La flecha de Cupido

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
262 páginas, 83.317 palabras, 35 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Nuevos comienzos

Ajustes
Una serie de errores se habían llevado a cabo durante las horas posteriores a la competencia. Dos corazones se alejaban y uno pretendía ser detenido. Un hombre, lleno de rabia y molestia, había decidido acabar con la vida de un joven que jamás le había hecho algún mal. Y, para su buena fortuna, no logró su cometido. Sin embargo, eso no significaba que una vida no se perdería esa tarde. Presa de la desesperación, Jos no dejaba de pisar el acelerador, y poco o nada de caso le hacía a los movimientos bruscos de su automóvil. La intensa lluvia y la velocidad hacían patinar un poco las ruedas del auto, siendo un completo peligro al volante para cualquiera que se encontrara en su camino. Y todo empeoró cuando la noche comenzó a caer y la lluvia no cesó, dejando oportunidades nulas para evitar el desastre. Las llamadas en su teléfono no dejaban de llegar, desconcentradolo. Debido a la ausencia de Max, Sophie había estado llamando a su esposo muy preocupada por su hijo. Jos al principio la ignoraba, tenía muchas cosas que pensar. Mucho que planear. Pero el ruido comenzó a ser molesto. Así que tomó su teléfono para arrojarlo a la guantera del copiloto. Estaba muy atento al camino, mientras que con una mano abría la guantera para guardar el móvil. Sin embargo, un objeto punzante lo lastimó e instintivamente lo tomó para ver de qué se trataba. Observó este objeto desconocido, era una navaja. Pero él no tenía ninguna, ¿De dónde había salido? El ruido del claxon de un camión lo alertó, devolviendo su vista a la carretera, pues se había desviado de su carril y casi chocaba. Soltó la navaja casi al instante, para tomar bien el volante e intentar regresar a donde estaba, y en ese momento se dio cuenta de que debía desacelerar para evitar cualquier percance. Ya se le estaba haciendo complicado conducir de esa manera. El auto patinó un poco más y esto lo alertó nuevamente, así que pisó el freno de manera brusca, pero la navaja que había caído hacia sus pies terminó clavándose en su zapato y lastimandolo. Debido al repentino dolor punzante que sintió, no puedo evitar dar un brinco y soltar el volante por un momento. Ese simple movimiento había bastado para terminar de perder el control del auto, pues no había podido frenar debido a la intervención de la navaja. Para cuando se dio cuenta, su vehículo ya estaba rodando fuera de la carretera, sintiendo como su cuerpo era golpeado por las paredes del auto. Los cristales se rompieron, haciendo que el vidrio volara dentro del vehículo. Jos cerró los ojos e intentó sostenerse de algo para evitar ser más lastimado. Pero había caído en una zona muy peligrosa y su ya destrozado vehículo lo habían dejado muy expuesto. Sintiendo como algo se enterraba dentro de él, arrancándole un grito de dolor tan intenso que creyó desgarrarse la garganta. Cuando finalmente el auto se detuvo, Jos sentía que no se podía mover. Algo lo estaba apuñalando pero no podía ver que era. Inmerso en la oscuridad y sin una persona cerca que pudiera auxiliarlo, Jos sintió como la vida se le escapaba lentamente. Su respiración era agitada, pero con cada bocanada de aire que daba sentía que se ahogaba. Y al estar boca abajo no ayudaba. Pues aquel objeto que se presionaba dentro de él tenía acceso libre a seguir apuñalándolo. Pronto sintió un sabor extraño en su boca y comenzó a toser debido a esto. Pues la sangre buscaba una manera de salir de su cuerpo. Y la presión que estaba ejerciendo las paredes del auto sobre él hizo que la sangre se realizará sobre su piel y sus heridas internas provocaban un sangrado que casi lo ahogaba. Gritar por ayuda no era opción, ni siquiera tenía las fuerzas para hacerlo, y su teléfono probablemente seguían aquella guantera que ya no podía divisar. Sus lágrimas se mezclaban con la sangre, el aire se escapaba y era muy difícil volver atraparlo. “Casa” Ese fue su último pensamiento. Quería ir a casa, pero ya era muy tarde. Y nadie sabría de él hasta muchas horas después de su muerte. Cuando su cuerpo frío, golpeado y apuñalado fuera