Capítulo 13: Esfuerzos sobrehumanos
28 de diciembre de 2025, 17:18
Geoff yacía en el suelo, inconsciente, y todos se hallaban demasiado lejos de él para poder auxiliarlo. Demasiado ocupados como para ir a él. Cada uno de ellos tenía por lo menos a un oponente y ni hablar de Eli, él no veía nada. Earl, el más cercano al hombre caído, estuvo a punto de detenerse, pero logró recomponerse a tiempo y buscar la forma de hacer lo que le dijo: tenía que llegar a Eli y darle sus barras. Las armas solo funcionaban en las manos de sus dueños, pues así sería.
La espada de hoja ancha y pesada de Layne impactó en la pared, hundiéndose unos centímetros en la roca, lo suficiente como para que el guardia tuviera que dar varios tirones para lograr sacarla. Esos segundos fueron suficientes para Earl que logró tomarlo de una de los brazos y torcérselo tras su espalda, inmovilizándolo para intentar quitarle otra arma.
En el forcejeo, logró sacarle uno de los cinturones de bombas de Tony y con mucho esfuerzo, también la piedra de afilar de Layne. Esta última le sirvió para darle en la cabeza al guardia y dejarlo por fin inconsciente. Earl no se quedó a disfrutar de esa pequeña victoria, quiso sacar la espada de la pared, pero estaba firmemente enterrada. Decidió rebuscar entre las cosas del guardia hasta hallar sus guantes, entonces gritó de alegría al encontrar el derecho con su anillo, hielo, con éste le bastaría.
Se volvió para observar la escena de batalla que se estaba desarrollando en esa sala.
Hacia el lado más alejado de la sala, el monstruo era combatido por tres docenas de guardias. Al otro lado lado, cerca de la puerta por la que habían entrado, Tony y Layne tenían verdaderos problemas con más guardias de los que podían controlar. En una esquina, se hallaba Emoni que se defendía con una de las lanzas de un guardia caído en contra de otros dos. Tras ella, Eli, prácticamente ciego sin sus gafas, intentaba desesperadamente ayudarla lanzando patadas y golpes que no siempre daban en el sitio al que iban dirigidos.
Earl se dio cuenta de que hace un rato que no veía a Jnone. Pero por más que repasó el área, no lo encontró y se preguntó si había escapado otra vez.
En medio de la sala, en el suelo, Geoff seguía inconsciente. La barra de metal que Earl le había lanzado para ayudarlo a defenderse, ahora estaba en el suelo también.
Earl corrió primero hacía Tony y Layne y les lanzó sus respectivas armas, congelando a tres guardias con un solo rayo de hielo antes de seguir su camino. El cinturón de cuero dorado cayó junto a los pies del de ojos verdes, que tuvo que primero soltarse del agarre de un guardia para tomarlas del suelo. Layne por su parte ya estaba usando el extremo roto de una lanza para contraatacar a los guardias, por lo que representó para él un alivio recibir su inocente piedra de afilar con la que derribó de un golpe al oponente más cercano.
Mientras varias bombas de humo se detonaban por la sala, Earl corrió hasta Geoff, se las arregló para usar ambas manos para cargar con su amigo y tener el cuidado de no soltar las barras de metal de Eli.
—Hermano, no estoy seguro de que todo tu peso sea músculo —gruñó arrastrándolo por la sala hasta el guardia inconsciente que aún tenía sus armas, en donde pasaría desapercibido hasta que Earl pudiera entregarle las barras a Eli. Confiaba en qué cuando se despertara, Geoff pudiera tomar su arco y unirse a la batalla.— Resiste, no tardaremos en salir de esto.
Y emprendió de nuevo la carrera hasta el otro lado de la sala, hasta Eli y Emoni. Cuando estuvo a su lado cometió el error de tomarlo por los hombros, Eli le dio un puñetazo que mandó a Earl al suelo.
—¡Le di! ¡Emoni, le di a uno! —celebró Eli, hasta que se dio cuenta de a quien le había dado cuando le cayó encima para rematarlo— ¿Earl? Dios, Earl ¿Qué hacías ahí? Lo siento, no quise hacerlo.
El gordito se incorporó como pudo, llevándose una mano a la mejilla.
—No importa —murmuró dolorido— no es el primer puñetazo que recibo y dudo que sea el último. Toma, ten esto, voy a ayudar a Tony y Layne.
Eli tomó las barras de metal, estas cosquillearon ante su contacto conocidamente. Estaba feliz de recuperarlas y de algún modo ellas también lo estaban, ahora que sabía de qué eran capaces, costaba mucho menos confiar en ellas. Cuando las tenía en las manos, sabía que podía defender a sus amigos.
—¡Espera! Dime antes que le ocurrió a Geoff ¿y donde está Jnone?
Un rugido ensordecedor estremeció toda la sala y los dos hombres dirigieron sus miradas hacia el monstruo. Trozos de tierra y polvo se precipitaron del techo por la resonancia del rugido, al tiempo en que las paredes temblaron con violencia. La bestia estaba tomando ventaja por sobre los guardias, y esta cueva artificial se vendría abajo en cualquier momento si la batalla se seguía desarrollando de la misma forma.
—No hay tiempo, usa esas barras, saquémonos de encima primero a estos guardias. —Earl se sacudió el polvo del pelo y lanzó por encima del hombro un rayo de frío helado que petrificó en su lugar al oponente— Voy a ayudar a Emoni, no había tenido tiempo para estrenar los guantes de hielo y puedo asegurarte que me estoy divirtiendo mucho usándolos.
Y dicho eso se separó de Eli para ir a ayudar a Emoni, nivelando así la pelea. Eli por su parte pensó en ir a buscar a Geoff, estaba preocupado por él, sabía que sería terriblemente peligroso si lo dejaban solo por mucho tiempo en ese estado. Ni siquiera sabían que tan graves eran sus heridas, pero era claro que debía haber sufrido un daño considerable, si había caído inconsciente. En eso pensaba, cuando una lanza fue lanzada a su cabeza, pero el tiempo volvió a ralentizarse, para su deleite, y usó las barras metálicas para desviar la lanza hacia su atacante. Sonrió, no necesitaba ver si tenía de su lado sus armas.