Dos caras, una moneda
22 de diciembre de 2025, 18:51
Lance sentía la presión en su cuerpo, moviéndose con tal gracia que lo hacía enorgullecerse.
Creía no estar cometiendo errores, pero su maestro no paraba de corregirlo.
Fernando alguna vez fue una gran estrella, pero a sus 42 años fungía como maestro en la academia Monier.
No aceptaba fácilmente dar clases privadas, pero algo en el joven Stroll que lo impulso a aceptar.
—Cuida tu postura—Dijo el mayor mientras lo corregía haciendo uso de un bastón.
Lo golpeaba ligeramente en sus piernas, marcando sus errores. Pero a veces recorriendolas con este mismo objeto.
Lance obedecía a cada cosa que le decía, pero, por alguna razón, el maestro siempre encontraba algún error.
Al principio el joven pensó que se trataba de un perfeccionista. Luego entendió que habían ciertas cosas que no eran muy profesionales de su parte.
El maestro Alonso se poso a su lado, tomándolo de la cintura para acomodarlo a su gusto.
—¿Quieres aprender o no?—Susurró en su oído.
Esto hizo que Lance se tensara. Sintiendo que su simple tacto lo ponía a temblar.
Era una complicidad extraña.
Fernando no podía negar que Lance se había convertido en su alumno favorito.
Las miradas, los toques a veces indebidos, la tensión entre ambos. Todo era demasiado palpable.
El mayor comenzó a acomodarlo, corriendo su postura que, por alguna razón, le parecía incorrecta.
—Estas demasiado tenso—Volvió a susurrar.
Lance no respondía, sintiendo las manos del hombre posandose en sus hombros para comenzar a masajearlo.
Pero esto en lugar de relajarlo, solo lo ponía más tenso y una sensación conocida comenzaba a hacerse presente en sus pantalones cortos.
Pronto las manos de Fernando comenzaron a bajar por su espalda, tocando cada centímetro que recorría con delicadeza.
En el aula no se podía escuchar nada más que sus respiraciones pesadas. Sintiéndose tan tensos con la piel del otro.
El mayor posó sus manos en la cintura del joven y con una de ellas bajo casi hasta llegar a su entrepierna.
Tomando su pierna casi en un acto inapropiado, obligándolo a levantarla mientras todavía lo sostenía en la cintura.
—¿Por qué tiemblas tanto?—Su pregunta era casi como una burla.
Lance no pudo evitar apoyar su pierna en la barra frente a él, justo cuando sintió como la mano del hombre se posaba sobre su miembro erecto.
El joven soltó un gemido cuando lo sintió tocandolo sobre su ropa.
—Levanta—Ordeno Fernando mientras veía la pierna en la barra—¿Acaso no tienes equilibrio?
Para Lance era muy difícil concentrarse.
Sin embargo, logro levantar la pierna mientras su maestro seguía masajeando su miembro. Aunque no sabía cuánto podría soportar esa situación.
No era la primera vez que Fernando le hacía eso. Lo tocaba en partes que no debía, pero eso no le importaba.
Le gustaba ser visto de esa manera por su maestro. Le encantaba ser deseado.
Pero pronto su placer se vería interrumpido cuando su maestro, igual que siempre, lo dejaba con las ganas.
Fernando dejo de tocarlo y recobró la compostura.
—Se acabo la clase, nos vemos mañana—Soltó sin siquiera parpadear.
Era como si actuar no lo afectará en nada. Cómo si no hubiera estado masturbando a su alumno hace un momento.
Lance se acomodo rápidamente, pero estaba muy molesto.
No era la primera vez que le hacía eso, y no sabía cuántas veces lo dejaría siempre queriendo más.
Había buscado la forma de acercarse más a Fernando, de hacerle saber que él también lo deseaba.
Pero parecía más un juego que otra cosa. Y él no quería ser un juguete.
—No—Finalmente habló —No puedo seguir haciendo esto.
Fernando ni siquiera se molestó en verlo. Estaba preparando sus cosas para marcharse.
Entonces Lance, en un impulso descontrolado, se acercó a él rápidamente y lo tomo del brazo para hacerlo voltear.
Una vez frente a frente, el joven junto sus labios en un desesperado encuentro.
El mayor no se esperaba esa acción por parte de su alumno, pero correspondió al beso al instante.
Lo tomo de la cintura para atraerlo más hacia él. Lance no perdió la oportunidad de comenzar a tocarlo, poniendo sus manos en el miembro del mayor para poder descifrar si tenía el mismo efecto en él.
Fernando soltó un gemido al sentirlo tocandolo lentamente. Sabía que debía parar eso antes de llegar más lejos.
—Basta—Dijo el mayor mientras empujaba el cuerpo del joven lejos de él —He dicho que termino la clase.
Si el maestro pensaba que su alumno aceptaría esto así sin más, se había equivocado.
Escogió a la persona equivocada con quién jugar. Y ahora sabría con quién estaba tratando.
—No, esto todavía no acaba—Protesto Lance.
