ID de la obra: 1533

Stolen Kisses

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Tamaño:
109 páginas, 32.902 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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La necesidad de lastimar

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Habían pasado un par de días desde que Max se volvió amigo de Lewis. Con el paso del tiempo, había logrado que el moreno confiara cada vez más en él. El rubio le confiaba cosas que eran muy personales. Cómo sus sueños y miedos. Pero todo esto no era otra cosa más que mentiras, parte de su farsa para orillarlo a que hiciera lo mismo. Y si bien Sergio al principio se había sentido incómodo con la idea, una parte de él se divertía al notar lo despistado que era su novio. Además, su tranquilidad se vió afianzada cuando Lewis lo buscaba para tener intimidad. Confirmando que no había nada distinto en ellos, o eso le hacía creer. Con Max todo había ido mejorando. Se veían de vez en cuando para satisfacer sus necesidades, aunque el rubio luego se molestará un poco cuando le daba atención a su novio. Pero no podía descuidar su relación. Así que en esos últimos tres días había estado acompañando a Lewis a los ensayos finales de Manon y esa noche era la primera función. Sergio caminando rumbo a la salida, pues su novio le había pedido que de favor le trajera su medalla de la suerte. Un pequeño collar con un dije que el pelinegro le había regalado hace años. Lewis creía que le traía buena fortuna, pero esa mañana lo olvido en casa y no tenía tiempo para ir a recogerla. De pronto vio que una figura conocida se acercaba a él, y el pelinegro reviso discretamente si nadie estaba viendo. —¿Qué haces aquí?—Pregunto Sergio cuando se topo de frente a Max. —Vine a verte, supuse que estarías aquí, otra vez—Parecía una especie de reclamo por parte del rubio. Sin embargo, el pelinegro no iba a ceder ante sus berrinches. —Sabes bien que Lewis es mi pareja—Le recordó —Tengo que estar aquí para él. —Pero si parece que ya te ibas—Max lo observo detenidamente, Sergio desvío la mirada—Traje algo para divertirnos. El pelinegro negó con la cabeza mientras continuaba su camino hacia la salida. El rubio no dijo nada y lo siguió hasta que salieron del lugar. Ahí fue cuando Sergio se paró en seco y se giro a verle. —Alguien podría escucharte —Le regaño—Ahora no puedo, tengo un pendiente en el departamento de Lewis y luego debo volver. —Podemos decir que hubo tráfico —Max lo interrumpió —Pasamos a mi departamento, nos divertimos un poco y luego volvemos. La propuesta era tentadora, y Sergio deseaba pasar tiempo con él. Habían sido días de no poder hacer nada más que darse uno que otro beso. —Bien—Respondió rindiéndose—Voy por lo que necesito y te veo en tu departamento. El rubio negó con la cabeza. —Te acompañaré y luego iremos a mi departamento —Propuso— No quiero que luego te arrepientas. Sergio no quería darle más vueltas al asunto, así que acepto con pocos ánimos. No le gustaba la idea de llevarlo al departamento de Lewis, principalmente porque alguien podría verlos y hacerse preguntas. Llegaron rápidamente al departamento, del cual Sergio tenía las llaves de su novio. Apenas entraron, el pelinegro fue por el objeto a la habitación de su pareja y lo tomo dispuesto a irse. Una idea perversa, y por demás descarada, rondaba por la cabeza de Max. Se quitó la mochila y la tiro al suelo, haciendo que su amante se girara para verlo. El rubio se acercó a Sergio, quién estaba al lado de la cama de Lewis y lo arrinconó evitando que pudiera salir. —¿Qué estás haciendo?