Pulls on me
22 de diciembre de 2025, 18:47
Max bajo a desayunar con su uniforme puesto. Estaba listo desde temprano, algo que sorprendió a su padre.
—Tal parece que te levantaste con mucha energía—Dijo Christian al verlo llegar—Sientate junto a Sergio, es nuestro primer desayuno en familia.
—Y ayer fue nuestra primera cena en familia—Max imitó a su padre burlándose un poco de él, sin malas intenciones, algo que hizo reír al mayor.
Checo sonreía, aunque no estaba cómodo con la situación.
—Perdón, debía atender esa llamada—Dijo Toto llegando para después sentarse junto a su prometido.
Max se acomodo al lado de Checo, pero no eran capaces de mirarse el uno al otro.
Los mayores estuvieron conversando en como iban los preparativos de la boda.
Checo estaba estudiando sus notas y Max se hacía el tonto con su emparedado.
El pelinegro observo lo distraído que estaba. La noche anterior se dio cuenta de la mania que tenía al arrojar la servilleta de sus piernas cada vez que se levantaba.
Aprovechando la distracción, comenzó a mover cuidadosamente la taza de café del rubio y la coloco en una parte de la servilleta que quedaba sobre la mesa.
Regreso a su libro como si nada hubiera pasado. Aunque de vez en cuando desviaba la mirada al verla tambalear ante los movimientos de Max.
—Chicos, no lleguen tarde—Les dijo Toto después de ver su reloj.
Checo se levantó con cuidado y tomo su libro de la mesa.
Max, sin percatarse sus malas intenciones, tiro bruscamente la servilleta a la mesa, provocando que el contenido de la taza cayera en sus piernas.
Soltó un quejido de dolor, mientras que el pelinegro se mordió los labios intentando ocultar una sonrisa.
Habían acordado la paz en casa, pero no iba a desperdiciar la oportunidad de perjudicarlo.
—¿Estás bien?—Christian se levantó a auxiliar a su hijo.
Toto solo observaba la torpeza de su nuevo hijo.
—Debo cambiarme—Respondió Max con cierta molestia.
Subió corriendo a su habitación. Ahora llegaría tarde al instituto.
—Deberías irte, no quiero retardos—Habló Toto cuando vio a su hijo sentarse en el sofá.
—Pensaba que podríamos irnos juntos, no creo que tarde cambiándose—Respondió Checo y Christian puso su mano en su hombro.
—Eres muy considerado con Max, espero que la relación mejore—El hombre de ojos azules lo miraba con orgullo—Pero no me gustaría que llegarás tarde por su culpa.
Checo asintió.
—Entonces me voy, nos vemos en la tarde—Respondió el pelinegro para después darse la vuelta y caminar hacia el ascensor con una sonrisa triunfante.
Max se cambió lo más rápido que pudo, el café no estaba tan caliente así que no sintió mucho dolor.
¿Cómo había sido tan torpe? ¿O acaso Checo tenía algo que ver?
Negó con la cabeza.
Tenia que evitar cualquier problema con él, o sino su plan no iba a dar resultado.
Bajo de nuevo, esta vez irse. Pero se encontró con Toto esperándolo.
—Te llevaré—Dijo el más alto.
Max siguió a Toto hasta que estuvieron en su auto. Se sentía muy incómodo a su lado.
—Se que apenas nos estamos conociendo—Comenzó el mayor—Y quizá sea demasiado temprano para esto—El rubio lo miraba con confusión—No perjudiques a mi hijo. Tiende a ser demasiado amable con las personas equivocadas.
Max no sabía que responder. Era consciente de que no tenía la mejor imagen publica, pero era diferente cuando el hombre que se convertirá en tu padre te trata como si fueras lo peor.
El pelinegro llegó contento al instituto. Sus amigos estaban charlando sobre la noche anterior, burlándose de Lewis por caer antes que todos.
Recordar lo que había sucedido solo le amargo la mañana.
Le gustaría que Lewis lo besara cuando quisiera besarlo. Cuando sintiera algo que lo impulsará a hacerlo. Pero que ese algo fuera él.
No quería que lo hiciera solo porque se sentía solo. O porque extrañará a su ex novio. No quiere ser solo un remplazo, un plato de segunda mesa.
Se sentó en su lugar, justo al lado del moreno. Estaba demasiado absorto en su conversación como para darse cuenta de su presencia.
Max llegó a tiempo. Había corrido por los pasillos intentando no llegar tarde, y lo había logrado.
Era la única clase que compartía con Sergio.
Sus miradas se encontraron, pero Checo rápidamente lo evitó.
Comenzó la clase y ese día harían un debate sobre los temas que habían visto.
El maestro siempre mostraba una preferencia muy grande hacia Checo, era su mejor alumno. Su favorito.
Así que le dio a escoger a su contrincante en el debate.
—Max—Respondió el pelinegro, y el rubio se puso nervioso.
No había estudiado nada y sabía que Checo era una rata de biblioteca.
Los amigos del rubio comenzaron a burlarse de él por ser elegido. Y los de Checo no se quedaron atrás.
Sabían que sería una masacre, y lo fue.
Max termino de ser humillado al no haber tocado el libro en días.
Al finalizar la clase Checo se fue al baño como todas las mañanas. Siempre lo hacía cuando necesitaba estar solo.
La situación con Lewis lo agobiaba.
Tomo un poco de agua con las manos y la paso por su rostro.
Entonces se dio cuenta que había alguien detrás de él.
—¿Qué quieres?—Pregunto sin titubear.
—¿Por qué hiciste eso?—El rubio estaba muy molesto por el actuar de Sergio.
—Hacer ¿Qué?—Continuó sin siquiera verlo, pues comenzó a perder el tiempo lavando sus manos.
—Dijimos que haríamos la paz—Le recordó—¿Por qué me escogiste?
—La paz será en casa, no aquí—Corrigió mientras se sacaba las manos.
Su actitud solo molestaba aún más al rubio.
Max se giro para ver que nadie estuviera cerca. Entonces lo tomo del brazo y lo obligó a verlo a la cara.
—¿Cuál es tu problema conmigo?—Su voz sonaba amenazante, pero la situación resultaba algo comprometedora al estar tan cerca del otro.
—Respeta mi espacio personal—Hablo el pelinegro en el mismo tono.
—¿Y si no quiero?—Reto acercándose más, siento la respiración del otro.
Max se dio cuenta de la posición en la que se encontraban y pensó en aprovecharla para hacer un movimiento arriesgado.
Bajo su mirada a los labios de Sergio y se acercó lo suficiente como para que el pelinegro lo apartará de un empujón.
—¿Qué carajo...?—Fue lo único que pudo salir de sus labios.
Checo tomo sus cosas y salió rápidamente del baño.
“¿Qué había sido eso?” se preguntaba.
Caminaba por los pasillos como si alguien lo estuviera persiguiendo, aunque no hubiera nada detrás de él.
—¿A caso le gusto?—Susurró para si mismo.
¿Cuál es su problema con Max? Bueno, puede que el rubio lo haya olvidado. Pero Checo aún mantenía el recuerdo de la vez que se conocieron. Y no era algo apreciado.