ID de la obra: 1560

Guilty

Gen
NC-17
En progreso
0
Tamaño:
planificada Mini, escritos 97 páginas, 51.334 palabras, 6 capítulos
Descripción:
Publicando en otros sitios web:
Consultar con el autor / traductor
Compartir:
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar

4. La persona que me atrapó.

Ajustes de texto
Capítulo 4. La persona que me atrapó. Al día siguiente, Sakura aparcó el coche frente a un edificio donde debía realizar un servicio a domicilio, pero no bajó del vehículo. Era una suerte que el salón en el que trabajaba no sólo fuera popular entre la gente normal, sino que también fuera el que más renombre tenía entre ricos y celebridades. Eso le facilitaría su próxima venganza, pero antes de salir, recordó todo lo que ocurrió quince años atrás, el fatídico día en el que cambió su vida para siempre. Flashback. Era un día lluvioso pero a pesar de ello, Sakura estaba contenta porque sabía que su hermano Touya y su familia irían de visita a casa, donde vivía con su madre Nadeshiko. Por ello, decidió comprar unos pastelitos de chocolate que sabía que su sobrino y su cuñada Nakuru adoraban. Cuando llegó a casa, cerró el paraguas y se descalzó en el genkan. –¡Ya estoy en casa! –dijo Sakura entrando, viendo cómo su sobrino y Nakuru estaban sentados contándose alguna cosa graciosa. Por lo visto, su hermano todavía no había podido escaparse de su trabajo. –¡Hola, tita Sakura! –saludó el niño con su alegría habitual. –Hola, Sakura. –saludó Nakuru. Sakura entró y se acercó a su sobrino escondiendo a su espalda la caja de pastelitos. –¡Mira lo que te traigo! –dijo Sakura mostrándole la caja. –Los pastelitos de chocolate que tanto te gustan. –¡Gracias! –dijo el niño abrazándola. –Mamá, ¿puedo comerlos? –Está bien, pero sólo uno. Debes dejar sitio para la cena. –dijo su madre. –Genial. Voy a cambiarme. –dijo Sakura mientras dejaba a madre e hijo disfrutando de los pastelitos. –Yo también comeré uno. –dijo Nakuru al abrir la caja y ver los apetitosos pastelitos. Tanto madre como hijo mordieron los pastelitos, cuando unos segundos después, sintieron cómo les quemaba la garganta y les faltaba el aire. El primero en caer fue el niño, seguido de su madre, que quiso morir cogiéndole la mano a su hijo. Fue entonces que apareció Nadeshiko, a la que se le borró la sonrisa que llevaba al ver la escena de su nuera y nieto muertos, con sus respectivos pastelitos en el suelo. –¡No!¡No! –gritó Nadeshiko llevándose las manos a la boca. Los gritos alertaron a Sakura, que bajó a toda prisa a ver qué ocurría. Cuando bajó y se encontró la escena, lo primero que hizo fue ir hacia su sobrino y su cuñada, pero no sabía qué hacer. La única reacción que tuvo fue llamarlos desesperadamente por si despertaban milagrosamente. Fue la propia Sakura la que llamó a la policía minutos después, al comprender que estaban muertos. Una de las cosas que más llamó la atención de Sakura fue que al día siguiente, dos policías trajeados se presentaron en la casa de los Kinomoto mostrándole una orden de arresto. ¿Cómo podían tener la orden preparada tan rápido sin haber avanzado apenas en la investigación? Por lo visto, a pesar de que ella negara haber envenado a su familia, el que hubiera comprado los pasteles era un hecho incriminatorio. –¡Se equivocan, no he sido yo! –les decía Sakura. –¡Yo no he hecho nada! Pero los policías hicieron caso omiso y la agarraron cada uno de un brazo frente a la mirada decepcionada de su madre. –¡Mamá!¡Te juro que yo no he sido! –gritaba Sakura. Lo único que quería era que su madre la creyera, pero Nadeshiko se mostraba impasible y fría. Para su madre supuso una decepción tan grande que ni se molestó en escuchar a su hija. En el momento en el que su madre apartó la mirada, Sakura supo que ya la había juzgado y que no podría contar con ella. Eso la dejó sin fuerzas, y los policías aprovecharon esa debilidad para ponerle las esposas. Tras la detención, la llevaron a una sala de interrogatorios de la policía. –Le sugiero que admita el crimen. Tenemos testigos y pruebas. –dijo el policía que la interrogaba. –¡Yo no lo he hecho! –dijo Sakura golpeando la mesa con frustración. –¡¿Por qué iba a matar a mi sobrino y a mi cuñada?! ¡Los adoraba! –Entonces, ¿cómo explicas el veneno que hemos encontrado en tu habitación? –preguntó el policía. –¡No sé nada de ningún veneno!¡¿Por qué no me creen?! –preguntó Sakura desesperada. Varios días después, llegó el día del juicio. Todo el proceso se estaba desarrollando increíblemente rápido. Sakura estaba sentada en el banquillo de los acusados, un lugar en el que jamás pensó que llegaría a estar. Una mujer policía la custodiaba sentada a su lado por si la acusada decidía armar alboroto, pero Sakura sólo estaba con la cabeza gacha sin comprender todavía cómo había llegado a aquella situación. Entre el público, vestidos de negro riguroso por el luto estaba Nadeshiko y su hijo Touya. En su mano, Touya sostenía la alianza de su mujer La sostuvo el día del funeral y la volvía a llevar durante el juicio. La acusación llamó al primer testigo, que prometió decir la verdad. –Preséntese. –le pidió el abogado de la acusación. –Soy Yoshiyuki Terada, director de la Secundaria Tomoeda. Entre el público también estaba Keroberos, un periodista freelance que tomaba notas arduamente, anotando el nombre y profesión del primer testigo. –¿Qué sabe de la acusada, Sakura Kinomoto? –preguntó el abogado de la acusación. –Sé que robó cianuro potásico del armario del aula de química del instituto del que soy director. –contestó Terada. –¿Está seguro que es la chica que está ahí sentada? –preguntó el abogado señalando a Sakura. –Sí. –dijo Terada sin apenas mirarla, mientras que Sakura no entendía absolutamente nada de por qué ese señor estaba realizando esas declaraciones. –El guardia de seguridad confirmó que se coló por la noche. Me ha llegado a mis oídos su cuestionable comportamiento y que requiere una atención especial. Tras las declaraciones de Terada, llamaron al segundo testigo, Toshiya Suganuma, que vestía el uniforme de la Secundaria Tomoeda. –Soy Toshiya Suganuma, alumno de tercer año de la Secundaria Tomoeda. –dijo Suganuma cuando le pidieron que se presentara. Kero hizo lo propio con Suganuma y apuntó sus datos. –¿Qué tienes que decirnos sobre la acusada? –preguntó el abogado. –La vi en el parque dando de comer a un perro. Y a continuación, el perro murió. –dijo Suganuma. –De hecho, siempre estaba en el parque atormentando a los perros. Su hermano mayor me dijo que los odia. Estoy seguro que tiene celos de su hermano. Sakura giró la cabeza para mirar a Touya sin poder creer lo que oía. La expresión de su hermano era indefinible. El propio Touya sabía que aquello no era cierto, pero que su mujer y su hijo habían muerto era un hecho y no tenía fuerzas ni para protestar. ¿Acaso Suganuma insinuaba que había estado probando y practicando con un perro antes de hacerlo con su propia familia? Sakura se indignaba por momentos. Ella adoraba a los animales, especialmente a los perros. Nunca les haría algo así, al igual que tampoco se lo haría a su familia. Ni ella se creía que Touya le dijera eso y no quería que se llevara esa idea de su hermana. –Se equivoca. –musitó Sakura de manera imperceptible. –Turno para el abogado defensor. –dijo el juez una vez que acabó la declaración de Suganuma. Seiichi Matsunaga se levantó de su mesa. –No hay preguntas. –dijo Matsunaga. Sakura no daba crédito a lo que oía. ¿Acaso no pensaba defenderla?¿Qué clase de abogado le habían asignado? Después, la acusación llamó a un tercer testigo, Takashi Yamazaki, alumno de tercer año de la Secundaria Tomoeda. Era un joven de pelo negro corto que, al igual que Suganuma, vestía el uniforme del instituto. –Hace poco, Sakura me pidió que atacara a su hermano, pero rechacé la propuesta. –declaró Yamazaki. –¿Qué relación tiene usted con la acusada? –preguntó el abogado de la acusación. –Me tiró los tejos en la estación. Y desde entonces nos volvimos algo así como novietes. –dijo Takashi. –Después de que sus padres se divorciaran y su padre se marchara, cambió su actitud. Sakura miraba a su madre y hermano mientras negaba con la cabeza. Cada vez estaba más convencida de que todo aquello era una encerrona. Fin del flashback. Sakura bajó la ventanilla del coche. Ya le había dado su merecido a Terada, a Suganuma y a su abogado. Ahora era el turno de Yamazaki, al que vio salir del edificio seguido de una bonita chica castaña. Yamazaki se montó en su coche y se marchó mientras la chica le decía adiós con la mano.