—Pregunto el pelinegro cuando lo vio. Pero Max no respondió en ese instante, sino que se acercó a su rostro y junto sus labios. Sergio no puso resistencia. Dejo que la lengua de su compañero invadiera su boca, y sintió como le quitaba su mochila para tirarla al suelo. —No—Dijo el pelinegro separándose un poco —Aquí no. Sin embargo, el rubio hizo caso omiso a sus palabras, volvió a devorarle la boca y metió su mano en sus pantalones, tocando su miembro y provocando una erección. —Así nos ahorramos tiempo—Respondió Max para después empujarlo hacia la cama y comenzar a bajar sus pantalones. Sergio quedó desnudo de la cintura para abajo y sintió como el rubio comenzaba a jugar con su miembro, llevándolo a la boca para comerlo. No se podía concentrar. Sabía que estaba mal hacerlo ahí, pero de alguna forma lo excitaba demasiado. —¿Qué trajiste para divertirnos?—Pregunto el pelinegro. En ese punto ya no había vuelta atrás. Lewis observo el reloj en la habitación. ¿Por qué Sergio tardaba tanto? Pensó en salir y quizá encontrarlo en el camino. Sin embargo, no quería retrasar a sus compañeros que lo necesitaban ahí. Le parecía extraño. Calculó el tiempo que le llevaría ir y regresar de casa, y si bien no era demasiado, confiaba en que su novio volvería a tiempo. —¿Nervioso?—Pregunto Carlos, sacándolo de sus pensamientos. —No, es solo que Checo ya debería estar aquí—Respondió Lewis mientras comenzaba a jugar con sus dedos, calmando el estrés que se acercaba. Carlos lo miro preocupado. Conocía bien a Lewis y sabía que no era alguien de ponerse de esa manera, mucho menos en una noche de presentación. Comenzó a pensar en todas las posibilidades que llevarían a Sergio a tardar tanto. Solo una persona venía a su mente. Desde que Max llegó a la academia, su mejor amigo se había vuelto algo distante y tenía un comportamiento extraño. Notó lo tarde que a veces volvía a casa. Y sabía bien que no era por Lewis. —No te preocupes, ya debe estar en camino—Ni siquiera él estaba seguro de sus palabras. Max sentía el collar de latex apretando ligeramente su cuello, mientras que Sergio sostenía con fuerza la correa de este. —Y dime, Max ¿Vas a ser un chico bueno para mí?—Pregunto el pelinegro, mientras el rubio se encontraba de rodillas frente a él. Cuando Max le propuso que lo tratará como a un animal, Sergio primero lo tomo como una broma y pronto entendió el juego. En su rol de amo y sumiso, el pelinegro tenía el poder. Y pocas veces en su vida había disfrutado de eso. “Manon” se había vuelto su palabra de seguridad. Y justamente era el nombre del ballet en el que Lewis se presentaría esa noche. —¿Me obedeceras como el buen chico que eres?—Sergio jalaba de la correa con cierta fuerza, haciendo gemir a su amante. Max no tenía permitido responder, solo debía obedecer las órdenes de su amo. —Debes terminar lo que empezaste, solo así sabré si te portaste bien—Continuó el pelinegro, mientras comenzaba a masturbarse frente al rubio. Eso era una tortura para el rubio. Se moría por tocarlo de nuevo, pero sabía las reglas del juego. No podía tocarlo hasta que Sergio le diera la orden de hacerlo. Los dos hombres se encontraban desnudos en la habitación del moreno, pero este último estaba ausente de la lujuria que se desataría sobre su cama. Mancillando el lugar con su traición. —Abre la boca, te daré un premio—Ordeno Sergio y Max obedeció al instante, sintiendo como su carne lo invadia hasta la garganta. El agarre de la correa le impedía separarse demasiado del pelinegro. Obligándolo a dejar que su boca fuera follada con fuerza. Sergio movía sus caderas frente a la cara del rubio. Pero este no podía sostenerse de ningún lado, sus manos debían permanecer en su espalda hasta que su amo le ordenará tocarlo. El pelinegro lo tomo de los cabellos, sin siquiera medir su agarré. Esto dolía para Max, pero era la forma en que le gustaba ser tratado. Lewis comenzó a preocuparse al ver que su novio no regresaba. Tenía