ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 11: Entre las patas de los guardias

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En el silencio de la sala, Emoni se esforzaba por dar a las pocas palabras que recordaba de ese idioma, el sentido que necesitaba darle. Gesticulaba de manera graciosa y hacia gestos bastante raros, lo que era un poco preocupante por donde estaban en ese momento. Los chicos se preguntaban cuanto tiempo habría pasado. Tenía cinco horas para quedarse en un solo sitio antes de que los visitase algún monstruo y no sabían cuanto tiempo había pasado desde que los habían atrapado y encerrado en aquel calabozo, pero calculaban que llevaban toda la tarde. Eli se removió bajo la garra de uno de esos seres que los sostenían. Era sumamente incómodo que los trataran como delincuentes o rehenes. Considerando que eran los más inofensivos de esa sala. Los tenían a los seis boca abajo sobre el suelo, con las manos en la espalda, y dos guardias los custodiaban. Uno junto al otro, sus cabezas estaban cerca, de manera que susurrando podían hablar entre ellos. —¿Algún plan de respaldo? —le masculló Earl a Eli a su derecha, que tenía las mejillas llenas de tierra aún. —¿Crees que no resultará? —se sorprendió él, que aunque había estado atento a todo no había dudado en ningún momento de que resultara. —Yo no sé ustedes, pero yo no veo como que le estén entendiendo. —murmuró Layne a la izquierda de Eli— y nada nos asegura que lo que entiendan sea "somos inofensivos, sino nos dejan ir vendrán más monstruos" —Tiene razón, convendría tener un plan de respaldo por si todo esto no resulta. —convino Jnone— propongo que usemos ésta distracción a nuestro favor. —Buena idea —asintió Tony— Eli, toda la atención está puesta en Emoni y en ese animal hombre que parece ser el líder. Si jugamos bien nuestras cartas, tal vez tengamos una oportunidad. Eli resopló y una nube de polvo y tierra se suspendió en el aire unos segundos. No tenía ni idea de lo que debía hacer, pero estaba consciente de que sus amigos no eran tontos, actuar sería lo más lógico. Alzó la vista, pero sin sus gafas no veía más que manchas de colores borrosas que se movían de aquí para allá. No serviría de mucho ahora que ni siquiera podía ver, no podía estar seguro de nada de lo que pasara. —Chicos, voy a necesitar su ayuda ahora —les dijo. Los cantantes escucharon y Eli se dio cuenta de que su fidelidad y camaradería no se acabaría nunca, y lo agradecía inmensamente. Les pidió una descripción del escenario en el que estaban. Los chicos se apresuraron a decirle en donde estaban, literalmente se hallaban en una caverna, probablemente artificial, con una cúpula de cristal suspendida sobre sus cabezas, que conectaba con el exterior. Había a su alrededor casi treinta de esos guardias, con lanzas, innecesarias, porque sus garras y colmillos eran suficientes. Tras el líder había una puerta de salida y a espaldas de los guardias había otra puerta, por la que ellos habían entrado. —O sea que hay tres salidas. —siguió diciendo Geoff— y ninguna posibilidad. Auch! ¿Quién me pellizcó? —Shh —lo calló Eli— no hables tan alto o nos oirán. Y ya sé que fuiste tú, Tony. El de ojos verdes se aguantó la risa. Cuando Layne no se rió, todos miraron extrañados en su dirección. —¿Qué ocurre, Lay? —¿Escucharon eso? —murmuró. Había preocupación en su voz. Los chicos aguzaron el oído. —Si tan solo Emoni hablara un poco más bajo —resopló Jnone. —Podrías empezar callándote tú —se burló Earl con sarcasmo. Pero antes de que Eli los volviera a regañar por discutir en un momento como ése, Geoff volvió a hablarle al oído. —Creo que encontré nuestras armas —la emoción no le dejaba susurrar muy bajo. Un guardia puso una de sus patas sobre la espalda de Geoff y le gruñó algo que probablemente significara "cierra el pico" Todos guardaron silencio unos segundos, escuchando a Emoni dialogar con el jefe, pero cuando los guardias volvieron a quedar distraídos el castaño volvió a murmurarle a Eli. —Aquel guardia. —¿Cuál guardia, Geoff? ¡No veo nada! No tengo mis gafas. —Ah... Cierto. —dejó escapar una risa incómoda— el guardia más cercano a Tony. Está cubriendo a otro que porta nuestras armas. —¿Lo has oído Tony? —Si —éste disimuló que se estaba removiendo para quitar del polvo su rostro, mientras echaba una mirada por entre las patas del guardia— es cierto, Eli, están todas. —Si pudiéramos recuperarlas —gimió Earl con frustración. —Hasta mi bumerán sería útil —añadió Jnone— como disfrutaría dándoles su merecido a estos gatos superdesarrollados. —Eso no es nada, deberías ver las ganas que tengo yo de quemarles la cola. —apuntó Earl— gato asado, sería una buena cena ¿a que si, Layne? —Chicos, realmente creo que deberían detenerse a escuchar. Ante esa interrupción del beatboxter, todos aguzaron el oído una vez más justo en el momento en el que la cúpula estalló.

***

La alcaldesa, por su lado, guiñó un ojo al público a través de la pantalla. —Ya veremos como se las arreglan estos chiflados ahora. —sonrió— ya era tiempo, además. Después de todo van más o menos a la mitad del camino. Algo tenía que frenarlos en algún momento. La verdad es que ya me están preocupando, van a un ritmo demasiado rápido para lo débiles que son. ¡Y no ha habido verdadera sangre! ¿Qué clase de verdaderos juegos de Citycalithi son éstos? El público apoyó esa resolución aclamando a su alcaldesa. —Exacto, eso es lo que yo digo, caramba. —alzó los brazos riendo—Ya hacía falta que subiéramos a las ligas mayores, mi gente. Trozos de vidrio cayeron en lluvia sobre los presentes. Y lo segundo que pasó fue que algo pesado se dejó caer tras el líder. Eso fue lo que sintió Eli, algo grande, de dimensiones colosales, suficiente como para que el suelo donde ellos estaban recostados incómodamente retumbara. Emoni retrocedió y los chicos se incorporaron, ahora lo de menos peligro eran ellos, así que los guardias los abandonaron de inmediato para centrar su atención en el monstruo que había descendido sobre ellos.
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