00000000

Como cada mañana desde que recogieran a Ruby Moon del veterinario, Shaoran llevó a la perra de su mentor al salón canino Mon Ange. –Buenos días. –dijo Shaoran entrando. –Buenos días. –dijo Meiling recibiéndolo y cogiendo a la perra. –Buenos días, Ruby Moon. –¿Dónde está Sakura? –preguntó Shaoran. –Ha ido a hacer un servicio a domicilio. ¿No te lo había dicho ella? –respondió Meiling. –No. –respondió Shaoran. Últimamente le estaba costando mucho comunicarse con Sakura. – ¿Tampoco te ha llamado por teléfono? –preguntó Meiling. –No. –Shaoran, ¿acaso le has hecho algo? –preguntó Meiling con segundas. –Esto significa que te está evitando. –Meiling, no insinúes cosas raras. –dijo Tomoyo apareciendo desde su oficina, aunque en realidad, Shaoran comenzaba a pensar como Meiling. –Tengo que irme. –dijo Shaoran. –Y yo que pensaba que hacían buena pareja. –se lamentó Tomoyo al recordar la inesperada visita de la novia de Shaoran una vez que el chico se marchó. –Sí, pero creo que nos hemos perdido algo. –dijo Meiling. –Lo cierto es que su novia estuvo aquí ayer preguntando por Shaoran. –le confesó Tomoyo. –¡¿Su novia estuvo aquí?!¡Pensaba que no tenía novia! –exclamó Meiling sorprendida.

00000000

Como recordaba que hacía unos días llamaron a comisaría desde la prisión de Tochigi-kita diciendo que Wei se había olvidado su gorro, Kaho decidió ir hasta allí para ver si descubría algo, siendo recibida por Masahiko Ogawara, el alcaide de la prisión. –Aquí tienes. –dijo Ogawara entregándole el gorro de Wei en una bolsa de plástico. –Gracias. –Así que Wei ha desaparecido. –dijo Ogawara una vez que Kaho lo puso al día. –Sí. Justo después de que llamaras a comisaría para decir que se dejó aquí el gorro. –le dijo Kaho. –¿Qué vino a hacer aquí? –Dijo que estaba investigando sobre una rea que estuvo aquí. –contestó Ogawara. –¿Qué rea? –Sakura Kinomoto. –contestó Ogawara. –¿Cómo era? –preguntó Kaho. –Una chica muy mona. Castaña de ojos verdes. No es el perfil de mujer que suele acabar en la cárcel. Era una presa modelo. Recuerdo que siempre acababa todo el trabajo rápido y de forma muy eficiente. –dijo Ogawara. –Pero siempre estaba sola. Pese a eso, debido a su comportamiento ejemplar, fue lo suficientemente astuta como para conseguir la libertad condicional, a pesar de que estaba condenada a cadena perpetua. –¿Mencionó algo Wei? –Me dijo que realmente sentía lo que le ocurrió a Kinomoto.

00000000

Chiharu Mihara estaba en su apartamento acompañada de su perrita negra Silk y de Sakura, que había acudido allí a realizar un servicio a domicilio. La casa estaba llena de revistas en las que Chiharu era la protagonista por ser una reconocida idol. También había una percha con un montón de modelitos para perro. De hecho, Silk iba ataviada con un vestidito rosa, que contrastaba con su oscuro pelaje. –Silk, cálmate. –le decía Chiharu a la perrita, que no paraba de gemir nerviosa mientras se paseaba por el sofá en el que ambas estaban. –Toma Silk, esto es para ti. –le dijo Sakura a la perrita dándole unas galletitas para que se calmara. Una vez que Sakura había preparado todo el material de trabajo y que la perrita se calmó, Sakura la cogió cariñosamente. –Me alegro de que hayas venido tú, Sakura. Si no nos hubiéramos tropezado hace unos meses y me hubieses sugerido lo del entrenamiento para perros, Silk sería una maleducada. –dijo Chiharu. Lo que Chiharu no sabía era que su encuentro no había sido tan casual. Sakura conocía la relación que Chiharu mantenía con su próximo objetivo, por eso se había acercado a ella por medio de Silk y ahora era clienta habitual del salón Mon Ange. Sakura sólo sonrió. –Bien, vamos a bañarte. Verás que bien huele el champú. –dijo Sakura, ataviada con el delantal de color mostaza que tanto ella como Meiling utilizaban para trabajar, llevándose a Silk hacia el baño. Aprovechando que Chiharu se quedó en el salón, Sakura entró al dormitorio, donde vio dos maletas. –Voy a poner esto aquí. –le susurró Sakura a la perrita, mientras introducía unas galletitas en el bolsillo de una cazadora de hombre que había colgada en una silla. Después, le dio otras galletitas a Silk para que apartara el morro y colocó una bolsita con polvos blancos en el mismo bolsillo. Una vez colocó la droga, Sakura cogió a Silk para realizar su trabajo.

