Lo merezco
22 de diciembre de 2025, 18:51
George caminaba algo nervioso. Después de que Lando le advirtiera sobre la presencia de Sergio en el lugar, decidió ir en búsqueda de Lewis personalmente.
Él no sospechaba de Sergio, no, porque sabía muy bien que el engaño era real.
Los había visto con sus propios ojos.
Cuando Lewis los dejo solos y no pudieron evitar hacer su tontería en aquel baño.
No podía ser un malentendido.
Y cuando Lando, quién vive en el mismo edificio que Lewis, observo como salieron del departamento de este. En ese momento supo que debía decirle todo antes de que siguieran jugando con él.
Porque esa noche había estado entre el público y lo había visto caer. Y en su rostro observo mucho dolor, pero no por la caída.
Y eso también lo lastimó. Porque llevaba tiempo enamorado de Lewis y no le gustaba verlo así.
Por eso tomo la decisión de hacerle saber la verdad sobre Sergio. Y no podía evitarlo, se sentí muy resentido con este.
¿Cómo podía hacerle eso a Lewis?
¿Por qué despreciar su amor de esa manera?
Si George tuviera una oportunidad, aunque sea mínima, le mostraría a Lewis que hay alguien que de verdad lo aprecia por lo que es.
Caminando por los pasillos del teatro, no tardó mucho en encontrar el camerino de Lewis.
Titubeó un poco antes de tocar la puerta, pero rápidamente tomo valor para hacerlo. Había llegado demasiado lejos para dar marcha atrás.
Pasaron solo unos segundos hasta que está se abrió y dejo a su vista a un cansado Lewis.
—¿Si?—Preguntó el moreno al verlo.
Pocas veces habían mantenido una conversación, y el más joven iba un curso más abajo que el suyo.
Por lógica, el mayor no podía reconocerlo.
—Tal vez no me recuerdes, pero me felicitaste cuando participamos juntos en el cascanueces —Comenzó el castaño sonriendo nervioso ante tal agradable recuerdo— No obtuve un gran papel, pero era mi primera vez...
—Si, ahora te recuerdo —Lo interrumpió —Eres muy talentoso, pero ¿Qué haces aquí? ¿Necesitas ayuda en algo?
George rápido se dio cuenta de que Lewis pensaba que estaba en la producción actual.
—No, no, yo no estoy participando en Manon —Corrigió rápidamente — No pase la audición...
Esto último lo dijo en un tono más bajo. Sintiéndose sumamente avergonzado.
Sin embargo, comenzó a ponerse más nervioso cuando se percató de que no sería tan fácil indagar en un tema tan personal.
El ambiente se volvió tenso entre ambos y el silencio se apoderó de la conversación. Producto de la falta de convivencia.
—Mira—Comenzó Lewis rompiendo el hielo— Estoy algo ocupado ahorita, a no ser que vengas a ayudarme...
—El profesor Alonso me envió—Mintió— Dijo que tenía que ayudarte a calentar y darle observaciones sobre tu desempeño.
Lewis lo miro extrañado.
Pero si era por orden del profesor Alonso, no podía negarse.
—Bien—El moreno abrió la puerta y se hizo a un lado para dejarlo pasar.
George, preso de su mentira, ahora tenía que buscar la forma de generar la suficiente confianza entre ambos. Aunque tuviera que soportar el ambiente incómodo en aquella habitación.
Por otro lado, Charles golpeaba con fuerza la puerta.
Carlos intentaba hacer que se relajara, pero este no cedía.
La conversación que habían tenido se tornó cada vez más tensa.
El español se había negado a delatar a Sergio. Sentía que no era su derecho a hablar de eso.
Y al negarse a revelar aquello que habían estado ocultando. Las inseguridades de Charles dieron rienda suelta a su comportamiento mezquino.
—¡Sergio, sé que estás ahí! ¡Abre la puerta!—Gritaba un Charles consumido por la rabia.
Aquello que lo había entristecido rápidamente lo quebró, al punto de no soportar la idea de quedarse con la duda.
No sería el tonto de nadie.
Sergio estaba perplejo al escuchar a su amigo gritar así.
—Vístete y no salgas— Le ordenó a su amante y está bufó molesto, para después obedecer.
El pelinegro tomo su ropa y comenzó a vestirse.
Debía mantener el control si quería evitar delatarse ante aquel que consideraba el más llorón del grupo.
—¿Qué te pasa?—Pregunto Sergio abriendo la puerta con suma molestia.
Entonces Charles lo empujó para adentrarse al departamento.
—Dime la verdad y no seas un cobarde—Comenzó el monegasco —¿Ustedes dos tienen algo?
