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Al salir de la comisaría, Shaoran no se quitaba de la cabeza lo que acababa de leer sobre el caso de Los pastelitos de chocolate envenados de Tomoeda. Todo ocurrió un 31 de octubre. La sospechosa compró una caja con pastelitos de chocolate de la Pastelería Tachibana de Tomoeda. La policía encontró restos de cianuro potásico en la residencia de los Kinomoto. El hijo de Touya, su hermano mayor, y Nakuru, su cuñada y madre del niño los comieron y murieron prácticamente en el acto. Por ello, Shaoran se dirigió a la Pastelería Tachibana. Cuando la encontró entró. El pastelero estaba anotando un pedido por teléfono cuando él llegó. –Muy bien, entonces le enviaré la caja a la oficina de su jefe con el nombre indicado. Muchas gracias. –cuando colgó y terminó de anotar la dirección a la que enviaría los pastelitos miró a Shaoran. –Buenos días, ¿qué desea? –¿Es usted el propietario de la pastelería? –preguntó Shaoran. –Sí. –asintió el pastelero. Shaoran le mostró su placa y la sonrisa del pastelero se borró temiendo que el pasado volviera a cruzarse en su camino. –Necesito hacerle unas preguntas sobre un caso de unos pastelitos envenenados de hace quince años. –dijo Shaoran. –¿Por qué tiene que traer ahora esa historia? –preguntó el pastelero, al que no le hacía gracia que volviera a salir ese tema. Debido a eso, la reputación de su negocio se vio alterada y le costó mucho reflotar la pastelería. –Esto ha cambiado mucho y por suerte, la mayoría de la gente no sabe nada o ya no se acuerda. Le ruego por favor que no saquen a relucir ese tema de nuevo. –Le aseguro que no es mi intención perjudicarle. –dijo Shaoran. –Nosotros fuimos las víctimas. Por utilizar nuestros productos, esa chica nos hizo mucho daño. No tiene sentido hablar de ese tema cuando ya ha pasado tanto tiempo. –dijo el pastelero.00000000
Sakura llevó a varios perros al Hospital Memorial Kanayama. Algunos niños que estaban acariciando a los perros llevaban unas camisetas de la Asociación Angel Dog. Sakura participaba como voluntaria en esa asociación para que los niños pudieran disfrutar de los perros. –Este perro es muy callado. –dijo un niño mientras acariciaba a un labrador. Mientras lo hacía, Sakura sacaba algunas fotos a los alegres niños. –Sakura, ¿dónde está el perro que trajiste el otro día? –preguntó una niña en silla de ruedas mientras acariciaba al perro que tenía sobre sus rodillas. –¿Te refieres a Ruby Moon? Acaba de ser mamá. ¿Quieres ver fotos? –preguntó Sakura mostrándole unas fotos de los cachorros. –¡Déjanos ver a nosotros también! –le pedían otros niños atraídos por la noticia. Sakura los mostraba muy contenta. –¡Qué monos! –exclamaban los niños. –Sakura, ¿no los podrías traer? –preguntó la niña en silla de ruedas. Entonces, Sakura vio a una niña de doce años más apartada, con expresión seria y que no tenía perro que acariciar. Se llamaba Misaki. Una enfermera la acababa de sacar fuera para que se uniera a los perros. Así que, Sakura se dirigió hacia ella. –Hola, mira qué cachorritos. ¿A que son monos? La expresión de la niña cambió de repente nada más ver las fotos de los perritos. –¡Qué pequeñitos! –dijo Misaki mientras Sakura le iba pasando diferentes fotografías desde su teléfono. Entonces, el teléfono se apago. –Oh, vaya, se me ha acabado la batería. –dijo Sakura. –Vaya, me hacía mucha ilusión verlos. –dijo la niña. –No te preocupes, volveré muy pronto y traeré más fotos. –le dijo Sakura. –¿De verdad? –Prometido. –dijo Sakura sonriéndole y poniendo el dedo meñique. La niña se lo cogió con su meñique para formalizar la promesa.00000000
Tras salir de la pastelería, Shaoran se dirigió a la antigua residencia Kinomoto. Según el informe, la sospechosa había planeado deshacerse de la familia de su hermano por celos y odio y que sólo necesitó un día para hacerlo. La casa estaba a la venta y estaba claro que había conocido tiempos mejores. Del jardín brotaba la maleza y basura que los propios vecinos se habían encargado de tirar allí cual vertedero. La casa parecía estar completamente abandonada. Incluso había algún antiguo cartel despotricando contra la asesina.00000000
En una exclusiva zona de Tokio, en la sexta planta de un edificio de oficinas se encontraba el despacho de abogados Matsunaga. Como su propio nombre indica, Seiichi Matsunaga era el jefe de la firma. En la actualidad, su despacho gozaba de gran prestigio. Un prestigio que comenzó a despegar hacía unos quince años. –Señor, esta tarde tiene una consulta relativa a un caso de cargos por pagos en exceso. –dijo Tanabe, el secretario personal de Matsunaga explicándole la agenda del día. –Ocúpate tú. –dijo Matsunaga mientras abría con ilusión su nueva adquisición: un nuevo palo de golf. –¿Está seguro? –preguntó no muy convencido. –No te preocupes. Si hay algún problema ya se me ocurrirá algo. –dijo Matsunaga concentrado en el hierro. –Entendido. –dijo Tanabe nada convencido. Cada vez estaba más harto de los encargos de su jefe, cuando él no debería hacerlos, pero necesitaba el dinero. Matsunaga salió con su palo de golf a la parte donde sus empleados trabajaban, seguido de su secretario. –Por cierto, señor, ha recibido esto. –dijo el secretario aprovechando que acababa de pasar por su mesa para mostrarle una caja forrada con un papel de la Pastelería Tachibana. –¿Quién ha enviado esto? –preguntó Matsunaga cogiendo la caja.00000000
