ID de la obra: 1543

══ᴄʀᴀᴢʏ ᴅᴀʏꜱ ᴀɴᴅ ɴɪɢʜᴛꜱ══

Slash
NC-17
Finalizada
5
Fandom:
Tamaño:
6 páginas, 1.695 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Notas:
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The good bad boy

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Los siguientes días repitieron el mismo comportamiento. Incluso se besaban en los baños del instituto, cuando nadie estaba viendo. Era una relación extraña. Nadie podía imaginar lo que ellos hacían cuando estaban solos. Lewis se molestaba cada vez más con Checo. Se dio cuenta de que su atención podría estar en otra persona y eso no le gusto para nada. Estaba con Nico, pero no quería que Checo se alejara. Así que le propuso salir esa noche como lo hacían antes de que todo se volviera a un más raro entre ellos. Sergio acepto solo para evitar levantar sospechas de su vida privada. Lo último que quería era ser publicado en Good boys go bad y tener que estar en el ojo de todos en su instituto. Max se había encontrado a si mismo atrapado con el pelinegro. Nunca pensó sentir una intensa necesidad de aprobación de su parte. Incluso se vio a si mismo buscando su atención la mayor parte del tiempo. Y cuando se acostaban juntos terminaba cediendo a todos sus deseos. Si él pusiera las reglas, Sergio sería solo suyo. Había escuchado los planes del pelinegro y no estaba dispuesto a perder terreno por culpa de Lewis. Haría todo para separarlos para siempre. Esa noche el rubio vio al pelinegro irse, y lo siguió dispuesto a probar que solo lo quería a él. También invitó a sus amigos para disimular su presencia. Llegó al lugar donde lo vio entrar. La música y luces lo envolvieron con solo poner un pie de dentro. Pidieron una sala privada sabiendo que eso era el gusto de Lewis, así que era posible que estuviera en una de esas con sus amigos. Había muchas personas que no podía encontrarlo. Hasta que vio una figura conocida. Lewis caminaba hacia una de las salas privadas del lugar al otro lado de donde se encontraba la suya. El rubio siguió sus pasos, pues estos también lo llevarían hacia su amante. Y entonces lo vio jalando a Sergio fuera de la sala. —Ya estas ebrio—Le dijo el pelinegro mientras veía el mal estado de su amigo—Te llevaré a casa, no debimos salir está noche. —¿No me extrañas? —Comenzó el moreno—¿Por qué te alejas de mí? Sergio no tenía tiempo para sus preguntas. Entonces Lewis se acercó a su rostro intentando darle un beso, pero el pelinegro lo esquivó. El rubio sintió como su corazón se aceleraba al verlo tan cerca de su amante. —Ya no quiero jugar contigo—Esta vez hablo el pelinegro—Ni que tú lo hagas conmigo. El moreno lo miraba estupefacto. —¿Qué juego? —Sergio soltó una risa ante esto. Lewis estaba muy acostumbrado a salirse con la suya. —Chicos, ¿qué haces aquí afuera? —Pregunto Carlos saliendo de la sala—¿Esta todo bien? Sergio volteó y su mirada rápidamente se encontró con la del rubio, quién había avanzado demasiado cerca de ellos. —¿Puedes llevar a Lewis a su casa? —Pidió el pelinegro mientras no despegaba su vista de Max. —Claro, pero todavía no han llegado los demás chicos—Le recordó el castaño. —Llámalos, diles que se canceló todo—Pidió—Yo me iré en un rato, debo pagar la cuenta. —No me quiero ir—Susurró Lewis. —Tienes que irte a casa—Sergio no estaba dispuesto a ceder. —Lo dejaré sano y salvo—Aseguró Carlos mientras tomaba del brazo a su amigo para llevárselo. Sergio sonrió con amabilidad mientras los veía alejarse. Max se mezcló con las personas para que no lo vieran cuando estos salieran. Luego regreso al pasillo y se encontró a Sergio recargado en la pared. —¿Qué haces aquí? —Pregunto el pelinegro y Max se acercó a él para plantarle un pequeño beso en los labios—Aquí no. —Hay muchas personas, nadie se dará cuenta—Propuso. Ahora fue Sergio quien lo tomo de la camisa para pegarlo a él y devorar su boca. Lo abrazo por el cuello para profundizar el beso, mientras que el rubio lo abrazaba por la cintura. Estaban tan concentrados el uno por el otro que no se percataron de que alguien les saco una foto. Max dejo en paz su boca y comenzó a buscar su cuello mientras el pelinegro gemía en su oído. Le gustaba cuando no le dejaba salida para librarse de él. El rubio bajo la mano hacia los pantalones de su amante, dejándole saber su deseo. —Tu sala está vacía ¿no? —Susurró Max a su oído. Sergio sonrió y se miraron una vez más antes de volver a juntar sus labios. Entraron a la sala donde el pelinegro había estado con sus amigos momentos antes de que Max apareciera. Max se recostó en el sofá que había dentro y Sergio se subió encima para continuar besándole. Entonces sus manos buscaron la hebilla de su cinturón para desabrocharlo. Pero unos golpes a la puerta los alertaron a