Original Sin
22 de diciembre de 2025, 18:47
Sergio rápidamente corto el espacio entre ellos, uniendo sus labios en un apasionado encuentro. No era amor, sino posesión.
El rubio no perdió el tiempo y su lengua rápidamente comenzó a buscar la de su amante. Pero pronto comenzó a desesperarse, no quería que el pelinegro se alejara como las veces anteriores.
Necesitaba avanzar rápido.
Entonces lo hizo darse la vuelta, besando su cuello y subiendo al lóbulo de su oreja, dándole un pequeño mordisco que al pelinegro a soltar un gemido.
Deseaba poseerlo.
Pero fue cuando sintió su mano tocándolo sobre su pantalón. Algo que lo hizo quejarse al instante.
Parecían estar en una competencia sobre quien provocaba más al otro. Y Max no estaba dispuesto a perder.
El rubio comenzó a desabotonar la camisa del más bajo, pero la posición en la que se encontraban le dificultaba la tarea y eso lo llevo a abrirla de un solo arranque.
El sonido de los botones chocando contra el suelo eran lo único que se escuchaba en esa habitación, además de sus respiraciones agitadas y gemidos de placer.
Max bajo su mano hacia la cadera del pelinegro, queriendo provocar el mismo placer que estaba recibiendo con su tacto. Pero no esperaba que este volteara, lo tomara de los hombres y lo empujara hacia abajo, obligándolo a ponerse de rodillas frente a él.
Entonces Sergio comenzó a desabrochar su cinturón, para después bajar sus pantalones junto a su ropa interior. El rubio estaba nervioso, había perdido el control de la situación, si es que alguna vez lo tuvo.
—Abre la boca—Le ordeno con una voz autoritaria.
Y sin tener tiempo para pensar, este la abrió y sintió la virilidad del pelinegro tocando su lengua.
Era su primera vez haciendo eso, pero sentía como si su cuerpo actuara por si solo. Entregándose al tipo que tenía frente a él.
Planeaba que fuera al revés.
Deseaba tener a Sergio de rodillas, rogándole, gimiendo por él.
Y si estaba gimiendo por él, pero no de la manera que había imaginado.
De pronto sintió sus dedos jugando con su cabello, tomándolo de estos y obligándolo a ir más rápido.
Su carne, húmeda y caliente, lo envolvía por completo. Pero necesitaba respirar, así que se separó de él.
Sergio termino de quitarse la camisa, mientras observaba al rubio recuperando la respiración.
Pero ahora venia la de Max.
Comenzó a desnudarse mientras lo miraba desafiante. Se acerco a él, como si fuera a besarlo, pero en su lugar lo arrojo a la cama boca abajo.
El rubio se puso sobre el pelinegro, acercando su virilidad dura y lista para poseerlo. Pero la jugaba no salió como esperaba.
Sergio no era fácil de domar.
El pelinegro lo hizo caer a su lado, y aprovechando lo aturdido que estaba, lo hizo voltear y ahora él estaba encima.
Max gruño molesto. No se supone que sería así.
Pero dejo escapar un gemido cuando sintió el dedo del pelinegro tocándolo en su zona más sensible. Sintiendo que no tenia fuerzas para responder a sus provocaciones.
Había perdido el juego.
Ahora su cuerpo se entregaba al intenso placer que recibía de su amante, quien no parecía tener piedad de él.
Y todo empeoro cuando lo sintió posicionarse en su entrada, haciéndolo gemir cada vez más fuerte. Introduciéndose en su interior, lenta, pero entregándole un gran placer.
Queriendo que se moviera más rápido. Pues parecía querer torturarlo con su lentitud.
El pelinegro comenzó a embestirlo con mayor fuerza, tomándolo de las caderas para acomodarlo a su gusto. Haciéndolo suyo con cada movimiento.
El rubio estaba demasiado sumergido en su propio placer.
Sus planes pronto dejaron de ser importantes.
Solo quería seguir sintiéndolo dentro de él.
Mientras que el pelinegro continuaba empujando detrás de él, sintiendo su excitación llegando a su punto más alto.
Enrabiado por una noche horrible, desquitando todo en el cuerpo del más alto.
Cuando termino, se separo de él y, sin decir palabra, se metió a la ducha.
Max sintió algo húmedo entre sus piernas. Estaba adormecido por el placer que le había provocado esa situación.
Jamás pensó sentirse tan bien. Pero al mismo tiempo tan necesitado por querer experimentar eso de nuevo.
Pensó si debía entrar a la ducha con él. Pero su cuerpo estaba agotado, así que solo tomo sus cosas y se fue a su habitación.
Sabia que mañana le dolería el resultado de esa noche.
Y así fue.
Le dolía un poco, pero nada que no pudiera soportar.
Se dio una ducha rápida, sintiendo su cuerpo pegajoso.
No podía evitar preguntar cómo actuaria Sergio con él a partir de lo ocurrido la noche anterior.
Se vistió y bajo a desayunar. Era domingo, así que no tenía que apresurarse para ir a la escuela.
El tiempo se le hacia eterno, pues Sergio no aparecía por ningún lado.
“¿Se habrá quedado dormido?” Pensó.
Pero esa pregunta despareció de su cabeza cuando lo vio bajar las escaleras.
Se dio cuenta de que no tenia planes de quedarse en casa ese día.
Entonces lo vio llamar al ascensor. Temía preguntar, pero su boca fue más rápida que su cerebro.
—¿No vas a desayunar? —Soltó.
Sergio volteo a verlo, su mirada era indiferente.
—A eso voy—Respondió a secas.
Subió al elevador y se marchó.
Su actitud molesto al rubio.
No tenia que ser tan grosero.
Max decidió pasar el día en casa. Jugaba videojuegos o escuchaba música para intentar distraerse de la ausencia del pelinegro.
Pero pronto todo eso lo aburrió.
No sabia que hacer para no pensar en él.
Había sido una mañana difícil para Checo.
No estaba arrepentido de lo ocurrido la noche anterior.
Su actitud era porque no quería confundirse. Había disfrutado mucho el sexo con Max, pero era eso ¿no? Solo sexo.
No había nada entre ellos.
Pero durante su ducha nocturna reflexiono sobre sus sentimientos.
No estaba enamorado, pero si le gustaba de una manera extraña y posesiva.
Su sonrisa, mayormente burlona, lo hacia enojar, pero al mismo tiempo le parecía lindo.
Era una mezcla de sentimientos confusos.
Sin embargo, culpo de eso a Lewis.
Si este no hubiera actuado de una forma tan cruel con él, quizá nunca hubiera volteado a ver al rubio.
Max le gustaba, pero no al mismo nivel que Lewis.
Su corazón estaba confundido, pero su cuerpo no.
Habían acordado que fuera una noche, pero sentía que no podría evitar caer de nuevo si Max se lo proponía.
Por eso salió de casa temprano.
No podía estar cerca del rubio sin recordarlo debajo de él. Sin extrañar el placer que le provocaba al montarlo, al sentirlo tan bien.
Pensaba que se volvería loco.
Ya no parecía sexo por despecho, sino lujuria.
Pero de algo estaba seguro, no permitiría que su corazón confundiera más las cosas.
Max no lo amaba, solo quería acostarse con él.
Y en eso era muy parecido a Lewis.