Kero se puso frente a la comisaría y comenzó a aplaudir sonriente. –¡Esto es genial!¡Adulterio en la División de Investigación! –dijo el alocado periodista al ver salir a Yuna D. Kaito y a Mitzuki Kaho de comisaría. Pero ninguno hacía caso. –Das miedo, Mitzuki. –No hagas caso, vamos. –dijo Kaito. –¿Wei está muerto? –preguntó Kero de repente. Aquella pregunta hizo que Kaho se detuviera. Kaito también se detuvo unos metros más adelante. –¿Qué sabes tú? –preguntó Kaho. –Me encontré con Shaoran Li en la puerta de la casa de Wei Wang y tenía esta cara de funeral. –dijo Kero poniendo una cara que intentaba imitar a la de Shaoran, aunque sin mucho éxito. –Me imagino que estaría afectado. Ver el cadáver de su mentor después de haber visto el cadáver de su junior no debe ser plato de buen gusto, después de todo. –Wei se ha tomado unas vacaciones. –mintió Kaho, intentando evitar el sensacionalismo del periodista. –¿Puedes dejar de esparcir rumores raros? –Se puede oler el tufo de las mentiras policiales desde lejos. –dijo Kero riendo. –El único que apesta aquí eres tú. No eres más que una rata de alcantarilla. –dijo Kaho más contundente. Kero sólo sonrió, pero decidió dejarles en paz.00000000
–¡Ya estoy aquí! –dijo Sakura entrando en el salón canino. –Sakura, ¿qué día de la semana que viene vas a tomarte libre? –le preguntó Meiling. –Si te parece bien, el miércoles. Aunque con tomarme sólo la tarde me parece bien. –contestó Sakura. –De acuerdo. –dijo Meiling volviendo a la oficina. Estaba en el ordenador cuadrando los turnos. –Eres increíble, Meiling. –dijo Sakura, sorprendida por las habilidades informáticas de Meiling. –¿Pero qué dices? Si esto no es nada. –dijo Meiling restando importancia. –Lo que me parece increíble es que no sepas utilizar un ordenador, aunque sean cosas básicas. –También es verdad. –admitió Sakura. –¿No has pensado en tomar unas clases? –preguntó Meiling. –Es normal que no sepa. Sakura ha estado muy ocupada como peluquera canina. –intervino Tomoyo. –Sakura, tienes visita. –¿Shaoran? –dijo Sakura saliendo, mientras Tomoyo y Meiling espiaban, aunque no eran nada disimuladas. Desde que los vieron interactuar por primera vez ambas pensaron que harían muy buena pareja. Al verla, a Shaoran se le vino la cabeza su foto de la ficha policial. Le parecía increíble que hubiera matado a alguien, pero estaba seguro que su caso escondía algo más. –¿Tengo monos en la cara? –preguntó Sakura al ver que Shaoran se había quedado mirándola como ido. –No. Lo siento. –se disculpó Shaoran. Al ver que el silencio comenzó a reinar, Tomoyo y Meiling salieron en auxilio de los dos castaños haciendo que se sentaran en el sofá. –Dinos, Shaoran, ¿a qué te dedicas? –preguntó Tomoyo para romper el hielo. –Soy ingeniero de sistemas. Trabajo mucho fuera de casa. –mintió Shaoran. Fue lo primero que se le vino a la cabeza porque no podía revelar su verdadero oficio después de haber descubierto parte del pasado de Sakura. –¿Ingeniero de sistemas? –preguntó Sakura sin tener mucha idea de qué era eso. –Trabajo con ordenadores. –resumió Shaoran. –Sakura, podrías pedirle a Shaoran que te enseñara un poco de informática. –sugirió Meiling. –¿Qué? –Sakura no sabe nada de ordenadores. –dijo Meiling viendo el cielo abierto para que esos dos se conociera mejor. –Es cierto. Si aprendieras, podrías hacer más cosas aquí. –dijo Tomoyo. Sakura no entendía para qué una peluquera de perros necesitaba conocimientos de informática aunque con lo que dijo a continuación quizás Tomoyo tuviera razón. –De esa forma, podrías utilizarlo para establecer los turnos, registrar productos, realizar pedidos de suministros por internet, coger citas, facturación, etc. –En ese caso no creo que sea necesario molestar a Shaoran. Me compraré un libro y lo aprenderé de ahí. –dijo Sakura. –Te enseñaré. –se ofreció Shaoran para sorpresa de todas. De esa forma, podría averiguar más cosas sobre ella. Desde que vio su expediente policial no había podido dejar de pensar en ella y ser su profesor se presentó como una oportunidad ideal para seguir conociéndola. –¿Estás seguro? –preguntó Sakura. –Te has portado muy bien con Ruby Moon. –dijo Shaoran como excusa. –Cuando termine de trabajar me pasaré por aquí aunque sea durante media hora al día. –Eso es genial, Sakura. –celebró Tomoyo.00000000
Al día siguiente en comisaría, Shaoran comenzó el día pidiéndole al subinspector la ficha de Toshiya Suganuma, el joven banquero que supuestamente se había suicidado en la estación, a pesar de la negativa de su mujer a esa versión. Según los datos, trabajaba en el Banco Central de Touto. –¿Tenía antecedentes penales? –preguntó Shaoran. –No, está limpio. –dijo el subinspector esperando de pie mientras Shaoran revisaba el informe. –Se suicidó tomando una píldora en el andén del tren. ¿No te parece raro? –preguntó Shaoran, que seguía pensando que la mujer de Suganuma decía la verdad. –Aunque te empeñes, hay testigos oculares de lo que pasó. –dijo el subinspector mientras se iba a hacer algo que él consideraba más productivo. –No hay quejas con la investigación. Eso aún le extrañó más. Él mismo presenció lo indignada que se marchó la señora Suganuma de la comisaría, pero prefirió mantener un perfil bajo. Entonces, al ver el informe se percató de algo. Sacó la ficha de Yoshiyuki Terada y la puso junto a la de Toshiya Suganuma: Terada era director de la Secundaria Tomoeda y Suganuma se había graduado en la misma secundaria en el periodo en el que Terada había sido director. –Secundaria Tomoeda. –musitó Shaoran para sí. Ahora tenía otro hilo del que tirar. Sin perder más tiempo, Shaoran se dirigió a la Secundaria Tomoeda y solicitó ver al director, así como el anuario de hacía quince años. Cuando le dejaron entrar, el director le ofreció asiento en unos sillones que había en el despacho. –¿Reconoce a este hombre? –preguntó Shaoran mostrándole la foto de Wei al director. El director cogió la foto para mirarla más de cerca. –No. No recuerdo haberlo visto nunca. –respondió el director. –Aquí tiene el anuario que ha solicitado ver. –Gracias. –dijo Shaoran. Lo cogió y estuvo ojeando varias páginas hasta confirmar lo que había estado sospechando desde que había encontrado el vínculo entre Terada y Suganuma. Entre las primeras páginas, había una foto de Terada como director de la institución. Varias páginas más adelante y con fotos más pequeñas, encontró la de Suganuma. –¿Hay alguien de entonces que siga trabajando aquí? –No. –respondió el director. –¿Puedo llevármelo? –preguntó Shaoran. –Adelante. –dijo el director.00000000