ambos de que no estaban solos. Los dos jóvenes se separaron e intentaron recuperar el aliento para no levantar sospechas. Entonces la puerta se abrió y era alguien del local. Resultó que Carlos aviso a los encargados que habían desocupado la sala y por esa razón fueron a revisar. Ambos salieron de ahí sintiendo la adrenalina en sus venas. Habían decidido que la fiesta era mejor llevarla a cabo en casa. Subieron al auto de Max y condujeron hacia casa entre besos y toque provocadores. El rubio moría por llegar a casa y arrancarle la ropa. Subieron al elevador, y cuando se cerraron las puertas aprovecharon que estaban solos y continuaron con su arriesgado juego. Max no dejaba de tocar la virilidad de su amante, ansiaba tenerlo en su boca. El timbre del ascensor sonó anunciando su llegada a casa, pero ellos todavía no bajaban. —Chicos, ¿Son ustedes? —La voz de Christian los hizo palidecer de inmediato. Se acomodaron la ropa lo más que pudieron, pero el problema estaba en sus pantalones. Checo se arriesgo a salir corriendo hacia su habitación. Max, asustado lo imito. Christian vio extraño ese comportamiento, pero creyó que quizá era solo un juego. Sin embargo, no se iba a quedar con la duda. Subió las escaleras y toco la puerta de Max. —¿Esta todo bien? El rubio no podía abrir sin exponer el problema entre sus piernas. —Un borracho nos vomito saliendo del club—Mintió. —¿Salieron de fiesta juntos? —Pregunto el mayor con emoción. Le hacia feliz que sus hijos comenzaran a llevarse bien en su ausencia. —Papá, voy a tomar una duchas—Dijo Max deseando que su padre lo dejase en paz. —Bien, ya entendí, me voy—Respondió el mayor entre risas. Max tomo una ducha fría mientras resolvía su problema. Aunque estaba un poco molesto porque su padre regresara antes de su luna de miel. Pero se alivio de no encontrarse con Toto. El rubio despertó al sentir una mano tocando su cabello. Se giro para encontrar se a Sergio sentado a su lado. —¿Qué haces aquí? —Dijo mientras veía el reloj—Son las tres de la mañana. Apenas había dormido dos horas desde que llegaron. Pero al pelinegro poco le importaba. Se agacho para juntar sus labios, algo que Max correspondió. —No podemos, mi padre está en casa—Le recordó, pero Sergio hizo oídos sordos—Nos va escuchar. El pelinegro sonrió, pero pronto se bajo la parte inferior de su pijama. —No estoy dispuesto a quedarme con las ganas. A Max le encantaba cuando usaba ese tono de voz con él. Sin decir nada, se acomodo para complacerlo con la boca. Sintiendo como su respiración se agitaba con cada movimiento de su lengua. Sergio hacia todo lo posible por no hacer ruido, pero Max había mejorado mucho en sus habilidades en la cama. La situación lo llevo a llegar a su excitación antes de lo pensado. Y esto lo termino pagando el rubio. Nunca antes le habían hecho eso en la boca. Max se levanto de la cama sin saber que hacer. Fue al baño y escupió en el lavabo. Sergio intento aguantar la risa en medio de esa situación. —No es divertido, casi me ahogo—Se quejo Max mientras volvía a la cama. —Solo por eso mereces un premio—Sergio se acerco hacia él y le bajo el pijama, dejando su virilidad expuesta ante él. Lo llevo al mismo juego que le gustaba. Uno donde el rubio terminaba con las piernas temblando de tanto placer. El resultado fue el mismo que el de Sergio. Solo que este no escupió nada. —Hablamos en el desayuno—Fue lo último que le dijo el pelinegro antes de salir de su habitación. A la mañana siguiente Max se encontraba desayunando junto a su padre, mientras esperaba impaciente la llegada de su amante. Cuando finalmente apareció, se sorprendió al ver a Sergio sin el uniforme. —¿No piensas ir a la escuela? —Pregunto el rubio mientras el pelinegro se sentaba a su lado. —Entro tarde, uno de mis maestros se ha enfermado y me aviso—Respondió con una sonrisa amable. —Supongo que ya se han acostumbrado el uno al otro—Hablo Christian quien los miraba con orgullo—Sabía que podía confiar en ustedes. —¿Y papá? —Pregunto Checo cambiando el tema. —Tuvo que adelantar su viaje, por eso volví solo—Se notaba la molestia en el rostro del mayor. Max se sentía más tranquilo al saber que no vería a Toto durante un tiempo. No le agradaba. Finalmente, el rubio termino de desayunar y se despidió de todos para después irse. Cuando llego al instituto sintió el ambiente algo extraño. De pronto Esteban, un chico con el que no se llevaba, se acerco a él y le dio una palmada en la espalda. —Increíble hermano que te toco—Le dijo en tono burlón. Max sintió un escalofrió recorriendo su cuerpo. Sabia que la respuesta a ese actuar estaría en un solo lugar: Good boys go bad. Entro al blog y se sorprendió al ver la entrada más popular de este.
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