epílogo: - indispensable.
26 de diciembre de 2025, 16:37
Nació al atardecer, cuando el cielo todavía no había decidido si quedarse azul o rendirse al oro, y en la mansión de las mariposas ocurrió algo que nadie supo explicar con precisión: durante unos minutos, Nezuko pensó que no había descripción para dar sobre lo doloroso que era una contracción. Los calambres la atravesaban desde la parte baja de su espalda diluyéndose entre sus omoplatos. Quería matar a su marido, dolía tanto, ¿Cómo o por qué se dejó convencer por la pena? Se desmayaría ahí mismo. Ella estuvo aguantando aquellos espasmos durante toda la mañana en el desayuno junto con las encargadas de la mansión, y su marido. Sin embargo, a pesar de haber aguantado tanto tiempo y antes de ponerse realmente de parto. Aoi agradeció que se haya dilatado y que pueda ayudar a su cuerpo en pujar, pero la regañó a gritos por no decirle ni una palabra. Luego de indicarles a las niñas, con ayuda de Kanao y el gran esfuerzo de la'tela de parto'para no romperse por la fuerza bruta de Nezuko —al igual que la mano de Muichiro quién trataba de consolarla—cayó rendida al suelo, el impacto fue suave con Muichiro sosteniendo su peso.
Muichiro estuvo ahí torpe y silencioso, sosteniendo la mano que aún conservaba sensibilidad observando como Aoi cargaba al bebé mientras Kanao limpiaba al recién nacido, dándoles la espalda. Cuando la sanadora se giró, les presentó un cuerpito amoratado y pegajoso.
'¡Es una niña!'Declaró Aoi, sonriente.
...
Las semanas siguientes se deslizaron como una marea lenta. Nezuko, aún debilitada descubrió que la maternidad no era un estado de gracia permanente, sino una sucesión de vigilias, de dolores sordos y ternuras repentinas que la sorprendían desprevenida. La niña dormía a ratos breves, con los puños cerrados como si aún estuviera defendiendo algo del mundo anterior, y al abrir los ojos parecía observarlo todo con una seriedad antigua, impropia de un cuerpo tan pequeño, aunque notó que ella examinaba sus rostros con una curiosidad sin asombro. Muichiro se sentaba a su lado durante horas, estudiando cada respiración, cada mínimo gesto, como si temiera que la realidad se deshiciera si apartaba la mirada. A veces le hablaba en voz baja, contándole cosas que nunca había dicho en voz alta: recuerdos fragmentarios de su infancia, nombres de personas que ya no estaban, promesas que no sabía si sería capaz de cumplir. La niña, ajena y atenta a la vez parecía escucharlo, pero se orinaba cada vez que lo hacía y lo tomaba desprevenido. Aoi aparecía con frecuencia, siempre con alguna excusa práctica que escondía una devoción silenciosa. Ayudaba a Nezuko a incorporarse, acomodaba a la niña con manos firmes, aprendidas en la urgencia de curar heridas ajenas luego de que, anteriormente se hayan perdido vidas tratando de traer bebés al mundo, y luego se quedaba un poco más de lo necesario, observando esa escena doméstica como quien asiste a una revelación. Hablaban en voz baja, del llanto de la niña, de los cambios del cuerpo y de cómo emitía sonidos de satisfacción cuando metía la mano en los bolsones de arroz. Ella comentó que, Inosuke que irrumpía a veces con su risa desbordada y su torpeza afectuosa, dejando tras de sí una estela de vida desordenada. Aoi no lo decía, pero Nezuko entendía que en esa presencia había algo que la sostenía, del mismo modo en que ahora ella se sostenía en su hija, Natsu.
Las cartas felicitándola comenzaron a llegar cuando la niña ya había aprendido a cerrar la mano alrededor de un dedo y a reconocer la voz de su madre como un territorio seguro. Eran sobres de distintos tamaños, con caligrafías que traían consigo mundos enteros. No los podía leer correctamente, pero le pidió ayuda a su marido para leerlas y responderlas. La de Tanjiro llegó primero. La letra era firme, escribía desde un lugar sencillo a pesar de sus riquezas, rodeado de montañas y tareas humildes, y hablaba de la culpa que aún lo visitaba en sueños, pero también de una gratitud profunda por seguir respirando. Decía que pensar en su sobrina le entristecía y le alegraba a la vez, pues no estuvo cuando nació y todavía no la había conocido.