Cuando Sergio se dio cuenta de las implicaciones de esa pregunta, no pudo evitar soltar una carcajada de burla.
Esto incómodo a sus dos amigos, quienes lo observaban sin decir nada.
—¿Es una broma? —Comenzó el pelinegro —Tú y yo tenemos estándares muy diferentes.
Su respuesta denotaba cierto desprecio.
Carlos suspiro pesadamente. Estaba muy frustrado.
—¿Entonces que ocultan?—Charles insistió, no se marcharía sin una respuesta clara.
—Nada—La fría respuesta de Sergio fue seguida de una sonrisa burlona y altanera.
—Ya vámonos —Susurró Carlos mientras se acercaba a tomar la mano de su novio, pero este evitó el contacto.
—¿Quieres que llame a Lewis?—El monegasco rápidamente saco su teléfono —Será mejor que esté aquí para esto.
La amenaza de Charles no le cayó para nada bien al pelinegro, quién bufó molesto ante su intromisión.
—Arruinaras su noche, sabes bien que debe recuperarse de la caída de ayer—Respondió Sergio fingiendo indignación —Y todo para tus berrinches de niño llorón.
—¡Sergio!—Carlos no pudo evitar levantarle la voz en un tono amenazador—¡Ya cállate!
Estaba harto de la actitud de su amigo. No solo hacia Lewis, sino con todos ellos.
—Dame un beso para callarme, igual que la última vez—Sergio sonrió sabiendo lo que su mentira causaría.
El rostro de Charles, ahora desencajado ante la soberbia y el cinismo de su "amigo", no pudo evitar ponerse rojo del coraje.
Sus palabras sumadas a la conversación que había escuchado, todo encajaba en un engaño atroz.
—¡¿Cómo pudieron?!—Gritó Charles mientras empujaba a Carlos lejos de él.
El pelinegro sonreía al verlo tan desesperado y molesto.
—No le creas, está mintiendo—Carlos se defendió casi rogando—Jamás te haría eso, no soy como él.
Charles estaba furioso, pero no sordo.
La última frase dicha por su pareja le dejo en claro una cosa, Sergio era más que un mentiroso.
Carlos se arrodilló frente a su novio y suplicó que le creyera.
—Lo hace para molestarte, sabes que no soy así —Carlos se aferraba al cuerpo de su pareja.
Rogaba porque lo escuchará a él y no a ese tipo que se decía su amigo.
—Es cierto, es mentira—Confeso Sergio con tanta tranquilidad que les dio algo de miedo—Es que me gusta cuando te enojas y te pones rojito. Era una broma.
Charles se tranquilizó un poco, calmando su llanto. Entonces tomo a Carlos de los brazos y lo hizo levantarse del suelo.
—¿Qué ganas burlándote de nosotros?—El monegasco, con voz temblorosa, no entendía aquella actitud.
—Nada, es solo que me molestó como tocaste a mi puerta y creí que lo merecías— Explicó el pelinegro—Si ya acabaste, pueden irse.
—No lo haré, no hasta que me digan la verdad —Charles, una vez más, insistió en el tema —Los escuché en el baño.
Esto último tenso a ambos hombres.
Pero Sergio sintió que no saldría bien librado de esa. Porque, si Charles escucho lo que dijo de Max y Lewis, entonces tendría un problema con sus planes a futuro.
Principalmente cuando Max estaba al otro lado de la puerta, en su habitación.
—¿Qué escuchaste?—Preguntó Carlos con un tono más calmado— Amor, dime lo que escuchaste y te lo explicaré.
—¿Qué es eso que no puedes ocultar más?—Charles respondió con otra pregunta.
Sergio sonrió al darse cuenta de que, en efecto, su amigo no escucho nada que pudiera perjudicarlo más allá de la infidelidad.
—Sergio engañó a Lewis—Confesó Carlos, harto de cuidarle la espalda.
Si el pelinegro no lo apreciaba, entonces no tenía porque defenderle.
Charles se dio cuenta de que su novio estaba siendo sincero. Ya que él no mentiría con algo así.
—¿Recuerdas esa noche que salimos los tres?—Continuó el español —Cuando perdimos a Sergio, él estaba con otro hombre en el baño. Es eso que no podía ocultar más.
Entonces los recuerdos de aquella noche golpearon la mente de Charles.
Carlos no le ocultó el engaño, era él quien no lo recordaba.
—Porque el tipo con quién lo engaño...
—Ya es todo, fue solo una vez—Lo interrumpió Sergio—¿Ya te sientes más tranquilo?
Charles lo miro con molestia y desagrado.
—No, no me siento más tranquilo—Comenzó el monegasco —¿Cómo puedo estarlo cuando engañaste a mi amigo?
