ID de la obra: 1543

══ᴄʀᴀᴢʏ ᴅᴀʏꜱ ᴀɴᴅ ɴɪɢʜᴛꜱ══

Slash
NC-17
Finalizada
5
Fandom:
Tamaño:
6 páginas, 1.695 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Boys gone wild

Ajustes de texto
Al día siguiente todo parecía igual de frio que antes. Esta situación estaba mermando la autoestima del rubio. Y lo peor, les quedaba una semana completa antes del regreso de sus padres. Sentía que en cualquier momento tenia que hablar con Sergio de lo ocurrido, aunque tuviera que encerrarlo en su habitación y obligarlo a hablar. Cada uno fue al instituto por su lado, igual que siempre. —Buena fiesta la de este fin—Dijo Lewis sentándose a su lado, Checo no volteo a verlo. —Si, lo fue—Respondió sin darle importancia. El moreno se sintió incómodo con la poca atención brindada por su mejor amigo. —Oye—Lewis puso su mano sobre la de Checo—¿Hice algo que te molesto? Checo observo su mano sobre su piel, y con cuidado la retiro para evitar confusiones. Se paso la mano por el cabello intentando disimular su rechazo. —No, es solo que estoy estudiando para el examen—Se excuso. Lewis pensaba en algo que pudiera decir para alargar la conversación. No le gustaba la actitud distante que había tomado Sergio. —¿Quieres salir esta tarde? —Por alguna razón, Checo comenzó a sentirse molesto con solo escuchar la voz del moreno—Podemos ir al cine, ver una película o hacer algo más. Sergio suspiro con molestia. —Te he dicho que tengo que estudiar—Le recordó con un tono de voz poco familiar para Lewis. No había cariño en sus palabras. No más sonrisas amables. Era como un glaciar frente a él, pero con un fuego interior que podía salir en cualquier momento. Entendió que era mejor darle su espacio. Con tal, siempre regresa. Tarde o temprano, siempre vuelve a él. Max no dejaba de ver a Checo desde una banca algo alejada. Quizá en la escuela no podía hacer nada, pero en casa seria otra historia. Comenzó a revisar en su teléfono, intentando distraer su mente. Entonces encontró el video de Lewis. La incógnita seguía ahí. ¿Qué había pasado? ¿Y si Lewis realmente hizo algo malo? Si conseguía esa información podría usarla para derrumbar su imagen. Pero, por alguna razón, ya no quería perjudicar a Sergio. Su estúpido juego lo había llevado a esa conclusión. No valía la pena el sacrificio por tan poco. Guardo su teléfono en la mochila cuando vio a sus amigos acercarse a él. —Max, ¿Quieres ir por un postre? —Ofreció Daniel—Lando no me quiere acompañar. El rubio pensó que lo mejor seria distraer su mente lejos de la vista de Sergio. —No estoy de humor para algo dulce—Se quejo Lando mientras sentaba junto al rubio. —Te acompaño, me hará bien estirar las piernas—Bromeo. Ambos jóvenes caminaron lejos de ahí, mientras que Lando cuidaba sus pertenencias. Checo quería irse a casa lo antes posible. Lewis no dejaba de buscar excusas para tocarlo, como si quisiera llamar su atención a como dé lugar. El pelinegro se sentía molesto con su presencia. Apenas tuvo oportunidad, tomo sus cosas y se fue. Max se dio cuenta cuando Sergio se había marchado, pues lo vio escabullirse a toda velocidad por los pasillos. Así que lo siguió. Checo subió al ascensor, pero Max lo detuvo con su mano. Ambos estaban juntos en ese pequeño espacio. —No puedes escapar para siempre—Soltó Max, pero provoco nada en el pelinegro—No puedes cogerme y solo irte. Sergio sonrió ante esto. Se notaba la desesperación en su voz. Ambos llegaron a casa y el pelinegro subió las escaleras sin siquiera darle una respuesta. El rubio estaba harto de su estúpido juego. Corrió detrás de él y lo tomo del brazo para después empujarlo contra la pared. Sergio se quejó de dolor por el golpe, pero se sintió paralizado por la actitud del rubio. —Ya te divertiste mucho ¿no? —El pelinegro estaba sin palabras—Es mi turno. Max se acerco a su rostro, juntando sus labios con desesperación. Sergio correspondió a su toque, y pronto sintió su mano en su entrepierna. Sabía que el rubio buscaba repetir su encuentro. Pero no le parecía correcto. Habían acordado que solo sería una vez. —Esto no está bien—Hablo Sergio con la voz agitada cuando se separaron un poco—No podemos seguir haciéndolo. Entonces