00000000

Takashi Yamazaki se dirigía en el ascensor de la Simons Tower a su enorme despacho, al que no le faltaba ningún lujo. Incluso había maquinaria para hacer pesas. Se había convertido en el presidente de la compañía tecnológica Cyber Road. Su personalidad siempre había sido algo prepotente y arrolladora, lo que lo ayudó a escalar posiciones dentro del mundo empresarial hasta conseguir todo lo que quería. Era rico, famoso y su novia, Chiharu Mihara era una bonita y famosa idol.–¿Tienes algo para mí? –preguntó Yamazaki por teléfono mientras mascaba chicle. –¿Mañana en el club? Me encantaría ir, pero mañana me voy de viaje. Me voy a París con Chiharu. Volveré en una semana más o menos. Cuando llegó a la puerta del despacho, metió una contraseña que confirmó con su huella dactilar. De esa manera, se abrió la puerta y entró hasta situarse frente a un póster de su novia en el que rezaba Road To the Future. Chiharu se había convertido en la imagen de la empresa del último producto que habían lanzado al mercado. –Presidente. Ha ocurrido algo. –dijo Eiji Tanaka, uno de los ejecutivos de la empresa entrando llevando un periódico. Eiji era un hombre que en su trabajo siempre vestía con traje y corbata. Llevaba gafas y siempre iba extremadamente peinado, mostrando una imagen impoluta y recta. A pesar de ser uno de los ejecutivos y accionistas de la empresa, también era la mano derecha de Yamazaki, aunque más bien hacía las funciones de secretario, no porque fuera su función, pero debido al carácter de Yamazaki, éste lo trataba como tal y Eiji no tenía el carácter suficiente como para enfrentarse a Yamazaki. A pesar de todo, al ser su mano derecha, era el único que junto al propio Yamazaki, tenía acceso al despacho del presidente. –Lo siento, luego te llamo. –dijo Yamazaki despidiéndose de la persona que tenía al teléfono mientras se dirigía a su mesa, donde tenía hasta tres monitores de ordenador. Detrás, Yamazaki tenía una impresionante vista de la ciudad. –¿A qué viene tanto apuro? –¿Sabías esto? –preguntó el ejecutivo, mostrando la primera plana del periódico, en la que se denunciaba que las drogas se estaban extendiendo demasiado en el mundo del espectáculo y que además, Tadashi Nomune, su mejor amigo había sido detenido por asuntos de drogas. –Qué idiota. ¿Cómo se ha dejado atrapar? –Presidente, ¿usted no suele salir con él de fiesta? –preguntó el ejecutivo. –Sí. –admitió Yamazaki despreocupado. –¿No me digas que tú…? –¿Yo? Claro que no. –interrumpió Yamazaki sabiendo cómo acabaría la pregunta. –Y si lo hiciera, no me dejaría arrestar por eso. Mira, en este mundo, una persona con dinero puede sortear las leyes que elija.

00000000

En la comisaría, Shaoran citó a Tamura, un jefe de sección de otro departamento que, según le había dicho Hirata, también había participado en la investigación a las órdenes de Wei cuando tan sólo era un agente más. Shaoran era consciente de que Wei había participado en la investigación del caso de los pastelitos envenenados, pero lo que no se imaginaba era que fuera el responsable del caso. –Siento haberle llamado por un caso de hace quince años. –se disculpó Shaoran ante Tamura, al que había citado en la sala de interrogatorios. –Si no me equivoco, usted participó junto a Wei en la investigación del caso de los pastelitos envenados, ¿cierto? –Sí. Además, debe de haberlo visto en el informe. –dijo Tamura. –El informe estaba incompleto. –le dijo Shaoran. –¿Incompleto? Qué extraño. –Sí, yo también me pregunto por qué. –reconoció Shaoran. –En cualquier caso, te ruego que te des prisa en encontrar a Wei. Ha estado preocupado por ti durante un tiempo. –le confesó Tamura. –Me dijo que mientras él estuviera en comisaría, tú no dimitirías. Flashback. –¿Vuelves a empezar? –preguntó Wei después de que Shaoran hubiera estado un tiempo de baja tras lo que le sucedió a Yukito. Estaba tan afectado que incluso se planteó en dejar la profesión. –No. Después de meditarlo mucho, he decidido dimitir. –respondió Shaoran ofreciéndole a Wei su carta de dimisión. Había tomado esa decisión porque la muerte de Yukito pesaba demasiado sobre su conciencia. –Shaoran, ¿cómo te sientes ahora? –preguntó Wei, obviando la carta. –¿Son sentimientos de dolor y sufrimiento por la familia de Yukito? Porque si es así, sólo tú puedes hacer algo. A pesar de haberle insistido, Wei no aceptó la carta de dimisión y le pidió que continuara en el cuerpo. Shaoran se sentía tan en deuda con él por haber sido su maestro que decidió seguir, a pesar de todo su dolor. Fin del flashback –Si recuerda alguna cosa más, hable conmigo, por favor. –le dijo Shaoran a Tamura mientras salían de la sala de interrogatorios, hecho que no pasó desapercibido para Kaito, que llegaba en ese momento de alguna parte. –¿Dónde está Mitzuki? –le preguntó Kaito a Takabe. –Se fue temprano. –respondió Takabe. –Está fingiendo ayudarme. –musitó Kaito para sí.

00000000

Tras haber hablado con Tamura, Shaoran se marchó hacia las oficinas del Ministerio Fiscal. Además, se había enterado por Tamura que la policía sólo manejaba la hipótesis del suicidio en la muerte del reputado abogado Seiichi Matsunaga, cuando a él le parecía al menos otra muerte sospechosa, como las de Terada y Suganuma. Una vez en las oficinas, y haciendo uso de su placa recientemente recuperada, solicitó a uno de los responsables los informes criminales de hacía quince años. –A menos que tenga justificación, no puedo extraer los informes. –le dijo el responsable. –Está relacionado con un caso que estoy investigando. –le explicó Shaoran. –En ese caso no habrá problema. –dijo el hombre retirándose para buscar los informes.