'Tu tío Tanjiro quiere que estés abrigada, no ahora, pero sí en las próximas estaciones. Inosuke, tu otro tío, te manda bellotas, 'la más lindas y relucientes que encontró' al igual que carbón, está aprendiendo a hacerlo, así que no es lo mejor. De esa manera se mantiene distraído. Debo creer que Muichiro debe estar leyendote esta carta, así que ¡Hola Mui! Natsu, debes estar enojada conmigo por no haberme conocido, pero tu padre me dice que les mande cartas así que eso es lo que hago y lo cumplo. El tío Zenitsu se disculpa por todo, no entiendo por qué, pero les desea una buena vida y una salud muy estable a Natsu. Escuché que naciste con diez dedos y diez deditos en los pies, y con la nariz de tu madre. ¿Habrás nacido con mucho pelo negro? Tu mami sí lo hizo, pero no nació en verano. Papá y mamá solían contarme esos detalles, y los recuerdo, así que espero que tu madre te entregue estas cartas para que lo repases algún día. ¡Estoy orgulloso del esfuerzo en el parto! Me enteré de que salió todo muy bien, así que estoy aliviado. Todos estábamos preocupados por dicha marca que apareció en la batalla, pero, tras la confirmación de Kiriya y ver que no había complicaciones en su salud, estoy creído que ustedes vivirán por muchos años más. ¡Todos estábamos preocupados por vos! Es más, hermana mía ¡Estás loca! ¿Cómo se te ocurre someterte a esa batalla? Ella estaba allí, luchando su propia batalla en esa barriga tuya pero tu madre estaba más preocupada en hacer del mundo un lugar seguro para vos y para todos. Eras muy chiquita en ese entonces.
Como tu tío, prometo estar presenta de la forma que pueda, ¡Incluso te enseñaría a distinguir el olor de la lluvia!
A todo esto, con tantas buenas noticias, pronto acogeré en mi casa a Kanao como mi esposa. Una de las niñas de la mansión me golpeó por hacerla llorar, que por poco creí que fue Inosuke quien lo hizo. Sin embargo, todos estamos muy contentos, aunque los cambios entristezcan a algunos. Dejaré que Zenitsu e Inosuke se queden en mi casa hasta que sepan qué hacer con sus vidas.
La felicidad del matrimonio sí que es difícil de entender, Nezuko. A muchos adultos también les cuesta entenderla ¿Cómo hacés para lidiar con tanto? Enséñale a Natsu a querer, si llega a tener una hermana o un hermano, a la gente cercana ¡Ella tendrá que querer sí o sí a su tía Aoi!
Ah, pronto iremos Kanao y yo a visitarlos, Aoi ya tuvo suficientes visitas ¿Cómo que ya me toca, no?
Espero que le recuerdes, que siempre y pase lo que pase, que todos, especialemente vos y tu marido, la aman mucho.
Tu tío,
Kamado Tanjiro
PD: ¡Por favor! ¡Envíen más cartas seguido! ¡Y Natsu, ya no pellizques tanto a tus padres!'
—Tu hermano es encantador —Muichiro dijo, mientras doblaba la carta en su estado original y se acercaba a la mesa a agarrar otra, con su otro brazo —que no tenía mano—le sobaba la espalda su esposa quien estaba con los ojos húmedos de la emoción, sintiendo que su hermano, de algún modo, siempre había estado escribiéndole desde el mismo lugar del alma—. Deberíamos preparar las habitaciones extras por si viene más gente.
—Lo sé, ¿Pero estará bien que dejemos que la bebé esté rodeada de mucha gente? —cuestiona Nezuko, mientras meceaba con ternura a la niña—. Oh, la niña va a estar por un buen tiempo en mi espalda cuando tenga que cocinar.
—Nos iremos turnando —dice Muichiro, negado a dejar que su esposa haga todo el trabajo y ya abriendo otro sobre—. Yo voy a hacer las labores más pesadas, y si la niña te molesta, me la das.
—Hm —se limita a responder, hasta que reconoce ese sello—. ¡aah! Es Senjuro.
La carta de Senjuro era más breve, pero no menos intensa. Había en sus palabras una reverencia casi sagrada hacia la niña, a la que le apodó como'Luz pequeña', y un respeto profundo por Nezuko y Muichiro, a quienes reconocía como sobrevivientes de una historia demasiado grande para sus cuerpos jóvenes. Hablaba de su hermano, de cómo pronto espera conocer a esa criatura, y de su decisión de seguir honrando la memoria sin quedarse atrapado en ella. Su padre había comenzado a cambiar, dijo.