–Ya estás limpito y guapo. –le dijo Sakura a uno de los perritos a los que acababa de atender. –Hora de ir a casa. Sakura cogió al perro y lo metió en un trasportín. –Voy a llevar a este perro a su casa. –dijo Sakura. Llevar perros a sus domicilios después del servicio de peluquería era uno de los servicios que ofrecía el salón canino. –Nos vemos. –dijo Meiling, que estaba atendiendo a otro perro.00000000
–Son 2500 yenes. –dijo el mensajero a la señora Matsunaga, sin saber quién les había enviado una caja de pastelitos de la Pastelería Tachibana. –¿Se ha enviado la caja a sí mismo? –se preguntó la señora Matsunaga a ver que el remitente era su propio marido y que la había enviado desde su oficina. –Debe de estar loco.00000000
Después de haber llevado al perro al domicilio de su cliente, Sakura se paró con el coche muy cerca del Despacho de Abogados Matsunaga y se colocó un auricular en la oreja para escuchar las conversaciones del teléfono que hábilmente había pinchado. –Matsunaga se ha ido otra vez a jugar al golf. –dijo Tanabe el secretario de Matsunaga por teléfono. –Yo voy a los juzgados del distrito. –Debe ser duro para ti, Tanabe. Pero ten cuidado. –le advirtió la chica con la que Tanabe estaba hablando. Sakura recordó lo que ocurrió un mes antes en aquella oficina. Flashback. Sakura se había reunido con Tanabe, el secretario personal de Matsunaga habiéndose asegurado de que éste no estuviera en el despacho, lo cual no era demasiado complicado, puesto que había semanas que se pasaba más tiempo en el campo de golf que en su propio negocio. –¿De qué quería hablar? –preguntó Tanabe. –La verdad es que nada de lo que se publicó sobre mí era cierto. –dijo Sakura mostrándole una hoja donde venía todo explicado. Sakura fingió necesitar asesoramiento legal para acercarse a Tanabe. –Un asunto de difamaciones, ¿eh? Espere un momento, por favor. –dijo Tanabe mientras fue a otra estancia a buscar unos documentos que pudieran servirle en ese caso. Mientras tanto, Sakura aprovechó la ausencia para pinchar el teléfono poniendo un pequeño dispositivo en el cable del teléfono. También escondió un micrófono para poder escuchar lo que pasaba en el despacho. Unos minutos después, Sakura pagó la consulta y le dio un recibo a Sakura. –Muchas gracias. –dijo Sakura. –Si necesita más asesoramiento legal, estaré encantado de ayudarla. –dijo Tanabe. Fin del flashback. Sakura vio desde el coche cómo Tanabe salía del despacho mientras se miraba el reloj. Sakura salió del coche y fue hacia él. –Señor Tanabe. –dijo Sakura. –Ah, ¿ha venido por asesoramiento legal? –le preguntó Tanabe al recordarla del mes anterior. –Señor Tanabe, en realidad usted no es abogado, sino secretario. –afirmó Sakura. –¿Me equivoco? –¿Cómo? –Yo diría que es ilegal que un secretario ofrezca asesoramiento legal y acepte dinero por ello. –dijo Sakura. No había sido complicado averiguar que Tanabe no era abogado. Le bastó con entrar a la página web de la firma legal de Matsunaga y leer el apartado de personal de la empresa. Además, había estado escuchando lo que ocurría en aquel despacho durante un mes. –Debe haber un malentendido. –dijo Tanabe comenzando a ponerse nervioso. –¿De verdad? Yo también lo creo. Quien castiga a los malos letrados es el Colegio de Abogados, ¿no? Así que, he hablado con ellos y me han dicho que lo investigarían. –¿Has presentado una denuncia ante el Colegio de Abogados? –preguntó Tanabe. –Señor Tanabe. Será mejor que me dé información de sus planes. –dijo Sakura. Tanabe se asustó, pero siguió a Sakura para hablar a un lugar más adecuado.00000000
Cuando Shaoran entró a la oficina no pasaron ni cinco segundos cuando Kaito lo llamó. –¡Li! Ven un minuto. –dijo Kaito. Shaoran fue y se colocó frente a la mesa de Kaito. Ryo Katokura permanecía atento apoyado en su mesa, como si fuera a disfrutar de la reprimenda de Kaito, dando por hecho que lo iba a reñir. –¿Cómo va lo de Wei? Shaoran extrajo de un sobre la nota que Wei había dejado en su casa. –¿Su nota de suicidio? –dijo Kaito después de leerla. –¿Por qué no me has informado de esto antes? –Parecía estar ocupado. –dijo Shaoran. –Podrías habérsela dado a cualquiera de los que trabajamos aquí. –dijo Kaito, refiriéndose a sus amaestrados subordinados. –Si no lo he hecho es porque ya hubo una filtración a la prensa. –dijo Shaoran. –De ahora en adelante me informarás de forma oral. –dijo Kaito. –Entendido. Seguiré investigando. –dijo Shaoran. –Por cierto. Han declarado inocente a Mizoguchi. –dijo Kaito. –¿Cuándo ha sido eso? ¿Y cómo es eso posible? –preguntó Shaoran, que no comprendía cómo el asesino de Yukito podía ser declarado inocente después de lo que había hecho. –No hace mucho. –dijo Kaito. –Me lo ha dicho un fiscal amigo mío. Por lo visto, ha sido considerado un enfermo mental. Mañana lo enviarán a un hospital psiquiátrico. –Eso no puede ser. Es algo estúpido. –dijo Shaoran, que comenzó a respirar con fuerza. –De todas formas, todos sabemos que la hazaña de que quemaran vivo a tu compañero fue culpa tuya. –dijo Ryo malintencionadamente. –¿Quién es el estúpido? –Fue una maldición que a Tsukishiro le tocara un compañero como tú. –añadió Takabe con burla. Kaho se levantó de la mesa desde la que estaba trabajando intuyendo que la ira de Shaoran estallaría en cualquier momento por las provocaciones de sus compañeros. –Sí, será mejor que tengamos cuidado. –dijo Ryo acercándose a Shaoran para provocarlo aún más. –Te suelta de cebo y luego huye. Aunque en realidad Tsukishiro era otro cobarde. Sois iguales. Entonces, Shaoran le dio un puñetazo a Ryo que lo tiró al suelo. Después se acercó y le propino una patada. Después lo cogió de la pechera para darle otro puñetazo. Una cosa es que se burlaran de él, pero no iba a tolerar que le faltaran al respeto a Yukito. Entonces, Kaho lo agarró del brazo con el que iba a golpear a Ryo. –¡Para, Shaoran!