Comprensión y liberación | Understanding and liberation

Het
R
En progreso
5
Emparejamientos y personajes:
Tamaño:
planificada Midi, escritos 17 páginas, 7.700 palabras, 5 capítulos
Descripción:
Notas:
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Capítulo 3

Ajustes
Por la noche, cuando las estrellas estaban más altas y más brillantes, Tauriel regresó a la habitación real. Los aposentos reales estaban tan acogedores como siempre, con su cortinajes ricos en sedas perfectas y sus adornos sobrios pero de buen gusto. Los libros y los vinos, la cama y... la cadena, mal disimulada tras una de las patas. Tauriel tragó en seco y fingió no haberla visto, siguió su camino hasta el diván cerca de la chimenea original, donde un fuego trémulo calentaba a penas al rey de los elfos. Las dos chimeneas eran perfectas, ella se sonrió al pensar que había sido buena idea agregarlas. Pero de ambas, la original era su favorita, la de ambos, en realidad. Por eso ella sabía que el sitio para encontrar a Thranduil era exactamente ahí. —Te has tardado más de lo usual —la voz ronca pero armoniosa la sacó de sus pensamientos—, ¿qué te ha ocupado tanto? —Nada de importancia —le restó importancia ella, mientras se acercaba sigilosa para acomodarse entre las piernas del rey, sentándose para amoldar su cuerpo al de él con gracia y comodidad—, Huoriel quería hablarme de un nuevo entrenamiento que ha encontrado en un libro... Thranduil la sostuvo entre sus brazos, rodeándola como a un bien sumamente preciado, mientras bebía el último trago de su copa y la depositaba lejos. Sus dedos, largos y precisos, volvieron a recorrer el cabello encarnado de la joven elfa. Su delicadeza era sedante y precisa, como siempre. Tauriel se relajó poco a poco hasta caer en un suave amodorramiento. —Te noto diferente esta noche... —volvió a hablar el rey, colocando con cuidado el mentón sobre la coronilla de la joven— ¿algo pasó durante el entrenamiento? Ella separó los labios un instante, luego los volvió a cerrar y se quedó finalmente callada por unos segundos. No estaba segura de qué le ocurría, pero si sabía que su intranquilidad había aumentado con lo que Huoriel había dicho. —¿Recuerdas que te pregunté sobre el calor de tu piel? —empezó ella, con los ojos semicerrados, perdida la mirada en el fuego casi extinto. Cuando él tarareó afirmativamente, ella continuó— ahora tengo la misma temperatura en la mía... el contagio es total ahora... creo que estoy igual que tú al completo. Una mezcla de sentimientos raros hicieron acto de presencia en el rey de los elfos. Parte de tristeza por la culpa que representaba haberla condenado tal y como él ya lo estaba. Pero de la misma forma había una pequeña pizca de orgullo, incluso de felicidad, al pensar en que ella ya no se iría de su lado ahora que era igual que él. Ahora que ella estaba tan íntimamente unida a él, que su alma era una sola pieza con la suya... Casi lamentaba que Lady Galadriel tuviera la cura para todo eso. —La dama de la luz me ha solicitada tu presencia... —dijo él, cambiando de tema radicalmente, sus manos seguían acariciando sin parar, pero habían tomado un matiz más automático— quiere probar algo contigo a solas... Ella se desperezó. —¿Si? ¿Podrá ayudarnos? ¡Eso es bueno! ¿No es cierto? Él asintió, con la misma gracia imperiosa de siempre. Pero no sonrió. Ella sintió lo mismo que él, no tenía que preguntarle porqué, ella sabía que a él le entristecía la posibilidad de que de verdad pudiesen curarla. —Sabes que a pesar de todo no me separaré de ti ¿verdad? —intentó hacerlo sonreir con una voz suave y atenta, endulzada con ternura— que a pesar de todo no creo que puedan curarme del todo. Lo veo imposible... —Sin embargo... —Thranduil se separó de ella, poniéndola en el diván para apartarse de ella y caminar por la sala— yo si creo que es posible. Una de sus blancas y perfectas manos rozó su labio inferior con aire pensativo, mientras mantenía la mirada baja y cansada. Tauriel observó nuevamente como el rey mostraba de nuevo esa faceta de