00000000

Una vez que Sakura había bañado a Silk, puso a la perra encima de una plataforma portátil que empleaba para realizar los servicios a domicilio. Estaba terminando de cortarle el pelo a la perra cuando sonó un teléfono móvil. –Sakura, ¿podrías mirarme en la pantalla quién me llama? –le pidió Chiharu, que se estaba haciendo las uñas en el sofá. –Claro. –dijo Sakura bajando a la perra a modo de precaución. –Es Yamazaki. –Entonces contestaré. –dijo Chiharu. Sakura le llevó el móvil y se lo sostuvo a Chiharu mientras hablaba. –Hola, cariño. –saludó Chiharu. –Perdona, es que me estoy haciendo las uñas. Te llamo luego, ¿de acuerdo? Mientras tanto, Silk aprovechó que nadie le estaba haciendo caso en ese momento para salir del salón y dirigirse al dormitorio, donde estaban las galletitas que había dejado Sakura en el bolsillo de la chaqueta de Yamazaki. –Parece que os va bien. –comentó Sakura una vez que colgó el teléfono. –Sí. Mañana nos vamos a París. –le contó Chiharu. –¿De verdad? Qué envidia. –dijo Sakura. –Pero debes mantener nuestro viaje en secreto. Últimamente el ambiente en su empresa está algo enrarecido por lo que se ha venido publicando en prensa. –le pidió Chiharu señalando el periódico que había sobre la mesa, donde mostraba en portada a Nomura. –Nomura es amigo de mi novio y lo han arrestado por consumir speed. –Vuestro secreto está a salvo conmigo. –dijo Sakura para que Chiharu no se preocupara. –Cuéntame, Sakura, ¿tienes novio? –preguntó Chiharu. –Cuando te conocí no tenías, pero igual en este tiempo has encontrado a alguien. –No. –No puede ser. ¿No hay nadie que te guste? –insistió Chiharu. –No tengo tiempo de enamorarme. –dijo Sakura. –Por cierto, ¿dónde está Silk? –preguntó Chiharu, al no ver a su mascota por ninguna parte. Por lo que se levantó y se puso a buscarla por el apartamento mientras la llamaba, hasta que llegó al dormitorio. –Silk, ¿qué estás haciendo? Esa es la cazadora de Takashi. Cuando Chiharu apartó a la perrita extrajo del bolsillo una bolsita con polvos blancos. –¿Qué es esto? –se preguntó Chiharu. Sakura se asomó, pretendiendo buscar a Silk. –Chiharu. –Sakura, te juro que no es mío. –se apresuró Chiharu a aclararlo para que Sakura no malinterpretara lo que había visto. –Yo no consumo droga. Después de todo, estaba en la chaqueta de Takashi. Tienes que creerme, Sakura. Sakura sabía a ciencia cierta que decía la verdad. Después de todo, fue ella misma la que colocó allí la bolsita para que Silk la encontrara. –Te creo. –la tranquilizó Sakura. –No creo que seas esa clase de persona. –Gracias, Sakura. –Pero supongo que Yamazaki sí lo es. –dijo Sakura. –¿Puedes guardar el secreto? –le pidió Chiharu. Las dos chicas volvieron al salón para hablar con más tranquilidad. –Entonces, los rumores de que Yamazaki consume droga son ciertos. –comentó Sakura. –Un reportero de un semanal me preguntó a las puertas de Mon Ange. –¿Qué? ¿Por qué un reportero iría allí a preguntarte? –Parece que sabía que soy la peluquera de Silk. Ya sabes, es una perra muy famosa. –mintió Sakura. –También me preguntó sobre tu relación con Yamazaki. Por supuesto, no dije nada. Pero, ¿sabías que te vigilaban? Después de todo, eres famosa. –Es verdad. ¿Qué puedo hacer? –preguntó Chiharu empezando a agobiarse. –Ahora también sospecharán que yo también consumo droga. –Chiharu. ¿Quieres mantenerte al margen de todo y proteger tu carrera? –le preguntó Sakura. –Por supuesto. Sería terrible que dejaran de llamarme para trabajar por todo esto. –En ese caso, creo que lo mejor es que te alejes de Yamazaki lo antes posible. –dijo Sakura. –Cuanto más tiempo estés con él, más sospecharán. –¿Y cómo puedo hacerlo? –preguntó Chiharu agobiada. –Déjamelo a mí. –se ofreció Sakura. –Pero Sakura, tú no tienes nada que ver con esto. –le dijo Chiharu. –Dame la droga. Me desharé de ella. –dijo Sakura. –Gracias. –A cambio, haz lo que te diga. –dijo Sakura. –Está bien. Eres muy buena conmigo.

00000000

Yuna D. Kaito colgó el teléfono con fuerza tras recibir un aviso. –Ha habido un asesinato en Shibuya. El comisario de esa jurisdicción nos pide apoyo. –dijo Kaito a sus agentes. En seguida, todos los agentes dejaron todos sus quehaceres para salir raudos hacia Shibuya. –¿Dónde está Mitzuki? –He intentado localizarla, pero no ha habido forma. –dijo Takabe. Una vez que se marcharon todos los agentes, a Kaito le sonó el teléfono móvil. –¿Diga?... Ah, ¿estás preocupado por Wei?... No, todavía no sabemos si está vivo o muerto. Pero no te preocupes. Sólo te pido un poco más de tiempo. Ya he hecho las gestiones necesarias para que se encarguen de ese asunto. –dijo Kaito.

00000000

Para sorpresa de Shaoran, el empleado de la fiscalía volvía con las manos vacías alegando que no podía sacar los informes que le pedía, cuando previamente le había dicho que no habría problema al solicitarlos por una investigación policial. –¿Cómo que no puede sacarlos? –preguntó Shaoran. –Antes no puso ninguna objeción. ¿No le parece extraño? –Por mucho que se queje, son órdenes de arriba. –dijo el empleado. –¿Quién es el de “arriba”? –preguntó Shaoran. El empleado de la fiscalía prácticamente le había confirmado que alguien estaba obstruyendo la investigación. –No puedo responder a eso. Si me disculpa. –el empleado de la fiscalía se levantó, dando por terminada la conversación. Consciente de que no sacaría nada de allí, Shaoran salió del edificio, cuando le llegó un mensaje de Kaho. He ido a la prisión de Tochigi-Kita. Volveré esta noche. Tras leer el mensaje, Shaoran decidió llamar a Kero.