Max se acercó a su oído, tal como lo había hecho antes días atrás. —Dime que no te gusto lo que hicimos y te dejare en paz—Susurro con una voz ronca. Sergio pudo reconocer lo excitado que estaba el rubio, y esto también lo animaba a él. —Pero ¿Quién le pondrá freno a todo esto? —Max no tenia tiempo para sus preguntas. No le importaba un carajo las consecuencias de seguir involucrándose con él. Puso ambas manos en su mejillas y lo obligo a corresponder su beso. Quería que se callara de una vez. Checo lo abrazo por el cuello, profundizando el contacto. Sintiendo su lengua húmeda jugando con la suya. Max apenas le dejaba espacio para respirar. Pero él se las arregló para arrastrarlo hasta su habitación. TW NSFW: CONTENIDO PARA ADULTOS Una vez ahí la ropa comenzó a caer al suelo, hasta quedar completamente desnudos. Max se recostó en la cama, sintiendo el peso del cuerpo de Sergio encima. Pero justo cuando estaba acomodándose para besarlo, el rubio puso una mano en su cabeza y lo obligo a bajar hasta sus caderas. Esto no le gusto tanto a Sergio, pero pensó que no era malo dejárselo pasar solo una vez. —¿Quieres que te de placer con mi lengua? —La pregunta del pelinegro lo desconcentro un poco, y luego soltó sintió un gemido cuando sintió la mano de este tomándolo con poco tacto. Placer a un alto costo. El pelinegro comenzó a mover su mano, estimulándolo de una manera lenta y asfixiante. —Responde—Ordeno Sergio, pero el movimiento de su mano impedía que el rubio pensara con claridad—Quieres mi lengua, pero no eres capaz de usar la tuya para pedirlo. Max entendió que ese seria su castigo por empujarlo hacia abajo. —Dilo—Insistió. —Por…—El rubio no pudo terminar, pues Sergio comenzó a poner un poco de presión a la par que seguía jugando con él— Maldición. El pelinegro sonrió al verlo así. —Quiero que ruegues—Continuó. —Por favor…—Susurro. Sergio sabía que no podía presionarlo más. Entonces se acomodo bien sobre él y comenzó a lamerlo tan lentamente que esto solo molesto al rubio. —Te odio—Dijo haciendo reír al pelinegro. Fue ahí cuando comenzó a saborearlo de verdad. Max soltó un gemido ahogado cuando sintió su lengua húmeda en su virilidad. Lo boca del pelinegro se sentía como un paraíso no experimentado. Y sabía lo que hacía. Sintiéndolo lamer, chupar y succionar por toda su anatomía. Llegando a un punto donde sus piernas temblaban por el placer que le daba la lengua y boca de su amante. El chico bueno. El correcto de la clase. Pero no quería que quedara solo en eso. Lo tomo se sus cabellos y lo hizo subir hasta su rostro, juntando sus labios en un húmedo y salado beso. Sergio pensó que ahora era su turno, y comenzó a estimularse a sí mismo. Sin embargo, nada lo preparo para cuando Max lo hiciera ponerse debajo. Dejando su parte trasera la descubierto. Abrió ligeramente las piernas cuando lo sintió estimulándose contra su piel. Ya era tarde para protestar. Estaba deseando tenerlo dentro de él. El pelinegro se acomodo bien sobre sus propias rodillas. Mientras que le rubio no dejaba de estimularlo contra su virilidad. Ahora él era victima de la tortura de Max. Y no pudo evitar gemir cuando lo sintió entrando en él. Se sostuvo con fuerza de las sábanas, sintiendo las manos de Max tomándolo con dureza. No se andaba con juegos. Comenzó a embestirlo con fuerza, como le hubiera gustado hacerlo la primera vez que durmieron juntos. Sintiendo su anatomía golpearlo, pero dándole un placer sin igual. No pensaba que el rubio fuera tan bueno en la cama. Hasta que su sorpresa se intensifico cuando sintió como golpeaba sus piernas con sus manos. Una combinación de dolor y placer que lo llevaron al extremo, ensuciando las sábanas debajo de él. Mientras Max soltaba su excitación entre sus piernas. Para después recostarse a su lado, completamente agotado. Sergio dejo su cuerpo caer, sus rodillas lo estaban matando. Se giro para verlo, y este puso su mano en su cabello para despeinarlo aún más. Temía que eso se volviera emocional. Checo no se quería enamorar, estaba luchando con todas sus fuerzas para no confundirse de nuevo. Era solo sexo, ¿no?
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)