vulnerabilidad que antes nunca subía a superficie. —Ella parece convencida de que lo que hará contigo esta noche lo cambiará todo —continuó diciendo él, desviando la mirada con desaliento hacia las ascuas casi moribundas—. Piensa que será un antes y un después en nuestra relación... Una sensación de honda desesperación se instaló en ella. Antes de que pudiera pensar con claridad, se hubo en pie y se acercó a Thranduil para abrazarlo. Escondió su rostro en su pecho fornido y masculino, que no dejaba de ser perfecto como todo en él. —¿Nos separará? —murmuró ella, con un hilo de voz. Él la rodeó de nuevo con sus brazos antes de guiarla hacia el cuarto de baño. No hablaron por un rato, solo dejaron que las burbujas y el jabón con olor a flores y esencias delicadas limpiaran todo el cansancio del día. El agua debía estar caliente, si no no podía igualar el calor de sus propios cuerpos. No porque hubiera en esa tina algo más que la castidad amorosa que caracterizaba esta unión, sino por la misma enfermedad que mantenía caldeada su sangre corriendo por sus venas. —No creo que nos separe —respondió al fin Thranduil, cuando fue ella la que se dedicó a pasar la esponja por la espalda del rey—, pero sé que si accedes a ir a ella, Lady Galadriel hará algo de lo que no podremos escapar... Así que si decides no ir, yo... —No... —lo interrumpió con suavidad, recargando su frente contra la nuca del elfo y quedándose ahí, pensativa— hay que hacerlo... puede que sea la única alternativa... ella ha sanado a tantos otros más ¿porqué no habría de sanarnos a nosotros? no deberíamos temerle a la curación, sino al permanecer enfermos y acomodarnos a esta condición. Sin pensar cómo, sus labios depositaron un beso pequeño sobre la piel húmeda del rey. Por el cuello, otro beso, por el hombro, por la clavícula y la línea de la mandíbula. Siempre era él el que demostraba así su afecto, el que fuera ella la que se lanzara con delicadeza a demostrarle lo mucho que también lo necesitaba, hizo que todas las barreras que Thranduil había levantado tambalearan. No era la primera vez que se encontraban en una situación semejante, sin el estorbo de las ropas de por medio, pero como en otras ocasiones, la relación casta y pura que los rodeaba imperaba y se mantenía. Por eso, cuando Thranduil sintió el conocido álito del deseo que ultimamente se despertaba más seguido, avivado por el calor de la suavidad de esa boca casta y tierna, no evitó soltar un suspiro. Se dio cuenta de una cosa, después de lo de la cadena, y aquellas atenciones que él le había dado a Tauriel en su cama una noche cualquiera, las cosas no estaban del todo como siempre. No quería asustarla, no quería que ella se fuera, quería que sus caricias fueran eternas y que ella fuera suya. Quería... tanto... tanto y más de ella... pero no era posible. No hasta que estuviera lista. La joven fue la que se apartó al fin. Cuando su boca había rozado la del rey con mucho cuidado, con afecto aunque no con amor como tal. Con castidad sin perder algo de travesura propia de su relación. Sus ojos claros se fijaron en su señor por unos instantes y cuando él, hambriento aunque siempre buscando no mostrar demasiado, se acercó a ella en búsqueda de un beso más prolongado, ella fue la que declinó. —No puedo negarme a ir —se apartó definitivamente, pero antes de salir de la tina, regresó a él para besarlo con la misma necesidad de cercanía que tanto los aquejaba a ambos—. Ella lo arreglará. Si hay cambios a partir de esta noche, tienen que ser cambios a mejor. Thranduil asintió, extrañándola desde que su piel cálida y tan oportunamente cercana se apartó de él. No podía impedírselo. Todo lo contrario, debían necesariamente hacer todo lo posible por obedecerla. Lo de la cadena había dado progresos, aunque progresos a un nivel carnal, habían sido progresos significativos. Solo restaba esperar a ver qué haría la dama de la luz. Confiar en ella y su sabiduría, su buen juicio y sus entrañables conocimientos.
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