ID de la obra: 1567

Destinada a la oscuridad

Het
NC-21
Finalizada
6
Fandom:
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
74 páginas, 31.704 palabras, 22 capítulos
Descripción:
Notas:
Publicando en otros sitios web:
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Capítulo 21: Final

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Cuando volvió en sí, Alex sintió la calidez de una mano entrelazada con la suya y al abrir los ojos, encontró a su hermana a su lado, con lágrimas deslizándose por sus mejillas. Alex, sin darse cuenta, también había estado llorando. En silencio, las hermanas se abrazaron, sus sollozos resonando suaves, como si sus corazones susurraran lo que las palabras nunca podrían decir. Había pasado tanto tiempo desde que se demostraron el amor sencillo y puro que se tenían como hermanas, como almas que compartían un vínculo irrompible. Al separarse, notaron que sus amuletos se habían entrelazado de nuevo, tal como antes de que todo cambiara. Lentamente, el resplandor familiar del fuego que una vez caracterizó a Thantos danzó sobre el amuleto de Alex, como si estuviera despidiéndose de ella en silencio, antes de que la luz del de Camryn fluyera hacia el suyo. Con una suavidad casi reverente, la media luna del amuleto de Alex se restauró, volviendo a su forma original, aquella que siempre había conocido, bañada en un tono morado suave, lleno de paz. Con un destello final, los amuletos resplandecieron, irradiando ondas de luz y calidez, un calor reconfortante, que envolvía todo con la esencia pura de un amor que no duele, que no exige, sino que simplemente existe. Un espasmo de dolor inesperado recorrió la espalda de Alex, y sintió el ardor familiar. Camryn apartó el cabello de su hermana, sus manos temblorosas al descubrir la marca en su piel, aquella cicatriz que Thantos había dejado como un recordatorio oscuro y perenne de su poder. La marca brillaba con un rojo encendido, como si quisiera aferrarse a lo último de esa oscuridad, pero, en ese mismo instante, una suave luz blanca envolvió la marca, borrando cada trazo, restaurando la piel de Alex a su estado natural. —¡Alex! —exclamó Camryn en un susurro jubiloso— ¡Te has librado de él! El alivio en su rostro era inconfundible, y en un arrebato de dicha, tomó las manos de Alex, apretándolas con fuerza, antes de envolverla en un abrazo lleno de paz, de esa calma que sólo se siente cuando uno ha vencido las sombras más profundas. Las palabras sobraban; el vínculo entre ellas, sin más, hablaba en el silencio. —Yo lo traje hasta aquí… —murmuró Alex, soltando un suspiro largo y liberador— Era justo que yo lo devolviera a donde pertenece. Dimitri se acercó después, sosteniéndole la mano con una suavidad reverente, como quien aprecia algo frágil y poderoso a la vez. Su sonrisa era tranquila, llena de comprensión y de un orgullo que no necesitaba demostraciones. Había luchado junto a ella, aunque en un campo distinto. Ahora sus ojos reflejaban la admiración que sentía, y sin quitarle solemnidad al momento, inclinó ligeramente la cabeza. —Siempre lo supe —murmuró, como quien confirma un secreto compartido. Karsh e Illeana observaban la escena desde la distancia, con una expresión de respeto profundo. Se acercaron a la par, y Karsh fue el primero en hablar, su voz suave, casi paternal. —Has demostrado una fuerza que pocos podrían comprender, Alex. —Nos has devuelto la esperanza… —completó Illeana con una sonrisa radiante, y en un impulso de alegría infantil, abrazó a ambas hermanas con los ojos brillando de emoción. —Oye, yo estaba hablando —se quejó Karsh, rodando los ojos con un suspiro resignado. —Oh, ahora no, Karsh, no nos aburras con tus lecciones de sabiduría —rió Illeana, mirándolo con una sonrisa afectuosa—. ¡Ya tendremos tiempo para restaurar Coventry y coronar a los nuevos reyes! Karsh se cruzó de brazos, con el único que le quedaba, con una expresión de falsa exasperación, pero su mirada delataba una ternura profunda hacia su esposa. —¿Puedo continuar? —murmuró, poniéndose serio de nuevo, aunque una sonrisa empezaba a curvar sus labios. Illeana lo miró con un gesto de asentimiento. Sin embargo, justo en ese momento, una luz intensa envolvió a Karsh, haciéndolo retroceder sorprendido. Cuando la luz se disipó, miró sus dos manos en asombro: había recuperado el brazo que había perdido. Todos compartieron miradas llenas de gratitud y asombro. Alex y Cam, nuevamente tomadas de la mano, sintieron que el poder en ellas fluía sin restricciones, como una fuerza recién descubierta que no necesitaba ser reprimida. Era el equilibrio entre la luz y la sombra, el amor y la ira, la justicia y el perdón. Ambas hermanas habían aceptado cada parte de sí mismas, permitiendo que sus poderes fluyeran libremente, como un río sereno y poderoso. —Saben qué... —Karsh murmuró, todavía en shock por la recuperación de su brazo, mientras Illeana saltaba de felicidad a su lado— Olvídenlo. Se miraron unos a otros y, lentamente, todos se acercaron en un abrazo colectivo, sin palabras, permitiendo que la paz y el calor del momento llenaran sus corazones. Alex los miró a cada uno, y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas. Pero estas no eran lágrimas de tristeza, sino de alivio puro, como una suave lluvia que limpia la tierra tras una tormenta. Había algo sagrado en esa tranquilidad, en el silencio compartido y en los lazos que ahora parecían inquebrantables. Inspirando hondo, Alex sintió el aire nuevo, puro y liberador llenarla por completo. Por primera vez, el mundo frente a ella se sentía verdaderamente suyo. Con una última sonrisa, tomó la mano de su hermana, y, junto a sus amigos, dio un paso hacia adelante, hacia un futuro que habían construido juntos.

FIN

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