encontrado dentro de su vehículo destrozado. Cuando un camionero divisó los destrozos de dicho accidente, descendió de su vehículo para prestar auxilio. Sin embargo, lo único que pudo ver fue el cuerpo de un hombre pálido y ensangrentado. Jos tenía una expresión de horror en el rostro y sus ojos seguían abiertos, su boca también estaba entreabierta, y la sangre seca parecía vómito negro. Debido a la posición del cadáver, las autoridades tardaron un poco para poder liberarlo de aquella lata destrozada. Estaba atorado en un árbol, mezclándose entre las ramas y el metal de su vehículo. Y cuando finalmente dieron con alguna identificación para reconocerlo, no dudaron en llamar a las autoridades policíacas correspondientes para hacerles saber que habían encontrado al hombre que estaban buscando. Su cuerpo había sido trasladado para ser reconocido por su esposa, a quién llamaron para darle las malas noticias. Sophie se puso nerviosa cuando escuchó todo. Jos había sido un mal esposo, un mal padre y mala persona, pero ella no pudo evitar sentir lástima por él. Había compartido tantos años a su lado y era muy difícil él siquiera pensar en no volver a verlo. Su dinámica familiar, aunque abusiva, resultaba adictiva. Pues estaba muy acostumbrada a sus tratos. Cuando le dio la noticia a su hijo esperaba ver una reacción un poco más desoladora. Pero el rubio se quedó estático sin saber qué decir. —Quiero volver adentro —Fue lo único que susurró el joven. —Max si tienes algo que decir, dilo —Insistió su madre mientras lo tomaba del brazo —No tienes que tener miedo a expresarte. —Mamá, por favor, déjame asimilarlo —Pidió Max antes de soltarse y regresar adentro. Sophie lo siguió y lo vio reincorporarse con sus amigos, abrazándose de Sergio y apoyándose en su cuerpo. —Señor Pérez —Dijo la mujer acercándose a Don Toño —¿Puede cuidar a Max por unas horas? Tengo algunos pendientes que resolver. Don Toño no lo dudó ni un instante. Amaba a ese chico como si fuera su hijo. Sophie se fue, no sin antes de observar una vez más a su hijo quien actuaba con normalidad a pesar de la noticia. Esto le preocupaba, pero no tenía tiempo en ese momento. Así que se marchó para continuar con la tortuosa tarea de reconocer el cuerpo de su esposo. Los jóvenes comenzaron a despedirse de sus amigos, Don Toño les había dicho que los llevaría al cine a pasar un buen rato. Iban caminando por los pasillos cuando Don Toño se topó con el Doctor Vettel. —Señor Pérez, ¿Presento alguna afección en su corazón? —Preguntó el doctor haciendo que los tres se detuvieran de golpe. —Papá, ¿Tienes problemas del corazón? —Preguntó Sergio algo preocupado. —Nada, hijo, déjame hablar con el doctor —Don Toño rápidamente quiso cortar esa interacción con su familia. —¿Mi papá tiene problemas con su corazón? —Preguntó el pelinegro ignorando los deseos de su padre. El doctor Vettel se puso nervioso pero, sabiendo que Don Toño era muy necio, decidió revelar la verdad para ayudarlo. Sergio se molestó bastante al saber que su padre le había ocultado el infarto que había sufrido. —Hijo, por favor no te molestes— Insistió Don Toño —Eras mi prioridad en ese instante, por eso no quise decirte nada para no alterarte más. —¿Cómo se supone que esté tranquilo si mi padre no se cuida a sí mismo? —Reclamó Sergio intentando calmarse —Por favor, papá, si el doctor te dice que tienes que tomar medicación o cualquier cosa. Escúchalo. De lo contrario, siempre estaré alterado respecto a ese tema. El doctor Vettel ocultó una sonrisa que se estaba asomando en sus labios. Le pareció muy divertida esta dinamica familiar con los roles invertidos. Después de recibir el regaño de su hijo, finalmente Don Toño se marchó con sus muchachos. Pero Sergio se percató de lo callado que estaba su novio, algo muy poco común en él. —¿Pasa algo? —Susurro Sergio a su oído, pero Max negó con la cabeza. Sintió que no debía insistir, así que el resto del camino la pasaron en silencio. Llegaron al cine y Don Toño compro los boletos y todas chucherías que sus hijos querían. —Vengo a recogerlos en tres horas —Dijo Don Toño sorprendiendo a ambos jóvenes. —¿Te vas? —Pregunto Sergio —Pensé que te quedarías con nosotros. —No puedo, iré a encontrarme con los