¡Por más que lo golpees Yukito no volverá! –dijo Kaho intentando tranquilizar a Shaoran. Shaoran se deshizo de su agarre, cogió la nota de Wei que estaba en la mesa de Kaito y se dispuso a marcharse. –¡Li! –lo llamó Kaito. Shaoran se detuvo sin mirarlo. –Deja tu placa. No puedo tolerar un caso tan evidente de agresión. De momento estás suspendido de empleo. La mirada de Shaoran era de impotencia. Era muy injusto que lo provocaran y que lo castigaran a él. Shaoran vio como Ryo se levantó, se acomodaba la chaqueta y sonreía con satisfacción, mientras que Kaho era testigo de la forma tan cruel en la que sus compañeros machacaban emocionalmente a Shaoran. Incluso parecían disfrutar de ello. Estaba convencida de que les importaba poco la muerte de Yukito. Su único interés era utilizarlo para vilipendiar a Shaoran. Shaoran sacó su placa de la chaqueta y la puso con un golpe en la mesa de Kaito mientras lo miraba desafiante. Después, se marchó de aquel lugar tan hostil.00000000
–Ya estoy en casa. –dijo Matsunaga. –Vaya, hoy has venido pronto. –le dijo su mujer. –Por cierto, he tenido que pagar por unos pasteles que te has enviado tú mismo. –¿Dónde están? –preguntó Matsunaga, pero no hizo falta responder porque vio la caja encima de una mesa, perfectamente embalada con el papel de la pastelería, tal y como le llegaron a la oficina. –Ni la abras. –¿Por qué? Ni que hubiera veneno en ellos. –dijo su mujer inocentemente. –Esa chica, Sakura Kinomoto. –musitó Matsunaga para sí, recordando por qué había tenido un mal presentimiento cuando vio la caja de pastelitos.00000000
Sakura practicaba sonriente con el ordenador portátil de la empresa mientras Meiling recogía y se colgaba su bolso para marcharse. –Vaya, pareces contenta. –dijo Meiling, consciente de que tendría su primera clase con Shaoran. Entonces León se puso a ladrar. –Fíjate, si te tomo el pelo León se disgusta. Me voy antes de que se enfade más conmigo. Adiós. –Adiós. –dijo Sakura. León seguía ladrando, por lo que Sakura se dirigió hacia él. –León, no deberías ladrar así. Debes estar callado. León gimió. –Tranquilo, estoy bien. –dijo ella. –No tienes que preocuparte.00000000
Se acercaba la hora de terminar la jornada laboral y en la comisaría de Tomoeda a Kaito le apetecía salir a tomar algo. –Kaho, ¿te vienes conmigo a tomar una copa? –preguntó Kaito acercándose por detrás a Kaho, que trabajaba en el ordenador de su mesa. –Paso, no me apetece. –dijo Kaho. Normalmente, cuando a los jefes les apetecía salir a tomar algo, sus empleados iban detrás aunque no les apeteciera, pero Kaho Mitzuki no era como los demás, y si no le apetecía, lo decía claramente. –Debería haberlo arrestado. –dijo Kaito, sabiendo que Kaho no estaba de humor por lo que había pasado con Li. –¿No crees que alguien que agrede a un compañero debe ser castigado? Vamos, es una orden. Kaho decidió no contestar. No tenía sentido.00000000
Después de lo que pasó en comisaría Shaoran estuvo deambulando por la ciudad hasta llegar al bar de Yue, que le sirvió un vaso de agua. –Es indignante. –dijo Yue una vez que Shaoran le explicó que Takeshi Mizoguchi, el asesino de su mejor amigo fue declarado inocente. –Un tipo que mata por diversión no puede dejarse sin castigo. Es todo muy extraño. Oye, ¿te apetece beber? Con la noticia que le había dado, Yue pensó que sería normal que el agua no le fuera suficiente para digerir una noticia así. Hasta él necesitaba el trago. Entonces, alguien entró en el bar. –Pensé que estarías aquí, por eso he venido. –dijo el padre de Yukito. –Al ver tu estado de ánimo, veo que ya te has enterado de que han declarado inocente a Mizoguchi. –Es una vergüenza. –opinó Yue. –Aunque lo envíen a un psiquiátrico, al final lo soltarán, estoy seguro. –dijo el padre de Yukito. –Supongo. –dijo Shaoran. –¿Cuándo sale de prisión? –preguntó el padre de Yukito. –No puedo decírtelo. –dijo Shaoran. –Shaoran, por favor, eres el único al que le puedo preguntar. Dímelo, por favor. –Señor Tsukishiro, no puedo decírselo. –¿Por qué?¿Por la ley?¿Qué clase de justicia es la que estás protegiendo? –preguntó el señor Tsukishiro dando un golpe en la barra. –Yukito siempre hablaba de cuánto te admiraba. De que te seguiría a todas partes. Shaoran volvió a revivir aquella fatídica noche. El señor Tsukishiro tenía razón. Yukito lo había seguido siempre sin dudar un ápice, y por seguirlo a él, se encontró con la muerte. –Prométeme que vas a atrapar a ese malnacido. –le pidió el señor Tsukishiro. –Y si no lo haces, al menos déjame que sea yo quien me ensucie las manos. –No puedo dejar que se convierta en un criminal. –dijo Shaoran. –Si me ayuda a deshacerme de los remordimientos, estoy dispuesto a ser un criminal. Incluso estoy dispuesto a aceptar la pena capital. –dijo el señor Tsukishiro. –Lo siento. –se disculpó Shaoran. –Comprendo. –dijo el padre de Yukito levantándose. –Veo que no vas a hacer nada… otra vez. Que el padre de Yukito dijera eso fue como si le hubieran clavado una puñalada. De sus compañeros de trabajo lo podía esperar, porque era obvio que lo odiaban, pero al venir del padre de Yukito lo hundió todavía más.00000000
