ID de la obra: 1533

Stolen Kisses

Slash
NC-17
Finalizada
4
Fandom:
Tamaño:
109 páginas, 32.902 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Lo bueno, lo malo y lo feo

Ajustes de texto
Sergio no espero mucho hasta que Lewis entro. Por más que lo había intentado, sus ojos lucían hinchados. Evidencia de haber llorado. —¿Podemos hablar? —Pregunto el moreno mientras se detenía frente a él. —Ya hemos dejado todo en claro—Sergio se cruzó de brazos—Es obvio que ya no confías en mí. Por eso no podemos continuar juntos. Así que no tenemos nada de que hablar. Lewis no estaba dispuesto a continuar sin él. Había algo que lo mantenía a su lado, y no era capaz de dejarlo ir. —No digas eso, mi amor—Respondió el moreno acercándose para tomarlo de sus mejillas con delicadeza —Hemos estado tanto tiempo juntos, no tiremos todo por una tontería. —Eso debiste pensarlo antes de acusarme anoche—El pelinegro se apartó de él rápidamente—Ya no puedo confiar en ti. El moreno comenzó a negar con la cabeza. Había pasado toda la noche solo pensando en Sergio y en lo mucho que quería salvar su relación. —Haré lo que sea para recuperar tu confianza —Comenzó Lewis mientras tomaba sus manos— Pídeme lo que quieras. Sergio intento ocultar una pequeña sonrisa que se asomaba en sus labios. —No sé si te mereces una segunda oportunidad —El pelinegro saboreaba cada palabra que salía de su boca, sabiendo que tenía el control —Primero dime, ¿Con quién me imaginaste en la ducha? Lewis trago en seco. Esa pregunta, hecha con malicia y algo de perversión, no era un tema que quería tocar. Pero si quería recuperar lo que tenía con Sergio, debía ceder a sus caprichos. —Es estúpido — Comenzó el moreno mientras agachaba la cabeza, pero notando como su ex pareja no cedería—Es solo que... anoche Max llegó a felicitarme —Esto alertó al pelinegro, pero supo disimularlo—Y sentí que él y tú tenían el mismo aroma. Me daba la misma sensación. Sergio rápidamente soltó una risa burlona. —¿El mismo aroma?—Continuó el pelinegro en el mismo tono burlesco—¿Es en serio? Si quieres también puedes ir a oler a Carlos y Charles, compramos el mismo Shampoo. Quizá los cuatro te estamos engañando. Lewis se sentía cada vez más estúpido con cada palabra que salía de la boca de su ex pareja. Lo hacía sentir como un idiota que sobre pensaba las cosas. Un tonto inseguro que no fue capaz de analizar todo antes de acusar a la persona que amaba. —Se que soy un imbecil... —Al menos lo tienes claro—Sergio lo interrumpió —Y, dime, ¿Qué tanto estás dispuesto a hacer por mí? Rendido, Lewis no tenía más opción que ceder. Aunque eso significará pisotear su orgullo. Para cuando terminaron su conversación, habían quedado un par de cosas en claro. La primera, Sergio no estaba obligado a reportarle su día completo. Lewis tendría que aprender a respetar su espacio. La segunda, si no tenía una prueba real de que algo más estuviera pasando, Lewis debía guardarse sus inseguridades para si mismo. La tercera, tenía que disculparse con Max por pensar mal de él. Además de que siempre debía hablar primero con Sergio antes de creer que estaba pensando algo. Y si bien no podía decirse que se habían reconciliado. Al menos se daba por entendido quién de los dos había ganado. Cuando Sergio estaba a punto de salir del baño, se giro para mirarlo y le dedico una cálida sonrisa. —Lamento lo que te paso ayer en el escenario —Comenzó el pelinegro —Suerte está noche. Lewis le sonrió de vuelta. Al menos Sergio parecía seguir preocupándose por él. El resto del día fue tan tranquilo como se esperaba. Excepto para Carlos, pues su novio comenzó a mostrar cierto rechazo hacia su persona. Cómo si hubiera algo que lo molestará. Pero en