The spotlight
22 de diciembre de 2025, 18:47
El amor y la amistad son dos cosas que Sergio apreciaba en su vida. Era leal con sus amigos y solía amar con todo su corazón.
Había amado a Lewis casi desde que se conocieron. Lo idolatraba hasta por la mínima cosa.
Su amor y su lealtad nunca pasaron desapercibidas por el moreno. Dándose cuenta de que podría aprovecharse de estas tantas veces como le fuera posible.
Pero esto solo desencadeno un espiral de destrucción en una amistad que parecía inquebrantable.
Los chismes, traiciones y manipulaciones de los cuales Sergio había sido víctima, transformaron ese amor en odio y su lealtad en resentimiento.
Sergio jamás se hubiera imaginado a si mismo perjudicando tanto a su ex mejor amigo, pero incluso él mismo admitía que ya no era la misma persona.
Tanta crueldad, y tanto poder, llevaron al pelinegro a actuar con alevosía y ventaja sobre la persona que arruino su vida.
Y ahora Lewis debía sentir la misma soledad, desesperación y confusión que él experimento con sus constantes traiciones.
Ni siquiera tenia que corresponder sus sentimientos, solo le habría bastado con ser su amigo.
Tarde se dio cuenta de que nunca hubo una amistad. Al menos no reciproca.
—¿Sabes algo sobre Lewis Hamilton? —La policía repitió la pregunta a Lando, quien ya se encontraba recuperándose.
—Es un compañero de la escuela—Respondió sin darle más importancia.
—¿Recuerdas si lo viste la mañana de ayer? —Lando se quedo pensando por un momento.
Sus recuerdos parecían mezclados, recordaba haber hablado con Lewis, pero no sabia si antes o después de ser atacado.
—Es complicado, no nos llevamos bien—Comenzó el joven—Quizá hable con él, pero no sé de qué fue.
—Se nos dio a conocer un blog en línea de chismes sobre Kingsley—Esta vez hablo el policía—¿Hubo algún problema entre Lewis y tú sobre Good boys go bad?
En ese momento Lando sintió un dolor punzante detrás de su cabeza.
Los recuerdos se amotinaban en su cabeza. Por un momento confundió su conversación con los dos jóvenes.
Primero Max reclamando por la foto, pero Lewis amenazándolo por lo mismo.
Se sintió confundido por cual recuerdo era real.
Y ambos lo eran, pero en diferentes circunstancias.
Pero Max no lo lastimaría. Se conocían desde niños y nunca le haría daño, ¿no?
Lewis representaba una mayor amenaza en su memoria. Recordando como lo golpeo hasta quitarle el teléfono.
—Lewis…—Susurro el joven—Estaba enfadado conmigo. Es lo último que recuerdo.
Los policías luego preguntaron a Daniel, como el testigo principal, si había visto o no al otro joven cerca de la escena.
Se sorprendió al escuchar que las sospechas estaban sobre Lewis y no sobre Max. Pero cuando menciono que lo vio salir corriendo, el relato de Sergio y Max cubrían ese hueco.
El joven no estaba seguro de creer eso, pero que Lando mencionara a Lewis le daba más peso a su declaración.
—No estoy seguro—Respondió todavía analizando la situación—¿Lando dijo que fue Lewis? —Los policías no dieron más información, pero él no se sentía seguro de su siguiente respuesta—Lo había amenazado una vez, no pensé que fuera a llegar tan lejos.
Daniel recordaba el día de la discusión por la foto. No creía que eso pudiera empeorar. Si tuviera la oportunidad de volver en el tiempo y no tomarla, lo haría.
Los policías ya habían tomado declaraciones en la cafetería, los jóvenes no habían mentido según el relato del barista y algunos testigos presenciales.
Además, las grabaciones de las cámaras de seguridad del local probaban que los chicos estuvieron alrededor de cuarenta minutos en el lugar y después se marcharon. Siendo la coartada perfecta.
No se percataron, para desgracia de Lewis, que estas grabaciones tenían la hora y fecha modificadas.
Con todo eso en su favor, era imposible culpar a alguno o ambos.
—Yo no hice eso—Respondió Lewis a la defensiva cuando se le cuestiono su ubicación—Si, estaba en Kingsley a esa hora, pero no era el único. ¿Cuántos estudiantes creen que asisten a diario?
—¿Cómo te lastimaste la mano? —Pregunto la oficial mientras señalaba la extremidad vendada.
Lewis se avergonzó un poco por responder.