Sakura había sacado a León de la jaula. El perro estaba acostado mientras Sakura llevaba un buen rato acariciándole las orejas. –Parece que Shaoran se retrasa. –le dijo Sakura al perro. –¿Crees que se ha olvidado? Voy a poner el cartel de cerrado. Vuelvo en un minuto. Cuando Sakura salió a la puerta exterior para darle la vuelta al cartel, escuchó el sonido de un disparo de fotografía. –Chica A. Sakura Kinomoto. Das miedo. Parece que tu verdadera naturaleza empieza a brotar. –dijo Kero. –¿Qué quieres? –preguntó Sakura sin sorprenderse de quién era. –Me preguntaba cuál será tu próximo movimiento. Para ti es imposible amar. No lo olvides. Antes de volver a entrar, Kero sacó otra fotografía.00000000
La ciudad estaba en pleno movimiento. Los que no volvían a casa iban animados a tomar copas por ahí antes de finalizar el día. Shaoran deambulaba por la calle cuando de repente, sacó de su bolsillo uno de los caramelos que encontró en la estación. Flashback. Tras haber celebrado el funeral de Yukito, Shaoran se quedó solo en el cementerio para presentar sus respetos ante la tumba de su compañero con más intimidad. Entonces, Wei, que parecía conocerlo mucho, apareció a su lado extendiéndole un caramelo, como si esa golosina fuera a endulzar el amargo momento que estaba viviendo. Estaba claro que el caramelo no iba a ayudarle a sentirse mejor, pero Shaoran valoraba mucho la intención de su mentor de aligerar su dolor. –Los dulces son lo mejor cuando se tienen muchas cosas en la cabeza. –le dijo Wei. –Sentir la angustia que sientes ahora mismo no nos devolverá a Yukito. –Lo sé. –Siempre llevaremos los remordimientos por lo que le ha pasado. –dijo Wei. –No sólo tú. Si quieres redimirte, debes acorralar al bastardo que lo ha matado a sangre fría. Como detective, es lo único que puedes hacer. Fin del flashback. Tras recordar aquel momento, Shaoran se acordó de las lecciones de informática que le tenía que dar a Sakura. Seguramente se habría hartado de esperar y se habría marchado, pero aún así decidió pasar por el salón canino. Era mejor que volver a casa para no poder conciliar el sueño.00000000
–¡Vaya, cuánto tiempo! –dijo Yue cuando vio entrar a Kaho Mitzuki. –No me digas que estás borracha. –Por culpa de mi jefe que tenido que beber algo que sabía a agua sucia. –dijo Kaho a Yue. –Me imagino que ha estado aquí, ¿verdad? –Sí. –respondió Yue, sabiendo que se refería a Shaoran. –¿Con quién ha estado? –Con el padre de Yukito.00000000
Cuando Shaoran llegó, vio el cartel de cerrado en la puerta de metal que estaba en el exterior, pero vio que había luz dentro, por lo que decidió llamarla por teléfono. Prefería no tocar a la puerta para no asustarla. Al sonar el teléfono del salón, León se puso a ladrar. Sakura se levantó a por el teléfono mientras le pedía a León, que seguía fuera de la jaula, que callase. –Salón canino Mon Ange. –contestó Sakura. –¿Todavía no te has ido? –preguntó Shaoran. –No. Había quedado con alguien. –dijo Sakura. –Pues deberías haberle llamado y haberte marchado. –dijo Shaoran, al que vio tras la puerta, sabiendo que se refería a él mismo. –Pensé que no estaría bien molestarle mientras trabajaba. –dijo Sakura sonriendo.00000000
Kaho decidió llamar a Shaoran, pero el teléfono le aparecía ocupado o fuera de cobertura.00000000
Sakura y Shaoran comenzaron con su clase de informática. Shaoran le había enseñado a crear una carpeta y pasar archivos de un sitio hacia la carpeta. Sakura comenzó practicando con las fotografías que había sacado de los cachorros de Ruby Moon y que habían pasado al ordenador previamente. –Y ahora hay que ponerle nombre a la carpeta, ¿verdad? –decía Sakura, pero Shaoran parecía sumido en sus propios pensamientos. –¿Shaoran? –Lo siento. –se disculpó él volviendo a la realidad. –¿Ha ocurrido algo? –preguntó Sakura. –Creo que han amañado un juicio. –dijo Shaoran. –¿Qué? –Un tipo mató a un amigo mío. –Sakura no se esperaba que de repente se pusiera a hablar de algo así. Desde que lo conocía siempre le había parecido alguien muy reservado, pero si lo contaba era porque necesitaba sacar su dolor. –Como es un adicto a las drogas, han alegado que es incapaz de discernir entre lo que está bien y mal. Así que lo han declarado inocente. Estoy seguro de que está cuerdo. –¿Por qué? ¡Es horrible que absuelvan a alguien que saben que ha matado a gente inocente! –exclamó Sakura. Parecía ella casi más indignada que él. –¡Quien ha cometido un crimen debe ser castigado!¡Si la policía hubiera investigado de forma adecuada habrían descubierto…! Lo siento, odio a la policía. Como si percibiera la alteración en el ánimo de Sakura, León comenzó a ladrar, por lo que se levantó para ir hacia él. Antes de que empezara su clase lo había metido en la jaula. –Te equivocas, León. No estoy enfadada con Shaoran, así que cálmate. –le dijo Sakura al rottweiler. Después volvió a la zona de recepción. –Siento haberme puesto así. Haré café. Shaoran intuía que Sakura hablaba de ella misma cuando se había alterado de aquella manera. Después de tranquilizarse un poco y tras tomarse un café, los dos salieron y se fueron caminando. –Antes has dicho que no te gustaba la policía. ¿Has tenido una mala experiencia? –No. Nada en particular. –respondió Sakura. –Entiendo. –dijo Shaoran, sabiendo que mentía. –¿Y tú? ¿Qué opinas de la policía? –preguntó Sakura. –Yo también los odio. –dijo Shaoran. –¿De verdad? –Sí, no son gente muy agradable. –dijo Shaoran, haciendo reír a Sakura. –Bueno, yo me voy por aquí. –dijo Sakura. –Gracias por todo. –Nos vemos mañana. –se despidió Shaoran. –Creo que mañana podré ir más temprano que hoy. –Tampoco tienes que sentirte obligado. –dijo Sakura. –No te preocupes. No dudes en llamarme cuando quieras. –dijo Shaoran. –Vale, buenas noches. –dijo Sakura sonriendo. –Buenas noches. –dijo Shaoran. Ajenos a todo, Kaho los vio desde un taxi. Al ser imposible contactar con él, cuando salió del bar de Yue, decidió ir a casa de Shaoran, preocupada por cómo debía estar tras la pelea en comisaría y la mala noticia que había recibido. Cuando estaba cerca de la casa de Shaoran, le pidió al taxista que se detuviera al verlo acompañado de una chica.00000000