Sergio desvío la mirada con molestia.
—Bueno, ya ¿No?—Volvió a interrumpirlo—¿Tienes que hacerlo todo sobre ti?
—No estoy haciendo eso—Charles se defendió.
—Eso solo lo haces tú, Sergio —Ahora fue Carlos quién lo atacó.
—Maldición, ustedes dos son tan molestos—El pelinegro bufó harto de la situación —¿Qué les importa? ¿Acaso quieren arruinar la vida de Lewis por algo que ya pasó? No hay manera de volver el tiempo atrás, es mejor dejarlo ir.
—Entonces déjalo ir—Respondió Carlos con molestia —Si es tan fácil, ¿Por qué no lo haces?
Sergio sonrió intentando actuar relajado.
—¿De qué hablan?—El monegasco no comprendía las implicaciones de la declaración de su novio.
—¿Dónde lo escondiste?—La pregunta de Carlos tenso al pelinegro —Su mochila está junto a la puerta.
Entonces los tres se giraron a ver el objeto. Lo único que no encajaba entre las pertenencias de Sergio.
—Esta en tu habitación ¿No?—Carlos sonrió al notar lo pálido que se había vuelto el rostro de su amigo y comenzó a caminar hacia la puerta.
El monegasco entendió que la mentira de Sergio había llegado muy lejos.
Su aventura era imperdonable.
Pero sus palabras sobre arruinar la vida de Lewis, lo hicieron reflexionar sobre sus decisiones.
—Decir la verdad no es arruinar su vida—Comenzó Charles—Eres su pareja, no su mundo. Le diré todo, él sabrá lo que has estado haciendo y lo ayudaremos a seguir sin ti.
El pelinegro sonrió algo nervioso. Se había quedado sin habla.
Cuando el español abrió, vio a Max inmóvil frente al marco de la entrada de la habitación.
—No tienes vergüenza —Susurró Carlos en el rostro del rubio y lo jalo del brazo para llevarlo hasta donde estaban los otros dos— Aquí está el invitado especial.
—Ya sueltame —Dijo Max jalandose de su agarré para liberarse.
—Llamaré a Lewis—Charles comenzó a marcar en su teléfono pero Sergio lo arrebato bruscamente de sus manos y lo azotó en el suelo.
El dispositivo se rompió al instante en un golpe seco que aventó ciertos fragmentos de este.
—Ninguno de los dos hablara si quieren seguir siendo sus amigos—Amenazó el pelinegro.
Carlos se abalanzó sobre él al observar la forma violenta en como tomo el dispositivo de las manos de su novio.
—¿Qué te pasa, idiota?—Las manos del español tomaban la playera de Sergio con fuerza y cuando lo vio sonreír, no pudo evitar darle un golpe al rostro que lo hizo caer al suelo.
Max no se quedó de brazos cruzados y se acercó hecho una furia.
Carlos no supo en que momento recibió el primer golpe, pero reaccionó solo hasta cuando sintió el cuerpo de Max cayendo sobre él y llenando de dolor su rostro.
Charles intentaba con todas sus fuerzas separar al rubio de su amado. Mientras que Sergio tocaba su lastimada mejilla y sonreía al ver que su amante lo defendía.
—Max, ya déjalo —Ordenó el pelinegro y este obedeció, levantándose al instante.
El monegasco abrazaba el cuerpo maltratado de su novio, mientras que Carlos intentaba recuperarse de lo que había sucedido.
—¿Estás bien?—Preguntó Max acercándose a Sergio y agachándose para estar a su altura.
—Dios mío —Dijo Charles mientras observaba lo mal que el rubio había dejado a su novio —Tenemos que ir con un doctor, no puede ser.
Carlos insistía en levantarse por su cuenta pero, al haber salido de casa sin sus zapatos, termino pisando los fragmentos de vidrio del teléfono destrozado de su pareja.
—Mierda— El español gimió de dolor, sintiendo como el daño era palpable.
—Ven, siéntate —Charles lo llevo hasta el sofá y observo como el pie de su novio sangraba—Debemos ir al doctor, no perdamos más el tiempo.
Ambos se levantaron dispuestos a irse, pero una voz los detuvo.
—Cuidado abren la boca o les irá peor —Habló Sergio levantándose del suelo con la ayuda de Max—Ustedes no deciden sobre la vida de Lewis, yo sí.
Carlos negó con la cabeza, dándole a su novio una indicación de ignorarlo.
No valía la pena. No por el momento.
Y Sergio sonrió triunfante al verlos marcharse. Pero ahora debía encargarse de envolver más y más a Lewis, hasta asfixiarlo con su cariño.