ID de la obra: 1563

Las olimpiadas de CityCalithi

Gen
G
Congelada
5
Tamaño:
63 páginas, 23.596 palabras, 20 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 12: Aumenta la dificultad

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Emoni chocó con Eli y Geoff en su retroceso para escapar del monstruo. —Oh Dios, chicos —gritó alterada— ya lo estaba consiguiendo. Y justo estábamos hablando de esto. —¿Cómo? ¿De esto? —soltó una risa nerviosa Jnone— ¿del monstruo? —No hay tiempo para explicar. Deben matarlo y nos dejaran ir. —¿Y si no podemos hacerlo? —intervino Earl. —Los que morirán seremos nosotros. —dijo exasperado Tony agitando los brazos. Eli forzó sus ojos para entender lo que ocurría frente a sus ojos, pero le fue imposible, sino estaba cerca directamente frente a su rostro, nunca vería a la bestia. Sabía que se movía y que estaba destrozando la sala, que los guardias estaban intentando lanzarle sus lanzas y retenerla en el extremo más alejado de la sala porque veía borrones de color saltar de aquí para allá y los sonidos no dejaban lugar a dudas. —Chicos, vengan aquí, rápido —les apremió, ellos se acercaron a él— no les serviré de ayuda ahora, así que les diré que hacer, tenemos que conseguir las armas ¿podrán hacerlo? —Por supuesto —sonrió Earl— chicos, sepárense. A la de tres. ¡Tres! Eli y Emoni se alejaron hasta la puerta por la que habían entrado hacía un instante. Earl, Geoff, Jnone, Layne y Tony se dividieron para rodear al guardia que cargaba con sus armas. Este aborigen estaba distraído, pero al darse cuenta enseñó los dientes a los cinco hombres. —¿Qué está pasando? —quiso saber Eli jalando del brazo de Emoni. —Am... Lo están rodeando. —¿Y? No te detengas, rápido, necesito saber qué ocurre. —Tony se acerca por detrás y Earl por delante, creo que esperan que se distraiga con uno para que el otro actúe y lo desarme. A la vez que ocurría esto, el monstruo, que era como un enorme lagarto prehistórico con patas y cabeza de felino, arremetía contra los guardias. —¡Hey! Gatito gatito —dijo Jnone desde un lado del guardia— ¡mírame! ¡Aquí estoy, bigotes! Se veía claramente que Jnone, a pesar de haberse comportado de forma muy cobarde durante todo el inicio de los juegos, ahora estaba intentando ayudarlos. Tony aprovechó para avanzar hasta el guardia, pero el oído felino de éste lo escuchó acercarse y se volvió a él. En la mano tenía la espada de Layne y con ella quiso cortar a Tony en el estómago con un tajo largo. Pero Geoff se adelantó y agarrándolo por la camisa, le dio a Tony un tirón hacia atrás que logró que sólo resultara herida su ropa. —Auch... Uff. Ese hubiera sido un corte profundo —exclamó Emoni, sin aliento. Seguía narrándole a Eli la situación— parece que Layne tiene una mejor idea. Y así era, puesto que Layne logró derribar al guardia poniendo su pie en el camino para hacerlo tropezar y caer cuando seguía acercándose a Tony. El guardia se precipitó hacia adelante y al caer, soltó el bumerán. Geoff lo tomó y con habilidad lo lanzó hacia Jnone. Él lo atrapó en el aire, pero por un momento dudó en qué hacer. Es decir... ¿Qué se hacía con un bumerán? —Lánzalo —le indicó Eli— ¡tienes buena puntería, solo lánzalo! Y mientras decía eso señalaba el chichón en la cabeza de Emoni para recordarle que tan buena era su puntería. Jnone sonrió avergonzado, pero ahora sabía exactamente que era lo que debía hacer. Con un movimiento rápido, lo lanzó con la velocidad y la fuerza precisa para darle de lleno en la cabeza al guardia. Sin embargo, por la curvatura del bumerán, éste se desvió a otra trayectoria y no dio en la cabeza, sino que dio un giro largo por el techo de la sala y salió al exterior por la abertura del techo, donde estalló la cúpula. Jnone hizo un gesto de fastidio— Oh, vamos, hombre. Estúpido bumerán. No hubo tiempo para decir nada más, el guardia ahora se estaba incorporando y estaba dispuesto a lastimar de verdad a los chicos. Por otro lado, Tony y Layne habían sido vistos por otros guardias felinos que se venían a ayudar y tenían atrapado entre dos al de ojos verdes mientras que el beatboxter era acorralado por los demás. Earl entonces, sabiendo que contaban todas sus acciones, le arrebató de la espalda las barras de metal de Eli al guardia y retrocedió antes de que su espada le lastimase. Tuvo que correr, porque el guardia lo siguió por la sala. Usó una de las barras para frenar la espada, pero le lanzó la otra a Geoff que estaba desarmado y otros tres guardias se dirigían a él. —Atrápala, ahí te va —le gritó mientras lo lanzaba y esquivó con éxito otra cuchillada a tiempo— ¡Acabalo Geoff! Geoff lo atrapó en el aire, y le dio un golpe en el estómago a un guardia, pero no pareció hacerle ningún daño. Las armas no funcionaban si no las usaban sus dueños. Éstas eran unas simples barras de metal sin magia ni nada interesante. Defendiéndose como pudo usando la barra como escudo de muchos golpes, le gritó a Earl. —¡Consigue mi arco! —¿No te parece que estoy un poco ocupado, Geoff? —le respondió el gordito, que había sido empujado contra la pared y que ahora esquivaba los golpes girando y anticipándose a los movimientos de su atacante, que para su suerte era más lento que él por estar sosteniendo todas las armas. —Las armas solo funcionan en manos de sus dueños. ¿Entiendes? Solo Eli puede usar... —fue interrumpido cuando le cayó encima una roca que salió despida por el aire cuando el monstruo dio con la cola en las paredes de la sala.

***

—Caray, Caray, caray y caray —saltaba la alcaldesa, al filo de su asiento y frente a la pantalla— Yo sabía que aumentando la dificultad podríamos ver algo más interesante. No sé que piensen ustedes, pero yo creo aquí por lo menos muere uno, gente. Si tenemos suerte, dos. ¡Prepárense, hagan sus apuestas!

***

—¡Geoff! —gritó Emoni en el otro lado de la sala. —¿Qué? ¿Qué ocurre? —repetía Eli, lleno de preocupación— ¿Qué le pasó a Geoff? ¿Está bien? Emoni iba a responderle, pero un guardia escuchó los gritos de Eli y se acercó a ella. —Tenemos compañía, Eli. Por otro lado, a Tony y a Layne no les iba mejor. Resultó que el morocho se defendía bastante bien combatiendo cuerpo a cuerpo y que el de ojos verdes era más fuerte de lo que aparentaba. Pero cuando vieron a Geoff caer al suelo, todos se detuvieron, sin aliento.
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