ID de la obra: 1543

══ᴄʀᴀᴢʏ ᴅᴀʏꜱ ᴀɴᴅ ɴɪɢʜᴛꜱ══

Slash
NC-17
Finalizada
5
Fandom:
Tamaño:
6 páginas, 1.695 palabras, 31 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
Prohibido en cualquier forma
Compartir:
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

Maneater

Ajustes de texto
Sergio tomó un taxi para irse a casa. Quería llorar, pero no podía. Quería gritar, pero nada salía. Se sentía un idiota. Actuaba como si estuviera en piloto automático. Como un método de defensa. Realmente se había quedado solo y debía afrontarlo. Llego a casa, pago el taxi y subió el elevador. Quería dormir. Quería fingir que todo estaría bien. Max bebía de su copa para intentar olvidar lo que había hecho. Sabia que era un imbécil por haberlo hecho en ese momento. Pero preferiría que Checo lo odiase, antes de seguir ilusionándolo con un imposible. Tomo su teléfono y mando un mensaje al número desconocido. “Hecho. Ya puedes dejarme en paz” Dio otro trago y su teléfono sonó. “Ya es tarde” Max se ahogo con su bebida al leer esto. Marco al numero para intentar enfrentarse al extorsionador, pero este no respondió. Molesto, entro a Good boys go bad con la esperanza que fuera un error. “Golden boy: la obsesión por tenerlo todo” “Los tres hombres que marcaron su vida” El articulo comenzaba hablando sobre enamoramiento de Sergio con Carlos. Y cuando lo acusaron de robar. Varios recuerdos vinieron a su mente en ese momento. Se molesto consigo mismo al recordar su vergonzoso pasado. Siempre había actuado como un idiota para llamar la atención y había arrastrado a Sergio en varias ocasiones. “La enfermiza obsesión por el It boy” Volvían con su estúpido articulo sobre Lewis. Pero en este señalaba, indirectamente, algún tipo de abuso por parte del pelinegro. Esto solo aumento la colera del rubio. “Un devora hombres” A partir de esa parte del texto su corazón comenzó a acelerarse con fuerza. “Ni siquiera el matrimonio de sus padres pudo detener al Golden boy de aprovecharse y seducir a su hermanastro. Teniendo una insaciable sed de dormir con cada hombre que le preste el mínimo gramo de atención” Max no pudo seguir leyendo. Pues seguido de ese texto aparecía la fotografía con la que tanto lo habían chantajeado. Todo estaba perdido. Pago la cuenta y salió corriendo del lugar. Subió a su auto y comenzó a conducir. Aunque en su estado no debería hacerlo. Sergio salió del ascensor y vio una figura familiar en la sala. Era su padre Toto parado con una cara de pocos amigos. —Volviste—Dijo Christian acercándose a él. —¿Qué pasa? —Sergio no se sentía nada cómodo con la situación. Podía ver en el rostro de su padre una mezcla de molestia y decepción. —Ven acá—Ordeno el más alto y al pelinegro no le quedo más que obedecer—Me ha llegado algo y por esa razón he vuelto antes—Comenzó intentando controlar su voz—¿Te es familia un blog llamado Good boys go bad? Sergio trago en seco. Se había quedado sin habla. —¡Responde! —Grito el más alto, haciendo que los otros dos brincaran del susto. —No creo que sea correcto hablarle así—Respondió Christian. Toto suspiro molesto. —Entiendo tus buenas intenciones—Comenzó—Pero es mi hijo. Voy a disciplinarlo de la manera que creo correcta. Esto lastimo el corazón de Christian. Él creía que estaban juntos en esto, como un equipo. —Si lo conozco—Respondió Sergio. —¿Es verdad lo que dice? —El pelinegro sentía que no podía soportar mucho tiempo esa situación—¿Te aprovechaste de tu amigo alcoholizado? —¿Qué crees? —Fue