La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Potos, el anhelo

Ajustes
Jos era un hombre de palabra. Nadie jamás debería poner en duda ni una sola de sus amenazas, pues él no mentía cuando las hacía. Es por eso que cuando vio a Max marcharse supo que todo se le había salido de las manos. Guiado por la furia y la frustración, el hombre no dudó en tomar su vehículo y buscar a la persona que, para él, había ocasionado todos estos conflictos. Se lo había advertido con anterioridad, debía alejarse de Max o pagaría las consecuencias. Además, el rubio debía aprender por las malas a no amenazar a su padre con sus tonterías. O al menos eso era lo que pensaba el mayor. Mientras más avanzaba en su camino, la lluvia se iba a intensificando. A unas cuadras de la casa del joven pelinegro, Jos observó a su hijo afuera de esta y decidió evitarla. Comenzó a conducir hacia la cafetería de donde lo había visto salir aquella vez que descubrió la relación que mantenía con su hijo. Y en diversos días lo había obsesvado salir de ahí. Eso lo hacía confiar en su presencia en el lugar. Pero apenas podía divisar quiénes estaban dentro de dicho local. Al poco tiempo vio a salir a dos jóvenes, uno llevaba un paraguas que lo cubría de su vista y otro una simple gorra. Pero cuando vio al último subirse a una bicicleta, recordó que Sergio estaba usando una cuando salió en aquella ocasión. No lo dudó ni un instante, para Jos el joven de la gorra no se trataba de nadie más que del mismo Sergio. No podía estar más equivocado. Lo persiguió unas cuantas cuadras, buscando el momento perfecto para atacar. El joven deja el pedido y cuando está camino a la cafetería, es aturdido por un ruido ensordecedor y el dolor se apodera de su cuerpo. Apenas tiene tiempo de procesar lo que está pasando, si no es hasta que termina de rodar sobre el capó del auto y se estrella contra el suelo. Su mirada se vuelve borrosa y observa su bicicleta destrozada a unos metros de él. Se queja del dolor, pero no se mueve de la posición en la que está. Su cuerpo arde, y apenas puede recordar lo último que hizo. La lluvia moja sus cabellos, pues se le había caído la gorra después de tremendo golpe y terminó revelando su rostro a su atacante. Jos se detuvo un momento y se asomó para ver si el joven se levantaba. Se sorprendió mucho cuando descubrió que se había equivocado. Pero en lugar de bajar y auxiliarlo, retrocedió en su vehículo y aceleró alejándose de ahí. Pato lo observó marcharse. Jamás había visto ese hombre en su vida, pero algo de él le resultaba familiar. Debido al escándalo ocasionado por el accidente, algunas personas curiosas se asomaron para ver qué había sucedido. Pato, apenas consiente, puedo decir su nombre antes de desmayarse. Debido a que llevaba su uniforme de la cafetería, se le fue avisado a los encargados de esta y Kelly fue quien recibió la llamada. Como ambos jóvenes habían salido juntos, la chica no dudó en llamar a Sergio para saber si estaba bien. Después de esa llamada, con sus manos temblorosas marcó el teléfono de Don Toño para avisarle lo que había pasado. Cuando Don Toño recibió la noticia del accidente de Pato, no dudó en salir en busca de su auxilio . El joven había estado junto a él después del ataque a Sergio, siendo este uno de los momentos más difíciles de su vida. No iba a dejarlo solo. Y de camino al hospital llamó a Sergio. —Papá, ya lo sé —Sergio atendió de inmediato, sintió que no había pasado ni dos segundos desde que colgó con Kelly —Vamos al hospital, ya me dijo a dónde lo llevaron —El pelinegro intentaba tranquilizar a su padre, pero Max tampoco entendía qué estaba pasando y no podía encargarse de los dos al mismo tiempo —Te llamo cuando esté ahí, enfócate en el camino. Por favor —El rubio lo miraba desesperado —Si, yo también te amo. Nos vemos. —¿Qué pasó? —Pregunto Max apenas colgó la llamada —¿Y a