00000000

Lo que nadie se esperaría era que Kero fuera prácticamente un indigente. Tenía una chabola montada cerca de un puente. Cerca había otras chabolas de los indigentes que lo estaban acompañando en aquel momento. Por la parte inferior pasaba un río. Kero estaba sentado en un sofá bastante destartalado junto con otros compañeros mendigos que se habían montado aquello como una especie de sala común. –Ha pasado mucho tiempo, pero aquel artículo supuso una primicia enorme. –dijo Kero mientras le contaba batallitas a dos de sus vecinos. Después se levantó y continuó hablando sólo mientras se dirigía a su chabola. –Si pudiera terminar de escribir el artículo, podría volver al mundo esplendoroso de antes. Pero todavía no tengo todas las pruebas. Sólo necesito un poco más de tiempo. Kero no lo contaba con nostalgia o pesar, sino como si se lo tomara a broma. Una vez dentro, apartó una cortina, donde ocultaba las fotos que había sacado a Terada cuando saltó del edificio. También tenía varias fotos de Suganuma muerto en la estación y otras tantas de Matsunaga, todavía vivo mientras salía del hospital seguido por Sakura y otras muerto dentro de la cabina. Kero se sentó frente a un ordenador portátil. Aquella pequeña chabola se había convertido en su refugio y el lugar donde daba forma a sus investigaciones. Al final aquel lugar resultó ser un buen escondrijo para todo el material sensible que manejaba. Al fin y al cabo, ¿Quién querría ir allí? Además, aquel modo de vida le permitía tener sus propias fuentes de información. –Si no puedo volver como periodista, no podré salvar a mi hijo. –dijo Kero para sí, extrayendo una fotografía de un niño del bolsillo del pecho de su chaqueta. Entonces le sonó el teléfono. –Vaya, ¿será una oferta de trabajo? ¿Diga? Hola, Shaoran. Estoy ocupado… ¿Los informes del juicio? Shaoran, si no te han dejado verlos a ti, que eres policía, no hay forma de que me los dejen ver a mí. Pero no quiero que digas que no te he echado una mano, así que, déjame tiempo para pensar. Una vez que colgó, Kero puso su atención al procesador de textos que tenía abierto en el ordenador. Kero estaba frente a la primera página de su artículo.

La mujer que hizo un pacto con el Diablo.

00000000

Tras haberse ofrecido a ayudar a Chiharu, Sakura le había preguntado si Yamazaki tenía familia. Una vez que le dijo que tenía a su abuela en una residencia de lujo, Sakura fue hacia allí. Era una residencia que incluso tenía habitaciones para familiares en las que se podían hospedar si venían de visita de algún lugar lejano. No fue complicado entrar en la habitación de la señora, que parecía más un apartamento que cualquier otra casa. De hecho, aquella habitación era mucho más grande que su propio apartamento. Simplemente la avisaron desde recepción que una voluntaria social empezaría a ir a visitarla de vez en cuando para hacerle compañía. En seguida, Sakura se ganó el afecto de la señora Yamazaki. Tras tomar un té, la anciana adquirió la suficiente confianza como para pedirle a Sakura que le imprimiera un documento que necesitaba sobre algún trámite. –Aquí tiene. –le dijo Sakura entregándole un papel que acababa de imprimir. –Muchas gracias, Sakura. Mi nieto me dejó esto para mí, pero no sé cómo usarlo. –dijo la señora Yamazaki refiriéndose al ordenador y la impresora. –No es ninguna molestia. Me gusta hablar con usted. –Mi nieto vendrá cualquier día de estos. –dijo la señora Yamazaki mirando una pequeña foto enmarcada junto a la televisión. En la foto, aparecía ella sentada y su nieto Takashi detrás. Ambos estaban muy sonrientes. –¿Ese es su nieto? –preguntó Sakura. –Sí. Es un sol conmigo. Tú también eres muy amable y educada. Seguro que tus padres te dieron mucho amor desde pequeña. –dijo la señora Yamazaki. –Bueno, tengo que volver al trabajo. –dijo Sakura sin querer seguir por esos derroteros. –Vuelve otra vez. –le pidió la mujer. –Claro. Adiós. Cuando Sakura bajó a la recepción, sacó el teléfono móvil de Chiharu para ver el número que le interesaba y llamó a Yamazaki desde un teléfono público que había a las puertas del edificio. Sakura convenció a Chiharu para que le diera su móvil temporalmente para evitar que hablara con Yamazaki, como parte del plan para alejarse de alguien que había resultado ser una persona tan tóxica. –¿Chiharu? –contestó Yamazaki asumiendo que era su novia quien lo llamaba. A pesar de los titulares de los periódicos y de que su mejor amigo de momento estaba entre rejas a la espera de juicio, no parecía demasiado preocupado. De hecho estaba muy relajado con las piernas sobre la mesa. – Lo siento. Soy Sakura. –¿Sakura? –¿Has olvidado mi voz? Supongo que es normal. Ya han pasado casi quince años. Soy Sakura Kinomoto. ¿Te acuerdas ahora? –Kinomoto. –dijo recordando. Al recordarla, Yamazaki se puso tenso, bajando incluso los pies de la mesa. –¿Cómo has conseguido mi número de teléfono? –Eso ahora no importa. ¿Has recibido la carta? –preguntó Sakura. –Está en un sobre rojo. Yamazaki se puso a buscarla entre la bandeja del correo. Cuando dio con ella, le dio la vuelta y vio una pluma de cuervo grabada a la que no le dio la menor importancia. Cuando abrió la carta, vio que dentro había varias fotografías en las que aparecía él esnifando droga en un club. –¿A que soy buena fotógrafa? No será suficiente con que niegues haber consumido. –dijo Sakura. –Me pregunto qué ocurrirá si estas fotos llegan a los medios. –¿Me estás amenazando? Porque no tiene sentido. Más vale que te olvides. Eres una asesina. Nadie te creería. –dijo Yamazaki intentando darle la vuelta a la situación. Era cierto que si esas fotos llegaban a los medios de comunicación su carrera y su reputación se esfumarían, pero no se lo dejaría hacer ver a ella. –Estoy deseando verlo. –dijo Sakura antes de colgar. Yamazaki rompió las fotos, las tiró a la papelera y le dio una patada frustrado por el rumbo que había tomado su situación ante la repentina aparición de Sakura.

