ID de la obra: 1533

Stolen Kisses

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Tamaño:
109 páginas, 32.902 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Deseo y pecado

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Sergio no pudo regresar al aula debido al retardo de tiempo que tuvo. Sabía que no lo dejarían pasar y se centro en resolver el problema que lo molestaba. Se decidió tomar una sudadera que Lewis había dejado en su casillero. Era más grande que su talla, así que le quedaba holgada y esto le ayudaba a disimular el problema en sus pantalones. Camino intranquilo hacia fuera del salón donde se encontraba su novio. Su mente iba a mil por hora, buscando las distintas excusas que podría darle para no irse con él esa tarde. Muchas veces la academia quedaba casi vacía, pues parte de su aprendizaje lo llegaban a cabo en funciones que les tomaban toda la tarde e incluso la noche. Sergio y sus compañeros recién habían terminado con “Giselle”, en donde el pelinegro solo había sido parte del cuerpo de ballet. Deseaba tanto un protagónico, pero usualmente ese rol siempre era para su novio. Por eso habían salido ese fin de semana, porque las funciones habían cesado y podían descansar hasta la próxima puesta en escena. En cambio, Lewis llevaba una vida un poco más exitosa fuera de la academia. Estaba siendo reconocido por ser un talento natural. Pocas veces se encontraba alguien como él. Y no era fácil estar al lado de alguien tan brillante. Sergio lo sabía bien cuando inicio su relación. Entendía que habrían días donde su novio se iría por trabajo, y él solo tenía que esperarlo. Al principio había sido difícil, pero rápidamente se acostumbro a tener que ser aquel que se queda y no habla. Finalmente vio a su novio salir junto con sus amigos. Sergio se acercó lentamente intentando actuar normal. —¿Dónde te has metido?—Pregunto Charles apenas lo vio. Sergio se puso nervioso ante esa pregunta. —Amor, hoy empezaré el ensayo de Manon, ¿Quieres acompañarme?—Ofreció Lewis mientras lo observaba con ternura—Que lindo te ves con mi sudadera. Des Grieux era un papel que Lewis tanto ansiaba interpretar, así que no lo dudo ni un segundo cuando se presentó en la audición. Una mera formalidad, pues todos sabían que si él se presentaba, el papel se volvía suyo en automático. —¿Te sientes bien?—Intervino Carlos, notando que no solo su amigo había estado ausente durante ese tiempo —Pareces enfermo. Y ahí lo tenía, la excusa perfecta. —Me siento fatal—Comenzó el pelinegro —No sé si fue algo que comí, pero vomité y por eso no llegue al aula a tiempo. —¿Quieres que te lleve a casa?—Pregunto Lewis mientras ponía una mano en su mejilla. Carlos lo miraba con atención, dudando mucho de sus palabras. —No quiero que te regreses por mi culpa—Dijo Sergio y su novio lo envolvió en un cálido abrazo —Puedo tomar un taxi. —Nosotros te llevamos—Ofreció Carlos. —Si, tendríamos que salir corriendo al cine pero creo que llegaremos a tiempo —Dijo Charles mientras veía su reloj. La pareja había acordado una cita esa tarde, ya que eran de las pocas que tenían libres. —No hace falta, no es tan grave—Sergio les dio una salida rápida a todos, algo que levantó aún más las sospechas de su mejor amigo. —Te acompañaría pero tengo una práctica está tarde—Se excusó Lance, quién no cambiaría sus planes por nada del mundo. Era el único de su grupo de amigos que tenía clases privadas para mejorar su desempeño. Su padre había pagado muy bien por ellas, ya que quería que se convirtiera en el mejor de su generación. Sergio respiro con tranquilidad al notar que su plan podría salir bien. Lewis se despidió de él con un suave y tierno beso en los labios, desconociendo las oscuras intenciones de su pareja. Una vez que salieron de la academia, Sergio fingió que tomaba un taxi y cuando apenas avanzo una cuadra, se bajó rápidamente y regreso al lugar. Estaba muy nervioso, pero también excitado. Jamás había mentido tanto. Nunca antes mantuvo una infidelidad y mucho menos más de una vez. Todo eso aumentaba su adrenalina. Y esa sensación se volvía adictiva. Max había estado esperándolo durante un largo rato. Se metió a la ducha un poco molesto por la tardanza de Sergio. “¿Se arrepintió?” Pensó el rubio. Si Sergio no venía, Max tendría que buscar consuelo en su mano. El pelinegro llegó al lugar acordado y comenzó a buscarlo en cada una de las duchas hasta que finalmente dio con él. Podía reconocer esa espalda y sus amplios hombros, un perfecto triángulo invertido. El agua fría caía sobre su cuerpo desnudo, cayendo de su cabeza, pasando por sus glúteos hasta llegar a sus pies. Sergio no tardó en desvestirse para hacerle compañía. Entro a la ducha