Capítulo 7: No es un juego
28 de diciembre de 2025, 17:11
Es lindo dormir cerca de personas que literalmente dan su vida por ti. Para la mayoría de chicos era un consuelo pero para Eli seguía siendo algo muy perturbador, no quería que sus amigos se sacrificaran por él. Había dormido muy poco la verdad, casi nada, pero no era porque no quería, la noche era cálida y había un millar de estrellas salpicando el cielo, y los ronquidos de todos se perdían en la lejanía. El punzante ardor era lo único que lo mantenía velando.
Entre vuelta y vuelta se percató de que Tony estaba despierto y mirando hacia las colinas de donde horas antes estaba la serpiente marina que se tragó a Layne.
—¿Tony? —murmuró mirándolo crisparse levemente, la noche era cálida así que tuvo la certeza de que no era por el frío.
—Deberías estar dormido—gruñó con cuidado de no despertar a los otros cuatro chicos.
—Tú también —le contratacó incorporándose suavemente— ¿Qué ocurre? ¿Porqué no descansas?
Tony guardó silencio mientras buscaba las palabras adecuadas para describir lo que había visto. Su mirada de ojos verde-grisáceos se paseó por los demás, especialmente en Layne que dormía como un niño pequeño junto a él. Ese día casi había perdido a su mejor amigo. eso es algo que te quita el sueño en muchos sentidos.
—Eh visto... algo... o alguien —dijo al fin en un aún más suave murmullo sintiendo al azabache removerse un poco sobre él.
—Eso puede ser peligroso —comentó Eli tallándose sus claros y cansados ojos azules para enfocar mejor— ¿Cómo era?
—Oscuro... —Eli lo miró confundido y decidió acercarse a él para poder hablar mejor, pues tenía la certeza de que no había escuchado bien.
—Explícate.
Tony volvió a mirar a las colinas frunciendo sus anchas y profundas cejas— Shhhh, míralo, ahí viene... hacia nosotros.
Eli vio en esa misma dirección, pero no traía sus gafas y si las hubiera tenido quizá hubiera visto la figura oscura que centellaba en la oscuridad de la noche, como una silueta recortada en el firmamento salpicado de diminutas estrellas plateadas.
—¿hay que despertar a los chicos? —preguntó Tony sacudiendo con cuidado al Layne durmiente y a Geoff con el pie.
Eli asintió y sin cuidado derramó un poco de agua sobre el rostro de Earl y Jnone, estos protestaron e intentaron gritar pero tanto Eli como Tony los callaron con sólo señalarles al tipo oscuro que ya estaba a pocos metros de ellos. Todos se pusieron en pie azorados retrocediendo ante la poderosa presencia del hombre que frente a los chicos estaba.
Interesante era, sin duda, que le tuviesen más miedo a un hombre, semejante a ellos, que a la serpiente marina o al cadáver viviente de las otras ocasiones. Quizá porque un hombre era más difícil de asesinar que una bestia.
Este los miraba a cada uno de pies a cabeza varias veces estudiándolos así como ellos lo escaneaban a él. No se sabía con exactitud donde terminaba su oscuro traje y donde comenzaba su azabache piel. Algo que los chicos si pudieron ver fue la mascara con forma de cráneo que cubría la mitad de su rostro, pero no ocultaba su mirada cargada de entereza, parecía seguro y muy relajado pero a la vez listo para tomar su escopeta y terminar con el primero que se moviera.
Geoff estiró su arco preparando dos flechas a la vez, Earl, que fue tomado por sorpresa sólo tenía un guante y Layne con el ceño fruncido ya había alzado su espada de hoja roja, Jnone no supo exactamente qué hacer con el bumerán por lo que simplemente se escondió tras Tony que tocaba sutilmente las bombas con las puntas de sus dedos a la espera del momento. Todos preparados, pero del mismo modo todas las miradas se clavaron en Eli que era el único que seguía sobre el suelo, estaba tan cansado por y la pérdida de sangre y adolorido por los golpes que no pudo esforzar más su cuerpo.
El visitante resopló y se cruzó de brazos. —¿Todavía no habéis reparado vuestras armas? que patéticos.
Los chicos se miraron entre sí de nuevo muertos de terror— ¿Perdón? —murmuró sin pensar Earl recogiendo veloz el otro guante y recuperando todo el valor antes perdido.
—Mmmm, me sorprende que hayáis podido llegar aquí sin morir más de alguno —se mofó con una sonrisa de medio lado— No peleo con hombres desarmados, no es algo de un hombre— puntualizó.
Momentos después todos estaban sentados alrededor del fuego viendo expectantes a Toonks DarkFire, que ese era el nombre de este ser extraño que había frente a ellos, "reparando" sus armas. Al principio no le tenían confianza pero al ver como con un toque de su mano las heridas de Eli se curaban, lo reconsideraron. Toonks luego de ver los tesoros que Layne había encontrado dentro de la serpiente marina los llamó uno a uno para explicarles lo que debían hacer cada cual para intensificar el poder de sus armas.
—Tú, el de peinado sofisticado —Tony se acercó medio asustado sin despegarle la mirada al tipo que parecía saberlo todo— Esta espada la colocas en tu cintura— le mostró que esta estaba segmentada en varios trozos de modo que se podía enroscar alrededor de la cadera de Toonks pero que al darle un ligero sacudón se completaba de nuevo y se volvía una espada de hoja oscura normal—Es para cuando las bombas se acaben y las cosas se intensifiquen. La alcaldesa reconoce tus méritos, felicidades, no hace eso siempre.
Luego pasó Geoff que tenía los ojos muy abiertos y miraba de vez en cuando hacia atrás, hacia Layne que le sonreía para reconfortarlo cuando él era el más asustado.
Toonks insertó los artefactos en los polos del arco, osea en ambos lados, e inmediatamente el arma brilló a colores azules y dorados hasta apagarse y volver a la normalidad. Toonks lo miró fijamente a sus ojos castaños mientras le entregaba el arma —Esto no es un juguete, puedes asesinar a kilómetros, no desperdicies tus flechas en conejo-aves.
Tras el regañado Geoff pasó Earl con sus guantes de fina tela verde. Toonks le ofreció los anillos, era dos iguales con la diferencia de la piedra que traían. Una era roja sangre y la otra era turquesa como el cielo.—Fuego en la derecha, hielo en la izquierda. No te emociones, traes la vida y la muerte en ambas manos.
Los siguientes regalos eran una piedra de afilar para mantener la espada de Layne en buen estado ya que le comentó que la sangre de ciertas bestias era corrosiva para la hoja del arma y que si no la afilaba una vez por semana perdería el poder y la manejabilidad. Del saquito de piel de conejo-ave habían dos o tres joyas pequeñas que Toonks incrustó en las esquinas del bumerán y lo lanzó al aire, antes de que Jnone pudiera quejarse el instrumento regresó enredada en una maraña de ramillas con uvas. La bolsa de pelo de conejo-ave también era mágica pues al meter los frutos en ella, a pesar de que era muchos entraron como si nada.
—Por fin algo que si vale la pena —murmuró orgulloso el de la piel oscura. Se sintió envalentonado, ahora podría ayudar a sus amigos.
Eli se sentó frente a Toonks que lo miró durante varios segundos sin romper el contacto produciendo una muy desagradable sensación en el calvo.
—El tuyo es el más importante.