—Escúchame, no podemos—Insistió Fernando—Lo que pasó solo fue para que te relajaras, pero nadie tiene que saberlo ¿Entendido?
Su respuesta solo hizo molestar al más alto. Pero se dio cuenta de que podría usar sus palabras en su contra.
—No estoy relajado—Alego el joven mientras se acercaba peligrosamente —Y no diré nada si me ayuda a relajarme.
Estás declaraciones pusieron muy nervioso al maestro, ¿Qué estaba diciendo exactamente?
—Dejémoslo así—Fernando intento imponer su autoridad.
Sin embargo, no era el único con poder en esa habitación.
—Bien, entonces le diré a mi padre sobre las tácticas que uso conmigo durante el último mes—Amenazó el joven intentando ocultar una pequeña sonrisa—La clase todavía no termina.
Fernando se molestó muchísimo por su actitud.
Pero si Lance quería eso, entonces lo haría pagar.
Sergio todavía se encontraba en la ducha, mientras que Max seguía dándole pequeños besos en la espalda y cuello.
El pelinegro sabía que tenían que dejar las cosas en claro entre ambos. No buscaba malentendidos.
—Esto será un secreto entre nosotros—Señalo Sergio mientras continuaba con su juego.
—No tengo problemas con eso—Susurró en su oído —Mientras sigas dándome tu atención—El rubio comenzó a centrarse en su cuello, respirando sobre él —Pero tienes que aprender a dominarme.
Sergio sonrió ante esto.
—¿Acaso te gusta que te maltraten?—Su pregunta sonaba más a una burla.
Pero como respuesta, Max mordió ligeramente el lóbulo de su oreja, haciéndolo gemir.
—No soy el único —El rubio sonrió para luego besar su cuello.
Lance gemía de placer al sentir como el hombre mayor lo tomaba con fuerza.
Había deseado tanto ese momento.
Apenas podía sostenerse de una de las barras mientras que su maestro no dejaba de embestirlo.
Sus respiraciones eran aceleradas, inundando la habitación de sus quejidos y golpeteos.
Fernando estaba en una mezcla entre molestia y placer. Golpeando el cuerpo debajo de él, haciéndole saber que se había portado mal.
El joven no pudo contener más su excitación, manchando el suelo con su semen.
Pero aún tenía algo que pagar.
Lance tenía una boca muy grande para haberle hablado así. Deseaba llenarla con algo que lo haría callar.
El mayor se separó de él y lo tomo de su rebelde cabello. Obligándolo a arrodillarse, Fernando tomo por la fuerza la boca del joven, haciéndolo lamerlo por completo.
Lance sentía que se ahogaba al sentir la carne de Fernando hasta su garganta. Podía notar que había cierta rabia hacia él, y no podría estar disfrutandolo aún más.
Hasta que finalmente el mayor soltó toda su excitación en su boca, haciéndolo toser por la presencia del líquido.
Fernando simplemente se acomodo su ropa, tomo sus cosas y salió del aula.
Por un lado, había sido chantajeado por su alumno, por el otro, él también había sido responsable de llegar a esos extremos.
El hombre sabía bien que él inicio ese juego. Fue él, como maestro, que aprovecho su posición para tocar al joven en más de una ocasión.
Pensaba que simplemente era una joven sumiso que solo disfrutaría del tacto y seguiría adelante. Pero no podía estar más equivocado.
Lance se levantó del suelo. Intentaba recuperar la respiración a la vez que se vestia de vuelta.
No solo estaba completamente empapado en sudor, sino también manchado por su propia excitación y el de su maestro.
Se dio cuenta de que no podía dejar que lo vieran así, pero tampoco evidenciar el desastre en el aula.
Corrió hacia el baño más cercano y tomo un poco de papel, regreso a limpiar todo y finalmente decidió que era momento de ducharse.
—Tienes mi número ahora—Comenzó Sergio—El chat debe quedar limpio, así que borra todo lo que hablemos.
—No te preocupes por mi, tú eres el que tiene novio—Le recordó el rubio.
Lewis era un problema para Max.
Fingí que no le molestaba, pero lo hacía.
Le gustaba la atención de Sergio, era muy acaparador. Un novio con quién compartirlo no era algo que le gustara.
Pero sabía que no podía exigir nada.
Al menos no por el momento. Pero estaba seguro de poder convencerlo para ser solo suyo.
Los dos jóvenes salieron del baño, cada uno por su lado. Cómo si nada hubiera pasado.
Lance evitó encontrarse de frente con Max, asustado de que cuestionara su aspecto.
Podría decir que había practicado toda la tarde, pero era poco probable que le creyera y no quería dar esa primera imagen con su nuevo compañero.
Pero no pudo evitar observar una figura conocida alejándose.
Se dio cuenta de que su amigo no se había ido como había dicho. Y que algo había pasado como para mentir de esa manera.
Los dos jóvenes habían salido de las duchas. Pudo notar la gran sonrisa del rubio.
Pudo notar que algo estaba mal.