mientras tocaba su espalda, Max se giro y sonrió al verlo. El pelinegro no lo dudo ni un segundo para juntar sus labios, en un baile húmedo y desesperado. Max posó sus manos en los muslos del más bajo y comenzó a acariciar su trasero, hasta que llegó a su entrada para empezar a estimularlo. No sabían cuánto tiempo tendrían. La escuela no estaba completamente sola. Sergio soltó un gemido ahogado, pero continuo besándolo hasta sentir como su lengua lo recibía con amabilidad. Mentiría si dijera que no había estado contando los minutos desde que lo dejo solo en el baño. Así que siguió el juego tomando el miembro del rubio con su mano, cuya piel sensible había estado chocando con su propia virilidad. Max se quejo al instante, sonriendo ante lo necesitado que se veía su amante. Entonces retiro la mano del pelinegro y obligo a ponerse contra la pared. El rubio se agachó y con sus manos lo obligó a separar sus piernas. Sergio se sintió sumamente excitado cuando la lengua de su amante comenzó a entrar en él, devorandolo con su húmedo y caliente tacto. El pelinegro se apoyaba de la pared con las pocas fuerzas que tenía, pues el jugueteo de Max lo hacía temblar. Pero eso no le impidió usar una de sus manos para comenzar a masturbarme mientras su amante seguía probando más de él. Max se levantó del suelo y le dio un fuerte golpe con la palma de su mano en uno de sus glúteos, haciéndolo gemir de dolor. Sergio estuvo a punto de protestar, pero el rubio se pego a su cuerpo y tomo su miembro con su mano y lo apretó ligeramente. —Te enseñaré otra clase de placer —Susurró Max en su oído. El pelinegro comenzó a gemir con mayor fuerza al sentir como el rubio introducía uno de sus dedos dentro de él. Mientras que con su otra mano lo masturbaba bruscamente. Un dedo más entro en él, haciéndolo temblar de placer. Max sonreía triunfante al ver cómo podía dominarlo. —Basta...—Susurró Sergio al sentir que el rubio solo jugaba con él, limitando su placer por el gusto de torturarlo. No obtuvo repuesta de su parte. Max salió de él y junto sus labios en su violento beso. Bastante brusco para su gusto. Pero nada lo preparo para cuando lo sintió en su entrada, acomodándose detrás de él. El rubio ya no podía soportar más su deseo de poseerlo. Así que comenzó a entrar con cuidado, estando alerta de no lastimarlo. Y una vez que logro su cometido, empezó a moverse lentamente, mientas que su amante no dejaba de gimotear ante tal acción. Entonces Max comenzó a darle nalgadas, primero despacio y luego un poco más brusco. Sergio no entendía que era esa clase de sensación que tenía cuando Max era brusco con él, pero pronto se vio a si mismo buscando ese contacto. Comenzó a mover sus caderas intentando obtener más del rubio, pero pronto se sintió defraudado cuando esté, sin previo aviso, salió de él. Max lo hizo girar para verle. El pelinegro sentía un ardor en sus glúteos, víctimas de los deseos del rubio. —Harás lo que yo quiera, solo está vez yo seré el amo—Dijo Max mientras lo obligaba a levantar su pierna y la colocaba sobre su hombro. Era una posición difícil, pero en la cual la elasticidad de su cuerpo le era beneficiosa. El rubio volvió a acomodarse en su entrada, comenzando a penetrarlo despacio hasta que se sintieran lo suficientemente cómodos para continuar. Entonces ambos tenían una vista espectacular del otro. Sergio no pudo evitar observar que su amante tenía piercing en los pezones, algo que llamo su atención y le dio un poco de gracia. Max era amante del dolor. Pero ese día él sería quien mandara entre los dos. La forma en que estaban posicionados le dejaba observar como su miembro entraba en ese ese hombre y lo hacía gemir con fuerza. Sergio apenas podía sostenerse, pues Max aumentaba cada vez más sus embestidas. Hasta que finalmente dejo salir toda su excitación dentro de él, pero el pelinegro todavía no estaba satisfecho. Entonces Max salió con cuidado de él, y aún aturdido, pero guiándose completamente por el placer, se agachó y tomo su miembro con la boca. Sergio comenzó a embestir esa sucia boca que tanto lo retaba. La misma que le había dado ese placer en aquel baño. El rubio sabía lo que hacía cuando lo metía hasta el fondo de su garganta y acariciaba sus testículos con su mano libre. Ese vaivén no duró mucho hasta que Sergio finalmente soltó todo en la boca del rubio, quién se levantó del suelo limpiándose la cara. Max se acercó de nuevo al pelinegro y comenzó a besar su cuello, respirar cerca de su oído y besar su mejilla. Le gustaba contemplarlo. Le había gustado domarlo. Pero ahora necesitaba que aprendiera rápido. Porque su juego no sería de una o dos noches.
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