ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
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Capítulo 4: La unión hace la fuerza.

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Eli miraba el techo del túnel de tierra, apenas y había logrado cerrar los ojos en toda la noche. Layne había dicho que tendría pesadillas, pues al parecer no porque estaba ahí durmiendo sobre unas hachas hojas que Reachael les había dejado. Algo que siempre ocurría cuando salían de gira y les tocaba que dormir en el mismo cuarto era que, a eso de la una, se oían los ronquidos a coro. Y era gracioso porque parecían de acuerdo para iniciar desde el más agudo, Earl, hasta el más grave, Geoff. Lo mataba de risa el pensar que sus compañeros hasta dormidos eran harmoniosos. Eso le recordaba esas noches de desvelo, cuando apenas y lograba cerrar los ojos y ya estaba Layne diciendo cosas dormido, Tony moviéndose mucho, Earl roncando demasiado, Geoff dando pataditas a todo. Y cuando apareció Jnone en la banda fue peor, el lo abrazaba dormido. Por suerte ahora el integrante más joven sólo roncaban, ni idea de que hora sería, aún entraban algunas cintas de luz por el agujero en el túnel, ese que estaba cubierto por la alfombra de yerba y dejaba entrar una luz verdosa. Eli, que por fin cerraba los ojos, alzó los brazos un momento para acomodarse mejor. Entonces sintió un soplo de aire pestilente sobre su nariz, algo tan fétido como un centenar de cosas podridas justo sobre su rostro. Sintió la necesidad de separar sus parpados y deseó mil veces no haberlo hecho. Una criatura, quizá de unos dos metros, tenía su hocico cerca de él. Tenía una cara de esqueleto, la calavera de quizá un lobo con los colmillos babeantes y afilados a centímetros de su piel. Así como su rostro, a sí era el resto de su cuerpo, esquelético como una bestia que no se ha alimentado en siglos, solo una maraña de pelo blancuzco y grisáceo revestía su cuello. Un par de astas de venado sucias, maltratadas de hueso roído. Era un autentico cadáver. Tampoco hace falta decir que ahora le era imposible a Eli cerrar sus ojos. Las cuencas oscuras estaban fijas en él, la bestia estaba por devorarlo entero con esas horrorosas fauces. Cuando la bestia separó tales dientes inmediatamente retrocedió como con dolor. ¿Qué ocurrió? Eli fue el primero en preguntárselo. Entonces vio a Geoff más pálido que el cadáver que hace un momento lo iba a devorar, con el arco en mano apuntándole a la bestia. —¡Muévete!, yo lo distraigo —le dijo con la voz entre cortada, pero no por eso soltaba la legendaria arma. Eli, rápido como nunca, salió de debajo del ser que se erigió en dos patas dispuesto a acabar con el castaño del arco. Pero entonces, una bomba impactó contra la asquerosa piel de la bestia, Tony estaba de pie ahora y le lanzaba bombas de fuego. —Aquí, despojo del infierno, deja en paz a mis amigos. Soy yo tu objetivo. Más flechas impactaron contra la espalda huesuda del monstruo mientras este se incendiaba y comenzaba a proferir horrorosos gritos. Earl se unió al combate con sus bolas de fuego verdoso, y por si fuera poco, Layne blandió su espada hacia la bestia, pero no alcanzó a tocarla pues esta se dio a la fuga. Los chicos observaron el repugnante ser desaparecer por el túnel contrario y se hizo silencio. Layne fue el primero en reír de orgullo. —Y si quieres más nos avisas —le gritó. Suspiraron de alivio y se concentraron en Eli que seguía tumbado contra una pared del túnel de tierra, jadeando con suavidad con perlas de sudor bajando por su sien y su barbilla. Tony se acercó a él con cuidado sentándose a su lado. —¿Estas entero? —Rara vez Tony usaba ese tono, tan cálido y sutilmente preocupado. Le ofrecía su mano para animarlo a levantarse. —S-si, gracias chicos, eso fue... una locura —murmuró Eli aún en shock. —Debemos irnos, ¿recuerdan lo que dijo la loca de azul? no podemos estar más de cinco horas en un sólo lugar o tendríamos visitas —informó Earl sacudiéndose el polvo y la tierra de sus pantalones. —Primero debemos despertar a Jnone— comentó Geoff guardando las flechas del suelo de nuevo en el arcajal de su espalda. Todas las miradas se posaron en el bulto de hojas en un lateral del túnel. —¿Será posible que con todo el alboroto no se haya despertado? —se carcajeó Layne. —Mírenlo, parece una estatua —bromeó Earl moviéndolo con su pie. Los cinco chicos rieron por unos minutos sintiendo ese hermoso sentimiento de comodidad, de fraternidad, de amistad. Incluso Tony había contribuido para salvar a su compañero y ahora, volvía a ser parte del grupo. La situación era horrible, sin embargo el momento era tan cálido como sus risas. No tardaron en trepar por el agujero del techo, el que estaba cubierto por la alfombra de yerba. Luego de muchas quejas de parte del hombre de color, emprendieron el camino de nuevo. A la distancia se encontraban las estatuas de hielo de algunos de los aborígenes que el día anterior los habían atacado. Earl se percató de como las gotas de roció bajaban por el tronco de los arboles, repentinamente le dio sed y por consiguiente hambre también. —Chicos —se quejó— ¿No podemos matar algo para comerlo? Layne dejó escapar esa tierna risilla que lo caracterizaba, Geoff sonrió mirando hacia el cielo que era surcado por una figura oscura. Apuntó hacia esa sombra entre las nubes y disparó. En el momento no ocurrió nada interesante, pero luego de un segundo el ser se precipitó al suelo. Rebotó un par de veces en el suelo sorprendiendo a los demás chicos, era de un tamaño considerable, como un ganso pero con plumas verdosas y rojas, y no era un ave, era un conejo. Un conejo alado. —Pues... no es lo que esperaba por estoy satisfecho. ¿Quién sabe cocinar? Los chicos se miraron entre sí un momento. —¿Pero que... ? —murmuró entrecortado Tony, mirando de arriba a abajo el conejo, con cierto miedo alzó las alas extendiéndolas en todo su capacidad y para hacerlo tubo que literalmente alzar los brazos— ¿seguro que no es un sueño, Eli?
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