ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
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Capítulo 10: Un monstruo entre la basura

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J sacó de su bolsa de pelo de conejo-ave trozos de pescado seco y vasijas con agua ya que todo lo que llevaban, o casi todo, se perdió en la carrera por el tunel. Reponían fuerzas antes de escapar, el plan lo estaban tejiendo Eli y Geoff, los demás devoraban hambrientos el conejo-ave hasta que se les acabó junto con el pescado seco, en parte porque Earl no paró de engullir todo hasta acabárselo. —No, eso sería muy arriesgado —bufó el castaño. —... tienes razón —murmuró Eli dando una patada a un montón de basura, cajas de madera y otros desperdicios. Parecía que los habían lanzado a una bodega o basurero en vez de a una cárcel. Eli, muy frustrado por haber perdido una de sus barras de metal se alejó de los chicos y se sentó junto a Layne que practicaba beatbox de lo aburrido que estaba. El beatboxter fue el que vislumbró primero algo moviéndose entre la basura. Le dio un ligero empujoncito a Eli que seguía encerrado en sus pensamientos— Allá —le señaló sacándolo de sus cavilaciones. Geoff fue el siguiente en percatarse de que la basura cerca de ellos se agitaba. Cuando todos los chicos estuvieron al tanto, una figura oscura se alzó de entre los desperdicios. Los seis chicos se acercaron unos junto a los otros, aterrados, ya que al no tener sus armas estaban prácticamente fuera de combate y cualquiera que fuera la bestia que se los iba a tragar, lo haría rápido y sin que ellos pudieran hacer nada. Gritaron siendo presas del terror de ser devorados vivos. —¡No! soy demasiado joven —lloriqueaba Tony. —Y yo demasiado guapo —vociferó Geoff dando patadas para alejarse y pegarse más a la pared. —Yo no vi a mis niñas crecer —exclamaba Layne cubriéndose los ojos. —Yo no comí suficiente —se lamentaba Earl sacudiendo a Eli a su lado. —¡Chicos! ¡cálmense! No ven que es... —Pero el más agitado de los cantantes tomó una roca de la pared y apuntó hacia la cabeza de la figura, dándole de lleno y derribándole antes de que el mayor terminase la frase. Se guardó silencio un momento y todos miraron a Jnone. —Oh chicos... ¡Le di! —exclamó cuando se dio cuenta. —¡Lo hiciste! —aclamaron los demás. —¿Mi héroe? —preguntó Geoff y Layne se cayó al suelo de la risa. —¡¿Es que no pueden escucharme cuando les hablo?! —Les gritó Eli dándoles manotadas en la cabeza a todos sin que estos pudieran defenderse. La furia de Eli era más peligrosa que cualquier monstruo.— No era una bestia ¡cabezas de chorlito! —Sea lo que haya sido —objetó Tony— J ya lo derribó. ¡Muy bien hecho J! —¡Un hurra por J! —animó Tony. —¡Hurra! —dijeron todos. —Mi héroe —Repetía Geoff mirándolo desde la esquina. Todavía no se había recompuesto de semejante susto. —¡"Eso" era Emoni!— les gritó Eli más enojado aún, descargándose a patadas en J hasta que Layne y Geoff lo separaron de su victima. No era que sus patadas le hicieran daño a J, sino que Eli se haría daño a si mismo si seguía saltando así. —Perdió la cabeza —Le murmuró Earl a Tony y él solo asintió resignado. Mientras todo eso Tony y Earl fueron a ver a la "bestia" que si resultó ser Emoni, con el cabello exorbitantemente esponjado y sucio como si hubiese pasado en esa bodega por semanas. J había conseguido acertar directamente en la frente. —¡Pudieron haberla matado! suéltame Geoff, no estoy loco, perderás esas manos si no me sueltas —El castaño liberó a Eli que saltó hasta Emoni, no sin antes propinarle un guantazo a Geoff por impertinente. —Pronto chicos, ¡agua! ¿Están sordos? rápido, muévanse —Eli podía ser pequeño, tranquilo y sabio, pero cuando los chicos lo sacaban de quicio era un manojo de destrucción. Jnone estaba aturdido por tantos golpes y Layne le aplicaba un trozo de hielo en la cabeza para intentar sacarlo del shock. Mientras, Earl condensaba un trozo de hielo sobre la cabeza de Emoni con una mano mientras que con la otra lo derretía con el fuego. El hielo se derritió mojando ligeramente la tez de la morena despertándola. Eli la ayudó a sentarse y Tony la abanicó con un trozo de lo que parecía cartón. —¡¿Voiceplay?! —se alarmó ella rodando los ojos entre los seis chicos que la miraban sorprendidos. —¿Que hacías ahí? —Le preguntó Geoff pasándole un trozo de hielo en forma e vasija con agua dentro para que bebiera un poco y ella lo hizo rápidamente. —No tienes idea de que monumental susto nos diste —reía Layne recordando a sus compañeros gritando y lloriqueando— demasiado guapo para morir ¿eh Geoff? Tony rió silenciosamente dándole un empujón a Earl que también se carcajeó e imitó los gritos graves del castaño. Todos se rieron por unos segundos mientras Emoni recuperaba fuerzas. Cuando estuvo más o menos tranquila comenzó a hablarles. —Me alegro mucho de verlos, chicos— les dijo abrazando al primero que vio cerca, que era Eli. —Pero creo que no hay mucho tiempo para contarles todo —Eli cayó al suelo aturdido al ser soltado y previamente aplastado entre los brazos de la mujer. Layne, que ahora hacía de enfermera, fue a atenderlo como a los otros chicos. —Me metieron aquí cuando me encontraron perdida entre los túneles, pero creo que juntos podremos salir lo antes posible, no creo poder resistir otra visita. Emoni les propuso un plan. Ella había pasado varios días escuchándolos y había llegado a descifrar su complejo idioma. —Y ya sé qué haremos, había estado pensando en esto desde hace un tiempo y sé que ahora con ustedes todo será más sencillo —les dijo mostrando sus dientes separados al sonreír. Más tarde esa noche los felinos se hallaban en constante guardia cuando Emoni decidió hacer contacto con ellos. —¿Crees que lo conseguirá? —le murmuró Earl a Tony que se encogió de hombros. —Solo espero que no se molesten. —Realmente no estoy seguro —confesó Geoff con que ya preparaba su arco con un pedazo de cartón enroscado como flecha. Luego de muchos gruñidos y ronroneos mal pronunciados, Emoni bajó con ellos de nuevo. —Muy bien chicos, me he encargado de agendarnos a la ocupada lista de espera de su líder, cuando ese momento llegue ustedes me dejarán a mi hablar ¿De acuerdo? Es de vida o muerte, príncipes míos. La trampilla fue levantada y una escalera fue desplegada hacia abajo con lentitud. —Vamos —los seis hombres se miraron entre ellos unos instantes. —Adelante —les ordenó Eli apoyándose en Tony y Earl. Layne no esperó otra palabra, fue el segundo en trepar, Geoff lo hizo con precaución y J prácticamente subió de tres en tres los escalones de la escalera. Frente a ellos volvieron a ver al puma de pelo rojo como el carmesí y Blanco como la nieve.
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