00000000

–Parece que te ha tomado bastante tiempo el perro de Chiharu. –dijo Tomoyo una vez que vio aparecer a Sakura en el salón. –Me ha hecho escuchar todos sus problemas. Supongo que necesitaba desahogarse con alguien. –se justificó Sakura. –Me alegra que seas así de amable, pero tu tiempo también es importante. –dijo Tomoyo. –Así que, cuando tengas algo de tiempo libre, deberías dedicártelo a ti misma. –Gracias, Tomoyo. Pero no necesito tiempo para mí. –No digas esas cosas. Ya has pagado más que suficiente por tu crimen. –dijo Tomoyo, que conocía las circunstancias de Sakura cuando la contrató. –Sakura, una mujer pregunta por ti. –dijo Meiling entrando desde la recepción. Cuando Sakura salió, en el sofá vio a una mujer de un cabello pelirrojo bastante largo. Parecía vestir con estilo y distinción, pero sin dejar de ser casual. Esa distinción se acentuó cuando se levantó del sofá. –Eres Sakrua Kinomoto, ¿verdad? ¿Estás trabajando? Porque puedo esperar a que acabes. –dijo la pelirroja. Desde la oficina, Tomoyo y Meiling asomaban la cabeza con curiosidad. –No importa. Disculpe, ¿quién es usted? –preguntó Sakura. –Soy Kaho Mitzuki. Parece que has estado ayudando a Shaoran Li. –En realidad, no es para tanto. –dijo Sakura, sin saber qué relación podía unir a esa mujer con Shaoran. –Siéntate, por favor. –la invitó Kaho, a pesar de que la persona externa al salón era ella. Sakura se sentó con algo de tensión, mientras que Kaho volvía a sentarse en el lugar donde había estado sentada previamente. –Me da la impresión de que te llevas muy bien con él. –Supongo que lo normal. –dijo Sakura. –¿Cuánto tiempo ha estado viniendo por aquí? –preguntó Mitzuki. –Desde hace no mucho. Desde que la señora Wang tuvo el accidente. ¿Conoce usted a la señora Wang? –preguntó Sakura. –Por supuesto. –Shaoran está cuidando de su perro en su casa. –explicó Sakura. –Así que está cuidando de su perro. No tiene suficiente con actuar por su cuenta. –dijo Kaho, comentando esto último para sí. Entonces se levantó para ponerse tras Sakura. Aquello parecía que se estaba convirtiendo en un interrogatorio policial. Lo que Sakura ignoraba es que realmente lo era. –Pero no creo que sea todo, ¿verdad? Porque parece que viene aquí todos los días. Lo cual, no me parece muy normal. –Me pidió que cuidara del perro durante el día. –dijo Sakura. –Entonces, ¿este negocio es lo único que te une a Shaoran? ¿Vuestra relación es estrictamente profesional? –preguntó volviendo a ponerse delante de Sakura. –No sé qué quiere que le diga. –dijo Sakura sin comprender tanta pregunta. Entonces se levantó y se puso a su altura. –En vez de a mí, ¿no debería preguntarle todo esto a Shaoran? ¿O acaso hay algo que no puede preguntarle? –Lo cierto es que no. Tan sólo quiero saber con qué clase de persona está tratando. –dijo Kaho. Entonces, se colgó el bolso al hombro. –Tengo que irme. Adiós.

00000000

Shaoran fue al hospital en el que estaba ingresada Shigeyo, la mujer de Wei para ponerla al día. –¿Todavía no has descubierto nada? –le preguntó la señora Wang. –Lo siento. –dijo Shaoran, lamentando realmente no poder decirle nada sobre el paradero de Wei. –Va, Shaoran, no te disculpes. Tú no has hecho nada malo. –dijo la mujer al ver la cara contrariada de Shaoran. –¿Cómo está Ruby Moon? –Durante el día la cuidan en el salón canino y por la noche me hago cargo yo. Por cierto, no quiero que sepan que soy detective. –dijo Shaoran, por si acaso se le ocurría llamar preguntando por Ruby Moon. –Lo entiendo. No diré nada. –dijo la mujer. –¿Por qué eligió ese salón canino? –preguntó Shaoran, intentando indagar en la relación de Wei con Sakura, la condenada por el caso de los pastelitos envenados del que su mentor era el principal responsable. –En realidad lo eligió Wei porque ese salón acepta gente que está a prueba y necesita nuevas oportunidades en la vida. –contestó Shigeyo. –Mi marido consideraba que era un lugar seguro en el que Ruby Moon estaría muy bien tratada. –¿Wei lo eligió? –Él solía decir que no sólo quiere detener a criminales, sino ayudarlos a su rehabilitación y reinserción. –explicó Shigeyo. Con lo que le dijo Shigeyo, Shaoran estaba cada vez más convencido de que la elección de ese salón canino para Ruby Moon no fue para nada casual. También se estaba reafirmando en la idea de que había algo más en el caso de los pastelitos envenenados que no venía reflejado en los informes oficiales. A eso se le suma el hecho de que no le dejaran ver los informes de fiscalía, cuando al principio no habían puesto pegas.

00000000

Tras la tensa conversación, o más bien interrogatorio que tuvo con Sakura, Kaho se fue al bar de Yue. Yue, además de barman, también era aficionado a la astrología, y de vez en cuando le echaba las cartas del tarot a quien se lo pidiera. Al ver a Mizuki tan pensativa, decidió echárselas para distraerla un rato. Una vez que las puso sobre la barra, Kaho descubrió una. –¿Y bien? –preguntó Kaho. –El carro en posición inversa. Demasiadas emociones pugnan por salir y se están saliendo de control. –dijo Yue interpretando la imagen del naipe. A pesar de que Kaho era escéptica en cuanto a temas astrológicos se refería, pensó que Yue no podía haber dado más en el clavo. No sabía si pensar en que era una casualidad o que Yue era muy bueno. Mientras sostenía el naipe pensativa, Shaoran apareció en el bar y se sentó a la barra junto a Kaho. –¿Alguna novedad? –preguntó Shaoran refiriéndose al caso y sin saludar. –Parece que Wei investigaba a una chica llamada Sakura Kinomoto. ¿Te suena? –dijo Kaho, con la intención de ver la reacción de Shaoran al pronunciar el nombre de la castaña. –No lo sé. –dijo Shaoran fingiendo no saber nada, aunque Kaho sabía que mentía. –Parece que cuando Wei supo en qué condiciones estaba esa chica en prisión, sintió compasión por lo que le ocurrió. –explicó Kaho. –Sintió compasión. –musitó Shaoran para sí. Entonces, se le agolparon en la cabeza las declaraciones de Kero y de la mujer de Wei. Flashback –En cuanto al caso de los pastelitos envenenados, se rumorea que el verdadero culpable es otra persona. –dijo Kero, al que le gustaba dosificar la información.

00000000

–Él solía decir que no sólo quiere detener a criminales, sino ayudarlos a su rehabilitación y reinserción. –explicó Shigeyo. Fin del flashback. –Parece que hay algo detrás del caso de hace quince años. No hay duda de que de alguna manera, Kinomoto está relacionada con la desaparición de Wei. –dijo Kaho. Shaoran siempre supo que Kaho era una gran detective y pese a haberla mantenido al margen de la investigación, ella también había llegado a esa conclusión. –A saber. –dijo Shaoran marchándose sin querer reconocerle ese mérito. Seguía sin fiarse porque estaba seguro que aunque ella no actuara de mala fe, Kaito la presionaba para mantenerlo a él vigilado, por lo que no quería darle pistas y poner a Kaho en la tesitura de tener que informar a Kaito con la verdad.

00000000

Estaba anocheciendo y en la comisaría sólo quedaban Ryo Katokura y Yuna D. Kaito. Kaito conocía demasiado bien a Mitzuki y sabía que ella no quería perjudicar a Shaoran. No se fiaba de que la información que le pasaba sobre el castaño fuera del todo precisa o fiable. Por ello, había encargado a Ryo que estuviera atento al comportamiento de Mitzuki. –Parece que Mitzuki ha visitado la prisión de Tochigi-kita. –informó Ryo a Kaito. –Entiendo. Gracias. Puedes irte a casa. –le dijo Kaito. Cuando Kaito se quedó sólo, se dirigió al ordenador de Shaoran, donde le apareció el caso de los pastelitos. Desde hacía unos días, Ryo estaba intrigado con el asunto que llevaban Li y Mitzuki entre manos. Además, su jefe le había pedido que vigilara a sus compañeros. Por eso, se asomó por el resquicio de la puerta para comprobar también el comportamiento de su jefe.