la mente de Charles todo era un desastre. Aquella conversación lo había dejado muy nervioso e inseguro. Temía que su novio y su amigo estuvieran viéndose a sus espaldas. Se sentía afligido ante la idea de un engaño. ¿Por qué Carlos le haría eso? ¿No se supone que lo ama? Y, ¿Por qué Checo le haría eso? Es su amigo, no es correcto. Entonces dejo que su mente divagara al rededor de esa idea. Y sentía que no podría sostener las lágrimas por mucho tiempo. Quería hablar con Carlos, pero no ahí. Decidiendo esperar hasta llegar a casa. Por otro lado, Sergio no dejaba de preocuparse por la nota. Necesitaba que Lewis se fuera para poder encarar a George. Quería asegurarse que no se encontrarán solos. Cuando Lewis finalmente se marchó, el pelinegro corrió en búsqueda de aula que decía la nota. Decidió ocultarse para dejar que George entrara primero, pero contaba con que el amigo de este lo había observado llegar y le aviso para que no se presentará. Había pasado una hora desde que terminaron sus clases, pero no veía por ningún lado a George. Comenzó a preguntarse a si mismo si quizá este ya se encontraba ahí. Camino lentamente, intentando no llamar la atención, y entonces abrió la puerta. Una escena inesperada se presentó ante él. Lance, de rodillas en el suelo, le daba placer con la boca a su profesor, Fernando. Los dos hombres se giraron a verlo y Sergio solo se limitó a cerrar de golpe. Camino rápidamente hacia la salida del lugar, sabiendo que eso era algo que no debía presenciar. No podía creer lo que hacía Lance. ¿Cómo se atrevía? ¿No le bastaba con la ayuda económica que le daba su padre? Ahora se metía con sus profesores para ser más beneficiado. Fernando no supo que decir cuando Sergio abrió la puerta. Tanto el alumno como profesor habían continuado con su juego sexual durante sus prácticas privadas. Una relación que solo los perjudicaba a ambos. Lance, por su parte, se limitó a perseguir a su amigo. Quería asegurar su silencio. —¡Sergio!—Grito cuando lo vio en el pasillo y este incremento su paso—¡Detente! El más alto no se dio por vencido, dándole alcance antes de que pudiera escabullirse fuera de la academia. Entonces lo tomo del brazo para impedirle avanzar. —Que asco, no me toques —Respondió Sergio para después soltarse bruscamente de su agarré—Seguramente lo tocaste con esa mano. —No le digas a nadie—Más que un favor, parecía una orden. —¿Qué cosa? ¿Que ya se la razón por la cual eres su alumno favorito?—El pelinegro no pudo evitar hablar con cierta mofa. Lance bufó con molestia. —Entonces le diré a todos que te acuestas con el nuevo —Amenazó—¿Cómo se llama? ¿Max? La sonrisa burlona de Sergio desapareció rápidamente, pero no tardó en retomar la compostura. —¿De qué estás hablando?—Preguntó para después solta una pequeña risa—¿Qué te hace pensar eso? Max es amigo de Lewis, no mío, ¿Cómo podría hacer algo así? —Te vi ese día, salías del baño cuando se supone no deberías haber estado aquí —Comenzó Lance—Al principio pensé que era una tontería, pero luego me di cuenta de como te mira. De como se miran. Esto solo provocó la risa de su amigo. —Tu cerebro, tan pequeño, se confunde con facilidad —Respondió Sergio, con un tono más serio —Debiste confundir las fechas. No me sorprendería, ¿A qué ibas a las duchas? ¿A limpiarte lo que el profesor Fernando te hace por las tardes? —Sé lo que ví —Insistió—Y se los diré a todos. —¿Y que vas a decir? Tus delirios no se sustentan de nada—Continuó con tal seguridad que ponía nervioso al otro joven— ¿Qué puede pasar? Lewis sabrá que solo es un malentendido y seguiremos juntos, siempre será así. Pero, ¿Y si yo habló?