papás de Óscar, quierer hablar conmigo sobre su trabajo —Mintió el mayor— Pero disfruten la película. Don Toño no era un experto mentiroso, no todo lo dicho era un engaño. Si se vería con los padres de Óscar, pero era para organizar una pequeña fiesta para los Eagles por su desempeño en la competencia. Además, quería que los dos jóvenes se distrajeran libremente como la pareja que eran y no deseaba incomodarlos. Así que se marcho para continuar con sus planes para sus niños. Sergio no dejaba de observar a Max, le parecía muy extraño su comportamiento y hasta preocupante su falta de comunicación. Comenzó la película pero ni siquiera prestaba atención a lo que sucedía en pantalla. El pelinegro tomó su mano y sintió como su novio entrelazaba sus dedos. Entonces aprovecho el momento para recargar su cabeza en hombro, todo sin dejar de observar al rubio. Quería saber lo que le pasaba y deseaba hacerle saber que estaba ahí para él. La mente de Max era un caos. Estaba muy confundido por los eventos recientes, y la noticia del fallecimiento de su padre lo aturdido por completo. Por su mente pasaba una y otra vez aquella imagen, ese recuerdo de la última vez que lo vio. Y en medio de la película, en una escena que provocó las risas de los presentes, Max rompió en llanto. Sergio se separó de él cuando lo vio llorar, pero rápidamente lo abrazo sin entender bien lo que estaba pasando. —Papá murió —Susurro el rubio lo suficientemente audible como para aturdir a su novio. —¿Qué? —Fue lo primero que salió de los labios del pelinegro —Amor, ¿De qué estás hablando? Max tenía los ojos muy colorados. —Tuvo un accidente, me mamá me lo contó —Explico con dificultad debido al llanto. Sergio se asombro debido a esta noticia, pero se dio cuenta de que estaban comenzando a llamar la atención de los presentes y debía hacer algo. —Vamos a casa, hablemos con más tranquilidad ¿Si? —El rubio asintió ante esto y salieron del cine. Tomaron un taxi y llegaron a la casa del pelinegro, una vez en la habitación de este, Max se sentó junto a Sergio en la cama. El rubio se miraba más tranquilo, pero había algo que lo estaba carcomiendo por dentro y debía expresarlo ya. —No se cómo decir esto, porque siento que si lo digo se vuelve real —Comenzo Max y Sergio sostuvo su mano con fuerza —Sé que mi padre no era la mejor persona del mundo, pero...—Su voz tembló un poco antes de continuar —La última vez que lo vi discutimos, y lo último que me dijo fue una amenaza —Sergio podía ver el dolor en sus ojos —No puedo recordar ni una sola vez que me haya dicho que me amaba. A Sergio se le llenaron los ojos de lágrimas al ver a su novio así. Pero sus afirmaciones eran por demás desgarradoras. Sin embargo, no iba a permitir que ese sentimientos de derrota se apoderará de él. —Quizá le costaba expresar sus sentimientos —Sergio tomo su mano con fuerza —Pero todos los padres aman a sus hijos, solo que no saben cómo expresar su amor. Pero eso no significa que no lo hagan. Max sonrió tristemente. —Solo lo dices para que no me sienta mal —Respondió el rubio levantando la mano de su novio y plantandole un beso —Agradezco mucho que estés conmigo, sin ti esto sería un infierno. Sergio acortó el espacio entre ambos y beso sus labios delicadamente. —Lo digo en serio —Afirmo el pelinegro —Eres alguien que merecer ser muy amado, y sé que tu padre no te odiaba. El rubio sonrió más tranquilo, y se puso algo nervioso antes de continuar. —Hay algo que me mantuvo confuso —Confesó desviando la mirada —Y es que cuando recibí la noticia de su muerte, me sentí extrañamente aliviado, ¿Eso me hace una mala persona? El pelinegro rápidamente negó con la cabeza. —Claro que no, mi amor —Sergio se apresuró en apartar esas ideas de su cabeza —Tú no eres malo, nunca lo has sido. Él no era alguien bueno y lo lamento mucho, pero ambos sabemos lo que hizo. Estoy seguro de que no eres el único que se ha sentido aliviado en una situación así. En ese momento Max se abrazo a su novio, sintiéndose liberado de aquella carga que lo había estado atormentando toda esa tarde. Sergio acarició sus rubios cabellos, dejándose caer junto a él en la cama, sabiéndose finalmente en paz.
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