—Di un golpe en la pared, estaba molesto—Respondió el joven.
—¿Por qué estabas molesto? —Pregunto otro policía—¿Dónde estabas cuando te lastimaste la mano?
Las implicaciones detrás de esas preguntas eran obvias.
—Me han estado fastidiando toda la semana, mis compañeros no dejan de molestarme por ese estúpido blog—Explicó—Así que simplemente explote y me desquite con una pared.
—¿Dónde estabas? —La insistencia del policía hizo enojar al moreno.
—En el baño—Comenzó Lewis—Un idiota me aventó su malteada cuando llegue a la escuela. Tuve que ir a limpiarme.
—¿Alguien te vio? —Pregunto la oficial.
—Muchos me vieron pasar, pero si tengo que señalar a alguien, Sergio—Esta respuesta tomo por sorpresa a los policías.
—¿Alguien más? —Intentaron ver si había otras variantes, pues Sergio no podía estar en dos lugares al mismo tiempo.
—No, no lo sé—Lewis encogió los hombros—No soy alguien a quien le guste llamar la atención. Así que tampoco me fije si alguien nos vio entrar al baño.
—¿Entonces nadie más puede avalar que estuvieras en el baño todo ese tiempo? —Cuando Lewis escucho eso se dio cuenta en el problema que estaba metido.
—¿Qué? Acabo de decir que Sergio estaba conmigo—Se defendió—Y si no me creen, revisen las cámaras.
—Revisen las cámaras—Exigió el padre del joven.
—No hay grabaciones, las cámaras estaban en mantenimiento ese día— Explico uno de los policías.
—Entonces hablen con Sergio, él no mentiría—Respondió el padre mientras todavía creía que los jóvenes seguían siendo amigos.
—Sergio no estaba en Kingsley, y al menos que tengas otros testigos, creo que es mejor que llamen a su abogado—Dijo la policía levantándose de su asiento—Si tienen suerte podrán llegar a un acuerdo.
Lewis no podía creer lo que estaba sucediendo. Él era consciente de su propia inocencia.
Se arrepentía mucho de haber golpeado la maldita pared, pues la herida en su mano era de lo que más se agarraban los policías.
Ahora debía probar su inocencia. Pero el que Sergio convenientemente no estuviera en Kingsley, como dijo la oficial, lo hacían sospechar de que tenia una coartada planeada.
Sabia que uno de los dos noviecitos había hecho eso, nadie más tenía suficientes razones como ellos.
Pero habían sido muy listos en cubrir sus huellas. Y sería difícil para Lewis destapar todo eso.
Christian esperaba en la sala la llegada de su esposo. Ya se corría el rumor del escandalo entre los Hamilton con los Norris.
Toto apareció por el elevador, mostrando un aura tranquila al haber resuelto el problema de su hijo.
—Terminaron los dos días infernales—Dijo Toto sentándose junto a él en el sofá.
En ese momento Christian le paso unos papeles, los cuales tomo con desconfianza.
El más alto lo leyó lentamente, sorprendiéndose por lo que decía.
—¿Divorcio? —Pregunto Toto esperando que todo fuera una broma.
—He querido dártelo desde hace días, pero con lo que sucedió preferí esperar a que todo se resolviera—Comenzó Christian—Los chicos están muy enamorados, tan solo falta ver lo que sucedió esta semana.
—No caigas en sus tonterías—Insistió Toto—Lo que sucedió esta semana es una muestra más de porque no deben estar juntos. No solo mintieron, arrojaron la culpa a alguien más.
Christian suspiró frustrado y paso sus manos por su cabello, mostrándose tenso.
—¿Y qué más no harán si los separamos? —Señalo el más bajo—No quiero descubrirlo.
—¿Y que hay de nuestro matrimonio? —Insistió con desesperación.
—¿Cuál matrimonio? Nunca estas aquí—Reclamó—Y cuando estas, te has mostrado cruel con los chicos. Golpeaste a mi hijo. No puedo seguir contigo.
—¿Entonces tomas a los chicos como una excusa? —Ahora Toto era el indignado.
—No, pero me dio más razones para no estar contigo—Dijo Christian levantándose para después arrojarle su anillo de matrimonio—Vete de mi casa.
Toto se quedó inmóvil ante esto. Creyó que, si resolvía el problema de los chicos, todo volvería a ser como antes.
Se había equivocado.
Y sería mejor que reconsiderara todo antes de tomar otra mala decisión.