'Ya no bebe tanto, y formula bien las palabras. Ahora que ya no es tan violento, le obligué a que les mandara obsequios, ¡Espero les guste! Es raro ver que mi padre esté contento con buenas noticias. Por favor, no se olviden de hacer el Okuizome'. Ofrecía ayuda, presencia, una casa abierta si alguna vez lo necesitaban, y al final, con una modestia conmovedora, pedía permiso para querer a la niña como si fuera propia.
A su lado, había un papel noshicon azúcar roja y blanca, sekihan y katsuobushi. Y vieron lo que parecía ser, ropa de bebé estilo europeo. Y juguetes de madera más elaborados.
—¡Por dios! ¿Estas cosas no son muy caras? —dijo ella de golpe, viendo aquellos vestidos de encaje muy lindos—. Son hermosos, pero dentro de unos meses ya no le quedará.
—Hm, ni hablar de lo que mandó el señor Tomioka...
La de Tomioka llegó envuelta en un papel delicado y un silencio casi tangible. La letra era un poco chueca, contenido, y aun así cada palabra parecía cargada de un peso específico, como piedras colocadas con cuidado. Felicitaba a Nezuko con una honestidad despojada, sin adorno, y hablaba de la niña como de una responsabilidad compartida por todos los que habían sobrevivido. Confesaba, sin dramatismo, que quería verla y que el solo saber de su existencia, le había devuelto las ganas de ver a un recién nacido crecer. Muichiro leyó esa carta en silencio, y por primera vez entendió que algunos afectos no necesitaban ser nombrados con ternura para ser profundos.
'¿Ya hicieron el Miyamairi? Espero que sí, estoy a su disposición por si necesitan ayuda'.
Y había montones de cajas de Hantencon bordadosSashiko. Telas de cáñamo, Kimonos para la madre y dinero en sobres decorados con nudos mizuhikirojos y blancos. Así con objetos de protección como los inu-hariko, un denden daikoy un misuzu no tomopara colgar cerca de la bebé. En serio, en serio que Tomioka no sabe medirse.
Natsu no dejaba de desatarse el ubugi.
—Habrá que atarle las manitas —la fémina le vuelve a acomodar la ropa, y ella solo se limita a emitir sonidos que le endulzan los oídos—. Ya se pone boca abajo y levanta ella solita la cabeza.
—Estoy orgulloso de eso —dice el hombre, dios, espera que el tiempo se ralentice y pueda permanecer con esa figura de ella. Está creciendo muy rápido—.
No hubo carta de por parte de Shinazugawa, lo que desconcertó a ciertos individuos, recibieron felicitaciones y obsequios de Kiriya —en su mayoría fueron O-iwai—, de los herreros, de Tomioka, Tengen, los que quedaban de los Rengoku y Kamado. Aunque esa misma tarde, un cuervo llegó a explicarle la situación, no había resentimiento, simplemente no sabía escribir y el hecho de perder sus dedos en la batalla, se le hacía imposible. Sin embargo, les enviaba dulces como forma de mostrar su aprecio, el cuervo dijo: 'que él esperaba que la niña sea igual de fuerte que su madre y por favor, no dejen de enviarle cartas'. Ambos padres entendieron y agradecieron, más tarde le enviarían al cuervo de Muichiro a entregarle su agradecimiento.
Las noches se volvieron más llevaderas—de por sí estaban acostumbrados al trabajo nocturno, así que no era una molestia la interrupción del sueño, no si no es una pesadilla—. A veces, Muichiro caminaba con la niña en brazos por los pasillos largos de la mansión, a veces se orinaba encima suyo o le vomitaba,así quetodavía no se animaba a apagar las lámparas de aceite,y Nezuko los observaba desde el futón, sintiendo que ese movimiento repetido era una forma de oración, eran también golpeados fuertemente por las hormonas cariñosas del cuidado, se derretían con los sonidos y los estornudos matan a Nezuko. Otras veces, de esas tantas que Aoi se quedó hasta tarde, se sentaba a so lado, compartiendo el cansancio, hablando de lo que podría ser: ¿Qué respiración dominaría la niña? Estás alimentando bien a la niña, ¿no? No la abrigues tanto, no dejes que se ponga eso en la boca, no olvides de. Puras exigencias importantes de Aoi.
