después de que ocurrió. Jamás quise mentirte, iba a decirte todo después de la competencia. Sabes bien lo mucho que te amo y pensaba que estaba protegiéndote.
Sergio sonrió aliviado.
—¿En verdad me amas? —Preguntó el pelinegro casi pegándose a su cuerpo.
—Como no tienes idea— Respondió el rubio sintiéndose lo suficientemente seguro para eliminar el espacio que había entre ambos.
Juntando sus labios en un dulce beso, uno tan deseado y preciado.
De pronto el teléfono de Sergio comenzó a sonar.
Y aunque este quería ignorarlo, la insistencia lo llevó a responder.
—¿Sergio? ¿Estás bien? —La voz desesperada de Kelly al otro lado de la línea no hizo más que alertarlo.
—Estoy bien, ¿Qué pasa? —Se alejó un poco de Max y este lo miró asustado.
—No estoy segura de cómo ocurrió —Comenzó la joven con una voz temblorosa —Alguien atropelló a Pato. Está rumbo al hospital. No es bueno Sergio, no es nada bueno.
Sergio se giro a ver a su novio, quien estaba cada vez más preocupado por la expresión de horror en el rostro de su pareja.
Y sabía que nada bueno podía haber detrás de esa terrible llamada.