poco tiempo y no podía concentrarse. Por alguna razón, comenzó a tener un mal presentimiento. Carlos se percató de esto, así que decidió mentirle sobre su amigo, diciendo que habia hablado con él, afirmando que se le había ido el tiempo y que pronto llegaría. Esto solo lo calmo un rato, lo suficiente para que Carlos comenzará a intentar buscar una excusa para que Lewis no siguiera con esos nervios. Cuando Charles le cuestionó su mentira, Carlos solo afirmó que lo hacía por su bien. Charles no recordaba bien lo que había ocurrido aquella noche de fiesta, así que sus memorias eran confusas. Tampoco fue testigo de lo que ocurrió en el baño. Así que no pudo unir los puntos referente a Max. Sergio comenzó a entrar en el bonito trasero que tenía frente a él. Max apenas podía sostener su maltratado cuerpo en la cama. Estaba tan colorado que sentía que su piel seardía. El pelinegro lo había abofeteado en al menos cinco ocasiones mientras lamia su miembro. Recordandole que tenía que obedecerle, que debía ser un buen chico. Sergio comenzó a embestir a su amante, mientras que con la correa lo jalaba hacia atrás y con eso Max sentía una mezcla de dolor y placer cada vez que hacía eso. El pelinegro soltaba su agarré de vez en cuando. Permitiéndole recobrar la compostura. Y cuando se canso de esa posición, lo hizo girarse para tener una mejor vista de su miembro erecto y colorado. Max se abrió de piernas y Sergio las empujó aún más hacia atrás con sus manos. Exponiendo su entrada a su miembro, entrando de nuevo para sentirlo por completo. El rubio gemía al sentir a ese hombre tomándolo con tal fuerza. Y su excitación solo incrementaba al recordar el lugar en donde estaba. Habían fotos de Lewis y Sergio por toda la habitación. Se notaba el aprecio que el moreno sentía por su pareja. Pero Max lo quería solo para él. Y hacerlo en su habitación era solo una mofa más al pobre bailarín. El pelinegro había tenido una mezcla de sentimientos confusos cuando dejó que el rubio lo convenciera de tener sexo en ese lugar. Una parte de él le decía que estaba sobrepasando otro límite. Pero otra parte, una que parecía ser guiada por la lujuria, le sembró el deseo de hacerlo. En esa habitación había dormido junto a Lewis en más de una ocasión. Pero nunca se había sentido más satisfecho que estando ahí con su amante. Su mirada pronto se desvío al dije, que se encontraba tirado a un costado de la cama. Y estiro su mano para alcanzarlo. Max solo se dejaba guiar por el placer que sentía en ese momento. Si fuera por él, amaría ver el rostro de Lewis al verlos ahí, en esa situación. Y mientras Sergio lo embestia, tomo el collar de Lewis, lo envolvió en su mano y comenzó a masturbar al rubio. Max sentía el frío del metal en su piel, pero la sensación de su toque era tan buena que poco le importaba. Había algo de picardía, malicia y descaro al usar ese objeto de tanto valor sentimental, como otra forma de darle placer a su amante. Lewis comenzó a vestirse. No faltaba mucho para que comenzarán con la función. Mordía sus uñas en desesperación de no saber nada. Aunque Carlos le había dicho que se había comunicado con su novio, esta tranquilidad duro poco tiempo al ver que no aparecía. Sergio sabía lo importante que era ese dije para él. No se atrevería a dejarlo con esa inquietud y mucho menos a propósito. El moreno llamo a su teléfono varias veces, pero no obtenía respuesta alguna. Comenzó a caminar por toda la habitación, preocupándose cada vez más. ¿Y si le había pasado algo malo? ¿Qué tal si tuvo un accidente en el camino? Ahora ya no le importaba el dije, la suerte, o lo que sea. Solo quería saber que estaba bien. Y mientras los minutos avanzaban, sus dudas se incrementaban.
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