Natsu era muy pequeña, pero tenía sus preferencias, la persona favorita de bebé Natsu era Aoi. Las demás chicas de la mansión Mariposa nunca pudieron tenerla en brazos antes de que comenzara a llorar, pero muchos exmiembros de la corporación se invitan a conocer a la bebé. Tanjiro, por su parte, fue muy simpático que lloro dos días seguidos, y el tío Zenitsu es el que hace llorar a la niña cuando le acaricia las mejillas, para su gran consternación. Inosuke, fue extrañamente... delicado. Aoi explicó que era paciente y comprensivo con ella, así que ayudó a que Inosuke aprenda que un bebé era algo que se tenía que cuidar. Estuvo agradecida por eso.
...
Nezuko escribió una carta una noche en que la casa dormía, y solo el murmullo lejano de los insectos sostenía la vigilia. La niña, respiraba con esa cadencia irregular que tienen los recién llegados al mundo, seis meses y la niña había crecido mucho, y el olorcito que desprendía era adictivo. Dentro de unos años ya no olería igual y eso la entristecía. Tenía cabello abundante y era más activa, estaba segura de que dentro de unos momentos la bebé empezaría a moverse de un lado a otro y se despertaría a gritos. Muichiro descansaba a su lado, agotado por una felicidad que aún no sabía administrar. Nezuko encendió una lámpara tenue y, con el brazo que todavía le respondía con docilidad, dejó que las palabras bajaran sin prisa, como si no las estuviera inventando sino recordando desde un lugar anterior a sí misma.
'Hija mía, querida Natsu' empezó una carta.
'cuando leas estas líneas quizá el mundo sea otro, y espero con una fe que no es ingenua pero sí obstinada, que sea menos cruel del que nos tocó habitar a mí y a tu padre. Mi miedo es que no recuerdes mi voz, ni la forma en que te acunaba en mis brazos cuando el dolor todavía me despertaba a la madrugada, pero quiero que sepas que exististe para mí desde antes de tener un nombre, desde el instante mismo en que tu cuerpo comenzó a reclamar espacio dentro del mío, que terrible fuiste hija. Como si supieras que la vida no se pide permiso, se impone.
Naciste en un tiempo que venía cansado de tanta muerte, y aun así lo iluminaste sin proponértelo, Natsu. No heredaste un mundo limpio ni justo; heredaste uno remendado con manos temblorosas, sostenido por quienes sobrevivimos sin saber muy bien cómo. Tal vez un día escuches historias sobre demonios, espadas y sacrificios, y quizás te cueste creer que todo eso fue real, ¡Tu tío Zenitsu tiene un registro sobre eso! ¿Sabías? Cuando crezcas, preguntale por la libreta de tapa azul. Pero ojalá así sea, ojalá esas palabras te parezcan exageraciones de una madre que vio demasiado siendo joven. No te escribo para imponerte un legado de dolor ni para exigir valentías que no te correspondan. Te escribo para decirte que sos libre. Libre de elegir una vida tranquila o una intensa, de querer con miedo o sin él, de equivocarte y volver a empezar tantas veces como haga falta. No naciste para reparar nuestras heridas, aunque tu sola existencia las haya calmado. Naciste para vivir, y eso, Natsu, es suficiente. No sé si estaré a tu lado cuando leas esto, todavía tengo mis dudas y mis miedos, pero quiero que sepas que, estés donde estés, habrá algo de mí acompañándote, al igual que tu papá.
Te dejamos todo, y tu tío Tanjiro si ve que en esta carta no puse palabras lindas, me mataría, así que recordá que fuiste deseada, esperada y amada con una profundidad que no se agota en el tiempo.
Con todo lo que fui y con todo lo que aún sos,
Tu mamá, Nezuko.'
Cuando sus manos callosas y ásperas dejaron el pincel a un lado, manchando un poquito esa mesita de madera, quejidos suaves empezaron a emanar de la niña, así mismo, Muichiro que por instinto despertó antes de que comenzara a llorar.
—Se despertó la nena, Mui —. La mujer, de ya dieciocho años, dijo mientras tomaba suavemente a la bebé en brazos. Él le sonreía amodorrado.
No podía pedir más, vivían una vida tranquila.