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Por otro lado, la alcaldesa comía palomitas dulces y comentaba lo sucedido. —Quizá, sólo quizá, veamos sangre luego, recuerden que esta raza prefiere presas grandes y a lo mejor decidan comérselos luego —Dio un largo sorbo de agua a su botella de zumo de remolacha mientras el público reía y la victoreaba.— No se aflijan, pueblo mío, la acción está por llegar.Capítulo 9: Lo que ocurre en la oscuridad
28 de diciembre de 2025, 17:13
Dentro de esa extraña cavidad soplaba un suave viento y la visibilidad era casi nula sin contar la que les proporcionaba el agujero de la trampilla, la misma que se cerró sola dejándolos en penumbras.
—Geoff, no me digas que le tienes miedo a la oscuridad.
—¡No! ¿Cómo se te ocurre?
—¿Entonces por qué me abrazas?
El ruido de sus risas sonó acompasado pero a la vez con un extraño eco distinto al de sus canciones. Tony y Earl no desaprovecharon la oportunidad para burlarse del mayor de los seis hombres.
—Hermano ¿Cómo puede ser que un hombre grande y con la voz tan imponente como tú le teme a la oscuridad?
—¡Ya déjense de locuras! —Aseveró el más bajo— Earl, pronto, necesitamos ver, has fuego.
Eli se aferraba a sus barras de metal, tenía un mal presentimiento. Obviamente que no era buena idea jugar a explorar un agujero en la tierra en un lugar en donde cada centímetro se encontraban monstros asesinos come hombres. El se tomaba la libertad de mandar ya que era el que más paciencia y tranquilidad manejaba... a veces. Earl alzó su mano y una bola de fuego se materializó en su palma. Los rostros de todos se perfilaban con la rojiza luz, cada quien estaba en guardia, hasta Geoff con su arco a pesar de que Layne lo cargaba. Al darse cuenta de esto último bajó avergonzado.
—Bien... —exhaló Eli ordenando sus ideas y presionando con fuerza sus barras de metal— No podemos separarnos —les recordó— este túnel tiene una buena profundidad, solo espero que no nos dirijamos a una trampa... iremos juntos a buscar una salida, ¿de acuerdo?
Todos asintieron y como antes caminaron muy lentamente tratando de acallar sus pasos para no llamar la atención de lo que sea que se pudiera esconder entre las sombras. Geoff pensaba que Layne sería el primero en ser atrapado otra vez y no se despegaba de él ni una fracción de segundo. El verlo siendo devorado por una serpiente marina lo había hecho reconsiderar eso de alejarse de él. Layne por el contrario deseaba estar solo por una vez para jugar con su espada, lo desconocido le emocionaba y sinceramente deseaba usar su maravillosa espada.
Tony y J iban caminando hacia atrás cuidando las retaguardias de sus compañeros, no sin dirigirse más de una vez miradas rencorosas, pero solo para no perder la costumbre, ya se agradaban mutuamente después de todo lo que habían pasado juntos. Adelante, Eli y Earl que iluminaba el camino, y en medio Layn y Geoff.
—Alto —dijo. Los demás se congelaron en sus puestos sintiendo su sangre helarse por el miedo. J eructó.
—¡Que asco, hombre! —sentenció Geoff.
—¿Qué? ¡Fue el conejo-ave!
Siguieron caminando, ahora en silencio, en el túnel, encontrándose de vez en cuando con cucarachas e insectos raros y de tamaños exorbitantes. Cuando menos se lo esperaron, Eli los detuvo, había escuchado algo cerca de sus pies. —No me digas, ¿A ti también te hizo mal el conejo-ave?
Geoff iba a decir algo más pero Layne gritó, esta vez con una voz teñida en vivo terror, y luego se le sumó J. Bestias con largos colmillos y garras como dagas los habían inmovilizado deshaciéndose de su armamento. Los otros cuatro no tuvieron ni tiempo a reaccionar ya que literalmente fueron derribados y estampados contra la tierra. Eran bestias con forma de pumas y garras afiladas pero erguidos en dos pies, su pelaje era marrón o negro como la misma oscuridad y gruñían amenazantes. Ellos no tuvieron tiempo para ver, pero estos especímenes vestían túnicas de color rojo o azul.
Earl, que iba adelante, apagó sin querer la única luz que había y con eso se desató el caos ya que ninguno veía nada.
—¡chicos!
—¡Layne! ¿Dónde estás?
—Ahhh suéltame...
—¡Cállense! Empeorarán todo.
Fueron arrastrados por el túnel muy rápido golpeándose con rocas o llenándose de insectos y tierra mientras J y Geoff gritaban, Layne intentaba darle a algo con su espada, Eli lanzaba patadas a lo que podía, Tony lloriqueaba y Earl intentaba lanzar fuego y hielo. El resultado era un pandemónium de gritos que hacían eco a su paso, con luces intermitentes por las ráfagas de hielo y fuego de Earl.
Las bestias corrían por entre pasillos y curvas que los hacían golpearse contra las paredes y con ellos mismos, más de una vez se estampó Tony con Layne y este último estuvo a nada de rebanarle la cabeza con su espada. Eli llamó al orden por quinta vez en el momento en el que el túnel empezó a esclarecer.
—Aguanten chicos, creo que al fin llegamos —trató de calmarlos Eli.
Los chicos prestaron atención y fue entonces cuando salieron del túnel para entrar en una galería, una inmensa cueva con un tragaluz en el techo de tierra. En la pared contraria había edificios colocados unos sobre otros todos hechos de tierra y lodo. Había escaleras y herramientas tiradas por ahí. Cuando los voiceplay fueron traídos hasta allí varios seres de esos mismos salieron a curiosear, a ver que cosa nueva habían encontrado los guardias. Todos usaban túnicas o taparrabos de colores vibrantes. Uno de ellos se acercó a Layne y este le sonrió amigable como en el era costumbre. De entre todos apareció uno cuyo pelaje era rojo y blanco como el carmín. Parecía tener los ojos más saltones y los colmillos más puntiagudos. Se acercó a olisquear a cada chico e investigándolos a fondo hasta que gruñó un bufido y los guardias los volvieron a arrastrar esta vez hasta otra trampilla en el suelo.
La que daba a un calabozo en la tierra donde fueron lanzados uno encima de otro. Dos guardias de pelo gris se quedaron a custodiar la trampilla. Geoff fue directo a Layne primero para regañarle por alejarse y luego para arreglarle el cabello y quitarle las ramitas e insectos y tierra. Eli solo tenía una de sus barras y un tobillo torcido. Pero podía seguir.
—¿Están todos bien? —preguntó esperanzado.
Layne alzó su pulgar y Geoff asintió, Jnone se quejó de los rasguños y Tony recalcó que le faltaban bombas en su arsenal y que tenía de seguro un moretón en un lugar que no valía la pena mencionar. Se escucharon un par de explosiones arriba y los chicos miraron al ojos claros. Todas sus bombas habían desaparecido.
—Vámonos de aquí —dijo Earl— No quiero esperar a ver qué monstruo nos atacará si nos quedamos.