quien le dices te amo? El pelinegro suspiro pesadamente. —Claramente a mi papá —Respondió y el rubio asintió —Pato tuvo un accidente, alguien lo atropello cuando entregaba un pedido. —¿Un accidente? —Repitió Max pero Sergio lo jalo del brazo para obligarlo a subirse a un taxi. Se mantuvieron en silencio durante todo el camino, pero Max no había dejado de pensar en el accidente. Algo no le daba buena espina. Jos conducía a gran velocidad. Sabía bien que lo había arruinado, probablemente ese muchacho ya estaba muerto y nada tenía que ver en sus conflictos con su hijo. Pensó en ir a casa por Sophie, pero era poco probable que Max estuviera ahí para llevárselos a ambos. Debía huir lejos, muy lejos. Vio el teléfono y su esposa estaba llamando, respiro profundo y finalmente respondió. —Dime —Soltó secamente. —¿Dónde estás? —Pregunto una preocupada Sophie al otro lado de la línea —¿Y Maxie? No me responde las llamadas, ¿Qué pasó? Jos se detuvo cerca de una gasolinera y se bajó del auto, pasando su mano por su cabello y despeinandose. Estaba siendo presa de la desesperación y no quería dejarse vencer. — Salió con unos amigos —Mintió el hombre — Yo tuve que ir por un viaje de trabajo... Entonces se detuvo en seco, observando su propio vehículo. El capo estaba arruinado, mostrando signos del golpe que provocó el accidente y siendo una prueba esencial de su culpabilidad. Tenía tanta suerte de que no hubiera casi nadie cerca. Pero eso era un motivo más para huir. Al menos por unos días hasta saber si era sospechoso o no. Ni siquiera se fijo si había alguien mirando cuando piso el acelerador. —Volveré en unos días —Dijo Jos antes de colgar la llamada. No presto atención a las últimas palabras de su esposa, ahora tenía otros problemas. Por otro, en el hospital su víctima era atendida con rapidez. Don Toño estaba atento a lo que estuviera pasando, pero la familia de Pato se hizo presente y no quiso ser un estorbo. —¿Señor Pérez? De nuevo usted —El policía Wolff le hablo, haciéndolo girar para verlo —Dos veces y siempre saliendo de su cafetería —Señalo —¿Puedo hacerle algunas preguntas? El señor Pérez asintió y ambos se apartaron un poco para no ocasionar problemas. Sergio y Max caminaron rápidamente por los pasillos, y fue entonces cuando vieron a Don Toño alejarse con el policía. El pelinegro no dudo en seguirlos. —No lo culpo de nada, señor Pérez —Comenzó el oficial Wolff —Pero dos personas allegadas a usted han sufrido ataques... —Lo de Pato fue un accidente, eso me dijeron —Lo interrumpió Don Toño, quien no quería hacerse de ideas equivocadas. —No fue un accidente —El oficial Wolff pudo sentir como el ambiente se volvía tenso —Se han revisado las cámaras de seguridad de la zona, se capturó en imagen a un automóvil acelerando repentinamente y ocasionando el accidente. —Dios mío, ¿Pero ya tienen al culpable?—Don Toño sentía una presión en su pecho debido al impacto de la confesión del oficial, pero intentó tranquilizarse. —Estamos trabajando en la identificación, pero señor, dígame ¿Tiene usted algún enemigo? —La pregunta del oficial Wolff lo dejo sin palabras. Max tomo de la mano a Sergio y lo alejo de aquella plática. —¿Qué haces? —Pregunto Sergio jalandose un poco, pero nada brusco. El rubio suspiro pesadamente. —Sergio, escucha —Al notar el tono serio de su voz, el pelinegro no titubea —Me da miedo decirlo, pero creo que se quién fue. Sergio lo mira estupefacto, ¿Cómo podría saber algo así? No estaban presentes cuando ocurrió. —Max, esto es un tema serio —Le recordó —No podemos jugar a las adivinanzas. El rubio negó con la cabeza. —No estoy jugando —Insistió Max mientras lo tomaba de las manos —Él me dijo que me arrepentiría. —¿Quién te dijo eso? —Preguntó un Sergio muy molesto al ver el miedo en los ojos de su pareja. —Mi padre —Confeso el rubio — Sergio, él es peor de lo que piensas —Max trago en seco antes