00000000

Cuando Shaoran se marchó del bar se dirigió hacia el salón canino para recoger a Ruby Moon, pero una vez allí, fue abordado por Tomoyo. –Shaoran, ¿podrías dejar comportamientos que causan malentendidos? –le reprendió Tomoyo para sorpresa de Shaoran. –¿Qué? –preguntó Shaoran sin comprender. –Parece que tu novia lo ha malinterpretado todo. Hoy ha venido al salón. –dijo Tomoyo. –¿Mi novia? –Sí, una mujer pelirroja, esbelta y muy bonita. –describió Tomoyo. –Ella no es mi novia. Es una colega. –dijo Shaoran comprendiendo que hablaba de Kaho, mientras que Meiling, que espiaba, estaba con la boca abierta por la sorpresa. –¿Ha causado algún problema? –Ella misma nos dijo que era tu novia. –dijo Tomoyo. Meiling volvió a la zona de trabajo emocionada, donde Sakura cortaba el pelo a un perro. –¡Sakura! Por lo visto la mujer de antes sólo es una colega de Shaoran. –dijo Meiling. –Ha dicho que no es su novia. Entonces, las chicas escucharon alboroto afuera. –Bienvenida. –dijo Tomoyo a la clienta que venía a recoger a su perro. –¡¿Dónde está mi perro?! –exclamó la mujer airada mientras entraba a la zona de trabajo sin permiso y cogía a su perro. –¡Detente!¡No le toques!¡No toques a mi bebé con esas manos! Daidouji, ¿acaso no conoces el pasado de tu empleada? ¡He oído rumores de las altas esferas de la policía de que es una asesina! Su presencia aquí sólo puede traer problemas. Será mejor que la despidas rápido. –¡No tengo intención alguna de despedir a Sakura! –dijo Tomoyo estoicamente defendiendo a Sakura. –¡¿Pero cómo...?! –Sakura no ha causado ningún problema a ningún cliente y su habilidad y su técnica de trabajo es indiscutible. Además, estoy al corriente de su pasado desde que la contraté. Estoy muy satisfecha con mis empleadas. Si eso le supone algún problema, le ruego que se marche de Mon Ange. –No sabéis cuánto me arrepiento de no haber sabido esto antes. –dijo la mujer marchándose indignada con el perro con el pelo a medio cortar. –Tomoyo, lo siento. –se disculpó Sakura en cuanto la indignada clienta se marchó del salón. –No te preocupes por clientes así. Meiling, es hora de ir cerrando. Empieza a recoger. –dijo Tomoyo intentando evitar el tema. –¡Sí! –dijo Meiling. –Ruby Moon, ven aquí. –dijo Tomoyo cogiendo a la perra para entregársela a Shaoran. –Shaoran, siento que hayas tenido que ver el espectáculo que ha montado esa clienta. –No importa. –le restó importancia mientras agarraba a la perra. Pero Shaoran sabía que Sakura estaba triste de que alguien le hubiera recordado ese pasado. Por eso, decidió esperarla fuera. Cuando Sakura fue a cerrar la puerta exterior y a cambiar el cartel a cerrado,se encontró con Shaoran allí esperándola con Ruby Moon en brazos. Una vez que cambió el cartel, Sakura se disponía a volver al salón. –¿Por qué me ignoras? –No es mi intención, pero ya has oído lo de antes. –dijo Sakura sin mirarle. –Tengo antecedentes penales. –Pero eso es cosa del pasado, ¿no? No me molesta. Después de todo, te dije que odio a la policía. ¿No estarás pensando en dejar el salón? –Creo que es lo mejor. –dijo Sakura, sorprendida de que intuyera sus intenciones. –Tomoyo conoce tu pasado y parece que quiere protegerte. No dejes que su comprensión se vaya al traste. Estoy seguro de que te arrepentirías. –dijo Shaoran. Entonces, Sakura lo miró a los ojos por primera vez desde comenzaron la conversación. –¿Te apetece un café? Una vez que Sakura recogió sus cosas, los dos acabaron en el puerto. Shaoran había ido a sacar un par de latas de café de una máquina expendedora. Mientras, Sakura estaba extrañada por el lugar escogido por el chico. –Sujétalas. –dijo Shaoran. Sakura se metió las latas en su bolso mientras que Shaoran saltaba la valla con relativa facilidad, para sorpresa de Sakura, que no esperaba que fueran a ir más allá. –¿Puedes saltar la valla? –Supongo. –dijo ella no muy segura. Sakura le pasó el bolso y a la perra, que dejó en un pequeño velero que había tapado sobre el asfalto mientras Sakura cruzaba al otro lado de la valla. –¿Estás bien? –preguntó Shaoran una vez que estaba sentada encima de la valla. –Sí. –Dame la mano. –Puedo bajar yo sola. –No seas cabezota y dame la mano. –ante la insistencia, Sakura cogió las manos de Shaoran y saltó, quedando los dos prácticamente abrazados. Los dos se miraron a los ojos atraídos el uno por el otro, cuando el sonido del teléfono de Sakura rompió el momento. –Está sonando el móvil. Shaoran miró hacia el bolso, desde el cual asomaba un teléfono. Mientras sonaba, en la pantalla se podía leer perfectamente que quien llamaba era un tal Yamazaki. Sin darle la menor importancia, Shaoran le pasó el bolso para que cogiera el móvil, pero Sakura le colgó. De hecho, era el teléfono de Chiharu, así que no pensaba contestarle. Ambos siguieron caminando hasta llegar a una zona desde la que si fuera de día, se podría ver el mar. Sólo por la tenue iluminación del puerto y el sonido del agua se sabía que el mar estaba frente a ellos. Allí sacaron las latas de café para beberlas tranquilamente. –Está muy oscuro. –dijo Shaoran. –Eso me calma. No me gusta cuando hay demasiada luz. –dijo Sakura. –¿Por qué hemos venido aquí? –Cuando era estudiante, venía aquí cuando me sentía mal o estaba molesto, lo cual era bastante a menudo. Después de pasar aquí un rato, me sentía un poco mejor. –confesó Shaoran. –Mira ahí abajo. Algo está brillando. –dijo Sakura. Justo en el agua que había cerca del rompeolas brillaba una luz azulada. –Es noctiluca. –dijo Shaoran. –¿De verdad? Es precioso. Es la primera vez que lo veo. –dijo Sakura, asombrada por el destello bioluminiscente que desprendía el plancton. –¿En serio? –preguntó Shaoran, sorprendido de que nunca hubiera visto un fenómeno que era tan común allí. –Hace como veinte años que no veo el mar de frente. –dijo Sakura. Shaoran no le apartaba la mirada pensando en lo duro que habría tenido que ser todo por lo que había pasado. Cuando Sakura fue consciente de la intensa mirada de Shaoran, se la sostuvo por unos segundos, hasta que la apartó con timidez. –Gracias por el café. Me voy. –¿Qué pasa? –preguntó él agarrándola del brazo para evitar que se marchara. –Déjame marcharme, por favor. –dijo Sakura empezando a llorar. –Lo siento. Yo… no puedo manejar esto. He estado sola durante mucho tiempo. No estoy acostumbrada a que sean amables conmigo. Así que, por favor, no vuelvas a acercarte a mí. Sakura no dijo aquello enfadada, sino porque no se sentía merecedora de ese trato amable. Pero Shaoran no estaba dispuesto a que Sakura siguiera sola por más tiempo. Por eso, sin mediar palabra, la abrazó con efusividad. A pesar de la idea que tenía de marcharse, Sakura se dejó vencer y rompió a llorar entre los brazos de Shaoran. Sintió su pecho y sus brazos como un refugio en el que se sentía a salvo de todo. Pero entonces, volvió a ser consciente de su situación y se apartó de él, marchándose corriendo, ante la preocupada mirada de Shaoran.