lo único que salió de su boca. Toto le dedico una sonrisa incómoda —Tú no eres el que hace las preguntas, soy yo. —¿Crees que soy capaz de hacer algo así? —Continuó el pelinegro ignorando las palabras de su padre—Porque parece que ese es el caso. —No he dicho eso—Se defendió. —No es necesario—La voz del pelinegro tembló un poco—Solo faltabas tú. Sergio estaba harto. Incluso su padre había creído lo dicho en ese estúpido blog. —No me hables así—Toto lo regañó—Tu comportamiento es decepcionante. No tendré otra opción que regresarte al internado. El pelinegro comenzó a reír como si le hubieran contado el mejor chiste de su vida. —Checo, ¿estas bien? —Pregunto Christian preocupado por toda esa situación. —Sergio—Le hablo Toto, pero este los ignoraba—¿Qué está mal contigo? En ese momento Sergio paro de reír y camino hacia las escaleras sin decir nada. Ambos hombres se miraron el uno al otro sin saber cómo reaccionar. Sergio comenzó a guardar todo lo que pudo en una maleta. No iba a regresar a ese internado. Toto se quedo estupefacto cuando lo vio regresar. —¿A dónde crees que vas? —Pregunto cuando lo veía irse hacia el elevador. —Me largo de aquí—Afirmo. —Sergio—La voz de Christian era seria—Piénsalo hijo. —Si te vas no hay vuelta atrás—Interrumpió Toto—Ya no serás bienvenido en esta casa. Sabes bien que no tolero estos comportamientos. Sergio estaba decidido. No quería seguir así. Y sin decir palabra, el pelinegro subió al ascensor y se marchó. Max conducía a toda velocidad. Tuvo suerte de no tener un accidente. Bajo de su auto y entro al ascensor, deseando que Sergio estuviera ahí o tendría que volver a los Hamptons. Era imposible que no estuviera ahí. Pues lo había buscando en la casa de playa y no había rastro de él. Las puertas del elevador se abrieron y escucho a sus padres discutir. —No debiste decirle eso—Christian estaba molesto. —No me digas como educar a mi hijo—Escuchó la voz de Toto, algo que le causo escalofríos—Deberías preocuparte por tu propio hijo. El rubio se detuvo en seco. —¿Qué tiene que ver Max en todo esto? —¿Sabes cuantas entradas hay sobre él en ese blog? Es claro que tuvo algo que ver en el comportamiento de Sergio—Lo acusó—Mi hijo no era así antes de conocer al tuyo. —No culpes a Max de esto—El rubio jamás había escuchado así a su padre. Max se quedó cerca, observándolos discutir. —¿Quién más podría ser culpable? Dejas pasar todo lo que hace, claramente esta descontrolado e influencio en Checo para terminar así—Entonces vio como Christian lo callo de una bofetada. —No te atrevas a hablar de mi hijo—Escupió con rabia—¿Tú puedes hablar de mi hijo, pero yo me tengo que callar respecto al tuyo? Te pedí que fueras amable con Sergio, pero solo provocaste que se fuera. Esto provoco que el rubio saliera de su escondite. —¿Qué? —Preguntó Max intentando creer que había escuchado mal. —Hijo…—Susurró Christian—¿A qué hora llegaste? Toto tocaba su rostro donde Christian había golpeado. Se giro para ver a Max con cierto desprecio. —¿Sergio se fue? —La voz de Max temblaba. —Así es, hijo—Christian confirmo lo que más temía. —Es mi culpa…—Susurró el rubio. —¿Ves? Lo reconoce—Hablo Toto, pero Christian lo ignoró. —Tengo que encontrarlo—Dijo Max regresando al elevador, haciendo oídos sordos a los gritos de su padre. Necesitaba encontrar a Sergio antes de que leyera el artículo. Pero Nueva York era muy grande, y él se sentía cada vez más pequeño.
5 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)