Cuando a la mañana siguiente Shaoran salió de su bloque de apartamentos, Kero lo esperaba en la puerta, pero él decidió ignorarlo, sabiendo que el periodista lo seguiría. –Oye, esto es un toma y daca. –dijo Kero poniéndose al lado de Shaoran, que decidió frenar el paso. –Eres un empleado del gobierno, así que sabes cómo funcionan las cosas. He terminado de jugar. Shaoran nunca lo había visto tan serio. –Meow. –dijo Kero uniendo las manos sobre la cabeza. Parecía que a payaso no le podía ganar nadie. Shaoran lo apartó de su camino mientras Kero reía. –Dime, ¿vas a vengarte? ¿Tener una nueva novia te ha llenado de energía? Ya sabes de quien hablo, la de la peluquería canina. Shaoran se detuvo para mirarlo, viendo que ese periodista estaba muy bien informado, a pesar de que su relación con Sakura no era sentimental. –Si yo fuera tú, rompería con esa chica. –dijo Kero. –¿Qué sabes de ella? –preguntó Shaoran. –Muchas cosas. Me pregunto dónde habrá ido Wei. ¿A su propia tumba? ¿O quizás a prisión? –dijo Kero de repente. –No tiene sentido que me sigas. –dijo Shaoran marchándose. –Estás muy tenso, Shaoran Li.00000000
En el despacho de abogados de Matsunaga, su secretario Tanabe atendía una llamada. –Señor, tiene una llamada. –dijo Tanabe aprovechando que su jefe se dirigía a su despacho. –Pásamela a mi despacho. –dijo Matsunaga entrando a su despacho. –Matsunaga al aparato. –La razón por la que le llamo es porque no se ha comido ni uno de los pastelitos que le he enviado. –dijo Sakura desde una cabina telefónica. –Me parece de muy mala educación. –Sospechaba que me los habías enviado tú. –dijo Matsunaga. –¿Qué pretendes? –He tenido que informar al Colegio de Abogados por un acto imperdonable. –dijo Sakura. –Por supuesto, he aportado pruebas. ¿No has recibido una carta? Matsunaga revisó la bandeja donde tenía el correo del día. Abrió un sobre amarillo que efectivamente, era del Colegio de Abogados. –¿Una solicitud de expediente disciplinario? –preguntó Matsunaga. –Obligar a un secretario a hacer un trabajo que deberías hacer tú es ilegal. –dijo Sakura. –Esta vez, eres tú quien será juzgado. –¿Cómo te atreves? –preguntó Matsunaga, pero Sakura ya había colgado. Entonces, comenzó a recordar lo que ocurrió hacía ya 15 años. Flashback. Matsunaga era el abogado defensor de Sakura Kinomoto, por lo que la visitó en la cárcel. Quería acabar cuanto antes con aquel caso. –Cuanto más se prolongue el juicio, más perderás. –le decía Matsunaga a Sakura. –La Corte del Distrito te ha condenado a cadena perpetua, pero si sigues litigando la próxima condena será a muerte. –¡Ya te he dicho que yo no lo hice! –insistía Sakura. –¡Lo hayas hecho o no, no hay nada que hacer! –sentenció Matsunaga. –¿Acaso quieres la pena capital? –No. –En ese caso, acepta, y en lugar de toda tu vida, pasarás unos cuantos años. –dijo Matsunaga. Fin del flashback.00000000
Sakura salió de la cabina y se puso el auricular con el que podría escuchar lo que acontecía en el despacho de Matsunaga.00000000
Cuando Matsunaga colgó, llamó a su secretario. –¿Me llamaba, señor? –dijo Tanabe entrando. –Tanabe, ¿qué has estado haciendo por tu cuenta? –preguntó Matsunaga. –¿Qué? –Asesoramiento legal por tu cuenta, con su correspondiente minuta. ¿Tienes idea de cuantos delitos has cometido? Violar la ley por ejercer sin licencia, intrusismo laboral y malversación de fondos de la empresa. Eso son varios años en la sombra. –No he hecho nada que usted no me pidiera, a pesar de que yo no quería. –dijo Tanabe. –Tanabe, si te vas sin hacer ruido, haré todo lo posible para que no te arresten. –dijo Matsunaga. –¿Entiendes lo que te quiero decir? Esfúmate antes de que vuelva. Matsunaga salió de la oficina dejando a un abatido Tanabe. Él no había hecho nada que él no le hubiera pedido porque quisiera marcharse a jugar al golf, a pesar de saber que era ilegal que él diera asesoramiento jurídico. Si no lo hacía lo despediría y necesitaba el dinero. Sakura vio salir a Matsunaga. Parecía estar muy tranquilo. Pretendía hacer ver que Tanabe había actuado por su cuenta para librarse de las posibles consecuencias que impondría el Colegio de Abogados. Sakura subió a la oficina y vio a un decaído Tanabe. –Ha ocurrido tal y lo que te dije, ¿verdad? –le dijo Sakura. –Matsunaga es un hombre que sólo piensa en capturar a gente inocente, aunque les destroce la vida. No le podrías importar menos. –Todo este tiempo se ha aprovechado de mi buena fe. –se quejaba Tanabe. –¿Y si te quedaras con todo el dinero que tiene oculto ? –propuso Sakura mirando la caja fuerte que había en el despacho. –No podrá denunciarlo a la policía. Al fin y al cabo, es un dinero que no debería tener.00000000
Shaoran esperaba a que se abrieran las puertas de la Prisión Central de Tokio. De un momento a otro saldría el furgón en el que la policía trasladaría a Mizoguchi a un hospital psiquiátrico. –¿Qué pretendes hacer? –preguntó Mitzuki Kaho, que conocía demasiado bien a Shaoran como para saber dónde se encontraría aquel día. –Hagas lo que hagas, ya han declarado inocente a Mizoguchi. Si intentas tomarte la justicia por tu mano, no serás mejor que él. Hay cosas más importantes que puedes hacer. –Márchate. –le dijo Shaoran harto del sermón que le estaba soltando Kaho. –Eres un estúpido. Jamás me di cuenta de lo lejos que irías cuando estábamos juntos. –dijo Kaho. Las puertas se empezaron a abrir, momento que aprovechó Shaoran para correr para introducirse dentro del recinto. –¡Shaoran! Shaoran se puso en medio, obligando al furgón a detenerse y en seguida se fue hacia la puerta lateral del furgón, seguido del guardia que vigilaba la puerta. –Dejadme hablar con Mizoguchi. –dijo Shaoran, mientras dos guardias lo cogían cada uno de un brazo. –¡No puede estar aquí! –le decía uno de los guardias. –¡Quiero