de continuar —Me golpea y humilla cuando no hago las cosas como le gustan. Incluso me ha dicho lo mucho que me odia por eso —Su voz tiembla un poco y Sergio toma su mano con fuerza —¿Y si atropello a Pato por mi culpa? Sergio soltó su mano para tomarlo de los hombros y hacer que lo mirara. —No vuelvas a decir eso —Dijo el pelinegro, pero el rubio desvío la mirada sintiéndose muy mal y Sergio lo tomo de la barbilla para obligarlo a verlo —No es tu culpa, nadie esperaba que esto pasara. Mi amor, entiende, el único culpable es la persona que conducía ese auto y ni siquiera sabemos quién es. —¿Y si es mi padre? —Max tenía los ojos llenos de lágrimas y en su mirada se podía notar el miedo y la impotencia. —¿Acaso tú tomaste ese volante? —El rubio negó rápidamente —Deja de culparte —Entonces Sergio lo envolvió en sus brazos —No llores, no te dejare solo. Max se apoyo sobre el cuerpo de su novio y hundió su rostro en su cuello, agradecido de tener a alguien que lo apoyaba incluso en momentos así. Óscar había llegado corriendo al hospital apenas recibió la noticia. —Tranquilo, hijo —Dijo Fernando mientras caminaba detrás de él —Desesperarte no ayudará en nada, tienes que calmarte y veremos cómo está la situación. El mayor sabía que alguien tenía que mantener la calma o todo se volvería un caos. Pero podía ver la expresión en el rostro de su hijo, su respiración agitada y sus manos temblorosas. Pato realmente significaba mucho para él. Cuando se acercaron por información, les mencionaron que solo la familia cercana podía tener acceso a esta y que ellos ya estaban con él. Tenían que esperar para poder verlo, si es que estaba consciente. —Le agradezco su colaboración —Dijo el oficial Wolff estrechando la mano de Don Toño para después alejarse. Era necesario hablar con Pato, pero entendían la situación y no iban a presionarlo. Además, primero debían identificar al atacante. Pasando un par de horas, tuvieron la certeza de que Pato se encontraba estable y que solo había sufrido una fractura en la pierna que lo dejaría en una silla de ruedas hasta que sanará por completo. Lamentablemente para Óscar, las visitas ya no estaban disponibles y debía esperar al día siguiente. Esto lo decepcionó mucho, pero sabía que su familia era la prioridad en ese momento. Sin embargo, algo dentro de él le gritaba que no se fuera sin luchar. Y mientras Sergio, Max, Kelly y George hablaban con Lewis y Lance por teléfono para organizar algo para Pato, Óscar se escabulló buscando entrar en su habitación. Pato estaba acostado en una cama y miraba el techo blanco de la habitación esperando aburrirse lo suficiente para dormir. Necesitaba descansar después de tan terrible día. Cerró los ojos lentamente, dejando que el sueño se apoderará de su cuerpo. Escucho la puerta abrirse, pero no hizo efecto en él al pensar que era una enfermera. —Pato...—Susurró Óscar cerca de él. La voz del joven lo sorprendió y casi abre lo ojos en ese mismo instante, pero la curiosidad lo invito a esperar por el actuar de aquel muchacho. —Pato —Repitió Óscar en un tono más firme y audible, buscando llamar su atención —Parece que te has dormido —Suspiró pesadamente —Me siento un idiota, un verdadero tonto —El joven acercó su mano a la del muchacho lastimado, pero sus dedos apenas rozaron su piel —No tienes idea de lo asustado que estaba, de lo arrepentido que me sentía. Pato no entendía de que estaba hablando, pues no habían tenido ninguna diferencia entre ellos y mucho menos algo que mereciera dichas palabras. —Es solo que me da miedo decirlo, porque siento que jamás te fijarias en mi —Óscar continuo y Pato se tensó al escuchar esto —Porque me gustas demasiado, mucho, desde el primer día que te vi y me sonreiste —Y cuando supe de tu accidente, sentí mucho miedo de perderte —Su voz se volvió temblorosa, pero Pato sentía que sería muy desconsiderado confesar su