00000000

Ya amaneció tras otra noche de insomnio en la que Shaoran no dejaba de pensar en Sakura, cuando Kero lo llamó por teléfono. –¿Qué pasa ahora?...¿Qué?... Está bien. Nos vemos en dos horas. –dijo Shaoran con pesar.

00000000

Sakura aparcó el coche de la empresa a las puertas de un hotel. Del maletero sacó un enorme trasportín para perros grandes. Sólo si te fijabas bien, podías ver a una persona con la cabeza tapada dentro de él. Con la ayuda de un carrito, introdujo el trasportín en el hotel.

00000000

–Dame un minuto. –le pidió Shaoran a Kaho una vez que llegó a la comisaría. Ambos entraron a la sala de reuniones para hablar con más privacidad. –¿Por qué fuiste al salón canino? –Para obtener información. –respondió ella. –No me decías nada, así que no tuve elección. Para no revelar que las estaba investigando les dije que era tu novia. Apostaría que eso la removió, aunque se mostró tranquila. No importa cuánto la provocara, no mordía el anzuelo. Pero hay muchas clases de criminales intelectuales. –No hagas cosas innecesarias. –dijo Shaoran molesto. –¿Qué hay de malo en investigar un caso que me han asignado? Tú dices que quieres ir por tu cuenta, así que yo también lo hago. –Shaoran se removió incómodo ante esas palabras. Lo cierto es que no podía rebatir aquello. –He estado pensando en el significado de lo que dijo Wei. Quizás, los cargos que le imputaron a Kinomoto son falsos. –No niego esa posibilidad. –reconoció Shaoran. –Si las acusaciones fueron falsas, es probable que busque venganza. –dijo Kaho. –Esa hipótesis podría ser peligrosa para Wei y por eso desapareció. En otras palabras, Sakura Kinomoto es… –Eso no es posible. –la cortó Shaoran firmemente. –¿De verdad lo crees? –A saber. –dijo él sin querer reconocerlo. –Dime Shaoran, ¿no te estarás implicando demasiado? –preguntó Kaho. –Me da la impresión de que no puedes mantener tu objetividad con el caso, así que, déjamelo a mí. –Ni hablar. –¿Es que no lo entiendes? Si descubre que eres detective, todas las pistas que tenemos sobre el paradero de Wei no valdrán de nada. –argumentó Kaho. Entonces se colocó frente a él y lo miró a los ojos. –¿Te estás acercando a ella por la investigación, o por ti? –No voy a responderte a eso. –dijo Shaoran saliendo de allí. A Shaoran le molestaba que Kaho lo pudiera leer tan bien. Cuando Kaho salió tras él, Kaito la cogió del brazo y la obligó a sentarse en unos sillones que había en la zona de descanso. –Kaho. ¿Dónde estuviste ayer? –preguntó Kaito. –Investigando la desaparición de Wei. –respondió ella. –Te dije que vigilaras a Li. –Y también dijiste que estaba a cargo de la investigación de la desaparición de Wei. –contestó ella sin achantarse. –No te equivoques. –dijo Kaito de manera cortante. –Estás aquí para vigilarle. Dime, ¿en qué anda metido Li? –En nada. –respondió Kaho.

00000000

Yamazaki había estado intentando localizar a su novia desde la noche anterior, pero ni contestaba al teléfono móvil y siempre le salía el contestador cuando probaba a llamar a su apartamento. Harto de que no contestara, decidió dejarle un mensaje en el buzón de voz del móvil. –Chiharu, empiezo a hartarme. Haz el favor de llamarme. Si para las diez no me has llamado, cancelaré el viaje. –dijo Yamazaki. Lo que el joven empresario no sabía era que el teléfono móvil de Chiharu lo tenía Sakura, que sonrió al escuchar el mensaje, pensando que Yamazaki iría de viaje, pero no a París precisamente, sino a un lugar de no retorno.

00000000

Tal y como convinieron hacía un par de horas, Kero y Shaoran se reunieron en un lugar perfecto para pasar algo de forma clandestina. –Toma. –dijo Kero entregándole una carpeta en la que la pinza interior sujetaba una serie de folios cuyo título era Caso de los pastelitos de chocolate envenenados de Tomoeda. Shaoran empezó a ojear las páginas. Cada una de ellas estaba dedicada a cada uno de los testigos del caso que declararon en el juicio, de los cuáles, tres ya estaban muertos en circunstancias extrañamente similares. Todos habían muerto por un supuesto suicidio: Terada, Suganuma y Matsunaga. En el caso de Terada, a su hija le extrañaba que su padre se hubiera suicidado cuando estaba disfrutando de su jubilación con la alegría de haber tenido un nieto; en cuanto a Suganuma, su mujer también mantenía que su marido no se había suicidado, sino que alguien lo había estado acosando; y Matsunaga, el abogado defensor de Sakura, era extraño que se quitara la vida justo cuando a su hija le estaban realizando un trasplante del que dependía su vida. Shaoran pasó la página, y vio que el siguiente testigo era un tal Takashi Yamazaki. –¿Qué hay de este? –preguntó Shaoran. –¿No lo conoces? Yamazaki es presidente de una empresa de tecnologías de la información. Es bastante reconocido. Entonces, Shaoran recordó que era la misma persona que llamó a Sakura anoche mientras estaban en el puerto. Ella simplemente había colgado sin contestar. Shaoran supo de inmediato que él sería la próxima víctima, por lo que salió corriendo. Continuará…
0 Me gusta 0 Comentarios 0 Para la colección Descargar
Comentarios (0)