—Lance se puso tenso—Esto es más serio, lo sabes. El profesor Fernando será despedido, te quitarán tu juguete. Y papi se encargará de arruinarle la vida. Piénsalo, Lance, tú y yo no somos iguales. No quieras jugar conmigo. Sergio se fue sin darle espacio para responder o analizar lo que le había dicho. Al tener a Lance contra las cuerdas, quizá podría obtener algún beneficio de todo eso. Llegó a casa y decidió invitar a Max a pasar el rato. Además, necesitaba hablar con él sobre lo de George y Lance. Estaban siendo muy descuidados y sus interacción ya levantaban sospechas. Por otro lado, Carlos había llegado con su pareja a casa y este parecía cada vez más distante. —¿Se puede saber qué está pasando?—El silencio no era su mejor aliado, Carlos necesitaba respuestas. Charles respiró pesadamente antes de decir palabra. —¿Qué se traen Sergio y tú?—Charles, temeroso, preguntó. Su pareja se quedó un poco anonadado. ¿Por qué Sergio estaba en la conversación? —Nada—Respondió más confundido que antes. —Nada...—repitió Charles en una mezcla de burla y tristeza. Su pareja pudo observar la decepción en su rostro, y su semblante era desalentador. Pronto comenzó a entender el contexto de la pregunta. La sugerencia implícita que tenía. —Es en serio—Insistió Carlos —¿Qué crees que pasa? Su novio jugaba con sus dedos, intentando no mirarlo debido al dolor que sentía de solo pensar que estaban jugando con él y su corazón. —¿Los dos tienen algo?—Finalmente soltó con una voz temblorosa— ¿Me has engañado con él? Para ese punto no pudo evitar llorar. Las lágrimas caían por sus mejillas, temiendo la respuesta de su pareja. Las dudas lo habían estado consumiendo desde que escucho esa estúpida conversación y no podía dejar en pensar si había hecho algo mal. Carlos estaba en shock. No sabía cómo había llegado a esa conclusión. Pero necesitaba despejar sus dudas. Le dolía mucho verlo llorar. —No, claro que no—Carlos se apresuró a sentarse a su lado y tomó sus manos con delicadeza — Jamás te haría eso. Charles levantó la mirada y sus ojos se encontraron. Se podía ver el dolor en su expresión, pero, a pesar de la negativa, su corazón no estaba tranquilo. —¿Entonces qué ocultan?—Insistió. Ahora Carlos no sabía que hacer. Sergio sonreía mientras Max acariciaba su cabello. Los dos yacian en la cama, platicando de cualquier tontería. Pero habían temas de los que Sergio quería hablar. —¿Anoche fuiste a ver a Lewis?—Max trago en seco. —Estaba de paso, pensé que sería un gesto amable —Se excuso—¿Por qué? “¿Acaso estaba celoso de su propio novio?” pensó el rubio. —Porque llegó a mi puerta esa misma noche y me reclamó que su ducha estaba mojada—Comenzó el pelinegro mientras jugaba con los dedos de su amante —Estaba casi llorando. Debiste ver su cara, simplemente ridículo. Max soltó una pequeña risa. —¿Por la ducha mojada?—Preguntó y ambos rieron—Después llorará por una arruga en su cama. Sergio volvió a reír junto a él. —Hizo un gran escándalo, por suerte pude callarlo—Respondió para después girarse a verlo —Esta tan obsesionado con la idea de nosotros. Max rodeó su cintura y lo atrajo hacia él. —Pero no se está equivocando —Dijo el rubio antes de juntar sus labios en un corto beso —¿Por eso estaba tan distante? Sergio se incorporo un poco para poder acariciar su mejilla. —No te preocupes por eso, mañana se disculpara contigo —Aseguro para después volver a juntar sus labios —Es tan tonto. Max bajo su mano, intentando buscar el miembro de Sergio. Le encantaba saber que lo tenía para él. En ese momento unos golpes en la puerta los alertaron a ambos. Se separaron y Sergio se levantó para saber quién era. Pero con Max en casa, y en ropa interior, no era el mejor momento para recibir visitas.
4 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)