hablar con Mizoguchi! –insistió Shaoran. –¡Dejadle! –exclamó una voz que procedía de la furgoneta. Mizoguchi abrió la ventanilla tintada de la furgoneta. Shaoran vio a Mizoguchi, pero su cara no se parecía en nada a la que él recordaba. Su cara parecía la de alguien indefenso. –Actué mal. No recuerdo nada de aquel día. ¿Cómo podría haber hecho algo tan terrible? Ni yo mismo me lo creo. –Mizoguchi. –musitó Shaoran, pero Mizoguchi continuó hablando. –No puedo sacarme de la cabeza tus gritos pidiéndome que parara. –dijo Mizoguchi. Entonces, de repente, puso la cara sádica que Shaoran reconocía mientras se burlaba de él sacándole la lengua. Al verlo, Shaoran quería ir hacia él, pero los guardias lo tenían agarrado. –Idiota. –Mizoguchi cerró la ventanilla y la furgoneta se puso en marcha. Por un instante había creído que se arrepentía de verdad. Pero estaba claro que por muy loco que pareciera, sólo era un manipulador y para Shaoran Mizoguchi actuaba sólo por diversión y con el afán de hacer daño.00000000
Tal y como le prometió, Sakura fue al hospital para enseñarle fotografías a Misaki. Esta vez, Sakura subió hasta su habitación, donde la niña parecía realizar alguna tarea escolar con su ordenador portátil desde la cama. –¡Sakura!¡Has venido! –exclamó Misaki con alegría. –Te lo prometí, ¿no? –dijo Sakura mostrándole un sobre. –Muchas gracias. –dijo la niña. Dentro del sobre, había impresas algunas de las mejores fotografías que pudo sacarle a los cachorros de Ruby Moon. –Cuando son así de pequeñitos todavía están ciegos, pero siempre encuentran las mamas de su madre. –dijo Sakura mientras miraban las fotografías. –Se están esforzando mucho para salir adelante. –Son adorables. –dijo Misaki. –Me pregunto si yo podré hacer lo mismo. –Claro que sí. –le dijo Sakura animándola. –Pronto me operarán.00000000
–Lo siento mucho. –se disculpó Matsunaga mientras le pasaba un sobre lleno de dinero a su interlocutor dentro de un coche en unos garajes. –Siento mucho que actuara de forma tan injusta. –Está bien, Matsunaga. Hablaré con ellos. –dijo su interlocutor mientras se guardaba el sobre en el bolsillo interior de la chaqueta. –Muchas gracias.00000000
Cuando Sakura salía del hospital y se dirigía al coche, la llamaron por teléfono pidiéndole que fuera rápidamente al salón canino porque León había atacado a un cliente. La castaña se dirigió presurosa. Cuando llegó, Tomoyo estaba curando a Meiling su muñeca derecha. –Meiling, ¿estás bien? –preguntó Sakura. –Sí, no te preocupes. No ha sido para tanto. –le restó importancia la aludida. –Claro que no está bien. –intervino Tomoyo. –Sakura, he tenido que llamar a la perrera para avisarles de que lo llevarás. –Por favor, Tomoyo, espera un poco más. –dijo Sakura, que intentaba rehabilitar a León. –Lo siento, pero entre el cliente y Meiling, ha atacado a dos personas. Meiling se interpuso y por suerte al cliente no le pasó nada, salvo llevarse un buen susto. Y milagrosamente Meiling consiguió encerrarlo en la jaula. Por lo visto no estaba bien cerrada y la rompió. –dijo Tomoyo. –Si hubiera habido un niño pequeño, podría haberlo matado. –Por favor, sólo un poco más. –le pidió Sakura. –Sakura, perdóname. Pero espero que comprendas que un perro que teme a las personas es muy difícil de reinsertar. A mí también me frustra. Si sus anteriores dueños no lo hubieran maltratado de la forma en que lo hicieron… –Entiendo. –dijo Sakura. Sabía que Tomoyo le había facilitado todo lo posible tener a León allí, pero por un descuido había puesto en riesgo la integridad de Meiling y del cliente. Tomoyo tenía razón y no podía pedirle que sacrificara la integridad de su empleada, la de los clientes, la suya propia y su negocio por el perro. Ya era una suerte que el cliente decidiera no denunciar. –Lo llevaré a la perrera. –Sakura. Lo siento de verdad. –dijo Tomoyo. Era consciente de que Sakura lo estaba haciendo muy bien con León. El problema era que León parecía que sólo aceptaba a Sakura, con la que había establecido una conexión especial. Sakura entró y se llevó a León. Pero antes de tener que dejarlo en la perrera, decidió “disfrutar” de un último paseo con él. –León. –gimoteó Sakura. León, que empatizó con Sakura, también gimoteó. Cuando León la miró, Sakura se agachó y se abrazó a su cuello haciéndole saber que lo quería mucho, pero que se veía obligada a dejarlo en la perrera. Cuando el encargado de la perrera le puso el formulario delante, en el que se podía leer perfectamente la palabra eutanasia,a Sakura le dieron ganas de llorar. Sin duda, era la firma que más le había costado realizar en su vida. Le temblaba tanto la mano que los trazos parecían los de una niña pequeña. León seguía gimoteando, como si fuera consciente de lo que la persona que más le había querido en la vida estaba haciendo. Cuando el empleado de la perrera cogió la correa de León, el perro oponía resistencia mirando a Sakura y ladrando. –Lo siento. No he podido protegerte. –dijo Sakura llorando.00000000
Después de haber ido a ver a Mizoguchi y que se le quedara peor sensación de malestar de la que ya sentía, sus pasos llevaron a Shaoran al cementerio en el que estaba enterrado Yukito.00000000