mentira en un momento así —Si esto es un mal sueño, solo quisiera despertar. Óscar se detuvo un momento y miro a su alrededor. Un poco nervioso, procedió en una idea inocente que pasó por su cabeza. Acercó su rostro al de Pato y le dio un pequeño beso en la mejilla. — Perdón —Susurró Óscar listo para alejarse. Pero una mano acarició su rostro con delicadeza y lo atrajo de nuevo hacia Pato, juntando sus labios en un encuentro tan esperado como tierno. Un poco aturdido, Óscar rápidamente cerró los ojos y se dejó llevar por el momento. Cuando se separaron, pudo ver aquellos ojos que tanto lo hacían suspirar. —¿Estuviste escuchando todo esté tiempo?—Pregunto Óscar con un tinte de reclamo, pero sin estar realmente molesto. —No quise arruinar el momento —Se excuso con una sonrisa en los labios, aquella que tanto le gustaba a su compañero— ¿También podrías perdonarme por ser tan tonto y no decirte lo que sentía por ti? —¿Y qué sientes por mí? —Pregunto Óscar haciendo sonreír aún más a Pato. —Creo que no hace falta decirlo —Respondió el joven —Pero si no te ha quedado claro, también me gustas, demasiado. Óscar sonrió ante esto, sintiendo sus mejillas arder de lo sonrojadas que estaban. Entonces el ruido de la puerta abriéndose los alertó a ambos y rápidamente se separaron. —Oh...—Dijo una joven sorprendida al ver a aquel chico desconocido junto a su hermano —Lo siento, olvide mi bolso aquí. Pato se puso rojo al reconocer la voz de su hermana y aún más cuando ella se acercó y se dio cuenta de que había interrumpido algo. —Yo... Debo irme —Óscar caminó hacia la puerta y salió rápidamente, sintiendo que la vergüenza lo perseguía. La joven se giro a ver a su hermano con una sonrisa traviesa. —¿Él es el chico que me contaste?— Pregunto todavía intrigada por la escena. —Sí, es Óscar —Respondió Pato con una sonrisa y sus mejillas coloradas solo lo delataron aún más. Su hermana le dio un ligero golpe en el hombro y ambos sonrieron torpemente. Por otra parte, Óscar caminaba con una sonrisa tonta en su rostro y pronto se encontró con sus padres, pues Mark había ido a recogerlos. —Hijo, ¿Y esa sonrisa? —Mark comenzó a molestarlo, pero Óscar solo negó con la cabeza y abrazo a su padre Nando. La familia de tres se despidió del resto y se fueron a casa. —Ya deberíamos marcharnos, los llevaré a todos a casa —Dijo Don Toño mientras abrazaba a su hijo —Vamos, ya es muy tarde. Eran casi las nueve de la noche cuando Don Toño llegó a casa con Sergio y Max. El pelinegro se adelantó a saludar a su canino amigo, mientras que su padre se quedó charlando con el rubio. —Por cierto hijo, no pude felicitarte hoy por el triunfo —Don Toño abrazo cálidamente al joven, quien sonrió ante el acto —Eres un joven muy talentoso. —Muchas gracias, pero sé que Sergio merecía ganar —Confesó Max —Es mucho mejor que yo. —Ambos merecían ganar, y se que él está feliz por ti —Don Toño busco tranquilizarlo y sonrió con amabilidad. — Quédate a dormir —Pidió Sergio acercándose al rubio. —Hijo, no lo presiones —Don Toño regaño a su retoño —Además, su familia debe estar esperándolo. —Y eso es lo que me temo —Respondió Sergio con una seriedad que su padre nunca había oído —Vamos adentro, hay mucho de que hablar. Los tres entraron a la casa y se sentaron en el comedor. Max miraba su taza de café intentando mantener la calma. —Se trata del padre de Max —Comenzó el pelinegro pero el teléfono de Don Toño comenzó a sonar, interrumpiendo su conversación. —Es el oficial Wolff —Respondió Don Toño levantándose de su asiento —Debe ser importante. Ambos jóvenes se miraron el uno al otro y lo vieron conversar con el oficial por teléfono, luego colgó la llamada y se giro a verlos. —¿Alguno de ustedes sabe quién es Jos Verstappen? —Pregunto Don Toño y los dos jóvenes se miraron una vez más. Sería una noche muy larga.
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