Un rato más tarde, Sakura permanecía sentada mirando la vacía jaula de León. Aunque el negocio debería estar cerrado, la puerta estaba abierta, por lo que Shaoran entró para la siguiente clase de informática. Sakura se sobresaltó un poco al notar la sombra de alguien, pero al ver que era Shaoran sintió alivió. Había estado tan ensimismada viendo la jaula de León que ni había escuchado la puerta. –La puerta estaba abierta. –dijo Shaoran. Entonces miró la jaula vacía de León. La puerta de la jaula estaba algo doblada. –¿Ha pasado algo? –He llevado a León a la perrera. Esta mañana se ha puesto violento y al atacar a un cliente, ha herido a Meiling. –dijo Sakura. –No he podido hacer nada más por él. A pesar de prometerle que lo salvaría, no he podido cumplir mi promesa. Hubiera sido mejor que lo hubiera llevado allí desde el principio. Si lo hubiera hecho, León no se habría sentido abandonado dos veces. Siempre es igual. Aunque trabaje con todas mis fuerzas y dé lo mejor de mí, siempre hay algo que lo estropea. Por mí, todo el mundo logra la infelicidad. –No sólo te pasa a ti. Yo también he hecho infeliz a mucha gente. –intervino Shaoran acercándose a ella y atrayendo su atención. –Últimamente, no dejo de pensar que todo estaría mejor si desapareciera. Aquel momento en el que ambos se estaban contando aquellas cosas tan íntimas, se vio roto por cierto alboroto en la calle. Se escuchó el ruido de latas y el ruido de unas motos marcharse. Shaoran salió seguido de Sakura. Unos delincuentes callejeros habían pintado la pared con unos grafitis sin sentido. Sakura se dirigió hacia un bote de espray que habían dejado los grafiteros y al comprobar que era blanco, comenzó a pintar sobre los dibujos para dejar la pared blanca, tal y como estaba. –¿Qué haces? –preguntó Shaoran. –Esto es mejor que dejar esos horribles grafitis. –dijo Sakura. Después de comprobar los botes que se habían dejado los grafiteros, encontró otro espray de pintura blanca y la acompañó para borrar los dibujos. Lo hicieron en silencio, como si lo que intentaran borrar entre los dos fuera su propio dolor. –Aunque no lo haga desparecer del todo, es mejor pintar por encima. –dijo Sakura. –Es verdad. –dijo Shaoran, comprendiendo que no se refería al dibujo precisamente. Cuando terminaron de ocultar el grafiti, Sakura decidió quedarse un rato más mirando la jaula de León, mientras que Shaoran se marchó a su apartamento. Encima de la mesa tenía las fichas de Terada y Suganuma, la libreta de Wei, la nota que dejó en su casa y el anuario de la Secundaria Tomoeda. Después de reflexionar tras haber estado analizando lo que tenía, se levantó y sacó de la papelera la tarjeta de contacto de la única persona que le podía ayudar. –Soy Shaoran Li. Trato hecho. Te daré información. –le dijo Shaoran a Keroberos, el periodista freelance.00000000
Cuando Matsunaga llegó al día siguiente a su despacho, la puerta de su caja fuerte estaba abierta, y tal y como pudo comprobar, también vacía. –Tanabe. –dijo Matsunaga enfadado, sabiendo al instante quién había sido el que le había robado el contenido de la caja. Entonces, le sonó el teléfono de la oficina. –¡Bastardo!¡¿Dónde estás?! –No lo sé. ¿Dónde estoy? –preguntó Sakura desde una cabina telefónica. Sakura sabía por qué Matsunaga estaba tan enfadado y que su insulto iba dirigido a su secretario. –Sakura Kinomoto. –dijo Matsunaga reconociéndola. –¿Tienes algo que decirme, abogado sin escrúpulos? –¿Es así como intentas vengarte? –preguntó Matsunaga sin dejarse amedrentar. –Desafortunadamente para ti, me importa un comino todo esto. Lamentarás haber hecho algo tan burdo. Te enviaré de vuelta a la cárcel. –Antes de que lo hagas, pagarás por haber cometido una injusticia tan grande. –dijo Sakura. –Es muy doloroso volver a empezar de cero. Como tu secretario ya tiene todo el dinero que necesita para el resto de su vida, él sí tiene la oportunidad de volver a empezar, pero le será un poquito más fácil. –No me digas que… –Matsunaga miró en su ordenador y al entrar en sus cuentas bancarias vio que había una transferencia de su cuenta hacia la cuenta de Tanabe con todo su dinero. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Había delegado tanto en Tanabe que conocía la clave de la caja fuerte y la de su cuenta bancaria. Estaba completamente arruinado. Su cuenta estaba a cero. –Esto no ha terminado. –le advirtió Sakura. –De hecho, no ha hecho más que empezar.00000000
En la comisaría, Kaito citó a Kaho en la sala de reuniones. –¿Qué quieres? –preguntó Kaho. –Que vigiles a Li. –No entiendo el motivo. –dijo Kaho. Al fin y al cabo, estaba suspendido de empleo. –Porque requiere atención especial. –argumentó Kaito.00000000
Kero y Shaoran quedaron en la grada de un centro deportivo. Shaoran le pasó una copia de la nota que dejó Wei en su casa. –Qué interesante. –dijo Kero. –Así que este ha sido su último golpe de efecto. –¿Tienes lo que te pedí? –preguntó Shaoran. –Por supuesto. –dijo pasándole la revista donde publicó el artículo del caso de los pastelitos envenenados. –Este artículo contribuyó al arresto de la Chica A. En el titular se podía leer Los pastelitos de chocolate del diablo. También había una foto de Sakura, pero con una barra negra tapándole los ojos como para no desvelar todo su rostro, puesto que entonces todavía no había sido acusada formalmente. El subtítulo rezaba que había envenenado a su cuñada y a su sobrino. También hablaba del oscuro corazón oculto de la Chica A. –Este artículo supuso toda una sensación. El autor del artículo se arriesgó mucho publicándolo. –dijo Kero. –Necesito más detalles. –dijo Shaoran. –La persona que lo escribió fui yo. –dijo Kero riendo. –Mira mi nombre ahí escrito.00000000
Misaki permanecía en su cama de hospital con su portátil delante. –Misaki. –dijo una enfermera entrando y extendiéndole un dispositivo USB. –Toma esto, lo ha traído la señorita de los perros. Instantáneamente, a Misaki le cambió la cara a una de alegría. Adoraba los perros y ver fotos de ellos era de las pocas cosas que le alegraban y hacían su estancia en el hospital un poco más soportable. – ¿Dónde está? –preguntó Misaki. –Dijo que tenía cosas que hacer. –le dijo la enfermera. En el dispositivo había un vídeo de los perritos. –Mira qué adorables, papá. –dijo Misaki. Matsunaga se sentó a su lado para mirar aquello que tanto había alegrado a su hija. –Mira cómo juegan. La niña era Misaki Matsunaga, hija del abogado Seiichi Matsunaga. Continuará…